Breve historia de un suceso
Vivo en el centro de Sevilla. Anoche volvía a casa con ese aire cabizbajo de los lunes cuando me encontré con un pequeño corro alrededor de un señor caído. La estampa era fea: le sangraba la cabeza y se quejaba de un dolor fuerte en el pie. Un vecino asistió a la secuencia: al parecer, un conductor con algo de prisa y un A8 (mal bicho para atravesar calles tan estrechas como Viriato) decidió que lo mismo daba una botella de plástico que un pie y pasó de largo, lastimándole. Al rato aparecía una señora bien vestida y bastante preocupada que decidió llamar al 112. El hombre, unos 40 años, sucio y desabrigado, pura indigencia, apenas balbuceaba. La policía llegó antes que la ambulancia. Varios vecinos más engordaron el corro: todos demostraron un interés sincero por la suerte del herido, rumano e indocumentado al cabo de nuestras indagaciones de aficionado, alguno le trajo unos zapatos y un abrigo, otro, voluntario de la Cruz Roja, supo calmarle y mantenerle despierto hasta que pudieron llevárselo. El ser humano aún es grande cuando tiene la oportunidad de demostrarlo y ninguna distorsión (dinero, poder) le envenena. Pero la mujer preocupada y bien vestida desapareció al rato sigilosamente. Al fondo de la plaza la esperaba un A8 del que el conductor, quizás su marido, no se dignó a bajar. En toda historia hermosa hay un punto negro que nos recuerda nuestro desgraciado carácter bipolar.


10 de Noviembre de 2009 a las 8:33 pm | Enlace permanente
Pues si mi querido Rapedore…manda huevos.
10 de Noviembre de 2009 a las 9:26 pm | Enlace permanente
Pese a lo malos que podemos ser, el remordimiento nos ronda y no somos capaces de hacer las cosas como Dios manda hasta tener la certeza de que la hemos cagado. Cuantas veces se ve esta gente, pero sobre todo , cuántas no se ve. Hay musho joputa suelto mon ami!!!
29 de Noviembre de 2009 a las 1:52 pm | Enlace permanente
A veces son los pequeños detalles los que nos ayudan a desentrañar la naturaleza humana. Muy bien contado, Fede.