9-N: The Walking Dead

Fede Durán | 10 de noviembre de 2014 a las 17:55

JORNADA DE PARTICIPAICÓN

A veces un conflicto se reduce a un asunto de perspectiva. Siempre obsesionada con Europa, Rusia ha despreciado históricamente su extremo oriental, apenas poblado por 27 millones de habitantes y aislado por la inmensa cuña siberiana. El San Petersburgo de los zares miraba a París y Berlín, igual que el Moscú comunista, que también tiraba de luces largas para atravesar el Atlántico y enfocar a Washington. Sólo hoy los rusos comienzan a entender que el futuro, sin dejar de estar cerca del Viejo Continente, quizás pase a la vez por explotar la zona económicamente más potente del planeta, compuesta por Tokio, Seúl, Pekín, Shanghái y Hong Kong. Vladivostok debería incorporarse a esa liga.

La Cataluña política y cada día más la Cataluña civil –un tercio actualmente– han preferido mirar hacia dentro, ensimismarse y construir un fabuloso relato de heroicidades propias y culpas ajenas, gracias en gran parte a los medios de comunicación, trajeados de cipayos; a un sistema educativo que poco a poco ha olvidado su mandato transversal; y a una masa social asqueada con la crisis y dispuesta a comprar ceguera a cambio de atardeceres ámbar.

Por sus propios flujos de poder, esa Cataluña política propiedad de CiU se ha decantado por facilitar las mayorías precarias de PSOE y PP en el Congreso a cambio de conquistas competenciales y silencios judiciales (caso Pujol), pero nunca ha ensayado una fórmula de verdadera implicación en la agenda global del país. Esa vía, cuyo éxito o fracaso es corresponsabilidad del Gobierno central, era el Vladivostok catalán.

Las cosas han seguido otro camino. España, sin matices, es el enemigo. Cataluña ansía “la libertad”, la democracia, una realidad sin techo donde desaparecerán el paro, la corrupción y todos esos otros vicios tan hispanos. Para lograr el objetivo, ha optado por sortear las leyes, enarbolar un contrato ya cerrado, culpar a Rajoy de inoperancia, presionar a sus ciudadanos para que salgan a la calle, ahondar en el manual del buen catalán y aclarar que se saldrá con la suya caiga quien caiga. El resto simplemente observa, entre perplejo y hastiado, un relato que corta lazos sentimentales y en cierta forma asusta. Una tierra donde los matices son marginales, la autocrítica pobre y el clamor popular tan unívoco es una tierra zombi.

Iñaki Anasagasti, senador y cromo clásico del PNV, comentaba hace años a un observador internacional el modus operandi del nacionalismo vasco. Empezamos pidiendo, y un día nos dieron, así que seguimos, y siguieron dándonos, y entonces vimos lo fantástico que era todo esto. El problema es que CiU se ha saltado varias paradas y ha aparecido directamente en la estación final, envalentonando a ERC, anulando por acomplejado al PSC y empujando a muchos dirigentes no secesionistas a un rocambolesco juego de equilibrios dialécticos para no parecer enemigos de la tribu (Duran Lleida, Herrera). Lo que en adelante debe plantearse España –incluidas las Españas extrapolítica y catalana– es si merece la pena insistir en la unión teniendo en cuenta que este pulso es tendencialmente infinito. Aun integrándose transitoriamente, aun con más protagonismo en Madrid, el ex nacionalismo catalán –verdadero capo de esta historia– encontraría tarde o temprano exigencias no atendidas cuyo corolario serían de nuevo las islas utópicas unilaterales. Lo que piense la mayoría de Cataluña sólo importará cuando coincida con el guión oficial. Qué pena. Y qué estafa.

Coda 1: 1,8 millones de catalanes sobre un censo de 6,2 han votado sí (a un Estado propio) y sí (a la independencia). No llega al 30% del total. Pese al panfletismo. Pese a la maquinaria. Mas debería dimitir. Ya debió hacerlo en 2012, cuando perdió 12 escaños. Pero el hombre es terco.

Coda 2: complejidades. CiU secuestra la vida política catalana, teledirigiéndola hacia donde más le conviene, y la sociedad difiere de su última apuesta pero sigue votando soberanismo cuando llegan las elecciones. Eso significa que el PSC ha muerto por ambiguo y sólo resucitará si recupera su discurso integrador y plural sin miedo al qué dirán. Una parte importante de Cataluña anhela terceras vías. Fiel a su tradición marciana, el PP sigue fuera de juego, incapaz de tejer seducciones más allá del binomio Madrid-Valencia.

Andalucía: paro y emigración juvenil

Fede Durán | 9 de noviembre de 2014 a las 17:34

Exiliado económico. Seis años de crisis después, ya ni siquiera es un concepto novedoso. Son los ciudadanos que, forzados por la pertinaz crisis, prueban en otras latitudes para sortear las escaseces a las que habitualmente se ven abocados si se quedan. Andalucía perdió entre 2008 y 2013 a 33.552 españoles, según el Instituto Nacional de estadística (INE). Más de un tercio de ese contingente (11.440) se mueve en la horquilla de los 20 a los 34 años, circunstancia lógica cuando la tasa de paro juvenil en la región roza el 73% entre los 16 y 19 años y el 60% de los 20 a los 24.

Coincidiendo con la no tan inopinada vuelta a la recesión europea, el flujo de fugas se ha moderado entre los más jóvenes (2.145 en 2013, 2.473 un año antes), aunque mantiene el vigor en términos absolutos (6.331 en 2012 versus 8.712 el pasado ejercicio). Si se suman todas las nacionalidades, la región pierde en ese bienio 7.908 efectivos, la diferencia entre quienes hacen el petate (87.804) y los que aterrizan (79.896).

La Junta presentó en febrero de 2013 un plan de empleo llamado a generar 42.000 trabajos y dotado con 500 millones procedentes de la UE. El foco se ponía en la juventud, los parados de larga duración con especiales cargas familiares y los territorios singularmente afectados. Jamás se ha divulgado balance alguno de aquellas actuaciones.

Esta misma semana, el consejero de Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, se ufanaba de los más de 41.000 contratos para menores de 30 años que se firmarán gracias a otro plan anunciado en abril por la presidenta, Susana Díaz.

El rosario de opciones es aparentemente espectacular. Están las becas 6000, las Segunda Oportunidad y las Talentia; los cursos de internacionalización de Extenda; el programa Da Vinci y los de cualificación profesional; las ayudas de Inturjoven para aprender idiomas en el extranjero; el portal Ícaro; o los créditos blandos de la agencia IDEA. Nada detiene la sangría: la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre retrató a Andalucía como la única comunidad donde el paro sigue al alza.

“Este batiburrillo de planes constata el propio fracaso de la Junta”, critica Carlos Rojas, portavoz del PP en el Parlamento andaluz. “La filosofía es asistencial. Unos meses de trabajo y luego a la calle. A esto se suma que la Junta se convierte en un problema cuando ahuyenta la inversión por su permanente inseguridad jurídica. ¿Y dónde está el prometido bilingüismo? No existe ni en el 20% de la educación pública”, arguye. Los populares apuestan por una FP dual a la alemana, el fomento de las prácticas en empresas, una batería de incentivos fiscales a la contratación de recién licenciados, el coworking y las plataformas de crowdfunding.

José Antonio Castro (IU) habla de “parches que no detienen la brecha”, “sucesivas reformas laborales que han ahondado en la precariedad” y un exilio “que incluso supera los registros de los años 60″. “Se invierten hasta 80.000 euros de dinero público en la formación universitaria de cada alumno y resulta que después muchos se van. Si la alternativa es firmar un contrato por 600 euros al mes en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), pues me parece normal”, concluye. Los Presupuestos de 2015 incluyen una iniciativa para fomentar el regreso de investigadores, “pero se trata de un apaño temporal para pocas personas porque no se garantiza un puesto fijo”, destaca Castro, cuya federación gobierna en coalición con el PSOE.

La voz más activa de Podemos en Andalucía es Sergio Pascual, que recuerda que hay muchos círculos del partido en el extranjero. En su opinión, a la Junta le pierde la “cosmética”, y cita un ejemplo: sólo se aceptan el 20% de las solicitudes de becas para alumnos en riesgo de exclusión. También denuncia que se anuncien incentivos para el empleo cuando “en paralelo se cierra el año presupuestario en octubre, impidiendo la ejecución de proyectos que estaban sobre la mesa”. Y advierte que desde 2008 la Junta ha dejado sin ejecutar 300 millones en políticas de empleo. “No se ha abandonado el ladrillo ni se ha apostado por la excelencia. Seguimos dependiendo del turismo y el campo”, zanja.

La problemática puede abordarse asimismo desde la vertiente académica. Isidoro Moreno es catedrático de Antropología Social, disciplina que fundó en la Hispalense. “Los que estudian ahora en Secundaria y la universidad ven cerrado el horizonte, y eso es una desmotivación incluso para la propia formación. El número de estudiantes no baja porque no tienen otra cosa que hacer”, plantea. “Al oficialismo le interesa que se marchen porque así es más fácil contener la tasa de paro. No estamos en un momento tan diferente al franquismo”. ¿Y el asunto demográfico? “Si nace mucha gente y su destino es estar bajo el umbral de la pobreza, no sé si convienen esos nacimientos”, asevera.

Tampoco se corta Felicidad Loscertales, catedrática de Psicología Social. “La juventud es hedonista porque la hemos educado así. Se van porque no tienen un duro, pero las cosas serían diferentes si enseñásemos como en Finlandia, si existiese una cultura del esfuerzo, si los padres no amedrentasen a los profesores, si hubiese itinerarios formativos que entusiasmasen. Desde aquella maldita Logse, lo veo todo muy negro”, describe.

Este diario intentó sin éxito recabar la opinión de la Consejería de Economía y Empleo sobre el asunto.

Apple, Samsung y el dragón chino

Fede Durán | 7 de noviembre de 2014 a las 12:15

LA industria del teléfono móvil funciona como una secuencia de estrellas fugaces. Cuando aún no se ha apagado el brillo de la última novedad, la siguiente ya le come kilómetros al firmamento. Es una desenfrenada carrera hacia el infinito donde la tecnología se administra con cuentagotas para no matar al verdugo. La guerra entre asteroides es triple: contra sí mismos, contra el resto de marcas grandes y contra las firmas más o menos alternativas. Del primer caso el mejor ejemplo es Apple, usurera de sus invenciones, adicta a las subidas de precio poco justificables y partidaria de la jaula (el sistema operativo iOS) antes que del campo sin puertas al que muy tímidamente se aproxima (Android).

Es normal que los boxeadores del mismo peso se midan en el mismo ring. Aunque Apple venda más que nunca, Samsung (que pierde más que nunca) posiblemente construya mejores dispositivos: por especificaciones, su modelo más reciente, el Galaxy Note 4, es netamente superior al iPhone 6 Plus. Las cosas se igualan en las pruebas de rendimiento; las distancias se mantienen (o amplían) en cuanto a versatilidad, funciones, posibilidades. Google siempre ha apostado por un camino intermedio: sus móviles los diseña -al dictado- un tercero (Samsung, LG y ahora Motorola, que ya no es americana sino china). Es como coger una cáscara vacía y rellenarla con una nuez más sabrosa. Android Lollipop, el microcosmos enemigo de iOS, promete la libertad habitual con un acabado más Apple, es decir, más hermoso y sencillo. Es pronto para saber cuánto venderá su Nexus 6, pero no es precipitado señalar que las anchas riberas del mainstream están más cerca que nunca, en lo bueno (calidad suprema) y en lo malo (importe).

El problema de los colosos son las hormigas que brujulean a sus pies: sin renunciar ni al diseño ni a la potencia, insectos como Oppo (incluida su filial OnePlus One), Huawei, Xiaomi o la española BQ corroen el zócalo del bienestar multinacional por una razón primaria y quizás por otra secundaria. (1) La relación calidad/precio es brutal. (2) ¿Qué sentido tiene desembolsar entre 700 y 1.000 euros por un aparato que en dos o tres años tendrá un buen puñado de achaques -si no ha quebrado, lo han robado o se ha extraviado antes-?

Fabricar los nuevos iPhone le cuesta a Apple 176,7 euros por unidad, según la web teardown.com. El modelo más barato se vende por 699. El Note 4 carga a Samsung un esfuerzo de 200 euros y está en las tiendas por 749. Son generosísimos márgenes de beneficio. Lo curioso es que Apple sea capaz de seguir sobre el burro mientras la competencia china destroza a Samsung y se mantiene la incógnita de Google, y aquí brotan las explicaciones sociológicas. En Cupertino cuentan un cuento remotamente similar al del Rey Desnudo: la seda del vestido es tan bella que si no la ves eres tonto. Como en el parnaso, el músculo está por detrás de la miel, y la miel es una de las huellas dactilares del lujo. Apple no moverá un dedo mientras la fórmula funcione, pero, ¿qué puede hacer Samsung para salvarse? En parte, lo que ya hace: perfumar su catálogo del mismo boato al que recurren los amigos de H. C. Andersen. Y en parte, lo que no quiere hacer: ganar menos por pieza para acabar ganando más en conjunto. Por una vez, el Dragón Amarillo contribuye a rebajar los elevados índices de estafa del planeta.

Podemos: luces y sombras

Fede Durán | 3 de noviembre de 2014 a las 20:28

PRESENTACIÓN LIBRO "DISPUTAR LA DEMOCRACIA" DE PODEMOS

La dureza del trato dispensado a Podemos no es sólo fruto del miedo del binomio PSOE-PP a perder gran parte de su influencia. Una parte del electorado desencantada con el viscoso flujo de los acontecimientos busca una alternativa pero desconfía de los salvapatrias. Y Podemos casa para muchos con esa silueta.

Embutirse en el traje de superhéroe es sencillo cuando se carece de pasado. Puede prometerse todo porque la práctica no ha hecho imposible nada. El Parlamento Europeo no es un botón de muestra: cinco diputados en un magma de 751 apenas conforman un hilillo de voz desde el que tejer contrapuntos resultones, reivindicativos o directamente iconoclastas sin incidencia real. La solvencia se acredita mandando, y la naturaleza metafísica del partido más rompedor de la democracia española (existe sin estar, o está sin existir) es un arma de doble filo: permite prometer con generosidad, pero esa generosidad puede volverse en contra cuando se convierta en contrato.

El transcurso del tiempo y la mejora de las expectativas electorales (CIS, Metroscopia, Demoscopia, Centre d’Estudis d’Opinió) suaviza a la vez los maximalistas planteamientos iniciales. A cada gran formulación le crecen letras pequeñas, duendes que matizan. La renta básica ya no será universal. El impago de la deuda será reestructuración. El control público de los medios de comunicación privados será más bien la exhibición transparente de sus entramados accionariales. Es la consecuencia de comprender que habrá una oportunidad seria de gobierno. Ahora la prioridad es ensanchar la base electoral robándole votos a las orillas moderadas de derecha e izquierda, esos ciudadanos de la nebulosa ideológica que hacen ganar elecciones en España.

“Se lo estamos dando todo hecho a Podemos”, admitía la semana pasada Esperanza Aguirre, la baronesa inmortal del PP madrileño. Tiene razón. La secuencia de salpicaduras corruptas parece diaria y transversal, convirtiéndose en sumidero para los partidos clásicos y a la vez en granero para la opción outsider. Del lodo del sistema nace parte del éxito de sus redentores. El gremio político se instaló, acomodó y perpetuó sin que jamás hayan existido mecanismos efectivos de control para sus desmanes y conexiones (oda a aquel luminoso y breve ensayo de Muñoz Molina). Peor aún, el dirigente español tipo nunca se ha entendido a sí mismo como apoderado o albacea sino como superior jerárquico incontestable, ejerciendo una suerte de tutela a menudo despectiva sobre ese menor de edad llamado administrado. Y, sin embargo, otra cuña del tirón de Podemos es mérito exclusivo de sus promotores, profesores de Ciencias Políticas, excelentes comunicadores y en general profesionales con buena cabeza. Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, JC Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre (además de Pablo Echenique o Sergio Pascual, entre otros satélites) han bordado el discurso, rozando con su perfección dialéctica la definición pura del vocablo demagogia, aprovechando el opio hispano de la TV y despedazando en directo a sus oponentes no sólo por la valía propia sino por la incompetencia ajena (verbigracia: Eduardo Inda).

Aparte de la promiscuidad utópica, Podemos arrastra dos importantes defectos, ambos potencialmente subsanables. El primero es la economía. Su programa en construcción es un blanco fácil pese al equipo de expertos que trabaja por darle números a las ensoñaciones. La entrevista que Miguel Ángel Belloso y Miguel Ors hicieron a Iglesias en Actualidad Económica es el mejor ejemplo. Un presupuesto es una galaxia de retículas: si tiras de un cable, el conjunto se resiente y hay que compensar. La renta básica (no) universal dispara el déficit pero alienta (dicen en Podemos) el consumo, y además está la lucha contra el fraude fiscal, que nadie sabe por qué con estos señores tendría que funcionar mejor que con todos esos ministros previos que han hecho de esa misma prioridad una cuestión de Estado tributario. Es sólo un apunte de las costuras que cuelgan de este flanco.

El otro problema se llama Juan Carlos Monedero, más como concepto que como individuo. Sin dejar de ser un tipo hábil, Monedero representa justo aquello que no conviene a Podemos: los extremos, la violencia verbal, el desprecio al contrincante, la (supuesta) superioridad intelectual, la ortodoxia. Hace menos de dos semanas le entrevisté en este periódico. En un pasaje del diálogo, le pregunté por el emprendimiento y contestó con una frase incendiaria que resta miles de votos: “En España emprender es prácticamente robar”.

Sobrevuela asimismo una duda razonable. Actualmente, Podemos lucha por agradar sin renunciar a sus códigos, pero si debuta en palacio se enfrentará al Efecto Cetro, Trono y Burbuja. El complejo visionario sustituye entonces a menudo a la prudencia del agricultor de apoyos (Felipe, Aznar, Zapatero, trébol de víctimas); la audacia sin bridas releva al equilibrio; la erótica del poder engulle las escasas reservas de humildad del triunfador (no tan) sorpresivo. Pablo Iglesias ha confesado a Jordi Évole que le encantaría presidir sin renunciar a sus tertulias televisivas. Es una pista de dónde anida las tentación. España, además, tiene cuando menos dos almas, y disponer de espaldas a una de ellas es condenarse al fracaso a corto/medio plazo.

“El pasado no existe. Todo empieza ahora”, afirma Big Country en Galveston, la novela de Nic Pizzolatto (True Detective). Es lo que subrayan las encuestas. Podemos no necesita un relato para justificarse: ya está aquí y de momento no se diluirá. El bipartidismo ha muerto, viva la atomización. El poder que acabe acumulando la otra doble P dependerá de varios factores: el alcance de la regeneración entre las fuerzas más curtidas y avejentadas, la renuncia al órdago de la tierra quemada (Bruselas no es el enemigo, aunque a veces lo parezca), el tránsito a la segunda línea de los alfiles más antipáticos, la consistencia de las cifras que han de avalar la transformación del país y el azar, por supuesto el azar que palpita en 12 meses de distancia hasta las generales.

A Podemos se le pueden atacar sus brindis solares cuando carecen de bastidor, sus salidas de tono, sus dudosas asociaciones geográficas (asociación no es sinónimo de mímesis), su irreal oposición al capitalismo (no se trata de eliminarlo sino de refundarlo borrando el epíteto “salvaje”) y hasta la reciente constatación de su falible naturaleza humana (asamblea constituyente, Iglesias vs Echenique, la amenaza de una retirada si el modelo organizativo no se adaptaba al dictado del macho cuasialfa). No parece ecuánime, sin embargo, tratar a la protoformación con la misma o mayor dureza que a quienes han masacrado la credibilidad del país y vaciado las arcas públicas, empobreciendo a las clases medias y bajas, condenando a los más jóvenes y sacralizando un modelo productivo desierto de talento e innovación donde el mando recae por defecto en incapaces, zotes y paniaguados.

Rayos y truenos aparte, el mérito es fabuloso, y no sólo demoscópicamente hablando. Podemos es el Hombre del Saco, el Lobo Feroz con que sueñan Rajoy y Sánchez, Lara y Díaz, el abrupto epílogo a los 120 Días de Sodoma, la mansión sin puertas de El Ángel Exterminador. Tan cegador es el sol, tan potente el foco, que hasta Aguirre, la misma que designó adláter a Granados, la del ya remoto Tamayazo, habla como Pablo Iglesias. Es un tic inquietante tras el que hibernan el instinto de supervivencia y un evidente complejo de inferioridad moral, el mismo influyente complejo que poco a poco agujerea las consciencias de los líderes para acercarlos a aquel a quien temen y odian.

Suecia, España y un saco de euros

Fede Durán | 31 de octubre de 2014 a las 8:00

SUECIA, recurrente musa, baliza en la noche eterna de la crisis, paradigma de la buena socialdemocracia. Suecia, el espejo en que se miran quienes en el sur insisten en inyectarle esperanza al cuerpo social moribundo, quienes confían en la bonhomía, quienes sostienen que la idiosincrasia no es un código climático y genético.

Y más allá de la filosofía y el voluntarismo, Suecia: 9,5 millones de habitantes, tercer país más extenso de la UE, segundo del mundo en calidad de vida según la OCDE, tercero menos corrupto según Transparencia Internacional, ajeno al euro, orgulloso de su pasado rural y del formidable estirón económico operado en apenas un siglo.

La presión fiscal es alta sobre las rentas del trabajo y los contribuyentes lo aceptan porque saben cuál es la contrapartida y hasta dónde llega la diligencia. Ejemplo de lo primero: sanidad gratuita, desayuno y comida a cuenta del Estado en el colegio a partir de los seis años, eficaz sistema de préstamos universitarios (se devuelven cuando se encuentra trabajo a un interés aproximado del 6% y con fecha límite en los 68 años o la muerte; en tal caso la deuda la asume la Administración). Ejemplo de lo segundo: Hacienda es una de las instituciones más valoradas por los ciudadanos; las agencias y organismos públicos son rigurosamente independientes, están a salvo de las garras del señor ministro.

Se trata, además, de la nación con mayor natalidad de Europa (1,9 hijos por mujer, quizás porque fija ayudas muy superiores al fenecido cheque-bebé de ZP y otorga a los padres 16 meses de permiso a repartir casi libremente), goza de una envidiable red de apoyo a la dependencia y aprovecha las nuevas tecnologías para minimizar la siempre insufrible burocracia.

La web de la OCDE permite comparar los índices de calidad de vida. España supera a Suecia en vivienda, red de apoyo social, seguridad y equilibrio entre la vida personal y laboral. Sucumbe, por el contrario, en salarios, trabajo, educación, medio ambiente, compromiso con la democracia, salud y satisfacción existencial (how happy you are).

Cuando un partido –Podemos– muestra su programa y aclara que aspira a recopilar las mejores aportaciones de cada lugar (Pablo Iglesias ha hablado de Suecia, pero también de Suiza, Francia o Islandia), ignora a la vez los límites geográficos, culturales y epidérmicos del conjunto que aspira a gobernar. España siempre ha sido como es (Rinconete y Cortadillo, o El Lazarillo de Tormes, o La Vida del Buscón, o La Escopeta Nacional, o los sublimes episodios de Pérez Galdós), y cuesta pensar que vaya a dejar de serlo. Tal vez la respuesta al mal endémico esté en la meteorología (¿son distintos los españoles descendientes de aquellos alemanes que se trajo Carlos III, o de aquellos genoveses seducidos por el comercio con las Américas?). Tal vez se encuentre en una sociedad donde el núcleo lo conforma no el individuo (como en Suecia) sino la familia, con la carga tribal que a menudo ello implica, con el proteccionismo que arrastra, con esa clásica idea subyacente: robar por los míos (clan Pujol como punta del iceberg) no es robar.

Es hermoso imaginar el cuadro perfecto. Incluso trasladarle al administrado el cariño que cree merecer. Pero la prueba del algodón es un cuarto sin cámaras, un saco de dinero y un hombre frente a él. España será Suecia cuando esa escena no termine como usted y yo sabemos.

España: presente gris, futuro negro

Fede Durán | 29 de octubre de 2014 a las 21:33

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, evoca metódicamente el karma del PIB (+1,2% interanual en el segundo trimestre) para afirmar que España mejora cada día, creando empleo, financiándose a tipos razonables en los mercados internacionales y granjeándose el respeto de las grandes economías entre las que ya no está. Un sinfín de informes procedentes de distintos espectros ideológicos rebate semejante conclusión y arroja un retrato del país goyesco, áspero, seco. La modesta salud de lo macro esconde el imparable deterioro de lo micro.

Recién salido del horno, el VII Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social de Cáritas es contundente: España es el segundo país con un reparto menos equitativo de la renta (índice Gini) tras Dinamarca (han leído bien). El 41,5% de la población está excluida del mercado laboral y otro 29,2% de la vivienda. Apenas un tercio de los ciudadanos está plenamente integrado en la sociedad. En Andalucía, por ejemplo, el 10% más rico ha mejorado su renta un 0,09% entre 2008 y 2012, es decir, ha podido mantenerse, pero el 10% más pobre se ha dejado un 4,32%.

La exclusión corroe por igual a hombres y mujeres, pero se ceba con los jóvenes de hasta 29 años (66,6% del total), los extranjeros (extracomunitarios y nativos de los 12 estados de la ampliación a 27 de la UE) y los peor formados. Incluso entre quienes trabajan, un 15,1% lo hace en pésimas condiciones.

Estas estadísticas pueden combinarse con muchas otras. El 25% de los recién graduados con empleo ejerce uno de baja cualificación, según el Ministerio de Educación. Quizás se trate de la famosa devaluación interna con la que el Ejecutivo dice haber sorteado la crisis. En las carreras de Artes y Humanidades, el nivel de ocupación apenas llega al 49%.

Unicef sostiene que la pobreza infantil en España ha crecido hasta los niveles de hace una década. La inversión por niño se ha contraído un 15,3% entre 2007 y 2013, según la institución, que también advierte que las Administraciones dedican un 1,4% del PIB a la protección social de la infancia y la familia frente al promedio del 2,2% de la UE. Sólo Rumanía exhibe un índice de pobreza infantil mayor al hispano (Cáritas Europa). El abandono escolar está en un 23,5% y el fracaso en un 23,1%. La puntuación media de los estudiantes españoles aterriza en los 490 puntos (comprensión lectora, matemáticas, ciencias) cuando la media de la OCDE sube hasta los 497, subraya el informe PISA.

Paro, carencias materiales y marginalidades civiles suelen ir de la mano de un sector público ineficaz en la construcción del Estado del bienestar, la jerarquía del gasto y el castigo de las corruptelas. La ONG Transparencia Internacional ubica a España en el puesto cuadragésimo de su liga de Percepción de la Corrupción con 59 puntos, siendo 100 un paisaje límpido y cero una república bananera. Singapur (86), Barbados y Hong Kong (75), Uruguay (73), Bahamas, Chile y Santa Lucía (71), Emiratos Árabes Unidos (69), Estonia (68), Botswana (67), Bután (63), Taiwán (61) o Brunei (60) nos sacan los colores. Son datos de 2013. Los ERE, el caso Bárcenas, las tarjetas negras de Caja Madrid, el escándalo de los cursos de formación, la fortuna de los Pujol en paraísos fiscales, la espesa telaraña destapada con la operación Púnica o la calderilla amasada por el líder sindical minero José Ángel Fernández Villa podrían disparar la cotización española en esta muy dudosa competición.

Fundada en 1960 y compuesta actualmente por 34 países, la OCDE prepara cada año otro jugoso estudio, esta vez sobre la calidad de vida. Son los propios habitantes los que puntúan los aspectos clave de sus existencias, siendo la nota final fiel reveladora de virtudes y carencias. España saca un 2,6 sobre 10 en empleo y un 2,9 en ingresos. También suspende en felicidad (how happy you are), 4,7, y aprueban raspados el compromiso con la democracia (5) y la educación (5,3). El medio ambiente (6) y la vivienda (6,8) están en tierra de nadie, y en la cumbre destacan los elixires latinos de la vida en sociedad (8,7) y el equilibrio entre la vida personal y profesional (9,4), con la salud (8,7) y la seguridad (idéntica marca) rozando el sobresaliente. “En general, el 65% de los españoles afirma experimentar más sensaciones positivas (descanso, orgullo por los logros cosechados, diversión) que negativas (dolor, tristeza, aburrimiento) en un día estándar, por debajo del 76% que registran de media los países miembros de la OCDE”, enfatiza el documento.

Hablábamos de la salud de hierro del compatriota tipo, fenómeno que choca con el muro de la sangría demográfica. Si Suecia es el país con mayor natalidad en la UE (1,9 hijos por mujer), España se queda en 1,26, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE). Con esa tendencia, los nacimientos caerán un 24,8% en 14 años y el país perderá en medio siglo cinco millones de habitantes. El 38%, además, tendrá al menos 66 años. Es un círculo vicioso potencialmente infinito: en 2063, la esperanza de vida de las mujeres se incrementará en nueve años, hasta 94,3, y la de los hombres en casi 11, hasta 90,9. Sociedades gerontocráticas donde la falta de efectivos nos acercará a un paisaje marciano. Japón, asesiado por el mismo problema, recurre aún modestamente a robots para el cuidado de sus mayores. Es la estampa del futuro. Para quien pueda pagarla.

Los gastos dependen de los ingresos, y éstos, en gran medida, del músculo que muestre el colectivo para los negocios. Doing Business, la biblia del Banco Mundial al respecto, instala a España en el puesto 33 de 189, aunque perdamos toneladas de prestigio en el detalle. Apertura de un negocio, lugar 74; registro de propiedades, 66; obtención de crédito, 52; pago de impuestos, 76; cumplimiento de contratos, 69; protección de inversores minoritarios, 30; y resolución de la insolvencia, 23.

Congelada ETA con tres años sin atentados, las últimas encuestas del CIS determinan que el paro y la corrupción son las principales preocupaciones de los españoles. La próxima semana, el ente publicará un nuevo barómetro sobre intención de voto. La muestra se recogió en pleno apogeo del caso tarjetas de Caja Madrid, con imputados de renombre como Rodrigo Rato y Miguel Blesa. La indignación y el hastío pueden alimentar la sorpresa. España necesita redecorar un futuro que pinta negro.

¿Utopía? Compromiso

Fede Durán | 24 de octubre de 2014 a las 12:31

HASTA la fecha nadie ha opuesto una alternativa que mejore el capitalismo, como tampoco existen sistemas infalibles desde el instante en que son construcciones humanas, basadas en sus ideas y sus conocimientos pero también en sus conductas. El capitalismo de hoy, con diferentes gradaciones, muestra al mundo terribles heridas: la desigualdad, la voracidad de las enormes y a la vez invisibles corporaciones, el declive de lo público, el altar del consumismo salvaje y una superficialidad imparable que destruye poco a poco el espíritu, el civismo y el humanismo.

Tampoco hay que ser miope. Marx y Gramcsi son tan musas como Krugman o Stiglitz. Las reparaciones parten muy a menudo del sentido común, de las sabias combinaciones, del diagnóstico adecuado, un destino al que se llega mejor sin bilis. España es un país muy imperfecto. Flaca ha sido su experiencia democrática, traumáticos sus intentos de distanciamiento de casas reales y dictaduras, escasa su proyección económica más allá del trile del ladrillo, nula su apuesta por la diferenciación innovadora, insufrible su articulación territorial… A la vez, el español es catedrático en resiliencia, generoso en la escasez y a menudo más capacitado que sus superiores administrativos. La política ha contagiado sus males a otros sectores sociales, cargándose la meritocracia, y ésa es la primera labor de rescate. Ahí reside el gran activo de Podemos, una fuerza todavía metafísica que genera miedos y empuja a cribas que de otra manera jamás se producirían.

España, la España no alineada, bastante indignada y obstinadamente granítica debería plantearse las siguientes preguntas si llega a ser mayoritaria: ¿Es posible mejorar la sanidad y la educación -las dos grandes partidas del gasto- recortando aparato burocrático y privilegios palaciegos? ¿Está al alcance de la mano reformar de una vez la universidad? ¿Y potenciar la I+D sin concesiones? ¿Y rebajar la burocracia? ¿Y revisar las cargas fiscales? ¿Y suprimir el Senado? ¿Y ejercer de Estado laico? ¿Y promover una suerte de nueva ilustración? ¿Y prohibir que los carnés de partido determinen los puestos de mando en la Administración? ¿Y fomentar un periodismo libre? ¿Y alimentar el pensamiento autónomo, sin gregarismos? ¿Y el emprendimiento? ¿Y un código ético que empape no sólo a los dirigentes sino a los empresarios?

Quizás contestar afirmativamente en todos los casos sea un ejercicio de candidez. A mí, sin embargo, me parece un ejercicio de prioridades (y esfuerzos). La escuela pública fue un día decente, igual que la sanidad. En la universidad española comenzó a romperse el franquismo. Nuestros investigadores no son necesariamente inferiores, sólo más frustrados y emigrantes. La burocracia se derriba con esas leyes que tan poco cuesta aprobar en asuntos tan banales. Los impuestos no pueden coser a las clases medias y bajas y venerar a las élites. El Senado no es una cámara territorial sino una réplica sin poder del Congreso. De la aconfesionalidad al laicismo hay centímetros. Ilustrarse es leer, escribir, consumir arte, proteger la cultura, dar los buenos días. EEUU ya separó la Administración de la política; así construyó un buen pedazo de su prestigio. El periodismo es libre cuando no depende de ayudas públicas. Etcétera. ¿Utopía? Compromiso.

Entrevista a Juan Carlos Monedero

Fede Durán | 22 de octubre de 2014 a las 14:02

Entrevista a Juan Carlos Monedero, ideologo de Podemos.

Aprovecho internet para sortear los límites del papel y ofrecer la versión extendida de la entrevista publicada hoy en los diarios del grupo Joly a Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963), politólogo, dirigente y cofundador de Podemos.

-Pablo Iglesias ya ha dejado claro que sólo liderará Podemos si la Asamblea aprueba su modelo de organización, de corte clásico, con un único secretario general. Pablo Echenique, eurodiputado, lidera la alternativa, que pretende una dirección colegiada aunque insiste en mantener como primer espadachín a Iglesias pase lo que pase.

-En Podemos todos los que estamos hemos entendido que la travesía pendiente se hace por mar. Nosotros hemos decidido que se hace en un velero, otros dicen que tiene que ser en un submarino. Hemos entendido que la nave adecuada es la que hemos presentado, pero si nuestra tripulación determina que es más conveniente otro tipo de embarcación, lo lógico es que a quienes han presentado esa propuesta se les presuponga mayor pericia. Iríamos entonces de marineros, entregando la dirección a los que han presentado la propuesta.

-Resolución del pasado fin de semana: Auditar la deuda “bajo un control social y efectivo”. ¿Me lo traduce?

-Tenemos que entender que hay un sector público no estatal. Existe la posibilidad de velar por los bienes comunes sin entregarle a los partidos la gestión de esa tarea como si fueran los únicos interlocutores del Estado. En fórmulas televisivas como la BBC, los organismos de control tienen una enorme presencia de la sociedad civil. Consumidores, asociaciones, el colegio de economistas, vecinos… ¿Por qué esa gente no puede estar? Esto encaja con nuestro planteamiento de dejar de delegar la política. No hay por qué entregar estas labores de control a unas agencias privadas que tienen a menudo intereses con las empresas que están auditando. Ya hemos visto que falsean las cuentas. Empezar a entregar a la ciudadanía responsabilidad en la gestión sería una señal de eficiencia. Planteamos establecer en qué medida parte de la deuda tiene detrás mentiras. Lo saben los usuarios de banca, de hipotecas. ¿Cómo no va a estar la PAH si tiene una capacidad de conocimiento que no tiene Moody’s?

-Suena, tímidamente, a democracia directa.

-Hay soluciones que ya existen en otros lugares. Yo veo salidas mixtas: habrá una parte de democracia representativa y otra de democracia directa. La prensa norteamericana nos está citando como partido emergente que utiliza herramientas que ellos han creado. Tenemos que atrevernos a preguntar a los ciudadanos. Como estamos en un momento de crisis integral, financiera, alimentaria, ecológica y de valores, tenemos que acostubrarnos a preguntar a la gente para que se corresponsabilice. Para lograrlo, hay que incorporar a la ciudadanía, pero no puedes hacerlo sin tener el músculo para hacerlo, y ese músculo es la democracia representativa. Tú ganas una alcaldía, una comunidad autónoma, La Moncloa… y desde ahí empiezas a empoderar a la ciudadanía para poner en marcha este tipo de cuestiones. Uno de los elementos más novedosos de la democracia, que son los presupuestos participativos, hacen madurar a todos, viendo lo que hay para gastar, y sin desperdiciar el recurso más relevante, que es la gente.

-Volviendo a la banca: si Podemos algún día manda, ¿las preferentes se anularían?

-Las preferentes son una de las estafas más insultantes, y es doloroso que haya muchos abuelos que se están muriendo sin recibir justicia. El Estado debería hacer un esfuerzo para que eso no ocurriera, y en la medida en que exista disponibilidad, habría que adelantar el contenido de esa estafa a esas personas necesitadas. Al mismo tiempo, habría que perseguir a los responsables. No puede ser que con una mano roben a los preferentistas y con la otra tengan 14 tarjetas negras. Ellos roban para tres generaciones y nos dejan a nosotros a los pies de los caballos.

-En relación con el derecho a la vivienda, ¿se plantearían la posibilidad de expropiar parte del parque inmobiliario de la banca?

-Es que es parque inmobiliario lo hemos pagado nosotros. Es absurdo que los bancos tengan pisos y nosotros les hayamos rescatado. Devolvédnoslos. Devolvednos los 40.000 millones que os hemos dado en forma de pisos para alquiler social. Esos pisos no se pueden vender a fondos buitres. El tema de las tarjetas negras, sin ser muy relevante en cuantía defraudada en comparación con otros robos (la indemnización a la empresa Castor es cien veces esa cantidad), sí que es un retrato muy claro de todo lo que nos está pasando. Son conscientes de que les queda poco tiempo y se están fundiendo esas otras tarjetas, que en este caso son nuestro país.

-Hablan de revalorizar la educación y la sanidad, pero también de subir el SMI, de crear una renta básica universal… ¿han hecho de verdad las cuentas?

-Tenemos que diferenciar el programa que presentamos a las europeas del que vamos a presentar ahora. El de las europeas tenía una solución fácil: basta subir el presupuesto de la UE, que es del 1,23% del PIB, al 5% para que haya dinero para todo. O que los 400.000 millones de rescate a la banca se utilizasen en otros menesteres. Ese programa es factible, pero está pensado en clave europea de llamada de atención. De ese programa hizo una valoración un miembro de Economistas contra la Crisis, y es bastante clara: establece cómo una parte del argumentario para denigrar el programa de Podemos no se sostiene. Cuando tú planteas una renta básica no la planteas para 46 millones de españoles. Hay una serie de contabilidades que señalan que el aumento del gasto no es tan descabellado: cuánto te ahorras en Administración, en burocracia, con la reforma fiscal, eliminando algunos subsidios. Incluso propuestas como la de adelantar la jubilación a los 60 nos pondrían en un gasto social similar al del entorno europeo. En el caso de las elecciones municipales, autonómicas y generales, todas las propuestas deberán ir presupuestadas y habrá que explicar de dónde va a salir el dinero. Tenemos la ventaja de que muchos economistas muy potentes y muchos técnicos se han puesto a disposición de Podemos para hacer bien las cuentas. Podemos tiene grandes ventajas: no tenemos deudas con los banqueros ni con las grandes empresas, no tenemos que pagarle favores a nadie, y tenemos a los técnicos para que evalúen nuestras propuestas políticas. Los problemas no son técnicos, son políticos. Es el pueblo, en nombre de su soberanía, el que decide a qué edad te quieres jubilar, cuántas horas quieres trabajar, si hay un mínimo vital… y entonces preguntamos a los técnicos si es económicamente viable, de dónde puede salir el dinero, y no al revés. La política la dicta el pueblo, no la dictan los expertos.

Entrevista a Juan Carlos Monedero, ideologo de Podemos.

-Ese dinero no puede salir de las clases medias y bajas. Ya no dan más de sí.

-Quienes no pagan son los ricos. Aquí hay un fraude fiscal del 25%. Hay un dato evidente: cuando recibíamos dinero de la UE, era más o menos un 1% del PIB. Y mira si hacíamos cosas con esos fondos estructurales. Si hay un 25% de fraude fiscal, cada año podríamos hacer 25 veces lo que hacíamos con esos fondos.

-Toda Europa, y España casi a la cabeza, tiene un problema demográfico. ¿Cómo se sostendrá el sistema de pensiones?

-Ese argumento lo llevo escuchando desde el Pacto de Toledo. Y siempre tiene como colofón que la gente tiene que ganar menos para tener planes privados de pensiones, que son mentira porque consisten en que tú ahorras porque el Estado falla al reservarte ese dinero de toda una vida trabajando. Es un disparate que se nos haya ido un millón de jóvenes. Y es una hipocresía plantear que tenemos problemas demográficos. Que regrese ese millón de jóvenes. Ojalá hubiera venido gente formada a trabajar aquí.

-Con ese millón de jóvenes exiliados no se resuelve el problema de las pensiones. Ni de lejos.

-Claro, claro. Pero fíjese lo que implicaría que España fuese un lugar atractivo para que gente formada viniese a brindarnos su conocimiento. Lo que es un despilfarro es que tú formes a la gente y que luego se vayan a rendir fuera. Y luego hay otro elemento: cuando la gente tiene más posibilidades, tiene más hijos. Hoy las mujeres que se plantean quedarse embarazadas saben que se les cierran todas las puertas. Hay que agradecer a Mónica Oriol [presidenta del Círculo de Empresarios] que en su propia brutalidad sea sincera cuando reconoce que una mujer embarazada es menos rentable. Y eso nos lleva a otro conflicto: el contrato sexual. Si no nacen niños tenemos un problema. Pero de que nazcan niños se encarga la otra mitad de la población, y ¿hacemos algo por ayudarla? Una mujer está nueve meses embarazada y cría a sus hijos… ¿cómo lo pagamos? Los nórdicos lo tienen claro: vamos a encargarnos entre todos de que esos niños nazcan. Cada niño va a recibir un cheque por nacer y hasta que tenga 18 años. Eso no es una locura. Eso es entender que no tienen por qué encargarse las mujeres de algo que necesitamos todos. Aznar y después los socialistas empezaron a pensar el Estado social como un Estado asistencial. Llegamos tarde al Estado social y fuimos los primeros en abandonarlo. Nos falta una cultura de derechos porque hemos tenido una dictadura de 40 años.

-¿Por qué se habla tan poco del Medio Ambiente?

-Exactamente por lo mismo. Porque cuando se desarrollaba toda esa discusión nosotros teníamos una suerte de cierre intelectual a cualquier tipo de novedad. Mayo del 68 puso sobre la agenda el problema del colonialismo, del feminismo, el reto medioambiental… todo eso llegó muy tarde aquí. Los partidos políticos de la izquierda en España son bastante viejunos. Ninguno de ellos llamaría mucho la atención en el siglo XIX.

-¿Están de acuerdo con una reforma educativa al fin por consenso para que no muera con el cambio de Gobierno y de ideología?

-Sí. En España el derecho a la educación lo pactaron en el reservado de un restaurante Alfonso Guerra y Abril Martorell. Y desde entonces arrastramos una mala comprensión de la educación pública que se suma a los 40 años de dictadura. Es uno de los ejemplos claros de necesidad de políticas de Estado. La resolución más votada del congreso de Podemos del pasado fin de semana ha sido la ponencia educativa. Y tenemos una novedad, que son las mareas. La marea verde nos da una pauta de suma donde por vez primera están padres, alumnos y profesores. Nos da pistas de por dónde debería ir una ley. Los sindicatos llegó un momento en que perdieron la posibilidad de representar a la mayoría social. La marea verde representa, igual que la blanca en la sanidad. Adicionalmente, habría que decirle a la Iglesia: zapatero a tus zapatos.

-De la aconfesionalidad al laicismo sólo hay centímetros en realidad.

-Ya, pero hay un concordato y una Iglesia que se considera con derecho a retrotraer 35 años el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. La Iglesia siempre se debate entre la modernización y su regreso al medievo.

-Da la sensación de que las humanidades están en peligro de extinción.

-Y es una barbaridad porque donde realmente tienes el pulso democrático de un país es ahí. No puedes entender las asignaturas en términos de rentabilidad inmediata. Un ciudadano formado te da las claves para enfrentarte a unos gobernantes autoritarios, para determinar qué nueva legislación necesitas, para frenar los intentos de un IV Reich financiero que quiere sojuzgar a tu propio país. Quien te da todas esas herramientas no son los estudios de economía sino las humanidades, la filosofía, la historia, la literatura… los países que renuncian a eso se convierten en autómatas en manos de cualquier dictadorzuelo.

-Y a la vez nos haría falta una asignatura de emprendimiento, como ocurre a veces en EEUU. No es incompatible.

-Pues depende. El sistema capitalista no es igual ahora que en los años 50. En los años 50 el 10% ganaba el 20% de la riqueza, hoy ese 10% gana el 80%. Hoy emprender es prácticamente robar.

-Es una frase durísima, ¿no?

-En España la solución viene de la pyme. Ha habido una apuesta por las grandes corporaciones cuando la solución estaba ahí.

-Eso es emprender.

-Bueno, es que emprendimiento es una palabra nueva que conlleva que todo está permitido. Y no es real. Son trampas del lenguaje. Una buena parte de las empresas actualmente son empresas financieras que juegan a ver cómo se quedan el dinero de los demás. No nos interesan ese tipo de empresas. Son empresas de maletín que utilizan el favor político y los atajos financieros para enriquecerse. Sí nos interesan esos jóvenes que montan su empresa pequeña, claro. Para eso lo que habría que enseñar es realmente el papel de la economía. Me parece una barbaridad que Wert diga que a los niños hay que enseñarles a jugar en Bolsa.

-Limitación de mandatos: ¿Sí o no? Íñigo Errejón no me contestó cuando le entrevisté.

-Por supuesto. Dos mandatos y excepcionalmente tres, si concurren circunstancias especiales.

-Quieren que los catalanes voten, pero supongo que se oponen a que voten sólo conforme a sus condiciones.

-Estamos a favor del derecho a decidir para que nadie se vaya.

-¿Pero quién decide cómo se decide?

-Lo que parece evidente es que para que no sea una decisión unilateral, deberíamos decidir entre todos y por eso defendemos un proceso constituyente. El problema territorial no se solventará hasta que los diferentes pueblos de España se sienten a hablar entre sí. España es un Estado muy viejo pero una nación muy joven. Hasta Amadeo de Saboya no hay un Rey de España. Hay gente todavía que piensa que la gente habla catalán para fastidiar. España está mal enseñada y mal aprendida.

-¿Venezuela es para usted una adhesión o una formar de ayudar?

-No me interesa hablar de lo que ocurre a 7.000 km.

-¿Pero fue a ayudar o se cree el régimen chavista?

-Cuando van misioneros a Liberia a ayudar, nadie se plantea que esos misioneros abracen el régimen del país. Cuando nosotros ayudamos en Bolivia, Ecuador y Venezuela no es porque queramos traer el sistema de allí sino porque queremos ayudar a pueblos que consideramos hermanos.

La muerte del proceso catalán

Fede Durán | 20 de octubre de 2014 a las 19:21

ORIOL JONQUERAS

El proceso catalán está muerto. O más concretamente su dinamo política. Rajoy se ha revelado el mejor especialista por omisión, y en este caso la fórmula ha sido óptima. El posnacionalismo ha construido un castillo que parecía imponente al recortarse contra el horizonte de esta España mórbida, pero el castillo era netamente español (cimientos de plastilina) y se ha desbaratado solo, a lo bonzo.

Artur Mas lo ha hecho todo: reinventarse, proyectarse, endiosarse, ridiculizarse y suicidarse. La no consulta del próximo 9 de noviembre es una derrota mayor que cualquier prohibición, pero CiU ya sabía a lo que jugaba: ningún país del mundo ha sido capaz de organizar unas elecciones sin un margen razonable de tiempo. El cromo que se exhibía en los quioscos de la propaganda no era una victoria de la democracia (tal y como ellos la entienden) sino un amago sin convicción, un mal simulacro. Pese a todo, casi hasta el final, el president ha contado con un respaldo inaudito a la izquierda y a la izquierda de la izquierda. Ha sido un activo dilapidado del que quizás no vuelva a disfrutar.

Cataluña no tiene aliados fuera de Cataluña. Bruselas niega carrete a la independencia si no media pacto con el Estado (y aunque medie). Las cartas de Mas a la diplomacia explicando su causa han acabado como aquellos papeles de Enron. 

Siempre nos quedará Junqueras, Oriol, pensábamos. Un tipo auténtico, un verdadero idealista. Pero tampoco. Un político que solloza en un programa de radio es un político que se autodestruye. Un político que se ausenta del intento de juicio parlamentario a Pujol a cambio de la mercancía metafísica es un político indigno. Un político que acude a Sevilla y muestra semejante debilidad de argumentos es un político incapaz (Jordi Évole, Salvados, 19/10/14).

Ahora a la secesión le queda una bala, que es la que acaricia ERC en las noches de luna llena para protegerse del hombre lobo hispano, tan feo y tan peludo: victoria electoral con la independencia como programa (país zombi, podría ser la definición) y declaración unilateral de divorcio. Rajoy, probablemente contrariado al principio, no tendría más remedio que actuar, supongo que inhabilitando a Junqueras como president y suspendiendo determinados atributos de la Generalitat hasta tanto las aguas volvieran a su cauce con (por ejemplo) una gran coalición de aroma germano con CiU y el PSC y apoyos en la sombra del PPC (no se escandalicen, eso ya ocurría sistemáticamente bajo el Pujolato). Por si no se habían dado cuenta, CiU es inmortal.

En toda esta tira cómica (raíz: cómic), Cataluña ha demostrado ser una hipérbole de España. Más corrupción, más ridículo, más mentiras y mucha más fantasía. Esto último no sería pésimo si no se basase en la idea, cincelada a fuerza de repetición, de que la independencia abre las aguas y limpia el ingreso al paraíso, un paraíso que los catalanes se han negado desde la política autonómica, no desde la opresión estatal.

Caja Mandril

Fede Durán | 17 de octubre de 2014 a las 12:00

DIFÍCILMENTE existe en España mejor reflejo del alma que el escándalo de Caja Madrid. Miguel Blesa presidió la entidad entre 1996 y 2009 dicen que por sus excelentes conexiones de infancia con José María Aznar. Rodrigo Rato hizo lo propio entre 2010 y 2012, cuando la caja era caja y cuando empezó a ser banco/Bankia, quizás como pago al rechazo previo del dedo aznariano, posado finalmente sobre Mariano Rajoy. Blesa y Rato, además de algunos otros ungidos, disponían, como ya se sabe, de tarjetas negras oro, es decir, tarjetas sin límite de gasto ni control alguno. Los consejeros de medio pelo disfrutaban, sin embargo, de tarjetas plata, con un tope mensual de 3.000 euros. He aquí la esencia hispana: una división con reminiscencias medievales donde Blesas y Ratos asumían la condición de señores y el cliente la de siervo, y otra división interna inspirada en el sistema indio de castas, con señores de primera y una variopinta burguesía como peana y retén.

Sólo cuatro de los 90 miembros de la cúpula cajamadrileña declinaron utilizar las tarjetas. Entre los 86 pecadores restantes figuran agentes sociales, presuntos especialistas, aristócratas y representantes de todos los partidos políticos. La conclusión es monstruosa. Posiblemente, ese incorruptible 4,44% indique el porcentaje real de virtuosismo entre nuestras élites, o entre quienes acceden a los circuitos del poder vengan de donde vengan. La pela es la pela sin importar su procedencia. Un síntoma claro de inmoralidad.

Porque los fondos dispuestos procedían en gran parte de pensionistas, ahorradores y mileuristas, gentes para las que cada céntimo cuenta, gentes –como se vio después en Bankia– expuestas a la voracidad del producto-estafa que fueron las preferentes, gentes pasmadas ante el torrente millonario inyectado sin pestañear desde el Estado bajo el neón del rescate y la explicación del riesgo sistémico, de la salud del capitalismo, de un porvenir lozano donde la banca regresaría al edén original del crédito razonado y razonable.

Impresiona escuchar el argumento de Blesa y Rato sobre las tarjetas. Era una práctica inveterada, dicen, y donde fueres haz lo que vieres, etcétera. Equipos electrónicos, lupanares, productos farmacéuticos, mariscadas, hoteles de lujo, ropa interior, peletería, todo cabía en el saco en consonancia con los tiempos del derroche y el pelotazo, esos mismos tiempos en los que el Banco de España dirigido por Fernández Ordóñez hablaba del sector financiero español como el mejor y más supervisado del mundo.

Si circulaban las tarjetas negras era precisamente por lo contrario. Es la ausencia de controles la que alimenta los abusos. En eso consiste el capitalismo de amiguetes. Rato, Blesa y otros ochenta y cuatro señores se creyeron (fundadamente) inmortales. Pero el garrote de la crisis se estrecha sobre el cuello de un contribuyente cansado y cabreado, de un licenciado sin cancha, de un investigador sin laboratorio y de un parado momificado. Así surge el caldo de cultivo del que bebe Podemos. Así los de siempre sienten un ligero temblor aunque todavía duden si es el aviso de un terremoto o apenas un árbol sin raíces. Por si acaso, la política clásica se instala en el disimulo, airea las amarillentas sábanas e insta la apertura de procesos depuradores. Lástima que no lo haga por convicción sino por miedo.