España: renovarse o morir

Fede Durán | 15 de octubre de 2012 a las 19:25

Esta mañana viajaba en el aerobús que conecta Barcelona con la T-1 aún bajo las sombras de la madrugada y la plancha del sueño de acero. El chófer escuchaba Catalunya Ràdio. La palabra Cataluña sonó al menos veinte veces en menos de cinco minutos. De la Transición a esta parte, la identidad catalana se ha forjado desde la política (nacionalista), pero sobre todo desde los medios de comunicación.

Rajoy enfoca mal el problema. Es la silueta perfectamente definida por Dionisio Ridruejo en 1955: “El español lo espera todo de un milagro, lo que unido a su poca imaginación y a su falta de libertad interior nos da su incapacidad para la vida de convivencia”.

En el fondo, cree que Mas va de farol. Y se sabe arropado por el marco constitucional y comunitario. Su táctica: no, no, no (y perdonen si me acuerdo justo ahora de la Winehouse). Pero quizás haya llegado la hora de barajar opciones. La sangre no debería ser del siglo XXI ni de Europa o España, que ya vertieron suficiente en el XX. La simple negación tampoco: no deja de ser gasolina en la hoguera. Toca negociar, y ahí caben dos opciones. O se negocia el mapa de la independencia a lo british, civilizadamente, previa autorización de la consulta y siempre que ésta refleje un posicionamiento masivo; o se negocia un nuevo Estado.

Negociar un nuevo Estado es difícil. Requiere altura de miras, característica poco común en la política contemporánea. Y exige valentía para: A. Vertebrar un sistema de financiación donde las compensaciones interterritoriales no mermen la competitividad de las regiones más productivas (es lo que reclamaba al fin y al cabo CiU hasta cambiarse a la chaqueta, más radical, de la secesión). Ya es hora de que los más pobres (Extremadura, Andalucía, Canarias) se desprendan del jergón del victimismo (victimismo históricamente justificado en bastantes casos, cierto) y aprendan a pelear por sí solos, con generosa ambición y sujetos a una sociedad infinitamente más fiscalizadora de la gestión política. B. Tocar los párrafos de la Constitución necesarios para convertir el Senado en otra cosa; reformar el sistema electoral; jubilar la Monarquía; acabar con los fueros vascos y navarros; y garantizar un mínimo tronco común que dé sentido, aunque sea livianamente, a la siempre discutida idea de España.

La España federal, o más federal (el Estado autonómico ya ensaya esa fórmula), encierra peligros bien conocidos. El principal es la profundización en las miniestructuras de país, las duplicidades, la amenaza del mercado único, la segmentación al fin y al cabo irreversible e ineficaz. En Bélgica, flamencos y valones firmaron la sentencia del muerte del entendimiento cuando decidieron dejar de concurrir bajo las mismas siglas políticas (socialistas, conservadores) para diferenciarse por ideas pero también por idiomas.

El sábado almorcé en El Raval con un buen amigo catalán e independentista. Creo que el tono del debate fue modélico, una muestra de cómo podrían ser las cosas en esta España tan habitualmente vehemente y espumosa. Él, periodista como yo, admitía que Cataluña no necesita inexorablemente la independencia sino un marco más adaptado a sus aspiraciones. Incluso con independencia, me decía, España y Cataluña deberían caminar juntas. Una especie de asociación entre iguales. No sé si comparto el enunciado de la fórmula a lo Puerto Rico, pero me temo que no existen alternativas realistas: o Cataluña gana poder o Cataluña se marcha.

Otra cosa es que nos guste más o menos que se marche. Objetivamente no creo que existan dudas: en el corto plazo, las consecuencias serían pésimas para España, que perdería el 20% de su PIB y casi ocho millones de habitantes (importantes, por ejemplo, en la asignación de eurodiputados), y tampoco coserían y cantarían los catalanes, abocados de primeras a un aislamiento internacional y sometidos al imprevisible factor emocional de la economía en sus intercambios comerciales con sus ex compatriotas.

PP y PSOE tienen dos problemas casi irresolubles. No crearán una posición común (uno) porque sus dirigentes, sus bases y sus canteras son mediocres (dos). Rajoy transmitirá de Rubalcaba la imagen de un vendepatrias. Rubalcaba endosará a Rajoy el monigote de la parálisis. Y entretanto el problema se enquistará. Observen a Cameron y Salmond, cordialmente discrepantes pero a la vez suficientemente maduros como para pactar las condiciones de un referéndum y aceptar el consiguiente resultado sea cual sea.

Posiblemente Ortega tuviese razón. Posiblemente el caso catalán no sea solventable sino tan solo soportable. Si así fuera, convendría exhibir la misma madurez que ingleses y escoceses, compartir mesa, cerrar los términos del acuerdo y encarrilarlo lo menos lesivamente posible. Nadie quiere amar a quien no le ama. Eso se lo dejamos a los antiguos reyes.

  • Fernando

    O gana más poder o se marcha. ¿Le prestamos la Casa Rosa unos meses? Igual así se nos pega algo a los andaluces y aprendemos a decir “somoh un paíh oprimío”.

  • Daniel

    Definitivamente es hora de cerrar este debate, por cansino y porque no aporta nada nuevo. Después de años de tensiones que siempre (o casi) se han solventado del lado catalán, en esta ocasión creo que han roto la baraja. Mi opinión es que los ciudadanos catalanes deben decidir su propio futuro. La independencia o no de Calatuña solo provocará a corto y medio plazo consecuencias negativas para ambos lados, más allá, ¿quien lo sabe?
    Que se creen las condiciones necesarias para que puedan hacer su consulta popular y que salga el resultado que tenga que salir. Mi pregunta es, ¿sería definitivo? Me temo que solo si la decisión es a favor de la independencia, de otro modo, ¿cuanto tiempo tardarían en volver al camino de la reivindicación?
    Con esto no quiero provocar malas interpretaciones, el sentir de una parte de la sociedad catalana es absolutamente legítimo y si este es mayoritario, solo existe un camino para desbloquear la situación, referendum y, en su caso, independencia.
    La letra pequeña podrá decir muchas cosas, buenas y no tan buenas. No voy a entrar a comentarlas ni valorarlas. No me importan.
    Solo una reflexión para acabar. ¿Para que demonios sirve la Unión Europea si en un tiempo en el que deberíamos desear que nuestos hijos se sientan más europeos que andaluces, madrileños, lombardos, bavaros o escoceses experimentamos fénomenos que nos llevan a una búsqueda desesperada de identidades locales?
    Buen artículo Fede. Un abrazo

  • ferran

    La transicion suponia la gran oportunidad de crear un espacio de convivencia entre los pueblos de España. La España plural debia haber sido el referente para la reorganizacion del Estado despues de la salida de la Dictadura. Catalunya y Euzkadi aportaban la legimitidad que los sediciosos con una guerra habian suprimido. No se tuvo en cuenta esta situacion y se desvirtuo con un artificial e impuesto “cafe para todos” en donde no habia deseos de autogobierno. A partir de aqui el Estado autonomico ya marca sus limitaciones. el Estado tiene que ceder poder a las autonomias ,y tiene que ceder poder a la UE, Todo ha sido un fiasco. El viejo Estado centralista se resiste a ceder y quiere continuar mandando totalmente, La Loapa ya es un presagio que las cosas no iran bien.Catalunya aspira a un nuevo Estatuto que cumple con todos procedimientos para su puesta en escena. Dos Parlamentos lo aprueba, Un referendum, una aceptacion del Rey. Nada sirve. El PP lo denuncia a un TC desacreditado y condicionado. Nueva frustacion de Catalunya. Nueva frustacion cuando Catalunya pide el Concierto porque la asfixia economica fiscal del Estado la esta hundiendo mientras tiene que ser “solidaria”. Una manifestacion de 1,5 millones de catalanes piden la independencia de España para ser un Estado de Europa. El nacionalisme español de matriz castellana nunca ha aceptado al resto de pueblos de España con sus identidades. Ahora lo que era una “conllevanza” ha estallado. Ya no sirve y sera imposible regresar . La UE esta presente en la actual etapa historica europea. Escocia, Flandes, Euzkadi, Catalunya estan marcando una actitud que no se podra ocultar. Los procesos democraticos son dificiles de frenar. El nacionalisme español se esta agarrando a una Constitucion caduca, superada y que fue escrita bajo la sombra de los sables.
    .
    Afortunadamente unos estan exponiendo conceptos democraticos , mientras otros ya presentan el discurso del miedo, el boicot, los sables nuevamente. Momentos dificiles para soluciones dificiles

  • Néstor García

    Sobre Dionisio Ridruejo, personaje que encarna las dos Españas, incluso la tercera (la de la transición) recomiendo esta novela: GRITAD CONCORDIA de Rafael Fraguas, editada recientemente por Plaza y Valdés. Web del libro: http://www.plazayvaldes.es/libro/gritad-concordia/1474/

  • Largo

    No alcanzo a entender porqué en un mundo tendente a la globalización alguien querría separarse y sembrar divisiones.

    Y por cierto, considero que los Catalanes por lo generar subestimáis, minusvaloráis y os cachondeais demasiado de Andaluces y Extremeños entre otros. Yo no quiero ofender, pero si alguien me pregunta cual es el pueblo más xenófobo de España, no me quedará más remedio hoy por hoy que apuntar hacia Cataluña.

    Campañas como la de “adopta un niño extremeño” han sembrado un odio muy fuerte hacia Cataluña en esas zonas, lo que para vosotros es “humor” para los extremeños es mal gusto. Me pregunto como habría sentado que los madrileños dijesen algo así en referencia a los niños catalanes. Y es chocante que vayáis a llorar a Europa cuando mostrais un desprecio tan ilógico hacia gentes que no os han hecho nada más grave que intentar vivir su vida y mantener sus tradiciones y costumbres, su identidad en definitiva igual que vosotros. Aun así son objeto de mofa.

    Por desgracia no existirá un entendimiento real entre Cataluña y el resto de España hasta que los catalanes no abandonéis ese desprecio hacia los demás que, a juzgar por su intensidad, deben haberoslo inculcado en la escuela o en vuestras familias.

    Y por favor no le déis la vuelta a la tortilla: El boicot a los productos catalanes y el malestar de otras gentes de España hacia vosotros viene primeramente condicionado por el odio, el desprecio y la desestimación que siempre habéis hecho. Llevar tan lejos el sentimiento de superioridad de un pueblo sobre los demás no os puede traer nada bueno. Menos cuando lejos de simplemente sacar pecho, os mofáis de los demás.

    Es triste pero es así. ¿Vosotros apreciaríais a alguien que despreciase Cataluña y a sus gentes? Aunque no lo creais, todos somos seres humanos y ese efecto también se da en los demás…