Misterios de la humanidad

Fede Durán8 de Marzo de 2010 a las 14:24

Algunas preguntas sin respuesta, charras como ellas solas, perturban mi precaria paz interior de cuando en cuando.

  1. ¿Por qué todos los políticos llevan pulseritas de la suerte?
  2. ¿Por qué Gorosito ejerce sobre determinado tipo de mente una fascinación tan incondicional como ilimitada?
  3. ¿Por qué me indigno cuando veo una foto de Moratinos en Córdoba, chaparrón andaluz arreciando, bien protegido por un señor anónimo que le sostiene el paraguas? ¿Por qué me molesta que el propio Moratinos no sujete su paraguas? ¿No me doy cuenta de que es así como el Gobierno crea empleo?
  4. ¿Qué comemos los periodistas para que nos haya dado por una expresión tan horrenda como “Por Parte De” (PPD)?
  5. ¿En qué idioma habla Zapatero cuando viaja al extranjero? ¿De qué? ¿Con quién? Apuesto a que Obama sabe más castellano que inglés nuestro presi.
  6. ¿Cuántas abdominales hace exactamente Aznar al día?
  7. ¿Soy el único que ya se conforma con diez minutos de sol por cada semana de borrasca?
  8. ¿De verdad le han dado un Oscar a Sandra Bullock?

28-Fraude

Fede Durán2 de Marzo de 2010 a las 21:33

Por casualidades del ocio y de la vida, el 28-F encendí la tv y me topé aleatoriamente con Canal Sur, una de esas cadenas habitualmente inéditas en la pantallaza digital de todo hogar tecnológicamente avezado, avanzado e inquieto. Se supone que, como andaluz, el espectáculo emitido en ese instante (entrega de medallas, nombramiento de hijos predilectos, himno autonómico a cappella) debía emocionarme o, como mínimo, interesarme un pelín. Ni una cosa ni otra. CS emite con una calidad de imagen de hace un cuarto de siglo, que suena más impactante que 25 años. Es como si la TVE de Espinete y Don Pimpón hubiera creado escuela mucho más allá de lo aconsejable en una tierra donde por otra parte no parece que la carga educativa de aquel programa haya calado una pizca. ¿A qué se debe esta cutrevisión? ¿Falta de presupuesto? ¿Falta de pericia? ¿Falta de vergüenza?

Vuelvo a la ceremonia, que me pareció un verdadero tostón de formato endogámico y encorsetado. ¿Era necesario escuchar el nombre completo de José Antonio Griñán Martínez, presidente de la Junta de Andalucía, cada vez que se entregaba un galardón? ¿Por qué los premiados parecían puras marionetas sin voz? ¿Por qué siempre se duerme alguno? En vez de un discurso único, que en este caso asumió Augusto Méndez de Lugo, presidente del TSJA, ¿no habría sido mejor introducir un esquema tipo Goyas, con pequeñas pero luminosas intervenciones de todos y cada uno de los protagonistas?

Paso a la planta de las sensaciones metafísicas, sección Confesiones Peligrosas. Tampoco creo que, 30 años después de aquel sensacional amago autonomista y sobre todo social, Andalucía se merezca celebración alguna. No hemos mejorado. Impera la cultura del subsidio, la llamada desesperada al tutor administrativo, la excusa de los males externos e incluso cósmicos. Sí, claro, con las excepciones pertinentes en forma de pioneros, empresas punteras y demás marcianos. Estaría bueno que encima tampoco contáramos con esas orquídeas salvajes.

Para adaptarnos al espíritu de los tiempos, yo sustituiría la denominación actual, 28-F, por otra más honesta, 28-Fraude. Al menos hasta que demostremos que aquello del 81 puede volver a repetirse, que nuestro músculo civil se basa no sólo en las consabidas cofradías, ferias y rocíos sino en un interés sincero por mejorar este mapa tan bello y displicente a la vez.

Abecedario abreviado de la crisis

Fede Durán5 de Febrero de 2010 a las 12:03

Todo político es un charlatán empedernido si de teorizar se trata. Otro gallo canta cuando irrumpe el rigor de lo práctico. Esta crisis es un magnífico test de esfuerzo para el Gobierno, al que una mayoría de ciudadanos adjudica ya, sin importar el color político, un sustantivo sintetizador: caos. Ahí va un abecedario resumido de los peores años de la España reciente.

CONSTRUCCIÓN. O la reina que no supo reinar. Muchas empresas del sector que más hizo por la estadística del país han desaparecido. El Banco de España cuantifica la deuda de los promotores con la banca: 324.439 millones a cierre del tercer trimestre de 2009. La constitución de hipotecas se resiente (-9,9% con datos de noviembre) y el precio de la vivienda cayó un 6,2% el año pasado.

DÉFICIT público. La diferencia entre lo que el Estado ingresa y gasta es actualmente del -11,4%. El acumulado por estos números rojos –la deuda pública– alcanzará en 2012, según los cálculos del propio Ejecutivo, el 74,3% del PIB. El déficit comercial, pese a equilibrarse por el descenso masivo de las importaciones, aún supone un agujero de 46.111 millones de euros.

FINANZAS. Cinco cajas de ahorros –entre ellas Cajasur– entraron en pérdidas en el tercer trimestre de 2009, según la CECA. Una nefasta gestión obligó a intervenir Caja Castilla-La Mancha, posteriormente adquirida por Cajastur. El Gobierno se inventó el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para costear las fusiones –necesarias y urgentes– del sector. Cal y arena entre los grandes. El Santander clausura el ejercicio con ganancias del 1%, pero el BBVA se deja un 19%.

JUBILACIÓN. El camarote de los Hermanos Marx. Salgado proponía inicialmente un retraso de 65 a 67 años en la edad de retirada bajo un esquema de aplicación progresiva. La base de cálculo de las pensiones se ampliaría de 15 a 25 años, tal y como constaba en el Plan de Estabilidad entregado el miércoles a Bruselas. Al final, el Gobierno sólo sabe que no sabe nada. Los sindicatos amenazan con una huelga y el PP juega a la ambigüedad.

KRUGMAN, Paul. El tótem de la economía mundial –premio Nobel por si había dudas– y Pepito Grillo de Obama, lo ha dicho alto y claro: “El punto más conflictivo no está en Grecia. Es España el principal riesgo para la estabilidad de la zona euro (…)”.

OCDE. Y FMI. Y Banco Central Europeo. Raro es el día en que una ilustre institución no llama la atención sobre el caso hispano. Sugieren medidas más ambiciosas de las que se han puesto en marcha –¿se ha puesto en marcha alguna?–.

PARO. El monstruo. La pesadilla: 4,3 millones de desempleados en España, 1.034.000 en Andalucía, 17,5 millones de afiliados a la Seguridad Social (tres millones menos que en los mejores tiempos) y una tasa (18,8%) sin parangón en Europa (Letonia no cuenta).

ZAPATERO. Debilidad. Confusión. Incapacidad. Candidez de pirómano. Su talante ya no cuela. Le crecen los enanos, le ningunean en el circo internacional. Negó la crisis. Luego la minimizó. Ahora la vive sin pulso ni valentía. Por cierto, ¿dónde diablos se ha metido Rajoy?

Un país pobre (y no por su economía)

Fede Durán5 de Febrero de 2010 a las 10:54

Contexo: conferencia de Jaume Roures en el Club Antares, Sevilla, 4 de enero ‘10.

La sombra de Jesús Polanco es tan alargada que los gurús de lo mediático se afanan en buscarle sucesor. El delfín, la gran esperanza blanca se llama Jaume Roures (Barcelona, 1950), pero no responde al perfil: se declara nacionalista, progresista, izquierdista y algún otro ista bastante incompatible con la idea del emperador editorial. De timbre y vestuario discretos, este empresario incómodo por serlo sube al estrado sin darle el típico achuchón a quien le presenta -Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla-, parapetado en unas gafas de montura vetusta y dispuesto a repartir cera entre propios y extraños.

“España es diferente, pero no tiene que ser tan diferente, no hace falta poner a lo peor de casa casa en primera línea”. Es el preludio de su línea argumental, impregnada del perfume de la decepción, una decepción multidisciplinar que, confiesa, también afecta a su niña prodigio -La Sexta- y a ese hijo adolescente al que no acaba de acostumbrarse -Público- pero en el que no deja de confiar. “Los gobernantes no están ofreciendo salidas a largo plazo ante la crisis. Nosotros, los medios, tampoco somos capaces”.

A la falta de inventiva se añade según Roures la desnaturalización de la prensa. La semilla del diablo fue la Transición, “cuando se produjo un maridaje con los políticos que, aunque perseguía un fin legítimo entonces, se ha revelado muy insano con el tiempo”. “Aquí no hay debate, sólo insulto, batallas tacticistas a cortísimo plazo que corroen el espectro social. Nos ha faltado desarrollar más cultura democrática”, lamentó.

Ahí está el ejemplo de la generación ni ni (ni estudian ni trabajan), una masa de 120.000 jóvenes de entre 18 y 24 años -sólo en Cataluña- “que son la perfecta expresión de nuestro fracaso”. Ahí están las tres erres -rigor, responsabilidad y respeto-, una biblia que los medios no han sabido o querido respetar para que otros -los lectores, la sociedad, los dirigentes- los respetasen luego.

También vino Roures a hablar de lo suyo, o mejor, de lo más genuinamente suyo, que es la tele. Pronosticó pocos días de gloria para la nueva TVE sin publicidad -”en seis meses se le va a acabar la gasolina”- y subrayó la paradoja de que las cadenas más afines -Cuatro y La Sexta- hayan acabado negociando con las más antagónicas -Antena 3 y Telecinco- “al no ponerse de acuerdo en cosas básicas”. Y dio pistas sobre la clave del negocio en el futuro: “No podemos volver a los canales temáticos, hay que dejar participar al espectador y canalizar su creatividad y su talento”. La publicidad, “víctima y pagano de todo esto”, tendrá que integrar sus mensajes en los contenidos “sin que ello suponga un asalto al consumidor”. Ése sí que es un reto.

Que se pudra Haití (!!!)

Fede Durán28 de Enero de 2010 a las 21:44

Por el impacto que pueda tener, me permito traducir algunos extractos de un artículo publicado por el ex baloncestista Paul Shirley (habitual colaborador de El País) sobre la tragedia de Haití. Shirley, irónico y erudito cuando de basket se trata, muestra aquí su perfil más controvertido. Pueden consultar el artículo original en el siguiente enlace: http://www.flipcollective.com/2010/01/26/if-you-rebuild-it-they-will-come-by-paul-shirley/

“No he donado un céntimo en la campaña de ayuda a Haití. Y probablemente no lo haga en el futuro. No lo he hecho por la misma razón que me impide darle dinero a un vagabundo en la calle. Basándome en viejas experiencias, no creo que el tío con el cartelito de Necesito Tu Ayuda vaya a hacer algo constructivo con el dólar que yo le dé. Si me remito a la historia, tampoco creo que el pueblo de Haití vaya a hacer demasiado con mi dinero”.

“Está claro que estoy sólo en la defensa de esta idea. Todo el mundo parece haberse apuntado al carro del Salvemos Haití. Cuestionar el impulso a la donación será visto, pues, como una conducta propia de personajes tipo Charles Manson o John Wayne Gacy”.

“¿No debería estar conectada mucha de la responsabilidad del desastre a las propias víctimas del desastre? No pretendo dar a entender que se merecían lo ocurrido… pero tampoco creo que sea descabellado pensar que los ciudadanos de un país sean capaces de: A) evitar exponerse a una situación que degenere en tan catastrófica pérdida de vidas, y B) autoabastecerse en caso de catástrofe.”

“¿Qué pasa cuando un pueblo repite sus errores? ¿Qué pasa cuando hace cosas que obviamente perjudican sus propios intereses? [...] Me refiero a las circunstancias en las que vive la gente. Mientras el terremoto era, obviamente, inevitable, la forma en que vivían muchas de las personas de Haití no. Lamentablemente, muchos haitianos habrían muerto igualmente con independencia de las condiciones del país. Pero el hecho de que tanta gente viviera en una pobreza tan radical ha amplificado la crisis”.

“(…) Después del huracán Katrina, rápidamente vilipendiamos a los líderes por su lentitud a la hora de responder a las necesidades de las víctimas, olvidando que las víctimas construyeron y mantuvieron una gran ciudad bajo el nivel de mar en una zona sometida al riesgo constante de los huracanes. Nuestra respuesta: Cometer de nuevo el mismo error. Reconstruir una ciudad muerta, dejando de paso la lógica de lado. Y ahora, enfrentados a una situación similar, parece bastante probable que hagamos nuevamente lo mismo. ¿No debería existir alguna explicación sobre cómo piensan gastarse los millones de dólares que recibirá Haití? ¿O como mínimo una leve reprimenda por las condiciones previas al terremoto? Algo así:

Queridos haitianos

Como nos estamos preparando para ayudaros en estos tiempos difíciles, una cortés petición: Si es posible, ¿podríais no reconstruir vuestras casas en los solares de sus predecesoras? ¿Podríais no recurrir a la edificación de endebles chabolas y ciudades de casuchas? Y qué tal si usáis de vez en cuando algún condón?

Sinceramente,

El resto del mundo“.

“Si se actuara según un esquema basado en ayudas/asistencia/paremos un momento y pensemos antes de reconstruirlo todo (…), nadie miraría Haití y pensaría: ¿Sabéis qué? Fue una gran idea poner a 10 millones de personas en mitad de una isla. El lugar es habitualmente sacudido por huracanes (en 2008 se gastaron 900 millones en tareas de reconstrucción), posee el título de nación más pobre del Hemisferio Occidental, y le ocurre por situarse justo sobre una placa téctonica”.

“La gente de un país tiene control sobre sus gobiernos. Uno podría discutir si ocurre lo mismo con los regímenes totalitarios, pero, al final, es SU Gobierno. Y, por consiguiente, su responsabilidad. Si el Gobierno no hace demasiado por su pueblo, es responsabilidad del pueblo cambiar al Gobierno”.

PD: lo que quizás Shirley no comprende es que el modus operandi de un país desarrollado no se corresponde jamás con el de otro del tercer mundo. Supongo que un haitiano criado en EEUU sí usaría condón por la sencilla razón de que en el cole le habrían explicado para qué sirve y por qué hay que ponérselo. Le discuto sólo una mínima parte del discurso porque llevo una jornadita loca de trabajo, pero podría volar hacia el infinito y más allá. Y que conste que me fastidia: este tío es un muy buen columnista… cuando habla de la NBA.

Medel quiere más

Fede Durán28 de Enero de 2010 a las 0:25

La fusión es la figura más golosa de la actualidad financiera española, una especie de quiniela futbolera donde los analistas cruzan alianzas posibles o descabelladas con el subliminal propósito de convertir el microcosmos de las cajas en una especie de segunda crónica política (PSOE y PP no dan para más). Pero hay vida más allá de las uniones frías o calientes. La renovación de la presidencia de la CECA, por ejemplo, un asunto de clara naturaleza institucional que podría deparar alguna sorpresa en los próximos tiempos. Juan Ramón Quintás cumple su segundo mandato en mayo, suma ocho años en el cargo y debe dejar paso al siguiente por imperativo estatutario.
Apunten un nombre bien conocido. Braulio Medel, presidente de Unicaja, también hoy vicepresidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro y antaño (1991-1998) ocupante del sillón que ahora libera Quintás. Su candidatura goza de salud en el sector no sólo por la efectiva gestión de la entidad malagueña, sino por el triángulo amoroso que cerrará en Andalucía con Cajasur y Caja de Jaén justo cuando otros coleccionan divergencias en sus trayectos hacia operaciones similares.

Así se monta el proceso sucesorio: Quintás propondrá una candidatura al consejo de administración, integrado por él mismo y otros 24 miembros. La unanimidad ha sido hasta ahora la tradición, pero valdría una mayoría simple. Si el aspirante fuera rechazado, caben dos salidas: que el presidente busque otro nombre o que uno de los integrantes del consejo se postule. ¿Requisitos para llevarse el gato al agua? Sólo uno: presidir o ser director general de una caja de ahorros -Quintás, de hecho, no presidía ninguna, pero era director general de la CECA antes de su nombramiento, y esta institución sí tiene la consideración de caja-. No existen incompatibilidades ni exigencias de renuncia. El puesto tiene un marcado carácter representativo que no impediría a Medel -o a quien sea- conservar el timón en Unicaja.

Alternativas haylas, aunque con escaso ascendente. De la planta noble de la casa, ninguno de los restantes vicepresidentes suena: Isidro Fainé (La Caixa) no buscará veleros -ya maneja un portaaviones-; Miguel Blesa cuelga las botas -Rodrigo Rato le sustituye mañana- y José Luis Olivas (Bancaja) permanece en un discreto segundo plano. Queda José Antonio Olavarrieta, director general de la CECA, por el que nadie da extraoficialmente un duro.

Muchas sombras y alguna luz

Fede Durán16 de Enero de 2010 a las 18:00

El problema de una crisis tan bestial como la que ha devastado algunos de los indicadores andaluces -y españoles- en 2009 no es sólo estadístico y crematístico. También es espiritual. Afecta a la autoestima de un país y a su convicción sobre el camino correcto para recuperar el brío y volver a ser la envidia de Europa. La envidia se basaba, claro, en elementos erróneos. Los mismos que llevaron a sucesivos gobiernos estatales y regionales a proclamar la infalibilidad de un modelo demasiado rudimentario para ser de veras tan bueno. Lo peor ya ha pasado, pronostican los gurús, así que habrá que concluir que lo mejor está por llegar. El camino, sin embargo, será largo y endiabladamente exigente. No se trata sólo de embellecer porcentajes tan sonoros como el del PIB o el paro, sino de trasladar a la realidad -un concepto que inexorablemente incluye la idiosincrasia, la mentalidad laboral, la optimización del talento- un esquema salvador que ni siquiera está pensado.

Andalucía necesita reinventarse salvo que prefiera converger con el sur en vez de con el norte. Necesita algo más que ladrillo y turismo. Necesita emporios industriales y tecnológicos que no dependan por defecto del manto protector de la Administración. Necesita productividad, cualificación y compromiso desde todos los poros de su tejido social.

No todo es sórdido, no todo es triste. Existen paradigmas del emprendedor audaz, primero, y exitosamente consagrado, después. Empresas de renombre, respetables y respetadas. Cerebros privilegiados. Proyectos ilusionantes. Pero aún son perlas aisladas en un mar de polvo. La clase política no ha mostrado suficiente valentía para afrontar el problema y aplicar recetas impopulares pero obligatorias. El discurso políticamente correcto manda. Tampoco la sociedad civil andaluza parece dispuesta a sacudirse la modorra. No hay contrapoderes ni verdaderos grupos de presión en el sentido más constructivo de la expresión. Así que Andalucía dependerá otra vez de Europa, de sus ayudas (ya queda menos para que desaparezcan), y de España, de sus polos más dinámicos y de la solidaridad del sistema. Suena regular, ¿verdad?

Un aspirante alérgico a su aspiración

Fede Durán14 de Enero de 2010 a las 11:55

Dice el refrán que todo río ruidoso va cargado de agua. O no. Joan Rosell (Barcelona, 1957) es catedrático en el arte del despiste. Líder de Fomento del Trabajo, la patronal catalana, su nombre sonó en la disputa de la presidencia de la CEOE a Díaz Ferrán en 2007 y suena de nuevo ahora, cuando pintan bastos para el gran patrono por la debacle de Air Comet y varios despropósitos más. Su background es más empresarial que el del otro habitual en las quinielas, Santiago Herrero (CEA): ha sido director general de Juguetes Congost (1983-1992) y presidente de Enher (1996-1999) y Fecsa (1999-2002). La experiencia en lo privado no le niega cierta habilidad en lo público: su nombre se ha asociado cíclicamente casi a cualquier opción política, desde el PP hasta CiU, circunstancia que como mínimo le otorga una pátina de equidistancia –o de maquiavélica inteligencia, según se mire–.

Oficialmente, Rosell, nieto de un militante de Esquerra Republicana, descarta entrar en la batalla sucesoria. Ayer mismo rompió una lanza a favor de Díaz Ferrán. Sin papeles ni grabadoras de por medio, la cosa cambia. Siempre ha aspirado a algo más. Madrid sería un reto. Otra liga. Y una situación novedosa para la CEOE, donde por primera vez una figura muy identificada con el territorio del que proviene aportaría su gestión –y su visión– a un escenario mayor y más complejo. Su catalanidad –concepto no exactamente sinónimo del catalanismo que promovió Maragall– es a la vez una ventaja y un pasivo en la siempre recelosa España, adicta al debate maniqueo.

Lector voraz, su biblioteca supera los 6.000 libros. Además, ha escrito otros cuatro –el último, publicado en 2008, sobre el futuro de la energía tras el reinado del petróleo–. Tenista y futbolero, se desmarca del golf pese a acreditar un buen hándicap. Admira a Friedman y Hayek. Trabajó como periodista. Se presentó a las autonómicas de 1980 con un partido fugaz, Solitaritat Catalana, del que fue promotor y con el que no cazó escaños. En alguna ocasión ha tanteado incluso la posibilidad de presidir el Barça cuando se marche Laporta. Todoterreno sería sin duda su horma definitoria.

El suyo es un juego de lealtades. Con Díaz Ferrán logró una de las 21 vicepresidencias de la CEOE, Estrategia y Estatutos, escalafón al que nunca pudo optar cuando Cuevas disponía. No moverá ficha. Salvo que el jefe caiga por su propio peso. Entonces se abrirá un escenario imprevisible. Herrero toma posiciones más por delegación de Díaz Ferrán que por expreso deseo. Arturo Fernández, su homólogo en Madrid, y José Luis Feito, cerebro económico de la patronal, agrandan las especulaciones. Y Jesús Bárcenas, presidente de Cepyme y hasta hace unas semanas virtualmente defenestrado, quizás tenga algo que decir.

Quiero ser controlador (II)

Fede Durán13 de Enero de 2010 a las 10:39

La profesión soñada. La panacea laboral. La envidia de los castigados en los malos tiempos. Se les llama controladores aéreos y son profesionales con un salario medio de 334.000 euros anuales. Generan al Estado 700 millones de euros en costes por la gestión del aire. Alemania gasta por el mismo concepto apenas 90. La situación, anormal en el mejor de los casos, descaradamente privilegiada según los más críticos, ya ha arrancado la reacción del ministro de Fomento, José Blanco, dispuesto a parecer impopular a unos pocos si así tranquiliza a la mayoría.

Por algún insondable motivo, el gremio se queja de su situación. Quizás le afecte la renovación de un convenio colectivo firmado en 1999 y desfasado desde hace un lustro, razón de fondo de la huelga encubierta que desató el caos en Canarias en los primeros días de enero. Quizás, sencillamente, crea que merece más.

El acceso al oficio está precisamente regulado en el convenio de marzo del 99. Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) resume en su página web los requisitos: Primero. Estar en posesión de un título universitario oficial de diplomado o licenciado o haber superado el primer ciclo completo de una carrera universitaria de grado superior. Segundo. Haber aprobado el curso básico de formación diseñado por la autoridad competente (sic) y facilitado por Aena. Tercero. Haber obtenido la licencia de controlador de la circulación aérea y la primera habilitación local en una dependencia de Aena.

Una de las claves reside precisamente en la superación del curso formativo, donde el cribador determina qué candidatos se adaptan mejor a la misión encomendada. El perfil ideal, resume Aena, ha de acumular las siguientes características. Oscilar entre los 21 y los 28 años de edad -no se trata sin embargo de una exigencia excluyente-. Acreditar un conocimiento fluido de inglés sin que en la expresión oral se observe dificultad que pueda afectar negativamente a las radiocomunicaciones -el título mínimo será el Certificate in Advance English, el tercero más importante tras el CAE-2 y el Proficiency-. Y poseer conocimientos básicos sobre materias no específicas del control de tráfico aéreo (¿?).

El aspirante necesita asimismo un amplio paquete de facultades en forma de cajón de sastre cuya vaguedad es una invitación a la arbitrariedad (o, como mínimo, a la proliferación de interpretaciones). Ahí van: Agilidad mental para procesar información y capacidad para dar respuestas eficaces en un corto espacio de tiempo. Atención concentrada y dividida. Autocontrol en situaciones de estrés. Capacidad de coordinación en situaciones operativas. Capacidad para analizar y tomar decisiones en un corto espacio de tiempo. Capacidad para trabajar en equipo. Estabilidad emocional. Orientación espacial. Razonamiento abstracto. Resistencia a la fatiga.

Aparte, claro está, hay que ver como un lince y oír como un lobo. Y está la oposición, cuya guinda siempre es un examen al que sólo se llega desde el dominio de un temario tan heterogéneo como árido. El futuro controlador aéreo deberá hacer sus pinitos en matemáticas (36 páginas según el temario de 2008), física (29) y geografía (50); entender cómo funciona un avión (49 páginas); descifrar el azaroso enigma de la meteorología (72) y memorizar la legislación aeronáutica (133), entre otros retos.

Mimados o abnegados, injustamente tratados o tristemente incomprendidos, los controladores se enfrentan a su propia crisis. El Gobierno ya ha dado un primer paso contra su statu quo al anunciar que desaparecerán de los aeropuertos más pequeños.

De mayor quiero ser controlador

Fede Durán11 de Enero de 2010 a las 20:01

Dice Pepe Blanco, también llamado Pepiño, que la privilegiada situación de los controladores aéreos se tiene que acabar. ¿Tiene razón? Según un sólido reportaje publicado este fin de semana en El Mundo, y con los datos del Ministerio en la mano, absolutamente sí: el sueldo medio de uno de estos funcionarios asciende a 334.000 euros anuales. Los más pudientes se montan en los 900.000. Estos señores están pues al nivel de los futbolistas de Primera. Su régimen laboral añade a las rosas bastante vino: trabajan un máximo de cuatro horas seguidas por el estrés que genera la responsabilidad de controlar el tráfico de los cielos. Son 2.300 tíos capaces de gestionar 78 aviones por hora. Deben hablar un inglés perfecto. Deben ver como linces y oír como lobos. A cambio, (casi) todo el poder: un simple retraso en la aparición en su puesto de vigía destroza la cadencia oficial de vuelos. Una baja inesperada puede obligar a cerrar toda una pista. Son circunstancias nimias en tan apacible microcosmos gremial pero fundamentales para cualquier pasajero. La gestión del espacio aéreo cuesta en España 700 millones anuales. Alemania empeña en el mismo concepto apenas 90. Estamos con Fomento. Estamos con Pepiño.

El problema es cómo persuadir a un colectivo habituado al oro para que se conforme con plata o bronce, metales al fin y al cabo nobles aunque valgan menos. Tenemos tres opciones:

a. Recurrir al maravilloso invento del razonamiento humano.

b. Copiar la solución adoptada en su día por Reagan: todos a la calle y asunción de la actividad por los controladores militares (que por cierto cobran de media unos 70.000 euros).

c. Privatizar el servicio como ocurre en otros países.

La opción a lleva siglos sin funcionar en este maravilloso planeta plagado de humanos irracionales e inmovilistas. La opción b exige ciertas dosis de valentía política que este Gobierno, mal que nos pese, no ha demostrado. La c implica en cierta forma recurrir al drástico desenlace de la b sin esa pátina siempre sospechosa de lo militar. Yo creo que a Zapatero, ahora que las encuestas le condenan a un futuro ostracismo opositor, le viene bien una transformación, una liberación de melena, una diarrea de audacia por tantos meses de tontería. Atrévase, presidente, con los operadores, los sindicatos, el mercado laboral y la mamma que lo parió. Todo será más divertido así. Y puede que hasta le siente bien al país.

Autor

Soy Licenciado en Derecho y master de Periodismo de El País. Comencé en el árido mundo de la abogacía. Durante dos años me dediqué al Medio Ambiente, pero siempre ganaban los malos y preferí rescatar mi antigua pasión por el periodismo y las letras en general. He trabajado en El País en Madrid y Barcelona, también en el cuadernillo de Política de Expansión-Cataluña y desde principios de 2006 en la sección de España de los periódicos del Grupo Joly.

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