El náufrago

Fede Durán | 14 de mayo de 2013 a las 20:24

El escritor me ha ubicado aquí, en mitad del mar, flotando sobre unas tablas que él se habrá molestado en ensamblar. Hay un palo en medio a guisa de mástil, y un mantel con lamparones que hace de vela, y a veces el viento sopla y la balsa se anima y ambos nos dirigimos a lo aleatorio.

Otras veces el mar se pacifica y veo el fondo. Hay corvinas, urtas, doradas y también borriquetes. Adoro la ictiología, aunque preferiría pescar a observar.

Anoche, el escritor leyó un cuento de Mrozek donde un náufrago hiperactivo encontraba en el bolsillo un sacacorchos y agujereaba los tablones de su balsa hasta provocar una fuga de agua, o más bien una invasión. Y todo para estar entretenido. Yo no soy tan gilipollas, así que de momento me bebo mi orina, mastico astillas que rasco con las uñas y me protejo del sol descolgando el mantel cuando el viento no sopla y la balsa es un muerto con verdín.

Cuando cae la noche se me abren pequeñas grietas de esperanza. Creo que es porque la temperatura baja y una ligera brisa nos mece y me acaricia, cerrando mis arrugas de sal hasta el sol siguiente.

Como necesito hablar con alguien y no tengo con quién, he decidido saludar al sol al alba y despedirlo en el crepúsculo, reservando las mismas cortesías para la luna. Con el mar me ando con más ojo: compartimos cada segundo de cada minuto de cada hora de cada monocorde día, así que es mejor redoblar la diplomacia, multiplicar el cariño y esperar que algún día, en sociedad con el viento, me deposite en una isla o al menos en una roca de once metros cuadrados, una que me permita caminar de ida y vuelta, girar a derecha e izquierda, tumbarme sin oscilaciones.

Me comunica el escritor que voy a morir en unas líneas. Joder. Yo era un ciudadano común, ni más perverso ni mejor que la mayoría, con un saco de amigos, esposa y tres hijos de cuatro, cinco y seis años que nunca me dejaban dormir ni sabían limpiarse el culo después de cagar. Pagaba religiosamente la hipoteca, los libros infantiles de los niños, la comida del mes, el papel higiénico, los juguetes y los tratamientos antiedad de mi señora. Soportaba a mi jefe, el muy cabrón, de lunes a viernes y de ocho a cinco desde hacía una década, y asistía una vez al año a los hermanamientos de la empresa y me emborrachaba con otros desgraciados como yo que probablemente acabarían criticándome días después ante sus superiores por falta de decoro y exceso de irreverencia. Estaba engordando y me habían diagnosticado diabetes. Había empezado a flirtear con una casada por internet. Cuando pesaba en todo lo anterior, incluso me costaba empalmarme, a mí, que he sido un semental. Y ahora estoy aquí, en mitad del mar, escuchando la contrarreloj de las teclas que van a fulminarme, y es muy triste porque en realidad me gusta decirle ey al sol, tirarle un beso a la luna, reconocer la cresta del borriquete y desentrañar los códigos encriptados del viento y el mar.

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Calzoncillos

Fede Durán | 13 de mayo de 2013 a las 20:11

Yusuf tenía un problema con los calzoncillos. Era un problema viejo, nacido casi a la vez que su conciencia. Había probado todos los materiales: algodón, lino, licra. Había probado todos los cortes: calzón, boxer, tanga. Hilando fino, Yusuf asoció los picores y la incomodidad a los pantalones, y de nuevo aquí probó todos los cortes y materiales. Nada. Después conectó el prurito y la invasión de orificios y pliegues al estrés de los días laborables, concluyendo que una vez en casa, despojado de protocolos, cronogramas, almuerzos y contabilidades, la piel y el envoltorio se reconciliarían. Tampoco. Pensó finalmente en el refugio de la cama, ese rectángulo donde el cuerpo se independiza de la mente, consumida en desbrozar los vastos paisajes del sueño. Sin tregua. Cada postura era un pulso perdido, cada innovación un puñetazo al aire. Incluso envuelto en los harapos de sus pesadillas, los calzoncillos seguían ahí, adheridos al pellejo como un cepo a un conejo.

Durmió desnudo, pero fue incapaz de seguir. El sentido de la decencia había penetrado tan hondo, tan lejos, que se alojaba en los sedimentos más prehistóricos del subconsciente. Tal era el poder de esa religión en la que no creía. Tal la sombra espesa de la Madraza.

Volvió a los calzoncillos, florecieron los picores con mayor virulencia.

Un día conoció a una mujer. Se besaron, hicieron el amor, se enamoraron.

Por las noches, ella padecía los males de Yusuf. Giros, gruñidos, piernas que se enroscan, brazos que se estiran, un cuello en tensión. Y uñas, sobre todo uñas, uñas zapadoras implacables rascadoras, uñas que exploran hasta el último rincón de piel bullente.

Varios meses después, la mujer le hizo un regalo. Era un pack de tres calzoncillos ecológicos. Resabiado y sutilmente abatido, Yusuf se calzó unos y se fue a trabajar. Los primeros pasos le hicieron sonreír como un veterano de guerra: vaya, no pican, pero picarán. Las siguientes horas le hicieron fruncir el ceño: vaya, no escuecen, pero escocerán. Al caer la noche, de regreso a casa, chasqueaba la lengua: ha sido una tregua, un milagro epidérmico, pero la cama me devolverá a la realidad.

Se equivocaba: esa rotación a tres era infalible. Las molestias desaparecieron.

Un día, se separó de su amante. Al mudarse, ella, por equivocación o venganza, se llevó dos de los tres calzoncillos ecológicos. Yusuf rastreó cada tienda de la ciudad en busca de la marca, el material, el corte, el maldito modelo, pero nunca volvió encontrarlo. Hoy dosifica el par superviviente, haciéndolo rotar con sus primos bastardos, apenas exigiéndole, disfrutando del momento en que la colada los sitúa, rara y felizmente, en la primera posición de la parrilla.

No ha vuelto a verla. Le habría gustado preguntarle por los calzoncillos, saber de ellos, quizás intentar recuperarlos con una pequeña inversión. Pero su sexto sentido le dice que ella no lo entendería. Así que Yusuf ha regresado a sus picores y contracciones, premiándose con un oasis de bienestar de cuando en cuando, alerta por si esos calzoncillos mágicos reaparecen en las vitrinas de las tiendas de la ciudad.

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El defecto Zoido

Fede Durán | 13 de mayo de 2013 a las 8:00

Dos factores desactivan la estrategia opositora de Juan Ignacio Zoido desde que asumiese el relevo de Javier Arenas en julio de 2012 como tótem del PP-A. Uno es subjetivo: el hombre no se siente a gusto en un traje que exige emular el modelo de carretera y manta de su predecesor. La Alcaldía de Sevilla es su prioridad, su pasión absorbente, su amante política. Jamás lo ha ocultado, y eso al menos le coloca en un escalón de sinceridad no siempre habitual en el gremio. Otro es objetivo: Zoido es inconsistente y liviano en su batalla dialéctica con Griñán, un presidente al que algunos populares de primera línea califican en privado como “brillante parlamentario”.

La derecha ha presumido siempre de su carácter monolítico. Si hay discrepancias, se ventilan en casa, nunca a la vista de extraños. Esta premisa, desmoronada en los últimos años por las púas Gallardón-Aguirre, Aguirre-Rajoy o Cascos-PP en general, ha sobrevivido dignamente en Andalucía, donde apenas se formula una tímida crítica a la forma en que Zoido está afrontando la legislatura.

El tándem Arenas-Antonio Sanz fue muy poderoso. Entre 1993-1999 y 2004-2012 moldeó la filial autonómica del partido a su imagen y semejanza. La interinidad de Zoido traslada al PP-A al escenario opuesto. Donde antes había estructura hoy sólo existen nubes. Si Zoido se marcha, arguyen distintas fuentes consultadas, es prioritario determinar quién llevará las riendas. Con tres años por delante, el margen para desplegar la estrategia de la nueva era sería más que suficiente. Varios dirigentes se han pronunciado públicamente en este sentido. El último en hacerlo ha sido el alcalde de Granada, José Torres.

Otros abogan por una transición suave. Es el bando de los sin estrés (Carmen Crespo y Elías Bendodo se alinearon el jueves). El próximo Congreso del PP regional aún no tiene fecha, pero el debate del calendario refleja fidedignamente la división de opiniones. Se habla de 2015 (año de elecciones municipales), 2014 (elecciones europeas) y hasta verano de 2013. Cualquiera que sea la decisión, se ajustará invariablemente a un mandamiento sagrado: el nombre del elegido deberá contar con el plácet de Arenas y el sí puramente formal de la secretaria general del PP nacional, María Dolores de Cospedal. Históricos en clave autonómica como Teófila Martínez, la alcaldesa de Cádiz, también estarán en el sanedrín.

Florecen los candidatos. Por ejemplo José Luis Sanz, secretario general del PP-A, el único que se postula con más o menos claridad sin arrancar de momento ni aplausos ni abucheos. O Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Igualdad y avalado por la familia malagueña; Carmen Crespo, delegada del Gobierno de Rajoy y adscrita al clan almeriense; y Carlos Rojas, portavoz en el Parlamento y censado en Granada. Con ventaja sobre todos ellos parte el diputado y alcalde de Córdoba José Antonio Nieto, con un perfil más político y menos técnico que algunos de los futuribles. Cada una de las fuentes consultadas le cita entre los favoritos.

Nadie teme en realidad un terremoto orgánico ni una pelea sucesoria. Los taifas provinciales opinarán, pero lo harán bajo esa inveterada predilección por la unidad. “La máquina -afirma un diputado andaluz- funcionará cuando haya claridad. Somos gobierno en muchos sitios, sabemos hacer las cosas”. Otro dirigente popular complementa: “Es cierto que esta situación nos perjudica, pero las encuestas tampoco sitúan al PSOE-A en un escenario demasiado halagüeño”. Y un tercero advierte: “Aunque ahora parezca imposible, que nadie pierda de vista la posibilidad de que el bipartito se rompa”.

Los matices de lo fino no tapan los consensos de lo grueso: el sustituto de Zoido debe ser “un rostro conocido”, un guerrero a lo Mad Max de la carretera y un tipo sin miedo a castigarle el hígado a Griñán. Un puñado de voces populares proclama la convicción de que se pueden mejorar los resultados del 25M, en los que el PP-A alcanzó el histórico techo de los 50 escaños, siempre que se imponga el sentido común y se juegue inteligentemente la partida de los plazos. Zoido es una figura de transición que intenta prestarle a la formación un servicio digno. No siempre lo logra, y ésa es la gran razón para no volver a fallar. Sobre el delfín, sobre el príncipe, sobre el virrey recaerá el formidable reto de revertir de una vez 30 años de derrotas.

Tiburón negro

Fede Durán | 11 de mayo de 2013 a las 8:00

Brilla en los ojos del magnate una luz especial para los negocios. Brilla siempre, desde la cuna, y brilla intensamente: es la enésima constatación de que la energía –también la emprendedora– ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. En el caso de Aliko Dangote (Kano, Nigeria, 1957), esa luz de los albores parecía inofensiva. En la escuela primaria se limitaba a soñar con comprar caramelos y revenderlos a los compañeros bajo la sagrada premisa del adquirir barato y endosar caro. De pudiente familia musulmana, Dangote hizo primero los deberes académicos –se licenció en Artes y Empresariales en El Cairo– y asumió después, a los 21 años, la misión iniciática. Su tío le encargaría gestionar una modesta firma comercial. Ahí plantaba el clan la semilla de un imperio. Porque este señor es hoy, según la bíblica lista de Forbes, el cuadragésimo tercero más rico del planeta. Y el primero entre los negros y los africanos. Su saldo: 16.100 millones de dólares, casi 10.000 más que sus directos competidores en el continente, los palidísimos sudafricanos Johann Rupert (objetos de lujo) y Nicky Oppenheimer (diamantes).

Lo del brillo suena esotérico pero es absolutamente empírico. A finales de los 80, Dangote preguntó a las autoridades por unos terrenos abandonados en el puerto de Apapa. Obtuvo una concesión y montó allí un parque logístico para su compañía harinera. Cuando la competencia protestó, la respuesta del Gobierno fue flemáticamente británica: “La idea fue suya, señores”. En 1990, localizó una grieta en la suntuosa hoja de gastos del Banco Central de Nigeria: la flota de transportes de la plantilla le costaba al organismo un ojo de la cara. Dangote ofreció sus servicios a un precio mucho más razonable. Otra concesión.

Dangote Group es el mayor conglomerado de África occidental. Posee la tercera refinería de azúcar más importante del planeta (produce 800.000 toneladas al año), negocios inmobiliarios y textiles, plantas de procesado de sal y la mayor cementera africana. Despliega actualmente 14.000 kilómetros de fibra óptica en Nigeria. Y exporta algodón, cacao, nueces, sésamo y jengibre.

Las dos últimas jugadas del emperador están a la altura de su trayectoria. En 2012 apuntaló su monopolio azucarero al adquirir el 95% de la nacional Savannah Sugar y obtuvo 190 millones en efectivo al vender a la sudafricana Tiger Brands su paquete accionarial dominante en una de sus harineras. Próximo proyecto: una refinería petrolera que doble la producción del país.

Filántropo declarado, Dangote sufraga campañas de salud y moviliza recursos contras las catástrofes naturales. Ejerce de mecenas artístico, deportivo (donó 820.000 dólares a la selección de fútbol) y político (al ex presidente Obasanjo le regaló 2 millones en 2003). Puede permitirse lo que quiera porque es un visionario y un optimista, desenfunda antes que nadie y recuerda cada vez que puede que invertirá todo su dinero en Nigeria. Importemos la inspiración.

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Pepito Grillo se viste de cordero

Fede Durán | 10 de mayo de 2013 a las 8:00

EN las sesiones de control sobra, por definición y sentido común, la intervención del partido al que se adscribe el presidente de la Junta. Los diputados deberían hacer algo con el reglamento de la Cámara por respeto al ciudadano y también por integridad política. En las sesiones de control sobra, adicionalmente y con idéntica carga de sentido común, cualquier intervención cuyo objeto no sea la fiscalización del equipo que gobierna, lo formen una, dos o cien siglas. Porque gobernar, parece mentira que haya que recordarlo, exige explicar. Ése es el gran problema de IU: tiene programa; exhibe más ética que sus rivales tanto asociados como irreconciliables quizás por su menor hoja de servicios ejecutivos (o quizás no, quizás el altruismo exista); ha moldeado sus tres consejerías sin atender exclusivamente a oscuros listados de simpatizantes sino valorando el talento independiente; y empuja al PSOE-A, a ese PSOE-A tan inflado de poder como el rostro de Mickey Rourke, a virar del centro a la izquierda o, como dice José Antonio Castro, de la abulia de tres décadas a “la función social de la política”, de la democracia representativa a la democracia directa. IU tiene todas esas virtudes, pero se dirige a Griñán con una docilidad incomprensible por una sencilla y contundente razón: sin sus 12 escaños no hay Ejecutivo, así que puede y debe apretarle las tuercas al jefe sin que esa misión implique quemar San Telmo.

Castro atacó ayer durísimamente al PP, y no le faltaba razón. Esto no es Etiopía. Ni Venezuela. Ni tampoco Cuba. Atacó básicamente las hipérboles de Zoido: sus coletillas favoritas –extremismo y radicalidad–; la crónica de un país que parece poco menos que los secarrales donde pegaba tiros Pancho Villa; esa estampa de niños desnutridos, moscas, burros y botijos resquebrajados que imagina Madrid. Atacó la violencia del lenguaje suburbial de las redes sociales, donde se le llamó, desde el anonimato de una cuenta no personal sino colectiva, “pelota” y hasta “rastrero”. Atacó fundadamente pero atacó mal. Porque Zoido no preside la Junta. Porque existen otros formatos donde batirse con la oposición. Porque IU le hace sin querer el trabajo sucio a José Antonio Griñán, cómodamente instalado en el palco del estadismo autonómico, si el lector acepta tal oxímoron.

Juan Ignacio Zoido es un orador vaporoso:sus discursos casi nunca dejan huella. Ayer, por inspiración o azar, expuso una línea deconstructiva más sólida de lo habitual. Tres aciertos. Lo de la Junta y sus subsidios parece “beneficencia” (a). Uno de cada tres casos españoles de corrupción brota en Andalucía (b). Griñán ofrece pactos nacionales que “correspondería proponer a Rubalcaba” (c). Y dos errores. “Ustedes no son nadie sin el Gobierno de Rajoy y el PP (d)”. En realidad, el vicio de convertir la política andaluza en una sucursal del Congreso es común a las tres fuerzas presentes en las Cinco Llagas. “Andalucía es la comunidad con más parados y más pobres y la segunda peor en renta per cápita tras Extremadura”. Cierto, pero para saber dónde estamos hay que saber de dónde venimos. Y entonces se impone un viaje al pasado que no arranca en 1977 sino antes, mucho antes (e).

Siguiendo la cartografía narrativa de las buenas veladas de boxeo, el púgil más poderoso se deja para el final. Sin ser Ali o Foreman, Griñán se maneja solventemente con el uppercut y el crochet. Vistoso al principio, aburrido al quinto combate. Por una prolongada ausencia de oponentes, sus palabras suenan pastorales y huelen a déjà vu. La escuela del presidente es tan clásica como la destilería que Baldini mostró a Grenouille en El Perfume; es la misma de la que ha mamado todo el poder político desde la Transición; es la que afronta los nuevos problemas con viejas soluciones; es la que ya no sirve. Y no, la receta no es Susana Díaz –más de lo mismo con bastante menos formación; la juventud no implica novedad–, la solución es trabajar de verdad la cultura del diálogo, reconociendo al predispuesto y retratando al recalcitrante; abrir la política a una sociedad que ya no tolera la partitocracia; mostrar la ambición de una Andalucía menos subsidiada y acribillada a impuestos; purgar las malas prácticas que todavía predominan en la funesta Administración paralela de la Junta; y advertir, alto y claro, que los tiempos del chiringuito serán fulminados sin demora.

Coda: A Griñán y Zoido les encanta el ping-pong del paro. No hay pleno en el que dejen de lanzarse las cifras de Zapatero y Rajoy, a ver quién lo hizo/hace peor. Versión presidente de la Junta: “Con Rajoy hay más de 500 nuevos parados al día en Andalucía; con ZP había menos de 200”. Versión líder de la oposición: “Entre 2007 y 2011, el desempleo andaluz creció un 90%”. Reflejos de última hora de Griñán: “La crisis no es de Zapatero ni de Rajoy (…)”. La crisis es de la banca.

Reforma 13: una alternativa al sistema

Fede Durán | 8 de mayo de 2013 a las 18:46

Llevaban tiempo mascando la idea y ayer la presentaron en internet. Los hispanosuizos Daniel Ordás (abogado y político) y Juan Cortizo (letrado sin política) han diseñado Reforma 13, una alternativa al actual sistema constitucional español concentrada en seis frentes: democracia directa, listas abiertas, políticos milicianos, recauchutado de Congreso y Senado, y elección del Gobierno.

Notorios en los medios nacionales ante la profundidad del divorcio entre los ciudadanos y sus instituciones, su propuesta perturbará a los partidos de raíz conservadora y proverbial endogamia, o sea, a todos los viejos (PSOE, PP, nacionalistas) y alguno de los nuevos (UPyD). Porque, aunque la Carta Magna contempla en su artículo 23 la participación directa del pueblo en los asuntos públicos, ese mandato huele a naftalina.

Apuestas rompedoras hay un puñado. Por ejemplo, las iniciativas legislativas populares vinculantes –herramienta óptima para crear, modificar o eliminar leyes–, a un precio asequible: el 1% del censo electoral (unas 350.000 personas). O los referendos para oponerse a leyes aprobadas en las Cortes. Coste: el 0,5% (175.000). Cambiaría además el sistema de mayorías: las votaciones populares requerirían el 50% más uno de los votos válidos. Y todo voto se concentraría en el segundo domingo de cada trimestre.

Respecto a las listas abiertas, se sugieren dos posibilidades: modificar las que configuren los partidos (tachando candidatos, incluyendo a algunos de otras listas, votando dos veces a un mismo aspirante) o elaborar una a la carta donde quepan tantos nombres como escaños haya en liza. El voto personal (los obtenidos por cada candidato) determinaría el orden de reparto de los escaños y el voto de lista cuántos se lleva cada formación.

Directamente contracultural en esta España del apego a la silla es la concepción de la política como complemento: sólo los miembros de los gobiernos nacional y autonómicos y los de las Diputaciones Permanentes de las Cortes (hasta un tope de 42) ejercerán el cargo a tiempo completo. El resto cobrará unas dietas pero vivirá de la profesión previa. Es lo que en Suiza llaman políticos milicianos. En todos los casos se estrecha el corsé de la transparencia: ambas cámaras publicarán un listado de conflictos de intereses. Cada parlamentario declarará sus afiliaciones extrapolíticas (asociaciones, lobbies). Los rendimientos económicos extraordinarios (aquellos que superen el salario mínimo) se exhibirán con luz y taquígrafos.
Ordás y Cortizo no se olvidan del Congreso y el Senado, de su reparto competencial y de cómo el elector los moldea. Para empezar, ambas sedes tendrán exactamente el mismo poder y, por lo tanto, derecho de veto sobre las iniciativas que adopte su contraparte. Si los debates se enquistan y las leyes se momifican, se creará una comisión mixta compuesta por hasta 30 parlamentarios repartidos al 50%.

A la ley electoral se le da un buen achuchón. Las circunscripciones serán provinciales conforme al método Sainte-Laguë: a cada una le corresponde el número entero resultante de dividir el total de habitantes entre 100.000. Después se comprobará cuántos votos habría logrado cada partido a escala nacional. Aquellas que hayan sido perjudicadas obtendrán los denominados escaños compensatorios. En la Cámara Alta, a cada comunidad autónoma se le asignarán cuatro senadores. Las dos listas más votadas obtendrán dos. La tercera, uno.

¿Y cómo se gestiona el liderazgo? No busquen al presidente porque no lo encontrarán. Vale, eso ya ocurre en España con Mariano Rajoy, pero en este caso la intención es buena. Reforma 13 apuesta por un Gobierno obligatoriamente de coalición. Lo compondrían nueve ministros sin un primus inter pares. Cada partido con representación en las Cortes sugiere sus nueve apellidos y los ciudadanos modifican las listas y las rehacen según sus preferencias. Irían al gabinete quienes obtengan el 50% más uno de los votos o, en segunda ronda, los que logren una mayoría simple. Cada ministro tendría el mismo músculo que los demás, pero existiría un ministro de Presidencia encargado de coordinar la acción del Ejecutivo. Son los nueve líderes los que determinan el reparto de carteras y quién asume la coordinación en una cumbre inaugural y en presencia del Rey. Las decisiones adoptadas en Consejo de Ministros se explicarían inevitablemente en el Parlamento por el dirigente del ramo afectado.

El premio

Fede Durán | 8 de mayo de 2013 a las 9:57

Hace unos días asistí a una gala. El público vestía de boda, así que al principio pensé que me había equivocado. La localización era ideal: un teatro que olía a restauración, con los gallineros enmarcados en pan de oro, frescos en el techo y una alfombra rojo satén trepando hasta el escenario. Cuántos rostros bellos, cuántas pieles morenas, cuántos móviles encendidos. Porque la cosa iba de redes sociales y blogs, así que esta vez lo rudo era tolerado e incluso exigido, como acabará ocurriendo en la calle.

Todo iba pues moderadamente bien hasta que un señor de traje, ligeramente renqueante, subió al proscenio y se puso a hablar. Decían que era el alcalde, y habló de sensibilidad y cercanía, de un ayuntamiento volcado con la gente, todo oídos, todo corazón y bondad. Pensé en mi barrio y en el olor a orina y en los sin techo que duermen en mi plaza y en la suciedad permanente. Pensé que quizás el alcalde se refiriese a otra ciudad: ¡cómo iba a referirse a la suya!

Se entregaron muchos galardones. Perdí la cuenta. Los premiados llegaban y se iban como los gorriones, rápidamente, con discursos vaporosos y sencillos, y era bonito observar aquellas caras y aquellas ilusiones. Todo iba moderadamente bien, pero entonces otro político volvió a la palestra y lanzó un discurso que superaba en duración la suma de todos los discursos anteriores. Creí que el tiempo había dado un volantazo y que estábamos en periodo electoral. Fue aún peor: al terminar, el político llamó a otros políticos y el escenario se llenó de políticos. Creí que estaba en un mítin, en un acto de coronación, en el pleno de un ayuntamiento o, peor aún, en la boda del hijo de uno de aquellos líderes.

Tuve que escaparme antes del final. Ya era de noche y el calor se había apagado. La ciudad seguía ahí, sola, embelesada. Menos mal.

A bird

Fede Durán | 6 de mayo de 2013 a las 18:20

Los finales de siglo suelen ser optimistas y catárticos. El XV cerró con el descubrimiento de América y el nacimiento del imperio español; el XVIII con la revolución política en Francia y la industrial en Inglaterra; el XIX con Europa en su mejor momento y una casa imperial, la de los austrias, apostando más que ninguna antes por las humanidades; el XX con la caída del Muro de Berlín y la descomposición de la URSS. Ése es el gran consuelo para afrontar el siglo XXI: las generaciones que nacen ahora asistirán con suerte al enésimo nuevo mundo. La pena es que nosotros no vayamos a estar ahí para verlo. A nosotros nos toca la crisis más demoledora, porque no se atisba esperanza ni hay guerra que lo arregle. España no progresa. Nada ha cambiado de veras: la política se ejerce igual o peor que hace 35 años. Entonces, al menos, se fraguaban consensos. Hoy el poder se ejerce con un afilado sentido patrimonialista: hasta que me larguen, es mío y sólo mío. Y es impermeable. Y es fanfarrón, dictadorial, rodillero (de rodillo). Legislo sobre tu vida, ciudadano, porque el sistema así lo contempla. Si quieres abortar, al extranjero. Si quieres listas abiertas, a Suiza o California. Si quieres un empleo, haber nacido en Alemania.

Nada ha cambiado: la banca siempre gana, y esa máxima es de mármol. Los especuladores, los listos, los cutres, esos pierden poco. Lo demuestra la moda de las condenas a dos años de prisión, justo el límite para evitarla cuando no tienes antecedentes.

La cultura no es una dama respetada sino una puta ajada por los años y los polvos a débito. El emprendedor es un loco sin dinero en el país con más trabas. El contribuyente raso es un pardillo porque paga como si viviese en Suecia. ¿Y la parte que nos toca? El civismo, la educación, la altura de miras, el respeto, la generosidad, la intelectualidad y el resplandor de las mentes puramente únicas son cosas que no existen, que hacen reír, que apestan por ser ajenas y mejores.

Los españoles que habitan por debajo del privilegio existen con miedo, hipertrofian sus mandíbulas de tanto apretarlas, tuercen el gesto, se convierten en fieros anacoretas. El miedo masacra los espíritus. El miedo es la llave hacia el conformismo y la mansedumbre.

Haced algo, nos dicen. ¿Qué podemos hacer, además de pensar, sugerir y esperar a ver si crece algo en esta tierra que nadie riega? Podemos recurrir a la violencia. Pero, ¿queremos?

También podemos irnos. O suicidarnos. O apuntarnos a una paguita de la Junta cuando nos echen para tener al menos una litrona a mano, mear en las esquinas de las plazas y ejercer el atraco del gorrilla.

O escribir y leer. O componer. O correr. O parir. O simplemente volcar nuestros sentimientos en esas realidades paralelas frágilmente a salvo de la miseria españistaní.

Podemos hacer como Rajoy. Podemos esperar. La inercia que todo lo arrastra. La atrofia sin complejos.

Me van a permitir que me despida en inglés tomándole prestado un poema a Lia Purpura. Sus palabras proyectan colores. Justo lo que necesitamos.

In the beginning

in the list of begats,

one begat

got forgot:

work begets work

(one poem

bears

the next).

In other words,

one there was air,

a bird

could be got,

Not taken.

Not kept.

But conjured up.

Estupidez impositiva

Fede Durán | 3 de mayo de 2013 a las 12:17

SÓLO Suecia, Dinamarca y Bélgica superan a España en la suma de gravámenes de los tres grandes impuestos europeos (IRPF, Sociedades e IVA). En lo que va de legislatura, el Gobierno de Rajoy los ha subido todos. Andalucía se apunta a la fiesta con el segundo tramo autonómico más elevado en el impuesto de la renta, sólo por detrás de Cataluña. Existen asimismo tributos exclusivamente andaluces: hasta cuatro en el ámbito medioambiental (emisión de gases a la atmósfera, aguas litorales, residuos radioactivos y residuos peligrosos); uno en el financiero (depósitos de clientes); otro sobre las bolsas de plástico; y el denominado canon de mejora, que grava la utilización del agua de uso urbano. El vicepresidente de la Junta, Diego Valderas, adelantó esta semana que en breve habrá nuevas figuras impositivas.

Los ayuntamientos se nutren del IBI (su gran mina); un IAE afortunadamente descafeinado por la exenciones, que benefician a quienes facturen menos de 1 millón de euros; el impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras; el de vehículos de tracción mecánica; el de plusvalías (incremento del valor de los terrenos de naturaleza urbana); y el de gastos suntuarios (cotos de caza y pesca). La guinda la ponen las tasas. En Sevilla, por ejemplo, existen 28. En Cádiz 22. Y en Málaga 13. Para no cansar al lector, este listado no incluye los precios públicos.

Con semejante despliegue recaudador, cualquier español, y sobre todo cualquier andaluz, está legitimado para creer firmemente que las administraciones públicas en torno a las que orbita su vida fiscal funcionan bajo el principio irrenunciable de la excelencia. Es obvio que espere ciudades limpias y seguras, una educación a la altura de Harvard y Oxford, y la sanidad a la que cualquiera se encomendaría ciegamente cuando vienen mal dadas. Es aún más obvio que presuma una atención exquisita en ventanilla, una eficacia probada y una seriedad tan nórdica como las cifras que paga.

Nuestra educación primaria y secundaria es mala y empeora; la universitaria todavía exporta talento pero está lejos de las cumbres mundiales (ninguna se cuela en el top 50); hay un exceso fraudulento de másteres; el sistema sanitario convive con la pérdida progresiva de recursos y con el pernicioso fenómeno de la privatización; la atención en ventanilla es pésima; la eficacia una utopía y la seriedad una extravagancia. El dinero que riega las arcas del Estado, la Junta y los ayuntamientos no pretende mejorar la vida del atribulado contribuyente sino tapar los derroches del pasado (lo llaman déficit) sin dejar de eternizar la superestructura de los privilegios de la casta a través de cientos de miles de cargos, organismos, dietas, flotas, protocolo y viajes en primera. La singularidad andalusí se manifiesta vía subsidios o paguitas, para quien verdaderamente los necesita pero también para quienes llevan siglos viviendo del cuento. En este contexto, pagar emparienta no con el ideal del bien común sino con la lacra de la estupidez.

La revolución congelada

Fede Durán | 30 de abril de 2013 a las 8:00

Es muy probable que Rubalcaba renuncie a seguir siendo la primera letra de la marca PSOE. Independientemente de las razones político-personales que le inclinen hacia el adiós, hay otras de puro sentido común: el candidato más cruelmente derrotado por el PP representa, igual que Rajoy, a la vieja guardia, ésa que considera perfecta la democracia representativa, la del motor que sólo necesita gasolina popular cada cuatro años. Conforme a esta lógica, Madina (1976) sería siempre mejor candidato que Chacón (1971) y López (1959), y lo sería sencillamente porque ha estado menos tiempo en contacto con el ejercicio tradicional del poder, aunque proceda de las mismas canteras ideológicas y orgánicas en las que se criaron los demás.

José Bono, el único ex ministro socialista que siempre ha parecido más del PP que de los suyos, acierta y yerra a la vez cuando aconseja a quienes manejan hoy las riendas que se olviden de los egos y las quinielas y se dediquen a pactar con el Gobierno para salir de la crisis. Acierta porque al ciudadano esas cosas le dan ya igual. Las encuestas retratan a los españoles como seres desencantados con sus gobernantes, cabreados con su país y aterrados con su futuro. Yerra porque esa misma gente, incapaz de traducir sus frustraciones en un movimiento diferente –a la manera, por ejemplo, del MS5 italiano, o del Partido Pirata islandés, o incluso, aunque sean veteranos en esto, de los Verdes alemanes–, necesita mensajes de optimismo y cambio incluso si proceden de uno de los grandes aparatos del poder ibérico.

Madina, o Chacón, o el delfín oculto en los fondos abisales y aún desconocido para todos demostrarían una inteligencia a la altura del cargo si fuesen capaces de lanzarse a la Presidencia del Ejecutivo con la regeneración por bandera. A menudo se concluye que esa purificación ha de consistir sólo en no robar o traficar con influencias, pero el mandato va mucho más allá, tal y como demuestran las dinámicas emergentes en otros países. La política debe despojarse del paternalismo, que no es más que una forma de dominación, y recomponerse como una vocación por el bien común donde cada acción, en tanto nacida de un dirigente, está sometida a la rendición de cuentas, la transparencia radical y la permeabilidad del votante, sujeto otrora pasivo pero inexorablemente activo en los próximos tiempos.

Dignificar y recomponer exige al fin y al cabo otra manera de pensar, una que se alimente de espíritus no tan suspicaces ni tan retorcidos, una que contraponga la pureza de los valores al alquitrán del cinismo. Los debates entre Azaña y Ortega demuestran que ese camino ya existió en España, como también ha existido en Europa (Capek y Masayrk) y en el resto del mundo (Mandela y Declerk). La pena es que aquí las transformaciones sean tan exasperantemente lentas. Un español tiende a dilatar su revolución hasta que el planeta está bien asentado en el siguiente peldaño de la Historia. Miren el contraste con esa Grecia en llamas. Aunque no mamen, ellos al menos luchan.