El vago, el mesías y el aliñador

Fede Durán | 2 de octubre de 2014 a las 8:00

EN teoría, un sistema se reforma desde el sistema salvo que medie revolución, y las revoluciones siempre salpican sangre. Si Artur Mas no está dispuesto a asumir ese coste, sólo le queda regresar al carril cuerdo y fomentar una mayoría en las Cortes que permita un doble cambio constitucional. El primero consistiría en eliminar la idea de que la soberanía nacional reside en el pueblo español, traspasando esa nebulosa a las diferentes islas autonómicas para que hagan y deshagan a su antojo. El segundo implicaría transferir a esas mismas CCAA la capacidad de convocar referendos sobre cualquier tipo de materia, incluida la independencia.

Para lograr ese objetivo, y ateniéndonos a los últimos resultados electorales, CiU necesitaría el respaldo de PP y PSOE. Los conservadores no están dispuestos a retocar un texto al que atribuyen el don del equilibrio y el milagro de una prosperidad amasada en 35 años aunque en franca regresión. Los socialistas propugnan sin embargo una reinterpretación federal de la Carta Magna, como si España no fuese ya netamente federal, sin atender al discurso maximalista del cuarteto CiU-ERC-ICV-CUP y a la serpiente social que desde las calles reclama valentía y censura dilaciones.

La ley está por encima de los sentimientos, alega Rajoy. El pueblo rebasa a la ley, contraataca Mas. Hagamos una ensalada, intenta terciar Sánchez (Pedro). Todos tienen parte de razón y por lo tanto también se equivocan. El presidente del Gobierno recurre por defecto a la inacción, el de la Generalitat a los contratos de adhesión y el líder del PSOE a los malabares propios de quien dedica el tiempo libre a aprenderse lo que le chivan. Pero vamos con las cuotas de razón: efectivamente, la iniciativa hacia una revisión del engranaje hispano no la debe abrazar quien no cree en ella (Rajoy) sino quien lamenta carecer de alternativas a la secesión (Mas). O quien lamentaba. Porque nadie captura ya en las palabras de Mas pepitas de consenso con el aparato estatal: él quiere lo suyo, bajo sus condiciones y con sus compinches, y cualquier desvío será tachado de “inmovilismo” español, adjetivo del que el nacionalismo ha abusado hasta la saciedad inyectándole la connotación del insulto, de la cutrez, del robo que al final perpetraba el entrañable avi.

El problema de fondo sigue siendo el mismo. Al independentismo sólo le interesa la independencia. Cualquier encaje sobrevenido es un parche que apenas garantizará veinte años de serenidad. Sabiéndolo, apoltronarse es tentador (Rajoy), mesianizarse obligatorio (Mas) y templar gaitas superfluo (Sánchez). España en todo su esplendor.

  • zalillo

    Sólo una profunda reforma constitucional, tal vez una que refunde el Estado para completar su carácter federal, con las modulaciones imprescindibles, pero sin privilegios tendría alguna posibilidad. Siempre, claro está, que realice un reparto del café para todos, y que no se reforme que el pueblo es el que tiene la potestad sobre su futuro.
    Además las clases dirigentes Catalanas desde tiempo inmemorial siempre ha sido inconformistas y creadoras de problemas, siempre sacando buen provecho de ello, en tiempos feudales cuando dependía de Aragón, cuando se unieron los reynos de Aragón con Castilla, mucho después en la I República, más tarde en la segunda, y últimamente con el Caudillo (Franco) al cual pretende emular el sr. Mas, y siempre sacando buena tajada.

  • Tren

    Solo algunas ínfimas cuestiones Fede, que si no me vapulean.
    Veo cierta ligereza y desprecio al que muy posiblemente sea el mayor problema que ha tenido nunca el gobierno español.
    Decir Mas y sus compinches, cuando menos es poco riguroso.
    Ya se que esto no es Gran Bretaña, pero tampoco es la cuna de la democracia, precisamente.
    Y para mi lo más garrafal y común a la generalidad de la prensa: descargan las tempestades en un solo hombre, y sus compinches. Grave error,es una mayoria de la sociedad catalana que ni quiere pactos, ni “sacar” nada, ni el perdón de nadie. Tan solo votar para que la gente decida su propio futuro. Ni independencia ni integración, tan solo opinar y sin efectos vinculantes.
    Tanto miedo da que se vote?
    Un saludo.

  • zalillo

    Ha visto Ud. la papeleta y cuales son sus preguntas, la o las preguntas, no pertenecen al pueblo Catalán, ¡ojo! a ¿que pueblo catalán? sino al pueblo español y si no se contempla en la constitución es antidemocrático querer votar, que éstos le dan al argumento la vuelta encuanto quierne y para lo que quieren, sres. por mi lo que tendría que hacer el gobierno de la nación es hacer una consulta y preguntarle al pueblo español, si quieren que los catalanes se independicen, no se olviden que la soberanía de la nación está en su pueblo y no en sus políticos ni en la corona, y menos en ese político Independentista ¿de que pueblo catalán.