Aprendan ustedes

Fede Durán | 28 de marzo de 2014 a las 8:00

EL vicepresidente económico de un país europeo comparece ante las cámaras de televisión sólo unos días después de su nombramiento y aclara que su vocación no es la política pero que se siente obligado a prestarle semejante servicio a la sociedad dada la gravedad de la situación. La inflación ronda el 30%, el déficit de la balanza comercial apunta a los 5.000 millones de dólares y el 5% de la población trabajadora carece de empleo y –mayoritariamente– de subsidio.

Convenientemente trajeado y con unas modernas gafas de pasta, el vicepresidente no habla de pavesas y ave fénix sino de esfuerzos brutales, transparencia y diálogo. “En la economía no existen los milagros”, advierte antes de enunciar sus cuatro compromisos: Uno. Dentro del esfuerzo colectivo, los intereses de las clases modestas y populares serán especialmente protegidos. Dos. Al esfuerzo colectivo contribuirá cada grupo social de acuerdo con sus posibilidades. Tres. Los problemas serán abordados desde la creencia firme en las ventajas de la libertad económica y buscando la eliminación de intervencionismos ineficientes. Todo eso será compatible con la valentía para afrontar reformas que acaben con aberraciones tales como la especulación del suelo. Cuatro. El Gobierno negociará, buscará acuerdos y transacciones; renunciará a la imposición como vía de resolución de conflictos y considerará a la oposición como parte del poder.

El hombre se expresa con solemnidad pero sin soberbia. Trata al ciudadano que le observa al otro lado de la pantalla como a un igual. Le ofrecerá todos los datos disponibles para que “forme su juicio personal” porque el mandato autoimpuesto pasa “por exponer y no por ocultar”. “La economía –remata con humildad pese a sus múltiples galones– es cuestión de experiencia y sentido común”.

Obviamente, el discurso no pertenece a Cristóbal Montoro. Tampoco podría firmarlo Luis de Guindos. Ambos son demasiado orgullosos, opacos y maniqueos. Ambos son dirigentes de parte. La pieza es de Enrique Fuentes Quintana, se graba en 1977 y se emite en TVE. En casi todo, visto con los ojos del presente, es una reflexión casi revolucionaria, casi de izquierdas (punto tres aparte), casi contracultural. En 16 minutos de comparecencia voluntaria, el ya fallecido economista (murió de alzheimer, igual que su valedor Suárez) demuele, por una vía menos mediática que la del gran Adolfo, el ejercicio actual de la política.

España ha sido secuestrada por el maléfico mecanismo del blanco-negro y por la sumisión al verdadero emperador, que no es una persona sino una divisa. Las explicaciones no se dan, se escupen con el desprecio del señor ante el ignorante siervo. Nuestra partitocracia es una oda a la mediocridad, en Madrid y Sevilla, en Barcelona y Vitoria. El márketing ya no es el medio sino el fin. El consenso se considera una debilidad. Y ya no se protege sino al rico, al inversor, al especulador, al del suelo y las preferentes. España no es país para pobres. Y lo anuncia cada día con descaro.

Etiquetas:

  • Jose Luis

    ¿Y esto viene en el blog del GrupoJoly? Para hacer una crítica así, y que conste que estoy totalmente de acuerdo con lo que se dice en el artículo, hay que tener un poco de credibilidad y no creo que el grupo Joly sea tenga mucho de ello. Al menos en Jerez, con el Diario de Jerez, la credibilidad se perdió hace mucho siendo ya que no sabe donde acaba la nariz del director de turno y el culo del alcalde o alcaldesa de turno…

    Si el poder político está esclavizado por el poder económico-financiero, el poder de los medios está lastrado por el compadreo con los políticos y la necesidad del dinero de la publicidad pública institucional (autopropaganda de los ayuntamientos)…