Podemos: luces y sombras

Fede Durán | 3 de noviembre de 2014 a las 20:28

PRESENTACIÓN LIBRO "DISPUTAR LA DEMOCRACIA" DE PODEMOS

La dureza del trato dispensado a Podemos no es sólo fruto del miedo del binomio PSOE-PP a perder gran parte de su influencia. Una parte del electorado desencantada con el viscoso flujo de los acontecimientos busca una alternativa pero desconfía de los salvapatrias. Y Podemos casa para muchos con esa silueta.

Embutirse en el traje de superhéroe es sencillo cuando se carece de pasado. Puede prometerse todo porque la práctica no ha hecho imposible nada. El Parlamento Europeo no es un botón de muestra: cinco diputados en un magma de 751 apenas conforman un hilillo de voz desde el que tejer contrapuntos resultones, reivindicativos o directamente iconoclastas sin incidencia real. La solvencia se acredita mandando, y la naturaleza metafísica del partido más rompedor de la democracia española (existe sin estar, o está sin existir) es un arma de doble filo: permite prometer con generosidad, pero esa generosidad puede volverse en contra cuando se convierta en contrato.

El transcurso del tiempo y la mejora de las expectativas electorales (CIS, Metroscopia, Demoscopia, Centre d’Estudis d’Opinió) suaviza a la vez los maximalistas planteamientos iniciales. A cada gran formulación le crecen letras pequeñas, duendes que matizan. La renta básica ya no será universal. El impago de la deuda será reestructuración. El control público de los medios de comunicación privados será más bien la exhibición transparente de sus entramados accionariales. Es la consecuencia de comprender que habrá una oportunidad seria de gobierno. Ahora la prioridad es ensanchar la base electoral robándole votos a las orillas moderadas de derecha e izquierda, esos ciudadanos de la nebulosa ideológica que hacen ganar elecciones en España.

“Se lo estamos dando todo hecho a Podemos”, admitía la semana pasada Esperanza Aguirre, la baronesa inmortal del PP madrileño. Tiene razón. La secuencia de salpicaduras corruptas parece diaria y transversal, convirtiéndose en sumidero para los partidos clásicos y a la vez en granero para la opción outsider. Del lodo del sistema nace parte del éxito de sus redentores. El gremio político se instaló, acomodó y perpetuó sin que jamás hayan existido mecanismos efectivos de control para sus desmanes y conexiones (oda a aquel luminoso y breve ensayo de Muñoz Molina). Peor aún, el dirigente español tipo nunca se ha entendido a sí mismo como apoderado o albacea sino como superior jerárquico incontestable, ejerciendo una suerte de tutela a menudo despectiva sobre ese menor de edad llamado administrado. Y, sin embargo, otra cuña del tirón de Podemos es mérito exclusivo de sus promotores, profesores de Ciencias Políticas, excelentes comunicadores y en general profesionales con buena cabeza. Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, JC Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre (además de Pablo Echenique o Sergio Pascual, entre otros satélites) han bordado el discurso, rozando con su perfección dialéctica la definición pura del vocablo demagogia, aprovechando el opio hispano de la TV y despedazando en directo a sus oponentes no sólo por la valía propia sino por la incompetencia ajena (verbigracia: Eduardo Inda).

Aparte de la promiscuidad utópica, Podemos arrastra dos importantes defectos, ambos potencialmente subsanables. El primero es la economía. Su programa en construcción es un blanco fácil pese al equipo de expertos que trabaja por darle números a las ensoñaciones. La entrevista que Miguel Ángel Belloso y Miguel Ors hicieron a Iglesias en Actualidad Económica es el mejor ejemplo. Un presupuesto es una galaxia de retículas: si tiras de un cable, el conjunto se resiente y hay que compensar. La renta básica (no) universal dispara el déficit pero alienta (dicen en Podemos) el consumo, y además está la lucha contra el fraude fiscal, que nadie sabe por qué con estos señores tendría que funcionar mejor que con todos esos ministros previos que han hecho de esa misma prioridad una cuestión de Estado tributario. Es sólo un apunte de las costuras que cuelgan de este flanco.

El otro problema se llama Juan Carlos Monedero, más como concepto que como individuo. Sin dejar de ser un tipo hábil, Monedero representa justo aquello que no conviene a Podemos: los extremos, la violencia verbal, el desprecio al contrincante, la (supuesta) superioridad intelectual, la ortodoxia. Hace menos de dos semanas le entrevisté en este periódico. En un pasaje del diálogo, le pregunté por el emprendimiento y contestó con una frase incendiaria que resta miles de votos: “En España emprender es prácticamente robar”.

Sobrevuela asimismo una duda razonable. Actualmente, Podemos lucha por agradar sin renunciar a sus códigos, pero si debuta en palacio se enfrentará al Efecto Cetro, Trono y Burbuja. El complejo visionario sustituye entonces a menudo a la prudencia del agricultor de apoyos (Felipe, Aznar, Zapatero, trébol de víctimas); la audacia sin bridas releva al equilibrio; la erótica del poder engulle las escasas reservas de humildad del triunfador (no tan) sorpresivo. Pablo Iglesias ha confesado a Jordi Évole que le encantaría presidir sin renunciar a sus tertulias televisivas. Es una pista de dónde anida las tentación. España, además, tiene cuando menos dos almas, y disponer de espaldas a una de ellas es condenarse al fracaso a corto/medio plazo.

“El pasado no existe. Todo empieza ahora”, afirma Big Country en Galveston, la novela de Nic Pizzolatto (True Detective). Es lo que subrayan las encuestas. Podemos no necesita un relato para justificarse: ya está aquí y de momento no se diluirá. El bipartidismo ha muerto, viva la atomización. El poder que acabe acumulando la otra doble P dependerá de varios factores: el alcance de la regeneración entre las fuerzas más curtidas y avejentadas, la renuncia al órdago de la tierra quemada (Bruselas no es el enemigo, aunque a veces lo parezca), el tránsito a la segunda línea de los alfiles más antipáticos, la consistencia de las cifras que han de avalar la transformación del país y el azar, por supuesto el azar que palpita en 12 meses de distancia hasta las generales.

A Podemos se le pueden atacar sus brindis solares cuando carecen de bastidor, sus salidas de tono, sus dudosas asociaciones geográficas (asociación no es sinónimo de mímesis), su irreal oposición al capitalismo (no se trata de eliminarlo sino de refundarlo borrando el epíteto “salvaje”) y hasta la reciente constatación de su falible naturaleza humana (asamblea constituyente, Iglesias vs Echenique, la amenaza de una retirada si el modelo organizativo no se adaptaba al dictado del macho cuasialfa). No parece ecuánime, sin embargo, tratar a la protoformación con la misma o mayor dureza que a quienes han masacrado la credibilidad del país y vaciado las arcas públicas, empobreciendo a las clases medias y bajas, condenando a los más jóvenes y sacralizando un modelo productivo desierto de talento e innovación donde el mando recae por defecto en incapaces, zotes y paniaguados.

Rayos y truenos aparte, el mérito es fabuloso, y no sólo demoscópicamente hablando. Podemos es el Hombre del Saco, el Lobo Feroz con que sueñan Rajoy y Sánchez, Lara y Díaz, el abrupto epílogo a los 120 Días de Sodoma, la mansión sin puertas de El Ángel Exterminador. Tan cegador es el sol, tan potente el foco, que hasta Aguirre, la misma que designó adláter a Granados, la del ya remoto Tamayazo, habla como Pablo Iglesias. Es un tic inquietante tras el que hibernan el instinto de supervivencia y un evidente complejo de inferioridad moral, el mismo influyente complejo que poco a poco agujerea las consciencias de los líderes para acercarlos a aquel a quien temen y odian.

  • Rafael

    Psoe también entró un dia a gobernar y no tenían experiencia, pp también tuvo en sus filas personas sin experiencia política previa, también sus programas podrian ser demagógicos, (qué político no lo ha sido, cuantas promesas electorales no se han dejado sin cumplir?). Porqué se le atiza a Podemos con estos argumentos? Siempre que hay una posibilidad de cambio de paradigma hay un movimiento reaccionario y que tiende a la conservación de lo establecido(esto es un concepto de la más pura sociología). Eso no esconde la necesidad de cambio`. Qué partido ha sabido recoger estas ansias de cambios?, los que están no sólo no lo han hecho sino que se han dedicado a defenderse y contraatacar.Es fácil insultar, llmara salvapatrias, demagogo….forma parte de la intolerancia y la actitud que no ayuda a fomentar un espíritu democrático…aquí cabemos todos….ya sí