¿Independencia sí o sí?

Fede Durán | 6 de octubre de 2014 a las 18:47

MADRID. 2-10-14. JOSE MONTILLA. FOTO: JOSE RAMON LADRA.

José Montilla (Iznájar, Córdoba, 1955) presidió la Generalitat entre 2006 y 2010, sufrió en sus carnes el recorte del Tribunal Constitucional al Estatut parido por su ex camarada Pasqual Maragall y dio a menudo la sensación de ser más papista (nacionalista) que el Papa (CiU). Hoy, desde el Senado, modera su discurso y aboga por una seducción desde el todo español hacia la parte catalana para reconducir un problema donde, afirma, “hay mucha propaganda pero poco debate”.

–Usted alertó antes que nadie del desapego catalán.

–En 2007 advertí de la desafección y de lo que ello podía comportar, de que podía ser el inicio de un proceso irreversible.

–Estamos justo en ese punto.

–El momento es tremendamente complicado y la perspectiva a medio plazo es que todavía lo sea más. Ni el Gobierno de España ni el de Cataluña apuestan por la negociación y el pacto, que es la única forma de avanzar. El PP y Rajoy niegan el problema amparándose en la Constitución y las leyes, que evidentemente se han de respetar. Pero no hablamos de un conflicto inventado. No habría entonces tantos miles de ciudadanos en la calle ni habríamos llegado donde hemos llegado. Lo primero que tendría que hacer el Gobierno es admitir la existencia del problema, reconocer que es un asunto catalán pero también español y tratar de buscar una solución sobre la base del diálogo. Ambas partes han de reconocer que ninguna de las dos tiene razón al 100%. La razón y las culpas están repartidas.

–Vamos a distribuir esas culpas. La cuota no catalana queda sintetizada en la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) que recorta el Estatut.

–La sentencia marcó un antes y un después porque fue la primera vez en democracia que una ley votada por el pueblo de Cataluña, después de ser aprobada en el Parlament, en el Congreso y en el Senado, era tan mutilada. El TC estaba en aquellos momentos cuestionado, con magistrados que agotaron su mandato y no habían sido renovados y con una recusación desde el PP para apartar a uno de ellos. Aquello fue tomado por la inmensa mayoría de los catalanes como una afrenta. Pero no todo es la sentencia. El Gobierno del PP, en estos tres años, ha continuado una política de confrontación con Cataluña y también de laminación de las competencias autonómicas. Nunca hubo antes semejante nivel de conflictividad institucional y constitucional entre el Gobierno y las CCAA.

–¿En qué fallaron los políticos catalanes?

–En el proceso de elaboración de Estatut cometimos errores. Seguramente se lo pusimos demasiado fácil al PP para que se descolgase. Y el Govern actual piensa que es posible una secesión sobre la base de una ley catalana sin tener en cuenta ni el marco constitucional ni el comunitario. En la Europa del siglo XXI, este tipo de procesos sólo se puede dar si no los impone una parte.

–¿CiU se cree lo que hace o interpreta un papel?

–Hay quien se lo cree, quien asume ciertas dosis de estrategia y quien va a remolque de los acontecimientos y la presión de la calle. CiU es prisionera de decisiones que tomó hace dos años, cuando después de perder 12 diputados Artur Mas no sólo no dimitió sino que pactó con ERC un calendario y unas acciones entre las que se incluía la celebración de una consulta.

–¿Qué se le puede ofrecer a Cataluña que no tenga ya?

–En Cataluña hay mucha propaganda pero ningún debate de fondo. ¿Qué se puede ofrecer? Desde el Estado no ha habido ninguna oferta, sólo se ha invocado el muro de la Constitución. El respeto a las leyes es legítimo, pero hay que recordar que están al servicio de la convivencia, y por lo tanto están también para ser modificadas si es lo que beneficia a esa convivencia en común, que es lo que a pesar de todo una inmensa mayoría de los ciudadanos de Cataluña desea. La oferta debería solventar los problemas de encaje. Hay que retocar la Constitución. A Cataluña se le podría dar, entre otras cosas, reconocimiento y respeto, que es lo que el Gobierno de Rajoy no ha tenido en temas muy sensibles allá como la cultura, la lengua y la educación. También, por supuesto, un trato singular en lo referente a la fiscalidad y al respeto a sus instituciones de autogobierno. Se trata de seducir, de contraponerse a los que plantean una soberanía que hoy es muy cuestionable. La independencia está basada en mitos románticos del siglo XIX.

–Un pacto fiscal a la vasca sería imposible considerando el peso de Cataluña en el PIB. Se rompería el principio de igualdad.

–El concierto económico es legítimo: tiene bases históricas y reconocimiento constitucional. Otra cosa es el cupo, que no puede dejar de ser solidario. Yo estoy a favor de la solidaridad pero no a favor de ser tan solidario que al final el benefactor acabe teniendo más que el contribuyente. Ésa es una situación que desgraciadamente se da hoy en nuestro sistema, tal y como pone de relieve no sólo el Govern sino los últimos estudios de Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) y del que es economista de cabecera de Montoro en estos temas, el señor Ángel de la Fuente. Ese desequilibrio no aparece en otros modelos federales.

–Ricardo García Cárcel, historiador de la Universidad Autónoma de Barcelona, afirma que la sociedad catalana ha perdido la noción de la realidad.

–Hay una parte de la sociedad que vive en un microcosmos y no es consciente de la complejidad de las sociedades. Mirarse en exceso al espejo comporta una distorsión de la realidad. Algunos ven la independencia como un proceso lineal y muy fácil.

–¿Le parece ecuánime el papel desempeñado por TV3 y Catalunya Ràdio?

–No lo es, y lo han puesto de relieve no sólo algunos grupos parlamentarios sino el propio sindicato de periodistas de Cataluña. Los medios públicos catalanes están al servicio de la causa, y la causa es la independencia. Así de claro.

–Las tensiones entre PSOE y PSC son recurrentes. ¿Se han agravado con la ola secesionista?

–No. Lo que hay, como siempre, son desencuentros puntuales.

–¿Es usted partidario del derecho a decidir?
–Estoy a favor de que cada pueblo decida su futuro. Pero ese derecho siempre se debe de ejercer dentro del respeto a las leyes.

–Es decir, que usted es partidario de eliminar la cláusula que atribuye la soberanía nacional al pueblo español. Y de traspasar a las CCAA la competencia para convocar referendos.

–Soy partidario del traspaso dependiendo de para qué temas. Para los que sean competencia autonómica sí. La reforma constitucional ha de profundizar en un Estado federal y en los mecanismos federales de relación para favorecer el encaje y el entendimiento, no la secesión.

–¿Cree que Mas respetará la suspensión de la consulta?
–No creo que CiU vaya a poner las urnas el 9-N como tampoco creo que tenga una actitud sumisa respecto a la decisión del TC. Bordeará la legalidad para mantener la tensión. En definitiva, esto ya forma parte de la precampaña de las elecciones anticipadas que tendremos en Cataluña dentro de poco.

–Bien. No se sacan las urnas. Hay elecciones anticipadas. Gana ERC. Junqueras propone una declaración unilateral de independencia.

–Eso es hacer política-ficción.

–Todas las encuestas auguran la victoria de Esquerra. Y Junqueras ha dicho lo que quiere hacer si gana.

–Habrá que ver cuándo son las elecciones y cuáles las candidaturas. Cabe la posibilidad de un frente nacionalista que englobe a CiU y ERC y que encabece el propio Mas. El president quizás trabaja ya con esa hipótesis. Los mapas políticos se fragmentan, es difícil afirmar qué pasará. Si hay una declaración unilateral de independencia, será llevar más a Cataluña a la fractura y la confrontación. Es un escenario grave que no descarto.

–El PSC está en una situación electoral delicada, ha ido a la baja en los últimos años. ¿Cómo puede remontar el vuelo?

–Cuando la dialéctica oscila entre quienes no ofrecen nada y aquellos que se quieren ir, los que decimos que existe el problema y que hemos de solucionarlo dialogando lo tenemos un poco complicado. Pero estos escenarios no duran para toda la vida. Ni Artur Mas será presidente siempre ni tampoco lo será Rajoy. La democracia facilita los cambios de escenario. El choque de trenes que hoy nos parece inevitable seguramente se acabará evitando. Los socialistas tenemos un proyecto para España y cataluña.

–Es curioso que con el referéndum escocés se haya destacado mucho la madurez democrática que ha supuesto aceptar la votación pero apenas se haya recalcado la victoria del no por 11 puntos de diferencia.

–Cada uno pone de relieve aquello que le interesa. El nacionalismo subraya que se ha podido celebrar el referéndum, no la derrota. Además, se ha celebrado con la aquiescencia y un papel muy determinante del Reino Unido y Cameron. Compararse con Escocia es tramposo, sobre todo cuando aquí se pretende hacer de manera unilateral. Son realidades muy diferentes: ni el nivel de autogobierno de Escocia es comparable al de Cataluña ni Reino Unido tiene siquiera una Constitución escrita, y la no escrita prevé la posibilidad de independizarse. Allí se ha respetado la legalidad.

–¿No es abonar la confusión pedirle un gesto a Rajoy? La Constitución la reforman las Cortes.

–El presidente del Gobierno es el líder del primer partido del país, y por lo tanto la solución depende mucho de él. ¿Está dispuesto a trabajar por el consenso? Si se niega, que lo diga. El inmovilismo de Rajoy en éste y otros temas es un enorme problema porque exacerba los ánimos del independentismo. El PP ha hecho más por la independencia de Cataluña que ERC en toda su trayectoria.

–Alex Salmond dijo una semana después de perder en Escocia que la secesión seguía viva. El nacionalismo es infinito.

–El nacionalismo no se acaba como tampoco se acaban los problemas y tensiones de cualquier sociedad. Pero incluso en los países donde ha habido consultas –Escocia o Quebec–, éstas sirven al menos para que durante unas décadas el tema no se vuelva a plantear.

–El socialismo andaluz aún piensa que un inmigrante del sur es un voto seguro para el PSC.

–En Cataluña ya no hay andaluces sino catalanes de raíces andaluzas. Las nuevas generaciones ya no tienen ese vínculo sentimental.

  • zalillo

    Este sr. además de haber sido catastrófico para cataluña, para el PSC y para el PSOE, lo ha sido para muchos andaluces, que pretenden y quizá en muchos casos haya conseguido, arrancarles su identidad, a golpes de necesidades fundamentales, como son el trabajo y el hambre, identidad que es lo que pretenden no perder y que están en su derecho los catalanes, pero que el mismo derecho tienen los andaluces, pues la identidad y su raices es lo último que puede perder un ser humano.
    La solución pasa por que los andaluces obligados a verter su sudor en esta tierras catalanas, jamás vuelvan a votar a un partido que quiera excluirlos de su identidad, aunque ésta haya sido tan denostada, por el impresentable Molt-deshonorable Pujol en su libro definiendo a los andaluces.