Podemos y el centrismo

Fede Durán | 24 de noviembre de 2014 a las 17:51

El politólogo Oscar Garcia Luengo.

*Entrevista a Óscar García Luengo, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Granada.

–Usted es experto en comunicación política. ¿Se ha producido un cambio de paradigma con la irrupción de Podemos?

–Efectivamente estamos ante un cambio, pero se ha dado demasiado protagonismo a Podemos. Es un proceso largo y más o menos lineal al que ellos se han incorporado. Incorporarse no significa inventarlo. Quizás por el perfil al que ha intentado disparar Podemos, se mueve con mucha más fluidez en esos nuevos entornos dominantes…

–… Que son las redes sociales.

–Y que también se han sobredimensionado en alguna ocasión. Son las que desarrollan fundamentalmente la política 2.0, o sea, la posibilidad de que los ciudadanos incorporen sus demandas y visiones a los políticos de manera más directa. Y se han impuesto en gran parte por la generalización de los teléfonos inteligentes.

–En la TV se ha generado un cambio dentro del cambio: si antes el menú era una entrevista más o menos sesuda, ahora mandan los debates, a veces en programas que se alejan del principio de seriedad.

–España se ha incorporado un poco más tarde a este formato, pero es un fenómeno del que vienen escribiendo los estadounidenses desde los años 70. Con las nuevas dinámicas de máxima competitividad entre los canales de TV y también como consecuencia de la liberalización del sector audiovisual, los productores ensayan nuevas formas de venta de sus programas, y una de ellas ha sido el infoentretenimiento, que no se sabe muy bien si son formatos de entretenimiento con contenidos políticos o formatos políticos con un aire un poco más de entretenimiento.

–Parece que la comparecencia vía plasma se va diluyendo.

–La lógica obvia de esta estrategia es reducir los umbrales de vulnerabilidad, evitar que el candidato o dirigente se someta a una rendición de cuentas con la que pierda más de lo que gane. Desde el punto de vista del márketing político, puede ser una buena estrategia. Desde el punto de vista moral del ciudadano, esa decisión tiene otra dimensión.

–Existe el extremo contrario: la sobreexposición mediática.

–Una de las máximas del marketing político, y Pablo Iglesias la ha seguido al dedillo, es que nadie vota a un desconocido. Está en todos los debates, en la Ser por la mañana, con Ana Pastor por la noche, y el ritmo es frenético. Mientras el político tenga unas características que le permitan sobrevivir a esos envites periodísticos, me parece una buena estrategia. Iglesias se está molestando especialmente en moderar la imagen que daba de arrogante, de sabelotodo. Al verse con posibilidades reales de ganar, están caminando hacia el centro de manera escandalosa.

–Sin materia prima, sin habilidad, de nada vale un equipo.

–Sin su andadura como tertuliano, Iglesias no hubiera llegado ni mucho menos a donde esta. Por otro lado, se ha inflado un poco el papel de Íñigo Errejón, que es bueno en su trabajo pero no es precisamente James Carville. Hasta que no lleguen las generales no vamos a comprobar si todo lo que especulamos ahora encuentra acomodo en la realidad.

–Desde Felipe González, España no ha vuelto a contar con un gran político comunicador.

–Tenemos la peor clase política de la historia reciente. Los criterios de promoción de los partidos son los contrarios a los que deberían ser. La política se ha convertido en una especie de profesión, pero se le ha vaciado la lógica del servicio público. Ahora vemos las consecuencias. Sin discutir que sea bueno o malo, fíjese en el caso de Alfonso Guerra. Es que lleva casi 40 años siendo diputado. Eso es muy difícil que ocurra en democracias más consolidadas.

–¿Ha quedado desfasado el mitin como eje estratégico?

–Los partidos tienen problemas para llenar pabellones. Les cuesta hacer una fotografía agradecida del acto, apiñan a los militantes delante, negocian con las cámaras de TV los planos… lo que pasa es que el mitin esconde un poder muy icónico de lo que es una campaña electoral. Y además los más importantes se sincronizan siempre con los informativos en prime-time.

–¿Es inevitable la clásica foto con el niño en brazos?

–Me temo que sí. Una imagen con una viejita o en una inauguración siempre suma.

–Las cortinas de humo, los circunloquios, el ocultamiento o manipulación de la información… ¿Imprescindibles?

–Es absolutamente cándido pensar que algún partido vaya a renunciar alguna vez a esas herramientas. La política es más fea de lo que parece. Las campañas y la comunicación política se basan en un principio muy básico que ya exponía Maquiavelo hace cinco siglos: si el acto lo acusa, el efecto lo excusa. Si para ganar elecciones hay que bordear el Código Penal, bien está. Un senador mexicano decía que la moral es el árbol que da moras, o sea, que es absolutamente irrelevante cuando uno intenta fijar estrategias de impacto que le permitan ganar elecciones.

–Si hablamos de herramientas al servicio del poder, las televisiones públicas y sobre todo las autonómicas han asumido ese papel descaradamente.

–Y es un problema de los países del sur de Europa: Italia, Portugal, Grecia, España y parcialmente Francia tienden a ese vicio, que es impensable en Alemania, Finlandia, Noruega o los países anglosajones en general.

Coda: La encuesta del CIS de principios de mes se retrasó más de lo habitual y despertó todo tipo de suspicacias por el auge (¿adelgazado?) de Podemos. García Luengo explica qué es la famosa “cocina”, “una forma coloquial de hablar del proceso por el cual la intención de voto directa se convierte en estimación. Si hacemos una encuesta, la intención de voto declarada está en torno al 40%-45%, pero la participación real en las elecciones sube al 60%-70%. El proceso por el que la foto estática de transforma en un escenario electoral es esa cocina. Cada investigador tiene su librillo, no hay una fórmula perfecta, pero las ecuaciones se hacen en torno a simpatía y recuerdo de voto”.

  • zalo

    Los debates que se han llevado a efecto por parte de PODEMOS, no se han realizado al margen de lo obvio que la sociedad exige, que los políticos sean coherentes y justos y la Justicia actúe en consecuencia y con celeridad con los corruptos.
    Pero ellos no han cogido de momento el toro por los cuernos y no nos han dicho, que pretenden hacer con todo cuanto hay que reformar que es mucho y además tenemos los que ya no nos van a volver a engañar, pues tenemos mucho polvo en los zapatos y nos hemos llevado muchos reveses con los políticos desde el 1978 hasta nuestros días, así que o hablan más claro o se retiran al menos para mí.