Andalucía desde el corresponsal

Fede Durán | 15 de octubre de 2012 a las 11:59

Con sus 8,5 millones de habitantes y sus 87.268 kilómetros cuadrados, Andalucía es un gigante de los asuntos domésticos. Políticamente, sin embargo, nunca ha estado al nivel de Cataluña y el País Vasco, regiones más complejas, con lengua propia y nacionalismos dominantes. Tampoco económicamente su tamaño se ha traducido en poder. Con un 17,8% de la población española, apenas representa un 14% del PIB nacional. Su impacto mediático en la esfera internacional es pues limitado. Los catalanes, con su recién estrenado proceso independentista, y los vascos, con los rescoldos de ETA aún a tiro de retrovisor, copan portadas y análisis. Pero ese oligopolio ofrece algunas grietas, y rotativos de la primera división mundial como The New York Times, Le Monde, The Guardian, Corriere della Sera o The Wall Street Journal sostienen de cuando en cuando su lupa sobre la comunidad.

Las dificultades para embridar el déficit público, las elecciones autonómicas del 25-M, los atracos supuestamente simbólicos de Juan Manuel Sánchez-Gordillo a distintas cadenas de distribución o el agotamiento del manido cóctel del sol y playa han merecido reflexiones y titulares en los últimos tiempos. Hasta cinco cabeceras de renombre describieron el creciente protagonismo del SAT y su comandante, el alcalde de Marinaleda, un viejo conocido para los andaluces. Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde, lo llegó a llamar Robin Hood. “Me pareció muy atípico y original que exista un pueblo medio revolucionario. Es una especie de sueño con problemas, pero funciona mejor que los de alrededor”, opina. Gian Antonio Orighi, de la italiana La Stampa, también entrevistó al diputado andaluz. “Literalmente, es un personaje. Independientemente de su posición política y sin tener en cuenta lo de los supermercados, ha ocupado tierras vacías, en su municipio no hay grandes diferencias salariales y puedes conseguir un alquiler por 15 euros al mes. Marinaleda parece Novecento, la película de Bertolucci, allí hay menos paro que en Salzburgo (que es el lugar con menos desempleo de Europa)”, explica. Giles Tremlett, de The Guardian, advierte que el discurso de Sánchez Gordillo gozará de más predicamento cuanto mayor sea la crisis “porque dice que el problema es de los bancos y los gobiernos, y ésas son palabras sólidas a ojos del ciudadano en estos momentos”.

Raphael Minder, suizo de nacimiento, trabaja para The New York Times en Madrid. En apenas dos semanas ha entrevistado a Artur Mas, el presidente de la Generalitat, y coescrito un reportaje sobre Juan Carlos I. Al menos en una docena de ocasiones ha bajado al sur para informar de temas variados: desde la economía sumergida de Barbate hasta las minas de Río Tinto pasando por la visita de Gran Rabino de Jerusalén a Granada. “Andalucía es una parte de España espectacular a todos los niveles, pero no es una mina de noticias. La complejidad social que deriva de la crisis ha quedado clara de muchas maneras, con la PAC, por ejemplo, o con la pesca, la emigración y el formidable nivel de paro”, resume.

“Piense -añade Minder- que el interés del lector americano hacia una autonomía o un land es el mismo que pueda tener el lector europeo por un Estado federado”. En realidad, tiene sentido. Andalucía es más grande que un puñado de estados -Carolina del Sur, New Jersey, Maryland, Connecticut- y socios de la UE -Bélgica, Países Bajos, Irlanda, Austria, Chequia-, pero las venas de la España político-económica no cruzan Despeñaperros. Lo confirma el delegado del Wall Street Journal, Santiago Pérez: “No hay una imagen tan granular de las regiones. Cuenta el país en general. El modelo autonómico resulta interesante no tanto porque detrás esté el problema del control del déficit -eso es debatible-, sino porque es obvio que entre España y las CCAA la tensión es creciente”.

Una semblanza clásica a cuenta de Andrea Nicastro, del Corriere della Sera: “Andalucía se asemeja mucho al sur de Italia por distintas causas: el gasto autonómico, el problema de la política clientelar y la intervención del sector público para suplir la iniciativa privada en una región tan grande y preparada pero a la vez con tantas lagunas económicas”, resume. “Pero también hay importantes diferencias: una es que Andalucía no tiene mafia y esto procura un ambiente económico, social y político más sano; la otra es que el relativo despilfarro de fondos europeos ha producido infraestructuras y un desarrollo urbanístico y arquitectónico maravilloso”.

Del 20 de noviembre de 2011 al 25 de marzo de 2012 pasó suficiente tiempo como para que la relevancia de las elecciones andaluzas se multiplicase. Mariano Rajoy arrasó en las generales, y las encuestas daban al PP-A una victoria sin precedentes en el gran feudo del socialismo. Las matemáticas, mala suerte, fueron nuevamente implacables y permitieron una coalición PSOE-IU que salvaba los muebles de la izquierda. El fenómeno fue seguido con interés. “La impresión que se tiene desde fuera es que Andalucía resiste frente a las políticas del Gobierno central pero a la vez necesita el dinero de Madrid para evitar la quiebra, así que, de hecho, las diferencias entre unas y otras recetas quedan anuladas”, razona Graham Keeley, corresponsal en The Times. “El Ejecutivo andaluz es un laboratorio de la resistencia socialista española. El PSOE no puede mostrar a Europa un incremento de la deuda, pero a la vez tiene que dejar claro que puede hilar soluciones diferentes a las del PP. Hasta el 25-M, los políticos andaluces no lo hicieron bien. Ahora tienen un estímulo enorme para cambiar y mejorar”, añade Nicastro.

Ninguno de los entrevistados lanza una sola crítica sin contraponer una alabanza. La bolsa de pecados es siempre parecida: los ERE, el caso Malaya, la brutalidad del ladrillo, el monopolio del socialismo, el nepotismo. “Andalucía concentra muchos de los males de España, aunque haya polémicas que no entiendo, como la del PER, que es una subvención a agricultores como otras que existen en la UE”, expone Morel. “Las infraestructuras aquí son de primer nivel, aunque en comparación con Francia echo de menos más movimientos de recuperación de la tierra, poniéndola en valor a través del turismo rural y de jóvenes urbanitas que aporten su talento. El desarrollo urbanístico ha conllevado poca innovación”.

Keeley mete el dedo en la llaga. “El modelo turístico andaluz está agotado. Ya no está de moda el sol y playa, a los británicos les gusta cada vez menos. Ésa es la razón por la que Barcelona se ha convertido en un destino líder: combina playas, cultura y vida nocturna. Creo que Andalucía sufre un problema de marca, porque en realidad sí destaca en algunos ámbitos como la aeronáutica y la industria solar, pero nadie conoce esas ventajas. Desgraciadamente, el escándalo de los ERE refuerza el peor tópico de Andalucía, el de la corrupción y la ineficacia”.

Orighi también da una de cal y otra de arena. “Conozco Andalucía mejor que el sur de Italia, y está mucho más adelantada. Si uno pasea por el centro de sus capitales, le cuesta creer que haya tanto paro. Andalucía era el reflejo de una sociedad medieval tutelada por los famosos caciques. Tras Franco, con el PSOE, la cosa ha cambiado poco. Ha sido la comunidad autónoma peor tratada de todas”, arguye. El italiano se desmarca de la mayoría al hablar del clima. “El calor es un freno a la calidad de vida y a la creación de una buena red industrial. Y luego están los efectos de la burbuja inmobiliaria: hay playas increíbles demasiado llenas de cemento, y es una pena. Llegar desde Doñana a Matalascañas es un puñetazo en la cara brutal. Aquí los políticos han optado por el pan para hoy y hambre para mañana”.

Tremlett utiliza el discurso de CiU y Mas sobre el expolio y las balanzas fiscales para resaltar las sospechas habituales. “He estado varias veces en Cádiz, y va mal, muy mal. Cuando aparece la cuestión catalana es cuando empiezas a preguntarte para qué sirve el dinero del Estado que acaba en Andalucía. ¿Hasta qué punto permite transformar el tejido productivo? ¿O es sólo una especie de subsidio territorial?”. Y acto seguido el matiz: “No creo que sea una cuestión de idiosincrasia. En algunos sitios, por razones históricas, donde la gente no tenía tierras y se trabajaba por peonadas, difícilmente una sociedad es capaz de cambiar. Para cambiar hace falta la emigración, que es lo acabó ocurriendo”, sostiene. “Luego echas un vistazo a los polideportivos, los teatros, la alta velocidad o las carreteras y la CCAA sale bien parada incluso comparada con el Reino Unido. Ha aprovechado bien los fondos recibidos hasta llegar a la paradoja de que, siendo relativamente pobre, está mejor dotada que otras regiones ricas”, concluye.

Andalucía resume en la retina del corresponsal el estado de la actual España: una vieja tierra mágica que, pese a ser regada con el elixir de la solidaridad europea, no ha sido capaz de inventar un modelo de país viable, sólido y diferenciado.

  • Speech

    Hay que tener muy poca vergüenza para tan si quiera insinuar que Andalucía está regada de inversión y no florece.

    Andalucía está completamente oprimida y subyugada desde el gobierno central. A base de destinar subvenciones europeas a manos de políticos corruptos puestos a dedo y terratenientes con la mayoría de las tierras sin trabajar.

    ¿Andalucía qué va a generar? Si es la huerta de España, no se permite la industrialización y la mantienen con niveles ínfimos de escolarización. Todas las personas tienen que salir fuera para crecer profesionalmente mientras el Estado succiona todos los recursos.

    El clima de Andalucía es una atractivo turístico y tiene mil y un rincones que ya les gustaría a cualquiera, otra cosa es que permitan explotarlos. Barcelona, es lo que es por el dinero, por nada más. El gran volumen de turismo (que engañosamente intentan hacer ver que es menos) es por su propia naturaleza. Pon ofertas, infraestructura, INVIERTE como se hizo en Catalunya, y hablaremos.

    Los andaluces no ven el dinero que llega a Andalucía, porque ese dinero se emplea en tapar bocas, untar corruptos y mantener amigos. No se invierte nada en su crecimiento porque no interesa una Andalucía competitiva. Así se han hecho bien ricas P.Vasco, Madrid y Catalunya, siendo las únicas a las que se destinaba la inversión y extrayendo del resto los recursos y mano de obra que necesitaban.
    Y esto no es culpa de los políticos andaluces ni del clima, esto es culpa del Estado, repito, que decidió oprimir y subyugar comunidades para enriqueces a P.Vasco, Madrid y Catalunya.

    Se han preocupado más por crear un estereotipo del andaluz y venderlo a sus hijos y nietos para que crezcan con prejuicios, cuando Andalucía ha dado de comer a España muchos años, es la base cultural del pais y, con dinero, ha construido lo que hoy en dia conocemos como Catalunya, porque Catalunya no es ni más ni menos que lo que unos andaluces han construido y desarrollado en una zona mediocre pero con dinero.

  • Mineralizado

    En España, si no es con amenazas, chantajes o terrorismo, te masacran.
    Quizás si Andalucía se dedicase a chantajear con separarse de España o a formar terroristas que pongan unas cuantas bombas, aumentaría el miedo y el respeto y la incluirían en el reparto del pastel.
    Así es como funciona el capitalismo moderno, lo mismo que hace Alemania y Francia con el resto de Europa, es lo que hacen otros con el resto de España.

  • ferran

    La descripcion de Barcelona y Catalunya como siempre brillante. Ahora los catalanes se quieren ir de España. Si tan negativa es la presencia de Catalunya en España. lo mas logico beneficioso para Andalucia es que se vayan. Fuera!!!. El progreso para Andalucia sera inmediato..Brillante el analisis.