Con la mente en otra parte

Fede Durán | 10 de abril de 2014 a las 20:32

Pleno en el Parlamento de Andalucía con Susana Díaz.

Sí, había sesión de control en el Parlamento, pero la Andalucía política no miraba al hemiciclo sino a la trastienda, donde las fuerzas especiales de PSOE e IU trataban de arrancar el motor bicilíndrico de la Junta tras la primera verdadera crisis de gobierno entre socios que se respetan pero no se piropean ni se quieren.

José Antonio Castro, el portavoz de IU, tenía la oportunidad de marcar (otra vez) perfil propio. Esta vez debía andarse con ojo. Él mismo negociaba junto a Diego Valderas y Antonio Maíllo la paz con los socialistas, y además IU había probado (y encontrado) el límite de Susana Díaz, cero temblores de pulso, después del lío de la Corrala Utopía. Así que optó por el mismo tirón de orejas de hace dos semanas: la cadencia legislativa, hasta ahora más propia de un vespino que de la potencia que se le supone a 59 diputados. Díaz hizo después lo de siempre: contestó en parte y con desgana. Su mente estaba en otras batallas. La de Castro también. Es como intentar tararear a la Carrà mientras se calcula la raíz cuadrada de ciento nueve.

Era curioso observar a la dupla Díaz-Valderas. Dos compañeros de pupitre conscientes sin embargo de que sus caminos e intereses son diversos. El PSOE ha convencido a Valderas de que es un hombre de estado, y Valderas está encantado de creérselo. Cuando Susana hablaba, Diego asentía, sonreía, animaba. Él es uno de los grandes cortafuegos de este desencuentro. Lo malo es que le ocurra como a Rosa Aguilar y una mañana amanezca con la camiseta equivocada.

Carlos Rojas quería aprovechar el chaparrón para devolverle a la presidenta sus habituales burlas sobre la interinidad del PP-A. Sus palabras venían cargadas esta vez de bilis más que de cifras, describiendo una escena muy de los Hermanos Marx, con entradas y salidas del camarote, doncellas descocadas y culos al aire, botellas vacías de champán y un par de pasajeros con una resaca espantosa (vale, ha sonado más a Benny Hill). Planteó bien las cosas: si Fomento (¿y Vivienda?) cometió una irregularidad, Díaz debería cesar a la consejera, Elena Cortés. [Coda al párrafo: al equipo popular debería preocuparle el bajísimo perfil mediático de Moreno Bonilla. Si Díaz es una cinco estrellas en el manejo del circo mediático, El Candidato no pasa de panorámica naif de la Gran Manzana].

Es poco probable que tal cese se produzca. Aun así, Díaz fue muy contundente en su respuesta aclaratoria: respeto a los principios de igualdad, justicia y legalidad. La colleja a IU sonó lejos de las Cinco Llagas: desigualdad significa que Cortés ha optado por beneficiar a unos andaluces en detrimento de otros en idéntica situación. Injusticia es básicamente lo mismo. E ilegalidad implica mayores cotas de drama, canciones metaleras hacia el abismo de la prevaricación.

Por primera vez desde que SD debutó en las alturas, el Parlamento autonómico no fue un muermo. Sus señorías estaban inquietas, gritaban, abucheaban y se retrepaban en sus ilustres butacas. Flotaba en el aire cerrado del hemiciclo la nube de la intriga, que implica golpes de efecto, que a menudo implican elecciones. Y ahí es cuando la película se interrumpe, los ojos se acristalan y las garras se crispan porque se atisba la eterna posibilidad de redistribuir el poder.

[Segunda coda al conjunto de la crónica: un adelanto electoral podría 1) beneficiar al PSOE si el PSOE vende esta historia como un pulso entre demócratas y radicales 2) beneficiar a IU si traslada el mensaje de que está con los más débiles y no con los poderes fácticos y universales del capitalismo mal entendido 3) beneficiar al PP si retrata la experiencia del bipartito como el caos que siempre ha creído que es. Potencialmente, todos salen beneficiados, así que emerge alegremente la paradoja: lo que a todos beneficia deja las cosas como estaban].

[En realidad, el intercambio de guantazos cansa terriblemente al elector. La perspectiva de unas elecciones -otras-, también. Pero se ha creado un precedente de violencia política, y los recelos entre PSOE e IU serán ya una constante más o menos empolvada].

 

Inevitablemente, es cosa de dos

Fede Durán | 8 de abril de 2014 a las 19:54

EL PLENO DEL CONGRESO DEBATE LA CONSULTA SOBERANISTA DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA

 

LA mayoría del Parlament considera que, tras las últimas elecciones autonómicas (2012), el pueblo exige la independencia. Para constatar tan crucial mandato, la Generalitat propone al Estado un referéndum aclaratorio. Celebrarlo consagraría la vía Quebec, consistente en acumular noes hasta alcanzar el liberador.

Los promotores de la secesión tienen parte de razón, igual que la tiene Madrid. Ni conviene negarle al ciudadano la posibilidad de reorientar su futuro, ni tampoco procede que una parte condicione al todo con planteamientos que afectan a esa secular suma. “No hay retorno”, advertía ayer la comitiva catalana. Curiosa forma de apelar al diálogo. “Inicien los trámites para una reforma de la Constitución”, agregaba Rajoy. Su alergia habitual a cualquier tipo de liderazgo.

Es cierto que Cataluña tiene su hemeroteca de miserias y glorias, como la tiene cualquier otro país sobre la faz de la tierra. Mucho antes de que el concepto de Estado-nación flotase en la conciencia de la ciencia política, los catalanes marcaban un camino diferenciado por su condición fronteriza (ejemplo: imperio carolingio) o por su bravura militar y comercial (fue más bien Aragón la región beneficiaria en los albores de la fusión).

Ya muy cerca de Westfalia y por tanto de la conceptualización, Cataluña vivió la mala experiencia de una independencia parcial: en 1640, el mismo año en que Portugal hace el petate tras su breve matrimonio peninsular y uno antes de la intentona del duque de Medina-Sidonia, parte del territorio (ni Lleida ni íntegramente Tarragona) pasó a la órbita francesa. Los borbones utilizaron al satélite catalán en el peor sentido del término. Un puñado de años después, Cataluña regresaba a sus viejas alianzas. Lo de 1714 fue distinto: hubo dos bandos, no una conquista española –tal y como falsea la iconografía nacionalista– y un castigo posterior del bando vencedor al sector vencido.

Con Utrecht, Gran Bretaña crea una puerta trasera para comerciar con las Américas. En ese mismo siglo XVIII, Sevilla y Cádiz pierden el monopolio ibérico comercial (excluida Portugal), y Cataluña aprovecha la ocasión. Tampoco les fue mal durante el Imperio: el músculo militar lo aportaba Castilla; y aunque España doblase a menudo los cabos de la bancarrota, la cuña del noreste podía parecerse más a Flandes o Génova que a los tercios y los capitanes alatristes. Que se lo pregunten al conde-duque de Olivares.

Cataluña, con los matices expuestos y otros muchos omitidos, ha estado siempre conectada al resto de España. Los voceros del adiós cabalgan a lomos de un bisonte sin bridas: quieren lo más porque entienden que vivirán mejor. Lo quieren por encima de la ley y el pacto constitucional. Mezclan razón y fantasía. Culpan al otro. Utilizan los medios de comunicación para alimentar al monstruo. Pero condicionan al resto, así que es legítimo que el resto se pronuncie, facilitando en la medida de lo viable una revisión del todo o, incluso, ese divorcio en apariencia tan anhelado.

 

Tan fea como siempre

Fede Durán | 4 de abril de 2014 a las 8:50

España debe su desfase con el entorno no sólo a sus pifias seculares. La economía, como la política o la cultura, es un fiel reflejo de otros defectos que las estadísticas, tan totales, apenas rastrean. Resulta verdaderamente difícil cuantificar el afán innovador que se esconde tras el impulso inicial a la obtención de una subvención que a menudo es el fin más que el medio, por ejemplo. Este país siempre ha carecido de imaginación y valentía, y ahí está su verdadero lastre, su drama perenne.

Si el panorama se trocea por sectores y nichos, las conclusiones son devastadoras. Las instituciones fundamentales del Estado están en manos de arribistas, medradores, paniaguados y amantes de lo gris. En las empresas, en muchas empresas, sobran listos y faltan comprometidos. El emprendedor, el de verdad, es hoy un sol ficticio en el horizonte, una proyección virtual condenada a la frustración de su propia inexistencia. La construcción regresa cada pocos meses como ese jarabe contra la tos al que tanto nos hemos aficionado aunque nunca nos cure. La universidad ni siquiera es el pecio de lo que fue: únicamente quedan pavesas, partículas en suspensión cargadas de miedo y mediocridad, líneas endogámicas por encima del talento y los fichajes que tanto marcan el ritmo en EEUU o Gran Bretaña. Stop.

Lo que en el fondo ocurre es que España vive de la gasolina de la envidia. No existe un combustible más unánime: cada día, en los despachos, las salas de juntas, los hospitales y las escuelas vuelan dardos envenenados, despechos, cinismo y estupidez. Es el culto a la doblez, pero sobre todo al infantil y a la vez tan maduro truco del doble rasero: lo que en ti es imperdonable, en mí es invisible. Si la envidia es la gasolina, la parálisis es la consecuencia. ¿Por qué los informes Pisa nos sacan las vergüenzas? ¿Por qué la marca España apenas caracolea cuando otras marcas esprintan? ¿Por qué los mejores se marchan? Por el pavor que provocan el esfuerzo y la genialidad combinados. Destacar es pecado. Diferir es condena. Aquí, uno sólo habla bien de los muertos porque los muertos ya no son una amenaza (verbigracia: la semana pasada parecía que todos en su día votaron a Suárez).

Si tan acomplejados somos, quizás haya que importar a mercenarios desacomplejados capaces de revertir la situación. En vez de gastar dinero en organismos inútiles, campañas propagandísticas o dietas abusivas, los hombres de negro, los jefes, los presidentes y sus ministros podrían fichar a estadounidenses, australianos, indios, suecos y alemanes para que nos enseñen a construir organizaciones, cumplir objetivos sin faltar a la seriedad, premiar al singular y pensar con ambición y optimismo. Cada nación tiene en gran parte lo que se merece, sobre todo si pertenece a Occidente y ha gozado del capote de la solidaridad europea. España está donde está por deméritos propios. Y lo peor es que tras la careta de la depuración postcrisis se agita el rostro de siempre. Un rostro de caspa y viruela.

La extraña pareja

Fede Durán | 31 de marzo de 2014 a las 19:35

La alusión es pastelosa pero viene al pelo. En Grease (1978), Travolta y la Newton-John luchan por el premio escolar a la mejor pareja de baile, pero todo evento organizado colinda con el caos, y el guaperas italoamericano acaba ganando, sí, pero con otra pareja. La vida es así: nunca aprecias el margen de afinidad hasta que mueves el esqueleto, y ayer, en el Parlamento, lo sacudieron con sorprendente sincronía IU y PP. La crítica a Susana Díaz era el hilo musical. José Antonio Castro (IU) estuvo sembrado. Escupió sus reivindicaciones disfrazándolas de cordialidad y se guardó lo mejor para el final. “Sin querer meterle bulla, señora presidenta, sin nada de estrés, le pedimos rapidez en el cumplimiento de nuestro acuerdo de Gobierno”. Ironía, sutileza y firmeza, un buen trébol. La banca pública espera. Y la ley integral de soberanía alimentaria. Y otras que no se mencionaron pero en las que IU trabaja (participación, renta básica). Díaz contestó la parte fácil (habrá recurso contra el presunto suelo urbanizable sobre el que, según el TSJA, descansa El Algarrobico) pero calló en las cuestiones vitales. Quizás no sea la mejor bailarina.

Sin el corsé de las alianzas, Carlos Rojas (PP) estuvo más bien volcánico. “Es la economía, es el empleo… ahí tiene que centrarse (le faltó el “estúpido” que Bill Clinton añadió aquella gloriosa tarde a esa frase)”, sintetizó. El portavoz popular combinó golpes al cuerpo (al todo) y al mentón (a la parte: corrupción) sin ceder ni un milímetro a la inconsistencia que caracterizaba a su predecesor. Merece la pena reproducir su juego de pies. Paso uno. “No nos creemos sus propuestas, usted nos trae otra vez sólo propaganda”. Paso dos. “Un ejemplo: nos vende la misma ley de simplificación administrativa que Chaves trajo al Parlamento en 1995″. Paso tres. “Hasta ahora no se ha ganado el puesto que ocupa. ¿Dónde está su lucha contra la corrupción?”. Paso cuatro (los directos al mentón). Referencias a los escándalos de la Faffe y los ERE, a llamadas al señor Zarrías, al papel del supuestamente oscuro Carmelo Gómez. Y paso cinco (aquí es cuando Travolta se marca un solo y demuestra su increíble juego de cintura y piernas). “Míreme a la cara, levante la mirada y explíquele a los andaluces la corrupción. Es usted presidenta por los ERE y puede dejar de serlo por el mismo motivo”.

SD no levantó la mirada. Estaba tomando notas o consultando papeles. Necesitaba una intervención a la altura de la somanta. Increíblemente, arrancó como en el par anterior de duelos: mofándose del carácter interino de Rojas. Más que falta de imaginación, evidencia falta de seriedad. Después le acusó de llegar a la Cámara “cargado de radicalismos”, recurrió -otra vez- al y tú más al sugerirle al PP que se preocupe por sus propios mangoneos y ensayó una suerte de derribo por contraste. Es la Junta la que defiende el corredor atlántico, mantiene comedores, refuerza las becas que Madrid recorta y convoca oposiciones. “¿Sabe usted lo que me dijo Rajoy hace poco? Gracias, presidenta, porque al cumplir Andalucía su objetivo de déficit en 2013 lo cumple también España”.

En el segundo round los contendientes perdieron fuelle. “Dijo que no se podía gobernar mirando al Íbex 35″, le afeó Rojas después de sus instantáneas con Fainé y Botín. “Yo le tiendo la mano a todo aquel que quiera invertir en Andalucía”, contestó Díaz, que a la segunda sí levantó la mirada porque se siente arropada por la Cámara y con el micro del pueblo andaluz bien agarrado. “Póngase a trabajar: en estos seis meses ha demostrado que el PSOE lo puede hacer peor que en 32 años. Si se pone, le vamos a ayudar”, prometió él. “Usted confunde la inactividad del PP con la realidad de Andalucía”, replicó ella.

Y es verdad que a veces conviene husmear esa realidad, a ser posible con datos oficiales, para saber de qué estamos hablando. En la región hay 1.446.660 parados, una tasa global del 36,32% y otra juvenil del 63,95%, según la EPA del último trimestre de 2013. Andalucía cuenta con el menor presupuesto sanitario por habitante de España: 978 euros frente a una media de 1.214. El SAS ha perdido a más de 7.000 profesionales. En la enseñanza pública hay 865 profesores menos que hace un lustro y 139.224 alumnos más, según la Consejería de Educación. Por poner algunos ejemplos.

Aprendan ustedes

Fede Durán | 28 de marzo de 2014 a las 8:00

EL vicepresidente económico de un país europeo comparece ante las cámaras de televisión sólo unos días después de su nombramiento y aclara que su vocación no es la política pero que se siente obligado a prestarle semejante servicio a la sociedad dada la gravedad de la situación. La inflación ronda el 30%, el déficit de la balanza comercial apunta a los 5.000 millones de dólares y el 5% de la población trabajadora carece de empleo y –mayoritariamente– de subsidio.

Convenientemente trajeado y con unas modernas gafas de pasta, el vicepresidente no habla de pavesas y ave fénix sino de esfuerzos brutales, transparencia y diálogo. “En la economía no existen los milagros”, advierte antes de enunciar sus cuatro compromisos: Uno. Dentro del esfuerzo colectivo, los intereses de las clases modestas y populares serán especialmente protegidos. Dos. Al esfuerzo colectivo contribuirá cada grupo social de acuerdo con sus posibilidades. Tres. Los problemas serán abordados desde la creencia firme en las ventajas de la libertad económica y buscando la eliminación de intervencionismos ineficientes. Todo eso será compatible con la valentía para afrontar reformas que acaben con aberraciones tales como la especulación del suelo. Cuatro. El Gobierno negociará, buscará acuerdos y transacciones; renunciará a la imposición como vía de resolución de conflictos y considerará a la oposición como parte del poder.

El hombre se expresa con solemnidad pero sin soberbia. Trata al ciudadano que le observa al otro lado de la pantalla como a un igual. Le ofrecerá todos los datos disponibles para que “forme su juicio personal” porque el mandato autoimpuesto pasa “por exponer y no por ocultar”. “La economía –remata con humildad pese a sus múltiples galones– es cuestión de experiencia y sentido común”.

Obviamente, el discurso no pertenece a Cristóbal Montoro. Tampoco podría firmarlo Luis de Guindos. Ambos son demasiado orgullosos, opacos y maniqueos. Ambos son dirigentes de parte. La pieza es de Enrique Fuentes Quintana, se graba en 1977 y se emite en TVE. En casi todo, visto con los ojos del presente, es una reflexión casi revolucionaria, casi de izquierdas (punto tres aparte), casi contracultural. En 16 minutos de comparecencia voluntaria, el ya fallecido economista (murió de alzheimer, igual que su valedor Suárez) demuele, por una vía menos mediática que la del gran Adolfo, el ejercicio actual de la política.

España ha sido secuestrada por el maléfico mecanismo del blanco-negro y por la sumisión al verdadero emperador, que no es una persona sino una divisa. Las explicaciones no se dan, se escupen con el desprecio del señor ante el ignorante siervo. Nuestra partitocracia es una oda a la mediocridad, en Madrid y Sevilla, en Barcelona y Vitoria. El márketing ya no es el medio sino el fin. El consenso se considera una debilidad. Y ya no se protege sino al rico, al inversor, al especulador, al del suelo y las preferentes. España no es país para pobres. Y lo anuncia cada día con descaro.

Etiquetas:

El último referéndum

Fede Durán | 21 de marzo de 2014 a las 11:35

LA pústula de la crisis no ha salpicado la cultura del blindaje directivo. En España, el fenómeno queda reflejado en las estadísticas: según la OCDE, el 10% más rico de la población apenas ha visto mermado su poder adquisitivo pese a que la embarrada base de la pirámide se hunde unos centímetros más cada año. No es que lo advierta el Banco de España, es que lo admite hasta la CEOE: la devaluación salarial empeora con mucho el amable bodegón que nos describe el Gobierno. Las manzanas que usted observa sobre la mesa están podridas.César Alierta, presidente de Telefónica, ganó el año pasado 7,3 millones de euros. Si considerásemos que ése es el tope retributivo de un país y aplicásemos la teoría de la economía del bien común (el sueldo más alto será sólo siete veces superior al más modesto), el SMI español estaría en 1,042 millones anuales. Partir de esos parámetros es obviamente inviable, así que la alternativa es el otro extremo: si el SMI para 2014 alcanza los 7.740 euros netos, la retribución máxima serían 54.204.

La lógica de los ejecutivos del Íbex (o del Nasdaq o del LSE) es diferente. Muchos ricos, y ellos lo son, creen en el darwinismo: el más fuerte (el más listo) es el que sobrevive (el que más cobra). Quien padece un subempleo es víctima de sus propias limitaciones: la pobreza, en el fondo, no es más que el reflejo de un espíritu apocado. Quizás esa filosofía -subyacente en todo país capitalista- explique que en España las políticas sociales (o aquellas políticas sociales del ramal laboral) tengan un carácter tan claramente paliativo/asistencial cuando en realidad todo el mundo sabe -también los expertos, los popes, los asesores áulicos y hasta De Guindos y Montoro- que la escasez no genera riqueza.

¿Qué ocurriría si Pablo Isla, Antoni Brufau o el propio Alierta ganasen 54.204 euros al año por imperativo legal? Que sus inmensas multinacionales tendrían muchos más beneficios. ¿Y qué podría hacerse con ese dinero? Por supuesto, generar puestos de trabajo. O invertir (de verdad) en I + D. O practicar el mecenazgo. O contribuir a perfeccionar el Estado del bienestar con mayores aportaciones a la hucha común. O dedicar recursos al desarrollo de otras zonas del planeta. O la bolsa anterior más decenas de iniciativas adicionales.

Puede que este planteamiento suene revolucionario (en sentido peyorativo). Puede que ataque la esencia egoísta del ser humano y conturbe la fluidez de la turbina consumista. Incluso es posible que Isla, Brufau y Alierta, además de Gates, Slim y Ortega, intuyan al fin y al cabo una debilidad de clase: sólo un mediopensionista sería capaz de plantear semejante estupidez. Pero en esta época de consultas populares y democracia digital sería fantástico formular a la población, amalgamada o parcelada por naciones, la siguiente pregunta: ¿Se compromete usted a limitar su riqueza potencial a cambio de erradicar para siempre la pobreza e implicar a todo hombre activo en la cadena productiva? Sorpresa. Debajo de los adoquines todavía está la playa.

Boicot al servicio de la caricatura

Fede Durán | 14 de marzo de 2014 a las 17:22

GALLARDÓN, Alberto Ruiz, es ampliamente conocido en España: primero fue la gran esperanza de Prisa en territorio apache, después se supo de su astronómico gusto por las facturas públicas (o sea, ajenas) y al final hizo justicia a la frase pronunciada un día por su padre en una tarde de cruda clarividencia -“si creéis que yo soy de derechas, esperad a conocer a mi hijo”- con una reforma del aborto tan regresiva que incluso ha escandalizado a la rama blanda (la verdadera) del PP. Este hombre de ceja hirsuta, ceño crispado y aroma ornitológico ha agrandado su leyenda idiota al asociar Andalucía al fracaso escolar, el paro y la corrupción endémica.

El ministro confunde política y sociedad y recurre al manido doble rasero de todo Fouché de bolsillo. Ni Gürtel y Bárcenas nacieron en el sur, ni el régimen socialista es una prolongación mimética de los andaluces, un pueblo que podría vivir mejor, en términos económicos, si eliminase determinados vicios idiosincráticos y si desde el Estado se le echase un cable en asuntos capitales que nada tienen que ver con la beneficencia o la solidaridad.

Roma sería un buen agarre inspirador. Cuando estos tipos despachan a aquella Cartago de la triple A (Amílcar, Asdrúbal, Aníbal), Cádiz ya acumulaba milenarias experiencias comerciales, los yacimientos mineros eran una gallina altamente reproductora (ocurría desde Tartessos), el aceite de oliva se servía en las mesas de la Galia y Germania, los vinos se cotizaban en la capital del Imperio, florecían los núcleos urbanos (Itálica, Corduba, Hispalis, Malaca) y el peso geopolítico se traducía incluso en la exportación de emperadores (Trajano y Adriano). La balanza comercial andaluza era positiva y se apoyaba en una magnífica red de infraestructuras terrestres y portuarias. Como volvería a ocurrir a partir de 711 y tras el descubrimiento de América, Andalucía era una potencia mundial.

En el presente, año 2014, mes de marzo, el Gobierno central, en manos del mismo partido al que Gallardón ha dedicado, como tantos otros, más de media vida, ciega a la comunidad un canal de indiscutible riqueza: el corredor Mediterráneo, o Atlántico, o ambos, una autopista ferroviaria moderna que conecte en condiciones el puerto de Algeciras, primero de España y quinto de Europa por tráfico, con la malla autonómica, nacional y finalmente europea. Es lo que quiere la Comisión, es lo que pide insistentemente la Junta, es lo que esperan los inversores extranjeros con intereses en nuestra tierra y es lo que niega una y otra vez un Ejecutivo amigo en este caso de la arbitrariedad y el agravio comparativo, ya que el Levante vive otra realidad y recibe otros millones.

Es fácil afearle a Andalucía sus defectos sin contribuir a reforzar sus virtudes. Es fácil premiar a regiones amigas (Valencia, Murcia) o temidas (Cataluña) y menospreciar a aquellas otras que nunca han mostrado en Madrid -por pusilanimidad o conveniencia- su verdadero músculo político (escaños). Pero Moncloa no tiene esta vez escapatoria. En frente tiene a Bruselas.

La pirámide flotante

Fede Durán | 10 de marzo de 2014 a las 18:36

HAY dos formas de relacionarse activamente con el mercado laboral: cotizando o engordando las listas del paro. En el terreno del matiz curvean otras tres opciones: las élites salariales, los cuadros medios y los aprendices. En total, cuatro caminos, todos igualmente matizables. Para explicar el batacazo español, Alemania expuso el contraste de su fórmula: aquí los salarios crecieron alegremente hasta 2009, en plena crisis y con Zapatero en el púlpito, mientras que allí, bajo la severa mirada de Merkel y gracias a la precarización diseñada en tiempos de Schröder, la contención fue la melodía.

Más dura será la caída, habría mascullado Bogart. La pérdida de poder adquisitivo ha sido una constante desde entonces en España, aunque el Gobierno suavice la estadística y el Banco de España redimensione crudamente el problema (algo más del -2% en 2012). Las cargas fiscales también han subido, y todo el mundo sabe que IRPF e IVA están encadenados al consumo, y que sin consumo no hay vida en un planeta diseñado para engullir. Ganamos poco, pero el FMI y la Comisión Europea quieren aún más (o sea, todavía menos).

Existe otro problema poco reflejado en las radiografías de rutina pero extraíble de ese yacimiento estadísticamente extraordinario que es la EPA: el gollete se estrecha. Los profesionales con menos de seis meses en la empresa pasan del 13,7% en 2006 al 9,1% en 2012. Quienes llevan entre medio y dos años bajan del 18,5% al 12,3%. La franja que se mueve entre dos y tres años se contrae del 7% al 5,6%. Y aquí destaca el contrapunto: los que suman más años en la firma repuntan del 60,8% al 73%.

El fenómeno se repite por edades. Los ocupados entre 16 y 34 años se desploman del 40,1% de 2006 al 29,3% de 2012, pero hay alzas en el resto de tramos, incluidos los mayores de 55 años (11,1% vs 14,1%).

El acceso a un trabajo está cada día más caro, y se encarece más cuanto menor es el bagaje previo, produciéndose una suerte de sedimentación de las unidades consolidadas, especialmente si esas unidades tienen estudios universitarios (22,7% en 2006, 28,2% en 2008; aquellos con estudios de nivel bajo retroceden en el mapa de la ocupación). Tiene sentido que los curtidos y a la par bien formados conserven sin problemas sus cargos y expectativas y divulguen hacia abajo sus conocimientos y experiencia. Menos sentido tiene que abajo, en las bases piramidales, no haya hoy casi nadie, convirtiéndose la base paradójicamente en vértice. Los jóvenes llamados a regenerar las plantillas -esos organismos vivos tratados desde hace un lustro como simples cadáveres- se enfrentan en el mejor de los casos a un microsueldo, y a partir de ahí, en descendente curva, a altas tasas de temporalidad y desempleo. Salvo que decidan emigrar, decisión que tampoco les garantiza nada. Y si lo hacen y les va bien, serán otras las economías beneficiarias. Gravísimo es el caso de la investigación, gravísimo y sintomático: el país suspende allá donde debiera buscar las mejores notas de la clase.

La gira por las Españas

Fede Durán | 28 de febrero de 2014 a las 10:31

EL triángulo de la influencia política y la subsiguiente repercusión mediática lo formaron en España siempre Madrid, Cataluña y el País Vasco. Hasta el caso ERE, Andalucía jamás estuvo en primera línea. Conforme las antenas dedican parte de su tiempo a descifrar los usos y costumbres de la Bética, la comunidad ha ganado relevancia por la confluencia de dos fenómenos que a menudo soterran la trama anteriormente referida: una suerte de estrategia alternativa a la austeridad y la mayor irrupción nacional desde que el desconocido Zapatero ganase aquellas sorprendentes primarias del PSOE.

“Hemos conseguido abrir los puentes del crédito”, proclamó ayer en el Parlamento la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Ésa es la gasolina que permite al sur administrar sus recursos y sus deudas con un tono diferente al del Gobierno central, aunque la influencia de IU haya sido decisiva. Afirmaba esta semana Antonio Maíllo que la federación hace lo que puede con lo que tiene (12 escaños). No es poco empujar al socialismo, a veces a regañadientes, hacia esa izquierda real que confía en lo público como factor igualador frente al darwinismo de lo privado.

El rutilante álbum de fotos de Díaz incluye en un lapso de pocos meses al Rey, el Príncipe, Fainé (La Caixa), Alierta (Telefónica), Botín (Santander), Prado (Endesa), Rajoy y Mas. Ella se siente cómoda en el papel de conseguidora: “Nuestra obsesión es la creación de empleo. Los jóvenes andaluces dispondrán de 5.000 becas más y las pymes contarán con 2.000 millones de euros”, explicó. Su mensaje no eran sólo las cifras sino una crítica directa al PP por “manchar la imagen de Andalucía” y asumir la doblez como regla cuando exige desde Sevilla pero niega desde la Meseta.

Pocos han caído en lo complejo del equilibrismo que asume la jefa de la Junta. Defender las esencias del modelo originalmente escandinavo del bienestar casa mal con las alianzas que Díaz propugna con el Íbex 35. Ser supuestamente de izquierdas (en realidad, el PSOE dejo de serlo lustros atrás en el sentido más fiel del término) tampoco ha sido nunca muy compatible con los guiños a la Casa Real. Pero bajo la aparente incoherencia de esta fea pareja de tréboles se esconden inercias que superan con mucho cualquier cálculo. Andalucía, como el resto del planeta, vive del crédito, es decir, del dinero que no tiene, y ese dinero lo maneja la banca, que es la única que gana incluso cuando pierde. “El consumo no es el objetivo sino la consecuencia [del ahorro]”, reflexiona con sencilla brillantez el economista Juan Manuel López Zafra.

Parece que Carlos Rojas (PP) asumirá finalmente las labores de oposición en la Cámara tras la segunda ausencia consecutiva de Juan Ignacio Zoido. Su argumentario enlazó ayer, en vísperas del 28-F, las esencias del Estatuto a la “traición” del Ejecutivo regional. “Ustedes traicionan todos los días el Estatuto con una política que ha desembocado en un 36% de paro y unos índices de pobreza diez puntos por encima de la media nacional”, atacó. “Se traiciona el Estatuto cuando se desvían fondos públicos para ganar elecciones o cuando se emplean en cocaína, ferias virtuales y líneas aéreas que no llevan a ningún sitio”, continuó.

Díaz reaccionó con un órgado de los que tanto gasta. “A transparencia no me gana nadie. Ni tampoco a legitimidad [lo dijo en alusión al acceso de Rojas a la Alcaldía de Motril]”. Enseguida enseñó su carta, al invitar al PP a presentar sus números en la Cámara de Cuentas, compromiso que, dijo, los socialistas están preparados para asumir ya. Como telón de fondo, la guasa del caso Bárcenas y los millones en Suiza. Mucho más efectivo y efectista habría sido que SD hubiese enseñado el recibí de la Cámara y las siglas de su partido.

Abusó otra vez la lideresa del caos en que en su opinión se mueven los populares desde que Zoido accediese al liderazgo, declarase sus alergias y esperase, con escasa paciencia, la sucesión. Rojas no es un “meritorio” sino el diputado encargado de apretarle las tuercas al partido hegemónico y a la figura emergente del panorama político hispano. Sería catártico, o al menos de primera utilidad, que el PSOE exhibiese algo de autocrítica a la vista del cuadro macroeconómico andaluz, el lamentable estado de su clase media y una presión fiscal que no siempre justifica la dudosa calidad de algunos servicios públicos.

Etiquetas:

Una cuestión moral

Fede Durán | 27 de febrero de 2014 a las 18:51

AUNQUE a veces parezca increíble, el dinero público no pertenece a quien lo gestiona. La encomienda debiera implicar el mayor de los escrúpulos, una actitud a lo Robespierre donde transparencia, equidad y eficiencia caminen de la mano. El principal problema en España no son las fugas de caudales asociadas a la corrupción sino la asignación arbitraria de océanos enteros de presupuesto. Podrá alegarse que la ubicuidad de un personaje político, por ejemplo, queda justificada por su relevancia institucional y su carácter representativo, pero esa falacia empobrece directamente al contribuyente cuando el ciclo económico dicta recortes. Los porcentajes no son relevantes. Es más una cuestión moral.

Siempre habrá recursos para hospitales, escuelas, bibliotecas y museos. Éste es el primer mundo, aun en su vertiente menos pujante. Esa bolsa de millones finalistas está sometida a vaivenes coyunturales e ideológicos (a menudo ambos actúan en sintonía), a decretos imperiales (Alemania) y presiones neoliberales (los mercados, ocultos tras caretas humanas). Todas las fuerzas erosivas responden al yugo de la deuda, que es el gran vicio del capitalismo desde la eliminación progresiva del patrón oro. Nadie crece ya en función de lo que tiene sino desde la ficción de lo que debe, trazando en la pizarra del tiempo un infinito y cruel círculo vicioso cuya consecuencia es trasladar a las siguientes generaciones la losa de la inviabilidad.

Siempre habrá pues recursos para lo que importa, recursos oscilantes, discutidos y fantasmales que observan cómo otros recursos, una especie de raza superior de euros aparentemente iguales, conservan el vigor –independientemente de las circunstancias– para apuntalar las imágenes, los mensajes, la iconografía del poder. En tal castro viven las televisiones públicas, las cohortes de asesores, los retratistas del régimen y, cada vez más, los opinadores de alquiler.

La pregunta es doble. 1. ¿Implica la dignidad del cargo una ubicuidad abusiva? 2. ¿Hay alternativas para manejar esa dignidad sin comprometer más dinero del estrictamente necesario ni vulnerar libertades esenciales en una democracia? La respuesta es no-sí. No (1) porque el ejercicio del cargo ha quedado desvirtuado por la obsesión con el movimiento, la geografía, la fotografía, el vídeo y el vítor: estrechar más manos y lanzar más promesas probablemente signifique meditar poco y ejecutar peor. Sí (2) porque esa tímida pero persistente tendencia de la sociedad contemporánea hacia ciertas formas de democracia directa contempla y exige la participación del ciudadano, siquiera colateralmente, en la distribución del gasto, especialmente si éste es suntuario, y el narcisismo y la avaricia lo son.

Coda: la libertad queda tanto más comprometida cuanto mayor es la cuña del presupuesto sometida al interés tribal. Salvo en la Argentina de Fernández de Kirchner, las deudas y los favores son inmensas jaulas de oro. Una vez dentro, resulta imposible escapar salvo perpetrando una segunda traición.