‘Masteritis': epidemia y estafa

Fede Durán | 21 de enero de 2011 a las 16:54

LAS nuevas corrientes de las Ciencias Formativas y Curriculares sustituyen la importancia de las licenciaturas acumuladas por la acumulación de másteres de pedigrí más o menos contrastado. La masteritis es una epidemia feroz que corroe sobre todo la salud del bolsillo. Un MBA, por ejemplo, apenas está al alcance de unos pocos (iba a escribir locos), aunque la contrapartida, dicen, es un puesto de trabajo asegurado en una de esas firmas de dos o más familias y una poderosa e inevitable & en medio. Vale, soltar 20.000 euros a cambio de un empleo no deja de ser un producto de renta fija en tiempos de incertidumbre. Quien quiera y pueda, que los pague.

Las dudas surgen tras el escaneo del resto de la oferta, donde precios de distinta musculatura y disciplinas tanto célebres como peregrinas conviven en aparatoso desorden. Ignoro si uno puede intentar ser perito butanero, pero, desde luego, por un módico desembolso de, euro arriba euro abajo, 3.500 euros, obtendrá al cabo de unos meses el excelente título de gestor cultural a través de una universidad de reconocido prestigio cuyas siglas omitiré, vaya a ser que encima me suspendan por gracioso.

Al matricularte, una tutora virtual te sugiere las asignaturas más acordes a tu perfil. La sugerencia es en realidad una obligación, porque ningún alumno, que yo sepa, ha podido elegir inicialmente otro itinerario. Así que nada de editoriales o artes escénicas, no, más bien “agentes culturales”, “gestión de la cultura” y “fundamentos y conceptos culturales”, materias que, un trimestre después, siguen pareciéndome tan vacías como al principio. Los propios textos están plagados de vaguedades y autodisculpas. Se trata de una carrera aún en fase beta, arguyen; no existen demasiadas referencias internacionales, lamentan; los gestores son como esos héroes de la Corona española que desbrozaban la selva a machetazos sin saber qué les esperaba al otro lado del itsmo de Panamá, adornan. La paradoja es que, pese a tantísima poca vergüenza -encriptada eso sí en una jerga academicista perfecta para espíritus impresionables-, el nivel de exigencia es alto, quizás porque, acogiéndose a la EPA, los organizadores consideran inverosímil que un español trabaje y estudie a la vez.

La primera pregunta duele: ¿Cómo he podido ser tan rematadamente estúpido para picar? La segunda cabrea: ¿Acaso no existen filtros de calidad suficientemente severos en el país para borrar del mapa a los timadores y sus ilustres marcas universitarias? ¿No es mejor hacer como con las cajas, cribarlas y arrancar hierbajos hasta que sólo queden las buenas? La tercera inquieta: ¿Hace falta gastar 20.000 o más euros vía préstamo para competir en un mercado que, por otra parte, tampoco va a darte nada porque no está preparado para absorber a los mejor formados?

  • Juano

    Totalmente de acuerdo. Por desgracia, la meritocracia en la que está sumido el mercado laboral nos lleva a situaciones estúpidas. Soy Pedagogo y me “obligan” a tener un curso de formación ocupacional que me capacite para impartir cursos (¿acaso no lo hace una licenciatura en Pedagogía?), y no vale uno culaquiera, sino con un mínimo de horas. Todo para sacar dinero. ¿Se pide un curso de primeros auxilios a un enfermero?.
    Y con respecto al máster, estuve tentado para realizarlo en la entidad en la cual la hace usted (intuyo fácilmente cuál es), y creo que voy a desistir. De hacerlo ahí, porque gestor cultural pienso ser.
    Un saludo

  • ARSENIO

    Moraleja : Hay que inventarse un master