Peseteros

Fede Durán | 15 de junio de 2012 a las 12:44

ES ridículo que el rescate a la banca española se venda como un triunfo cuando pospone las decisiones más relevantes tanto en Europa como aquí. La Eurozona necesita tres cosas: gobernanza económica real, eurobonos y un BCE más parecido a la Reserva Federal. España requiere la confianza de los mercados, ligada a las tres necesidades expuestas, y aclarar cuál será el papel del sistema financiero desde que comience a recibir los hasta 100.000 millones recientemente comprometidos.

Tampoco queda claro el papel ganador del Estado, que será responsable último de la devolución del megacrédito y tendrá que repercutir en la deuda pública y el déficit los intereses (parece que al 3%) a devolver. En su relación con los bancos, caben dos vías: prestarles ese dinero a un interés mayor que el asumido con Bruselas, de forma que así obtiene un rédito y garantiza el saneamiento contable cuando menos en este flanco, u optar por los cocos, esos bonos que se convierten en capital si la entidad prestataria no puede pagar. Mal escenario éste: que la Administración sea accionista de un banco débil significa que no podrá recuperar la pasta hasta que ese banco se revalorice y el mercado esté dispuesto a comprar a buen precio.

Y más oscuro aún parece el rol del sector rescatado, que saneará sus balances empujado por una fiebre mortal: cuando sólo te preocupas por las matemáticas, dejas de entender el mundo (o la economía). Lo que la gente quiere saber es si volverán los préstamos, a qué tipos de interés y sobre todo bajo qué controles de calidad. Porque conceder una hipoteca a un mileurista con contrato temporal debería convertirse en cualquier caso en una práctica vetada. Y respaldar a un emprendedor en un himno.

Según Soros y Lagarde, al euro le quedan tres meses de vida si no hay tremenda reacción. Porque, teóricamente, si Grecia cae no pasa (casi) nada, pero si le toca la china a España (o a Italia) la moneda única arderá en la pira de la incompetencia política colectiva. El regreso a la peseta tiene sus ventajas (Krugman las ha enumerado hace poco) pero también algunos inconvenientes: muchos ahorradores quizás prefieran pasarse al dólar para estar del lado del más fuerte, y puede que comiencen a posicionarse ya. Otros temen un corralito (restricciones masivas a la disposición de efectivo) y sacan sus cerditos del banco para volver al viejo método del calcetín o la baldosa. Nuestros productos se devaluarían, así que seríamos más competitivos (baratos) en la exportación, pero a la vez ganaríamos menos y lo que antes nos parecía normal (dos viajes al año, el dólar como un primo pobre del euro) sería apenas un recuerdo de la gloria del pequeño imperio europeo, arrasado por ignorar una de las mejores frases de Keynes: “El auge, y no la depresión, es la hora de la austeridad”.

Etiquetas: ,

Los comentarios están cerrados.