Con el foco en los talones

Fede Durán | 25 de enero de 2015 a las 10:22

DE cumplirse los cálculos de Susana Díaz, el relato de los próximos meses y tras las elecciones andaluzas será el siguiente: victoria del PSOE (difícilmente por mayoría absoluta), segundo puesto del PP y captura desde Podemos, quizás con algún escaño extra, del espacio anteriormente ocupado por IU. A partir de ahí, diario de una reconquista de las afinidades perdidas con el sur como Covadonga y la Meseta como objetivo final, desmitificación del fenómeno Pablo Iglesias, inyección de moral al socialismo y cuestionamiento definitivo del actual inquilino principal de Ferraz.

Los núcleos urbanos pertenecen al PP, cuyos alcaldes dominan en 24 de las 28 ciudades más pobladas de Andalucía (a partir de 40.000 habitantes). En los últimos comicios autonómicos (2012), el reparto de fuerzas matizó esos flujos municipales: el PSOE logró imponerse en las provincias de Sevilla, Huelva y Jaén. Además, tradicionalmente ha sido albacea de la otra mitad larga del país, esos 4,5 millones de andaluces localizados en las zonas más rurales. Podemos tendrá que pelear en ambos frentes y hacerlo en un tiempo récord, con su bastidor político en ciernes, y contra dos perfiles muy diferentes de elector: la clase media urbana, inclinada mayoritariamente hacia el PP, y la agrorregión antes mencionada, tercamente fiel al PSOE y clave en su longeva hegemonía. Tejer un mensaje atractivo en las dos orillas será un tremebundo reto.

A la espera de confirmar modestas novedades -el debut en la Cámara de Ciudadanos y UPyD-, queda en el aire el rol que los hados reservan a IU. De producirse la ruptura y el posterior desalojo del Gobierno, la federación descarta desde ya una reedición del acuerdo, fértil en lo mediático por las intrigas palaciegas y el lenguaje de signos pero muy magro en producción legislativa. Si las encuestas se materializan y Maíllo se aleja de los 12 asientos de hogaño, el vals de la seducción apuntaría a Podemos. Quizás esa melodía sea la que explique los encuentros de viejos rockeros socialistas con Iglesias y su entorno. Pero Díaz contaría también con la carta del PP y la oda a una política responsable que aleje de Andalucía el fantasma de la impracticable atomización catalana o del indignado sorpasso griego.

Por primera vez en su andadura democrática, la comunidad será verdaderamente protagonista, y no por su saga de escándalos más o menos recientes. Compleja en sus peculiaridades endémicas, sometida con mayor fiereza que el promedio a los efectos de la crisis económica, la región más poblada de España, la segunda más extensa, la más icónica y universal será observada -aun con matices- como el laboratorio primero de los efectos Susana y Podemos. Un buen resultado del PSOE encajaría con el guión, igual que una aceptable cosecha para P’s. Lo que destrozaría el normal transcurso de los hitos marcados en rojo sería lo contrario: el fracaso de Díaz dejaría al partido pasmado y paradójicamente encomendado a Pedro El No Tan Breve. Y la dentellada de Podemos en el escenario más exigente junto a Cataluña multiplicaría sus expectativas a escala nacional.

Los ingredientes de este capítulo huelen a Oscar: el mejor orador del país arropando a Teresa Rodríguez (Iglesias), la mejor estratega exhibiendo todo su músculo (Díaz), dos rookies nadando en un mar de incógnitas (Moreno Bonilla y Maíllo) y la posibilidad de algún artista invitado (C’s). Hagan juego.

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