Checoslovaquia, años 40

Fede Durán | 1 de diciembre de 2014 a las 17:22

Entrevista a Max, el dibujante. Para la contra

Francesc Capdevila, alias Max (Barcelona, 1956), se levanta a las seis, pasa dos horas en un bar garabateando y vuelve a su estudio balear hasta que termina sus tareas profesionales. Siempre suena algo: al principio americana (Giant Sand, Lambchop), después Mogwai, Sonic Youth “y cosas peores”. El método no debe ser malo: Max ha publicado cómics sublimes como Bardín el Superrealista (y otras 17 historietas), dibujado portadas para el New Yorker, recibido premios en Francia y codirigido revistas tan prestigiosas como NSLM.

–La novela gráfica como concepto tiene detractores y partidarios, pero ha relanzado el cómic.

–Es una etiqueta que por supuesto existe porque existe un nuevo tipo de cómic que hasta hace diez años apenas se veía y que trata temas adultos y autobiográficos, periodísticos, igual que una novela. Y comercialmente ha funcionado porque define un producto y ha permitido más presencia en los medios y en las librerías generalistas. El riesgo es que la novela gráfica se considere una cosa distinta al cómic cuando es un tebeo de toda la vida. La novela gráfica coincide con una reivindicación que llevaba tiempo sobre la mesa y que es el cómic de autor. Es la necesidad que un artista siente de proyectar una obra sin estar pendiente de asuntos comerciales. Como un escritor o un pintor.

–Miguel Brieva decía meses atrás que el cómic al fin ha dejado de asociarse a la chavalería.

–Ahora es al contrario, no hay cómics para chavales, y eso es un problema. Lo que había antes en los quioscos no existe. Mal asunto si pretendemos que las nuevas generaciones se enganchen a este tipo de lecturas.

–¿La irrupción de las grandes editoriales ha traído algo positivo?

–Han entrado un poco como elefante en una cacharrería, pisando a diestro y siniestro y arrebatando a autores que llevaban toda la vida con editores pequeños a golpe de talonario. Ha sucedido en la literatura y ahora en el cómic. A cambio dan más visibilidad a los libros y se supone que mayores ventas. Se supone porque nadie da cifras.

–El Gremio de Editores y el Ministerio de Cultura subrayan que con la crisis se vende menos aunque haya muchos más títulos.

–Sin querer ser mala persona, hay muchos cómics que no merecerían publicarse. Lo digo como lector. Como autor pienso que todo el mundo debe poder ganarse la vida. Nos estamos equiparando a la literatura en todos los aspectos. Hablamos de atomización: muchos títulos con tiradas muy cortas. Eso es malo para autores y lectores.

–Will Eisner sostiene que en un mundo cada vez más analfabeto el lenguaje visual del cómic está llamado a ser uno de los últimos reductos del pensamiento crítico.

–Estamos en el siglo de la primacía de lo visual, pero desgraciadamente de lo visual vacuo. Detrás de los estímulos que nos rodean generalmente sólo hay comercio, en el peor sentido de la palabra. Y el cómic es un reducto que usa lo visual para transmitir historias, crítica, muchas cosas. Tiene un campo propio sólido y se nota en cómo cada vez más se requiere a los autores de cómic para otras cosas. Desde storyboards del cine hasta publicidad o libros didácticos o incluso convenciones empresariales donde en vez de proyectar un powerpoint prefieren tener a alguien dibujando en directo porque engancha más a la gente. Nuestras habilidades como narradores visuales sirven de repente en muchos campos, y eso está bien porque nos da opciones más allá del papel impreso.

–El dibujo es la única guía del lector principiante. Pero detrás de grandes ilustraciones se esconden a veces pobres guiones.

–La primacía del cómic no se basa en el dibujo o el guión sino en cómo está contada la historia. Y el caso de dibujos maravillosos con historias banales existe. Hay que entender que la gente se deja hechizar por lo visual. Lo difícil es encontrar el punto en que ambas cosas están bien engarzadas y fluyen.

–¿Cómo está el cómic hoy en España?

–Rico y variado, con bastantes lumbreras. Siempre ha habido gente buenísima. España ha sido cantera incluso cuando la industria se debilitó, que fue a partir de la caída de Bruguera. Muchos han emigrado para buscarse la vida.

–El superhéroe es un producto genuinamente yanqui en el que destacan algunos españoles. ¿Qué le parece esa orilla del tebeo?

–Hay una época dorada de los Cuatro Fantásticos, luego está Watchmen, alguna historia de Batman… En ese campo hay obras maestras, pero al cómic de superhéroes le veo mucho las costuras básicamente porque me conozco muy al dedillo la mitología clásica y detecto de dónde sale todo.

–¿Cómo empezó Max?

–Siempre he dibujado, haciendo monigotes por todas partes, copiando del Pulgarcito y el TBO, o bien de los dibujos de la TV, Bugs Bunny, Los Picapiedra. Mi sueño de pequeño era hacer dibujos animados. Luego me olvidé un poco, empezó a interesarme el arte también porque llegué a la adolescencia y ya no encontraba tebeos que me gustasen. En España entonces no había más que tebeo infantil. Entré a estudiar Bellas Artes y fue cuando conocí a Nazario y Mariscal. A través de ellos descubrí el cómic underground americano, que me enganchó inmediatamente. Ahí recuperé todas mis ganas.

–El dibujo animado ha pasado de la orfebrería al ordenador.

–A mí me sigue fascinando la frescura de la animación clásica, y eso que era un trabajo de chinos. Tenía algo maravilloso. Las posibilidades que ha dado el ordenador en términos de reducción de carga de trabajo han sido muy buenas, pero en cuanto eso ha empezado a influir en la estética se ha empezado a fastidiar. Reconozco que soy casi un abuelete, pero a mí el 3-D me deja frío. En cambio ves cualquier tontería animada de los 40 en Checoslovaquia y aquello es vibrante. Incluso ahora sigue siendo supermoderno.

Etiquetas: ,

Europa y su alias

Fede Durán | 28 de noviembre de 2014 a las 9:13

SI buscan el bienestar mental escuchen (y vean) The Cotton Club o lean a John Williams, pero no hablen con un demógrafo sobre Europa. El Viejo Continente hará honor a su alias aproximadamente en 2080, momento en que la pirámide poblacional quedará finalmente invertida y los tacatacas de la tercera edad silenciarán con sus chirridos el discreto ronroneo de los carritos de bebé. Se trata del clásico trompazo a cámara lenta: siete de cada diez hogares no tienen hijos, la mitad de los que sí se quedan en sólo uno, ningún país (ni siquiera Suecia, el más fecundo) cubre los 2,1 vástagos que marcan el listón del reemplazo generacional, en la UE hay un tercio más de mayores de 65 que 20 años atrás, etcétera. Son datos del Instituto de Política Familiar que tampoco salvan a España, el lugar donde más tarde paren las mujeres (31,6 años) y el tercero donde menos descendencia se registra. El promedio de edad de los europeos rebasa hoy los 42 años. En 1990 eran 35,2.

Es difícil escapar de la redada, especialmente para la cada día más virtual clase media. Europa, con el sur a la cabeza, vive bajo la sospecha de los relevos oligárquicos, cuyo reflejo en este particular empuja a concluir que habrá unos pocos viejos de primera, con todas sus atenciones cubiertas, y hordas de ancianos de tercera con escasa cobertura social y unas pensiones de cuya viabilidad conviene dudar largamente. Para los adictos al mal de muchos, el consuelo es saber que todos ellos, viejos ricos y pobres viejos, estarán unidos por el malestar que producirán sus existencias en los familiares y empleados encargados de cuidarles. Si en Japón un ochentón es un monumento a la vida, en Occidente es un feo recordatorio de la muerte.

Hay dos opciones para rejuvenecer a la momia, y son combinables. Una es encomendarse a los 2.500 millones de habitantes que pueblan China y la India. Los primeros pasarían así de la conquista sigilosa y aparentemente desinteresada a una integración plena que quizás sus mandamases prefieran rechazar por la teoría de la matriz patria y los satélites colaboradores. Los segundos, 36.662 en España en 2011 frente a 164.368 chinos según el INE, podrían así olvidar sus eternas congojas territoriales (Pakistán, Cachemira, Bangladesh e incluso Afganistán) y evocar la tierra con ese romanticismo morriñero que no entiende de borrones y matices.

El otro sendero es menos inmediato pero bastante más inevitable. Investigadores de todo el planeta trabajan a destajo en la autonomía de la robótica, es decir, en la superación de la fase autómata y la creación de máquinas capaces de tomar decisiones a partir del espejo humano. Esos robots vivirán con nuestros viejos, les limpiarán, les ayudarán a subir las escaleras e incluso les cocinarán y darán conversación. Conforme los cerebros artificiales evolucionen (y acabarán pareciéndose mucho más a C3PO que a R2D2), es incluso factible que se establezcan las relaciones de apego y confianza que los más jóvenes, con sus inmensos fardos de egoísmo, no están dispuestos a tejer. Pero todo producto tiene dueño. Los robots serán imprescindibles, tal vez aunque medie inyección asiática, y las grandes corporaciones aspirarán a monopolizarlos, abriendo de nuevo la sima de la desigualdad y generando la duda de si habrá un solo Estado capaz de ofrecerlos como servicio público.

La España inminente

Fede Durán | 25 de noviembre de 2014 a las 19:06

ACTO DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA CIUDADANA "SÍ SE PUEDE"

Siempre que concedamos a las encuestas el poder predictivo que a veces las urnas les niegan, España está al borde de su mayor convulsión política desde 1978. No se trata de un seísmo, ni mucho menos de una revolución robespierrana. El peso de Podemos quedará, en el escenario más exquisito para ellos, lejos de la mayoría absoluta, salvo que la teoría de las bolsas de voto fijas reviente y las transversales y permanentes campañas del miedo y el desprestigio ejerzan el efecto contrario al deseado por la oligarquía que las auspicia.

Lo más pasmoso es que ninguno de los miembros de las élites sea capaz de leer lo que el país exige a gritos. Incluso si las luces cerebrales se les iluminan, incluso si la exégesis clarividente acaba imponiéndose, la inercia de lustros de corrupción seguirá devastando cualquier amago cosmético. A cada juramento de redención acompañará en las portadas otra trama ladrona. No es necesario facturar millones en asesoramiento para comprender que la parálisis de Rajoy o el goteo de ocurrencias de Sánchez son fruto de sus respectivas deficiencias intelectuales y de la incompetencia de quienes componen los esqueletos de sus partidos. Ambos siguen profesando la fe bipartidista con el mismo fervor con que Torquemada alimentaba sus hogueras. La mejor prueba es que el socialismo apela al diálogo sólo con el PP para reformar la Constitución, cuando ni unos ni otros reflejan el sentir emergente de la masa española, que reclama simple y llanamente un horizonte limpio de nubes.

Demografía menguante, desfalcos, escepticismo, indignación, emigración forzosa, precariedad laboral, insuficiencia neuronal de la política actual, austeridad, pérdida de soberanía, debate territorial y necesidad de una estación llamada esperanza juegan a favor de Podemos, un partido surgido de todo lo anterior cuyo núcleo duro procede casi exclusivamente de la universidad y donde el principal y muy efectivo machete es la retórica. Pero Podemos, incluso pese a ese monopolístico cogollo ejecutivo, trasciende a sus promotores. Es el voto protesta, la devolución parcial de las riendas al ciudadano, la playa bajo los adoquines del 68 y, más relevante de lo que parece, una sintonía o empatía descarada entre quienes han tenido la visión para hilar un discurso rompedor y todos esos españoles ultraformados, frustrados y atrapados en la cárcel de un sistema que reparte pésimamente la riqueza. Ese grupo no es el pueblo. Es el equivalente a Podemos en la vida civil.

Hasta ahora, el viento ha soplado a favor de un bergantín en vías de convertirse en portaaviones. Pablo Iglesias es un caníbal del debate a cara de perro, y a esa circunstancia ha contribuido también la sorprendentemente escasa preparación de muchos periodistas del mainstream. Transmutado el espíritu primaveral en promesa cuasitangible, con la incógnita de las municipales y la certeza de las generales, Podemos jugará desde ya en una liga más dura, la del acoso mediático, la persecución del desliz (caso Errejón) y la entrevista uno contra uno, áspera y reveladora cuando el entrevistador sí está pertrechado y hace bien su trabajo, que es incidir en las zonas oscuras y exigir explicaciones razonables (Ana Pastor en La Sexta, Miguel Ángel Belloso y Miguel Ors en Actualidad Económica).

El equipo B de Iglesias, es decir, el consejo ciudadano (82 miembros incluyendo a los aún inexistentes secretarios generales autonómicos) trabaja actualmente en el tránsito del programa europeo al nacional, triplemente exigente por la limitación presupuestaria, las dictaduras del déficit y el ojo escrutador de los posibilistas. Alberto Montero, de facto economista en jefe del partido, advertía semanas atrás que las cuentas han de rehacerse porque Bruselas permite los brindis al sol que la menos pudiente España deniega. Descender de los cielos no es tan negativo: más vale un compromiso humilde que una grandiosa mentira.

En teoría, no habrá elecciones generales hasta finales de 2015. PP y PSOE tienen dos vías hacia la salvación, y son combinables. La primera es demasiado utópica: purga radical teledirigida por quienes forman parte del problema. La segunda es demasiado azarosa: confiar en que la corrosión inherente al paso del tiempo, unida a los engranajes indagadores/difamadores, unida a la opción probable de los errores de Podemos (inexperiencia, egolatrías) conforme una pelota de acero que castigue la cosecha de escaños final.

Nadie sabe qué ocurrirá en España en los próximos cuatro-ocho años. Nuestro código genético es fatalista y nuestra cultura del progreso blanda en lo sustantivo. La sociedad ha sido parte de la enfermedad porque ha consolidado las opciones que actualmente tanto decepcionan. En tiempos de bonanza es más fácil perdonar tales pecados; cuando el pastel se acaba afloran los rencores y con ellos un virtuosismo que tal vez sólo sea el reflejo de demasiadas carencias materiales. Es increíble que ni siquiera Podemos, lo más similar a la pureza en este juego de máscaras, descargue ganchos y directos sobre la gran lacra hispana de la podredumbre moral, asociada a la ausencia de valores, de civismo, de letras y de debate y pensamiento crítico. Un país sin humanidades es una cadena de montaje. Los brazos mecanizados de arriba roban sin el peso de la conciencia porque son máquinas. La ovejas eléctricas de Philip K. Dick (o de abajo) balan por las facilidades perdidas, no por la virtud que nunca han exigido ni ejercido. Podemos tiene la oportunidad de aparcar sus últimamente demasiado clericales eslóganes (Su Odio es Nuestra Sonrisa, Mensajeros de la Voluntad del Cambio) para afrontar el reto de mejorar aquello que jamás aparece en los programas electorales, utilizando paralelamente su formidable potencia de fuego para dirigir al resto hacia esa misma meta.

Podemos y el centrismo

Fede Durán | 24 de noviembre de 2014 a las 17:51

El politólogo Oscar Garcia Luengo.

*Entrevista a Óscar García Luengo, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Granada.

–Usted es experto en comunicación política. ¿Se ha producido un cambio de paradigma con la irrupción de Podemos?

–Efectivamente estamos ante un cambio, pero se ha dado demasiado protagonismo a Podemos. Es un proceso largo y más o menos lineal al que ellos se han incorporado. Incorporarse no significa inventarlo. Quizás por el perfil al que ha intentado disparar Podemos, se mueve con mucha más fluidez en esos nuevos entornos dominantes…

–… Que son las redes sociales.

–Y que también se han sobredimensionado en alguna ocasión. Son las que desarrollan fundamentalmente la política 2.0, o sea, la posibilidad de que los ciudadanos incorporen sus demandas y visiones a los políticos de manera más directa. Y se han impuesto en gran parte por la generalización de los teléfonos inteligentes.

–En la TV se ha generado un cambio dentro del cambio: si antes el menú era una entrevista más o menos sesuda, ahora mandan los debates, a veces en programas que se alejan del principio de seriedad.

–España se ha incorporado un poco más tarde a este formato, pero es un fenómeno del que vienen escribiendo los estadounidenses desde los años 70. Con las nuevas dinámicas de máxima competitividad entre los canales de TV y también como consecuencia de la liberalización del sector audiovisual, los productores ensayan nuevas formas de venta de sus programas, y una de ellas ha sido el infoentretenimiento, que no se sabe muy bien si son formatos de entretenimiento con contenidos políticos o formatos políticos con un aire un poco más de entretenimiento.

–Parece que la comparecencia vía plasma se va diluyendo.

–La lógica obvia de esta estrategia es reducir los umbrales de vulnerabilidad, evitar que el candidato o dirigente se someta a una rendición de cuentas con la que pierda más de lo que gane. Desde el punto de vista del márketing político, puede ser una buena estrategia. Desde el punto de vista moral del ciudadano, esa decisión tiene otra dimensión.

–Existe el extremo contrario: la sobreexposición mediática.

–Una de las máximas del marketing político, y Pablo Iglesias la ha seguido al dedillo, es que nadie vota a un desconocido. Está en todos los debates, en la Ser por la mañana, con Ana Pastor por la noche, y el ritmo es frenético. Mientras el político tenga unas características que le permitan sobrevivir a esos envites periodísticos, me parece una buena estrategia. Iglesias se está molestando especialmente en moderar la imagen que daba de arrogante, de sabelotodo. Al verse con posibilidades reales de ganar, están caminando hacia el centro de manera escandalosa.

–Sin materia prima, sin habilidad, de nada vale un equipo.

–Sin su andadura como tertuliano, Iglesias no hubiera llegado ni mucho menos a donde esta. Por otro lado, se ha inflado un poco el papel de Íñigo Errejón, que es bueno en su trabajo pero no es precisamente James Carville. Hasta que no lleguen las generales no vamos a comprobar si todo lo que especulamos ahora encuentra acomodo en la realidad.

–Desde Felipe González, España no ha vuelto a contar con un gran político comunicador.

–Tenemos la peor clase política de la historia reciente. Los criterios de promoción de los partidos son los contrarios a los que deberían ser. La política se ha convertido en una especie de profesión, pero se le ha vaciado la lógica del servicio público. Ahora vemos las consecuencias. Sin discutir que sea bueno o malo, fíjese en el caso de Alfonso Guerra. Es que lleva casi 40 años siendo diputado. Eso es muy difícil que ocurra en democracias más consolidadas.

–¿Ha quedado desfasado el mitin como eje estratégico?

–Los partidos tienen problemas para llenar pabellones. Les cuesta hacer una fotografía agradecida del acto, apiñan a los militantes delante, negocian con las cámaras de TV los planos… lo que pasa es que el mitin esconde un poder muy icónico de lo que es una campaña electoral. Y además los más importantes se sincronizan siempre con los informativos en prime-time.

–¿Es inevitable la clásica foto con el niño en brazos?

–Me temo que sí. Una imagen con una viejita o en una inauguración siempre suma.

–Las cortinas de humo, los circunloquios, el ocultamiento o manipulación de la información… ¿Imprescindibles?

–Es absolutamente cándido pensar que algún partido vaya a renunciar alguna vez a esas herramientas. La política es más fea de lo que parece. Las campañas y la comunicación política se basan en un principio muy básico que ya exponía Maquiavelo hace cinco siglos: si el acto lo acusa, el efecto lo excusa. Si para ganar elecciones hay que bordear el Código Penal, bien está. Un senador mexicano decía que la moral es el árbol que da moras, o sea, que es absolutamente irrelevante cuando uno intenta fijar estrategias de impacto que le permitan ganar elecciones.

–Si hablamos de herramientas al servicio del poder, las televisiones públicas y sobre todo las autonómicas han asumido ese papel descaradamente.

–Y es un problema de los países del sur de Europa: Italia, Portugal, Grecia, España y parcialmente Francia tienden a ese vicio, que es impensable en Alemania, Finlandia, Noruega o los países anglosajones en general.

Coda: La encuesta del CIS de principios de mes se retrasó más de lo habitual y despertó todo tipo de suspicacias por el auge (¿adelgazado?) de Podemos. García Luengo explica qué es la famosa “cocina”, “una forma coloquial de hablar del proceso por el cual la intención de voto directa se convierte en estimación. Si hacemos una encuesta, la intención de voto declarada está en torno al 40%-45%, pero la participación real en las elecciones sube al 60%-70%. El proceso por el que la foto estática de transforma en un escenario electoral es esa cocina. Cada investigador tiene su librillo, no hay una fórmula perfecta, pero las ecuaciones se hacen en torno a simpatía y recuerdo de voto”.

Si el cofre está vacío

Fede Durán | 21 de noviembre de 2014 a las 11:00

KAZAJISTÁN fue la última de las ex repúblicas socialistas soviéticas en declararse independiente. Corría 1991 y el noveno país más grande del mundo ignoraba el rol que acabaría jugando casi 25 años después. Aunque haya cosas que no cambien. El presidente, Nursultán Nazarbáyev, ya lo era en tiempos de la URSS. Su enésimo mandato expira en 2019. ¿Democracia? Según el World Press Freedom de 2014, Kazajistán ocupa el puesto 161 (España sestea en el modesto piso 35). Transparencia Internacional también coloca a este Estado túrquico en las cloacas: es el 140 más corrupto del planeta (España, el cuadragésimo). La Walk Free Foundation estima que allá existen 61.200 “esclavos modernos”, diez veces más que aquí.

La geografía, o más bien el mapa trazado sobre ella por el hombre, se ha portado bien: Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán son aislantes del polvorín afganopaquistaní y de Irán. Sus vecinos más poderosos están al norte (Rusia) y al este (China), con una diferencia: la primera ansía recobrar algunas de sus viejas fronteras desde la agresividad (Ucrania, origen habitualmente olvidado de la Rus de Kiev), la segunda se proyecta desde la economía, que es una forma más sutil de conquista. Pero Kazajistán es intocable. O, mejor dicho, mimable. Es, en términos estratégicos, la novia que toda madre quiere para su hijo.

El porqué es evidente. Con salida a los yacimientos del Mar Caspio y un subsuelo mágico, es el primer productor mundial de uranio y dispone de notables reservas de petróleo y gas natural. Sus recursos minerales son tendencialmente infinitos: es el sexto país mejor dotado al respecto, con una riqueza tasada en unos 37 billones de euros. Su despensa de wolframio es la principal de la tierra; cosecha medallas de plata en cromo, fosfato y oro; es la cuarta potencia en molibdeno y la octava en siderita; tiene cobre, cobalto, níquel, hierro, manganeso y bauxita… y encima el coeficiente de Gini, ése que tanto se cita últimamente y que mide la distribución de la riqueza y los agujeros de la desigualdad, se aproxima más al utópico cero (28,6) que en la Península. Pese a los yugos anteriormente descritos.

En realidad, España querría parecerse al cofre kazajo. En 35 años de democracia, ha demostrado sobradamente su escasa imaginación productiva, basada en un material tan burdo como el ladrillo y en una plataforma tan poco innovadora como el turismo, salpimentando el conjunto con generosas dosis de nepotismo y oligarquía y ensanchando el estuario que separa a ricos y pobres sin dejar de desviar la atención hacia el problema territorial, que no es sino otra lucha a menor escala por el poder. España es tan mediocre que su leyenda negra se ha transformado en marca para quienes de verdad la conocen. El G-20 no se incluye en esta lista de sabios observadores.

En cuanto a las soluciones, que son sobre todo filosóficas, se insiste en las ciencias con una inconsistencia endémica (te formo para que te marches) y una mancha de fondo. Si se olvidan las humanidades, una sociedad está condenada a la ceguera del circuito cerrado. Un ingeniero es capaz de producir bienes de alto valor añadido, pero si además el sistema educativo le empuja al holismo, al todo, será capaz de pensar amplificadamente, igual que un abogado con nociones de emprendimiento. Kazajistán puede permitirse ser Kazajistán. España no.

Etiquetas:

Esclavos del siglo XXI

Fede Durán | 21 de noviembre de 2014 a las 8:00

Infografia Sevilla

Retorciendo el título de la obra magna de Marcel Proust, podría afirmarse que The Walk Free Foundation se encarga de buscar el tiempo congelado. Esa cápsula contiene un fenómeno perenne y universal pese a la iconografía que lo acota. Ejemplo: Abraham Lincoln, elegido presidente de los EEUU en 1860, agrandó su leyenda con la abolición de la esclavitud (1863-1865), aunque en parte le costase la guerra de secesión. Pues bien, esos ultraevolucionados Estados Unidos suman 60.100 esclavos modernos, según el recién publicado Índice Global del Esclavismo 2014, que adjudica a España una décima parte del montante yanqui (6.100). Y todo en pleno siglo XXI.

El principal problema es revolver la definición del problema. Lo que ofrece la fundación es en realidad el resultado de una encuesta donde la geometría variable de los gobiernos es la norma. No siempre es sencillo recabar la información, aunque sí desarrollar el concepto central. “Para el propósito de este índice, la esclavitud moderna implica que una persona posee o controla a otra de tal manera que le priva de su libertad individual con la intención de explotarla a través de su uso, beneficio, disposición o manejo”. Es posible concretar más porque la fundación tasa los supuestos que casan con esta definición: el tráfico de personas, el abuso de poder, la prostitución, la explotación sexual, los trabajos forzados, el tráfico de órganos, la esclavitud en su modalidad genuina, la servidumbre, el matrimonio forzoso, y la venta y explotación infantil.

En el planeta hay casi 36 millones de esclavos, repartidos en los cinco continentes pero focalizados en cinco países: La India, China, Pakistán, Uzbekistán y Rusia absorben el 61% del total. Sólo La India, con 1.252 millones de habitantes, suma 14,2 millones de esclavos. En términos absolutos, nadie se aproxima a esa cifra. China, con más población, registra 3,2 millones; Pakistán algo más de 2; Uzbekistán 1,2 y Rusia 1,04. 23,5 millones de siervos se concentran en el sur y el este de Asia; 5,6 en el África subsahariana; 2,5 en Rusia y Euroasia; y 2,1 en el Sahel.

En el otro extremo del ránking, compuesto por 167 países, se encuentran Islandia y Luxemburgo (menos de 100); Irlanda (300); Barbados (400); Nueva Zelanda (600) y los nórdicos Finlandia, Noruega y Dinamarca, todos con 700 por barba. España, con sus 6.100 explotados y una tasa del 0,013% sobre el total de la población, ocupa el puesto 132, proporcionalmente igual que Francia, Portugal y Grecia pero mejor que Italia (0,018%) y Estados Unidos (0,019%).

The Walk Free Foundation se inspira en las espurias agencias de rating para calificar el empeño de los gobiernos en la lucha contra estas prácticas. La horquilla se mueve entra la utópica triple A y la indigna D a secas. La AAA, que ningún país obtiene en todo el planeta, significa que la Administración ha ideado las medidas necesarias para combatir cualquier forma de esclavitud, sin olvidar en paralelo la ayuda y reinserción de las víctimas, un marco jurídico y judicial disuasivo, altos niveles de colaboración y coordinación, y normativa específica para evitar tentaciones en las cadenas de suministro.

El mapa europeo es armónico en comparación con otras regiones. Ahí está la AA de Holanda, la A de Suecia o las BBB de España, Reino Unido, Irlanda, Suiza, Noruega, Bélgica, Austria y Croacia. Por debajo (BB) están Alemania, Francia, Italia, Dinamarca y Hungría, entre otras. Traducida, la nota española supone que las autoridades han diseñado una respuesta global, con jueces expeditivos, servicios de atención a los damnificados y una buena sincronía entre organismos, aunque se detecten fisuras en el control de cierto tipo de negocios y a veces se criminalice a unas víctimas que pueden acabar deportadas.

En Europa se contabilizan 566.200 esclavos modernos, el 1,6% de la cuenta mundial. La nota media es BB y el porcentaje de vulnerabilidad del 27,8%. El virus no ha sido erradicado. “A pesar de tratarse de la zona del planeta con menor incidencia de la esclavitud moderna, hombres, mujeres y niños la siguen sufriendo en sus fronteras”, expone el informe. “Entre los casos más recientes destacan el tráfico de personas en la industria del cannabis en Irlanda o la mendicidad forzosa en Francia.

Aunque el 65% de las víctimas del tráfico de personas proceden de la UE, el porcentaje de damnificados provenientes de otros países crece significativamente” cada año. Los casos de explotación sexual rozan el 70% y los de trabajos forzosos el 19%. “Las situaciones de extorsiones por deudas y trabajos forzosos de habitantes de Europa del Este en países de Europa occidental persisten en sectores como la agricultura, la construcción y el procesado de alimentos, al igual que sucede con los empleados domésticos no comunitarios que trabajan en hogares del personal diplomático [sic]”.

Turquía, incluida en el estudio pese a su condición de encrucijada geográfica, toca techo en 2014 con 185.500 esclavos, por delante de Polonia (71.900), República Checa (37.900) y Hungría (35.600). En términos relativos, el país peor parado es Bulgaria, con una tasa del 0,38%. La fundación advierte que las políticas de austeridad y el impacto sostenido de la crisis han disparado el número de rumanos y búlgaros que emigran en busca de mejores condiciones. “Algunos de estos trabajadores pueden verse empujados a situaciones de explotación”. En Polonia –añade– los malos datos de 2014 se deben, en parte, al abuso de mano de obra barata de los países orientales vecinos y del sudeste asiático.

Sostenía Marx que el pueblo que subyuga a otro pueblo forja sus propias cadenas. La Tierra es entonces una inmensa jaula.

Geometría variable, economía defectuosa

Fede Durán | 18 de noviembre de 2014 a las 21:09

Foto para la contra  Ant—n Costas

Antón Costas, catedrático de Economía Política en la Universidad de Barcelona, ingeniero industrial, presidente del Cercle d’Economia y columnista, opina sobre dos de las propuestas económicas de Podemos, algunas claramente rebajadas. “En nuestras sociedades ya están implantados muchos de los elementos constitutivos de lo que se llamaría renta básica, y habría que sumar al conjunto la sanidad y la educación gratuitas. Por otra parte, adelantar la edad de jubilación no me parece razonable cuando aumenta la esperanza de vida. Quizás ahí también cambien de idea”.

–Igual le parece metafísico, pero, ¿tiene efecto en la economía catalana la perspectiva de la independencia ?

–No hay indicadores de inversión o tipos de interés que manifiesten inquietud en los mercados. Que exista preocupación en el mundo empresarial sí es obvio. De todas formas, no estoy seguro de que sea acertado hablar de una perspectiva de la independencia. A la consulta [del 9-N], cuyas condiciones eran favorables, ha ido un tercio del censo. La variedad de los catalanes es muy grande, y no creo que la aspiración independentista sea mayoritaria. Sí es mayoritaria la voluntad de expresar la opinión sobre una serie de cuestiones.

–¿Tampoco se han resentido los mercados españoles de las empresas catalanas?

–De momento no. Los mercados de capitales, los inversores y los flujos comerciales demuestran que no se toma en consideración el malestar catalán como una opción ni definitiva ni consolidada por la independencia, lo cual no implica que no haya cambios en el futuro. En general, y es un sentimiento mayoritario en Cataluña, tenemos la convicción de que este malestar encontrará una salida legal.

–Las agencias de rating ya advierten de una futura rebaja de la nota. 

–Si vamos a 2008, no dieron una. No le daría al criterio de esos informes una valoración elevada.

–Es sorprendente que pese al resultado de la cuasiconsulta CiU y ERC la consideren un éxito.

–La vida política catalana tiene muchos matices, a veces quizás demasiado sutiles. No se pueden meter en el mismo carro las ambiciones de ERC y CiU. Los matices están en que si uno escucha a lo largo de estos dos años a Artur Mas, no habla nunca de independencia sino de permitir que los catalanes voten –a partir de ahora en un referéndum legal y pactado–. En Cataluña hay un malestar de fondo, como lo hay en España, y tiene componentes diferentes. El nacionalismo catalán no es un efecto de la crisis porque tiene un largo recorrido histórico, pero una gran parte de la expresión independentista sí, pero es un independentismo funcional, no una estación de término sino de paso. En la medida en que la vida política encauce ese malestar y la economía mejore un poco, una parte de ese independentismo funcional revertirá.

–El papel que Podemos está jugando en España lo juega la secesión en Cataluña. Es una forma de expulsar la indignación.

–Sin duda es así en parte. Pero es probable que Podemos acabe también en el Parlament. De la misma forma en que España encuentra su vía de expresión en la desafección de la política tradicional, la vía natural en Cataluña es un anhelo de mayor soberanía.

–¿Cómo se perfecciona el encaje de la cuña catalana en el todo hispano?

–Tenemos un problema español que es ese malestar social fuerte, con una desigualdad enorme y un deterioro de las condiciones de vida y las expectativas de futuro, y también hay malestar con el funcionamiento del Estado de las autonomías que exigirá cambios legales y constitucionales. El caso catalán tiene componentes comunes y específicos. En la medida en que haya respuestas, es posible encontrar un encaje, y eso daría lugar a dos referéndums: sobre la reforma de la Constitución y sobre el Estatut resultante. Es una doble salida en paralelo.

–El pacto fiscal estará siempre sobre la mesa. Pero pacto no es sinónimo de concierto.

–El concierto foral es una especificidad muy singular que tuvo lugar en un momento determinado de la historia reciente española. Mi percepción es que no se pide tanto un concierto vasco como un modelo de financiación que sea más equilibrado y justo y contenga solidaridad, con resultados que nunca serán los vascos. Al concierto vasco hay que atraerlo a la solidaridad.

–Un elemento añadido sería incorporar a catalanes a las instituciones clave del Estado.

–Y a andaluces. Sólo hay dos organismos potentes fuera de Madrid. La Escuela Militar de Zaragoza y la Judicial de Barcelona. En Alemania veo que el Estado está presente a lo largo del territorio. ¿Y por qué el Senado no puede ubicarse en Barcelona? ¿O el Constitucional en Valencia? No reivindico la dispersión sólo para Cataluña.

–Vista la variedad de resultados en el cálculo de las balanzas fiscales, parecen casi un género literario.

–Es una buena conclusión. Las balanzas son el resultado de una técnica de medir flujos de ingresos y servicios recibidos. Hay varias metodologías que dan resultados diferentes porque tasan cosas diferentes. No es un problema sólo catalán: se quejan los valencianos, los madrileños y los propios andaluces. Un país moderno y civilizado tiene capacidad para encontrar soluciones que serán parciales y deberán renegociarse cada cierto tiempo. No deberíamos verlo como una anomalía española sino como un rasgo característico del federalismo.

–El universo macro dice que mejoramos. La economía real lo desmiente rotundamente.

–La que estamos viviendo es una de las grandes crisis del capitalismo, que es maníacodepresivo y tiene crisis recurrentes, como las gripes de cada año. Pero de vez en cuando las tiene fuertes, asociadas a burbujas financieras. La penúltima fue la de los años 30. Suelen tener consecuencias de larga duración porque hay que sacarle a muchas familias y empresas una parte de la carga de la deuda. La mejora de la situación económica tiene elementos objetivos pero no se refleja en las condiciones de vida. Tenemos que continuar con esa mejora y atender a esas personas que se están quedando en la cuneta y que no estarán en condiciones de incorporarse al tráfico cuando la crisis pase si permanecen demasiado tiempo ahí. Necesitamos una política más sofisticada. La austeridad y las reformas hay que hacerlas sin que produzcan más desigualdad. Hay una definición de Ben bernanke sobre cuándo se sale de la crisis de hace cuatro años: “La FED (Reserva Federal) hará lo necesario durante el tiempo necesario hasta que el paro en EEUU baje del 6,5%”. Ya han bajado del 6%. En Europa no se podrá decir que la crisis ha acabado hasta que el paro baje a unos niveles tolerables. Mientras tanto ayudemos a que la economía mejore, a que haya más empleo aunque no nos gusten en términos de condiciones e ingresos. Si en la UE no se vuelven a estropear las cosas como en 2010, el rebote de la economía española no es el del gato muetro sino una mejora a largo plazo.

Etiquetas:

Lo que Rajoy y Mas piensan en privado

Fede Durán | 14 de noviembre de 2014 a las 11:10

Para entender la España que viene hay que descifrar la España que se va. El 9-N es quizás el estertor de una etapa amortizada que dará paso a una reforma constitucional, y así lo entienden tanto Mariano Rajoy como Artur Mas, según fuentes de su entorno. El amago de consulta, sin interventores ni carácter vinculante, destapa una curiosa unidad de destino. Apenas un tercio del censo electoral acudió a votar en Cataluña. Rajoy interpreta el silencio de los dos tercios restantes como el mejor aval de su negacionismo. Mas confirma en papeletas lo que siempre admite en privado: él tampoco quiere la independencia.

El reto urgente es el punto de encuentro. Remozar (que no retocar) la Carta Magna exige un refrendo colectivo sólo factible si el entendimiento entre el Gobierno y la Generalitat es absoluto. CiU quiere un cesto de competencias blindadas, a salvo de injerencias ministeriales; un pacto fiscal que reequilibre el flujo fiscal que producen los canales solidarios; y una Agencia Tributaria cogestionada con el Estado. Además, busca cariño, y la transmutación aproximada en artículo sería un reconocimiento más explícito de su singularidad.

Rajoy es consciente de que debe mover ficha, pero su virtud cardinal es la templanza. El gallego ve esta función como una partida de dominó: primero el movimiento del oponente, después su jugada, por fin la negociación, estación definitiva el consenso.

Este cronograma, trazado sobre el folio de la teoría, topará en la práctica con importantes obstáculos. El PP observa de reojo a su electorado más recalcitrante, el núcleo duro, esa bolsa de apoyos que constituye los pilares sobre los que (a veces) se asienta el ciudadano de centro para concertar mayorías absolutas. Actuar antes de tiempo significaría perder la batalla de las apariencias y con ella la imagen de fortaleza -trufada de inmovilismo- que el presidente dejará en la memoria casi como único activo.

La otra piedra en el zapato es endógena y sólo se asimila si queda encuadrada en esta película de apariencias. Se llama Fiscalía y se apellida delitos de prevaricación y desobediencia, recogidos los dos en la querella que en breve y supuestamente presentará el Ministerio Fiscal tras los quiebros de Mas y su vicepresidenta, Joanna Ortega, a la triple suspensión decretada por el Tribunal Constitucional. Judicializar la pelea política reventaría el puente que sutil y subterráneamente uno y otro han comenzado a desplegar.

Artur Mas y su Govern en precario lo tienen aún más complicado. El empuje de ERC es formidable demoscópicamente hablando. A rebufo de esa expectativa compone Oriol Junqueras un maximalismo que pasa por elecciones plebiscitarias (figura que el ordenamiento jurídico español no recoge) y declaración unilateral de independencia en sede parlamentaria. Cuesta dar crédito a semejante menú vistos los frutos del 9-N y el retrato más o menos real del secesionismo en la comunidad. Junqueras lo sabe. Aunque parezca un Polichinela, él también invierte grandes sumas de gestualidad en el mercado de los votos, con la mirada pendiente de las municipales y las autonómicas.

Esta cronología es vital y dilucidará la jerarquía de los estrategas en liza. A CiU le conviene un anticipo por una sencilla razón: si ERC sella su superioridad en los ayuntamientos y Junqueras pasa de la pose al hecho, esa galaxia de átomos puede ser el comienzo de la rebeldía contra el sistema institucional vigente. Josep Rull, número dos de CDC, ha sido al respecto más claro que Ramon Espalader, número dos de la matriz CiU: si el Ejecutivo no negocia, como ya ha anunciado, los comicios son la opción A.

Volvamos pues al puente en camino. Elecciones anticipadas, victoria de Esquerra, CiU como segunda fuerza en el Parlament y la incógnita del PSC, debilitado por una indefinición que nace de sus complejos. Aquí el entorno del president es contundente y rompe el mito unitario: si Junqueras no alcanza la mayoría absoluta (68 escaños), ERC podría ser víctima de la casi mitológica sociovergencia, la suma de CiU y PSC, una mezcla políticamente más correcta que la resultante de sustituir a socialistas por populares en una tierra donde éstos no han logrado averiguar (salvo con Josep Piqué) el código de acceso al catalanismo. CiU se servía con Pujol de la muleta del PPC en la trastienda, sin alianzas explícitas por mutua vergüenza.

La concatenación de hitos fundamentales para cerrar este episodio de tensión territorial es imponente: Rajoy domando a sus fieras, CiU resurgiendo -como en tantas otras ocasiones- de sus cenizas, ERC perdiendo fuelle en el tránsito del fuego dialéctico a la aspereza de la gestión y el PSC salvando los trastos sobre la campana. Apasionante.

La guerra en marcha

Fede Durán | 13 de noviembre de 2014 a las 8:00

REUNIÓN DE RAJOY CON PEDRO SÁNCHEZ

UNA parte del estertor español ha de leerse en clave estrictamente generacional. Repasen la nómina de instituciones del Estado y calculen el promedio de edad de quienes ocupan los puestos mejor pagados y de mayor responsabilidad. La experiencia es un grado, dice el lema, pero en España esa frase decae con la praxis. El acceso a la cima ha bebido cada vez menos del talento, con honrosas excepciones que sólo confirman la regla matriz. Alcanzada determinada altitud, la criba no es la valía sino los contactos, las madejas que genera el tráfico de favores.

El capitalismo necesita oponer a la libertad un principio moral fuerte, sostenía Adam Smith. Tal principio se ha licuado en España. Queda la duda de las cuotas: ¿Ha de contagiarse la ética de arriba a abajo, de abajo a arriba o desde la horizontalidad? El país ha fallado como entidad espiritual, confinando al virtuosismo a las catacumbas del ridículo.

La reacción pretendidamente ilustrada de las añosas élites económicas nace herida de muerte porque ignora el lastre de su propia naturaleza. La sociedad civil, allá donde existe, se ha partido en dos. Por un lado están, hay que repetirlo, quienes ya estaban. Por otro, en concurrencia creciente, los expoliados materiales pero también intelectuales, los exiliados económicos, los profesionales jibarizados. A este grupo, que no es unívoco, se le atribuye la etiqueta del populismo, entendido como menú utópico, desestabilizador y matemáticamente inconsistente. La etiqueta subyacente, la de verdad, persigue básicamente una redistribución urgente del poder, la ruptura de las cadenas que aprisionan a una quinta condenada al limbo de la intrascendencia porque cuando los de ahora mueran será tarde para ellos.

Gandhi resumía las dinámicas del antagonismo con una frase sencilla pero genial: “Ataca y perderás”. PP, PSOE, IU y UPyD percuten contra la única alternativa que ha canalizado la indignación de la horquilla poblacional que oscila entre los 20 y los 40 años. En Cataluña, el cauce ha sido la independencia, más como advertencia que como deseo. Ante el empuje: el terror a la pérdida de sillas, los sicarios mediáticos y en última instancia las promesas catárticas.
En gran medida, esos cuatro partidos ya están perdiendo. Por el tinte cosmético del producto que exhiben pero también por los vientos que impulsan sus velas. La base de la pirámide son las juventudes políticas, amamantadas con leche agria, incapaces de comprender los códigos de la democracia que puede surgir del actual cadáver democrático. Paradójicamente, la sangre nueva es en este caso sangre vieja. Son los inconvenientes de la clonación.

Para alejarse de la excentricidad, España debe repensarse desde el todo, cerrando los ojos ante las apariencias para que decida la calidad de las voces, mandato que nada tiene que ver con el pueblo porque el pueblo es inaprensible. Ése es el reto ineludible de la política, pero también del sector privado.

El cáncer no está en el capitalismo sino en sus deformidades. Un Estado óptimo es aquel que deja hacer sin olvidar la red de seguridad que ha de proteger a sus integrantes y la autopista de porvenires profesionales que debe estimularles. Que quienes nos miran desde las alturas no lo hayan comprendido es la gran prueba de su fracaso.

La apuesta andaluza de Iglesias

Fede Durán | 12 de noviembre de 2014 a las 15:53

De la metafísica del ser sin estar al engranaje de un reloj político va un trecho. Podemos transita a marchas forzadas, quemando etapas, con la brisa de la velocidad reflejada en el tupé de una agenda loca. El partido comandado por Pablo Iglesias procura dar muestras de esa transformación: la primera fue la estructura organizativa, avalada por el 80% de las bases; la segunda, el Consejo Ciudadano, una suerte de ejecutiva compuesta por 81 miembros a la que Podemos prefiere llamar “órgano que articula las decisiones de la Asamblea Ciudadana”. Diez andaluces aparecen en el equipo directivo de Iglesias. Cuatro de ellos, Lucía Ayala, Guillermo Paños, Esperanza Gómez y Alberto Montero, explicaron ayer a este periódico su experiencia y lo que se espera de ellos.

Ayala nació en Almería en 1980, estudió Historia del Arte en Granada, es doctora en Astronomía y Astrofísica por la Universidad Humboldt de Berlín y ha sido investigadora en Berkeley, California. Iba camino de Turquía -contrato en mano- cuando irrumpió Podemos. Entonces paró máquinas. Su esfuerzo se concentrará en “recuperar la excelencia” en la Administración pública y evitar “la fuga de talentos” en el campo de la I+D+I. “No queremos ampliar el tamaño de la Junta de Andalucía sino gestionar con más eficacia lo que ya hay. Debemos buscar perfiles profesionales para hacer un uso coherente de los recursos”, explica. “El porvenir no pasa por el dinero fácil del ladrillo y el turismo, ni tampoco por la mano de obra barata. Se trata de cuidar la producción del conocimiento con un adecuado sistema de becas y de abrir nuevos campos de conocimiento”, completa.

Paños es incluso más joven que Ayala: Granada, 1980, licenciado en Administración y Dirección de Empresas, ex director de proyectos de la UE, contable por necesidad, profesor de emprendimiento y especialista en “ciberactivismo” y difusor de aquel cogollo seminal del 15-M. De su influencia en Twitter da fe un grueso ejército de seguidores. En las pasadas elecciones europeas, las del soñado debut de Podemos, la Universidad de Viena y la empresa GFK le consideraron uno de los 40 tipos más influyentes en el proceso de votación. Desde ese ámbito virtual piensa exprimirse. “Con el 15-M entendimos que la militancia no está únicamente en los espacios clásicos. Interactuamos mucho en la proximidad de los círculos pero también en ese amplio espacio de las redes”, sostiene.

“Yo era uno de esos típicos jóvenes que piensa en emigrar. Me había surgido una oportunidad en Dubái que coincidió con el lanzamiento de Podemos, así que decidí esperar y hacer mientras un máster”. Habituado a ataques de ferocidad variable (desde populistas hasta etarras pasando por bolivarianos), aclara que están tranquilos. “No necesitamos romper esos prejuicios porque procedemos de todas partes”.

Esperanza Gómez (Sevilla, 1974) da clases de Derecho Constitucional en la Hispalense y asesoró a José Luis Rodríguez Zapatero en sus tiempos monclovitas. Se muestra partidaria de un Estado federal que parta de la “multilateralidad” y amolde el Senado al estilo alemán. “Son los gobiernos territoriales los que han de ocupar esos escaños”, opina. Respecto al excesivo énfasis que Podemos deposita en el sector público, niega la mayor: “En España hay menos funcionarios [por habitante] que en Alemania. Lo crucial es hacer operativos los servicios públicos y huir de las privatizaciones”.

Malagueño alumbrado en Barcelona, Alberto Montero (1970) está llamado a batirse en primera línea por su perfil, profesor de Economía Aplicada en la UMA, y porque ésa es la parte del programa que más chirría de momento a los escépticos. ¿Renta básica? “Con los recursos disponibles por la crisis, por ahora mejor renta de inserción para los que están en riesgo de exclusión”. ¿Más impuestos? “Nunca para las clases medias y bajas”. ¿Jubilación a los 60 años? “Factible. Sólo hay que doblar la productividad de los trabajadores”. ¿Elevar el salario mínimo? “Primero haremos bien los cálculos. No queremos propuestas a la ligera”.

Etiquetas: ,