Cataluña-España

Fede Durán | 16 de septiembre de 2012 a las 11:22

Adjunto el enlace al reportaje de este domingo sobre la cosa catalana. Opinan políticos y académicos andaluces.

La independencia no es tan sencilla, obviamente: el ejercicio económico necesario para desvincularse es casi laberíntico, y no está claro que Cataluña saliese ganando.

La economía del desamor

Fede Durán | 14 de septiembre de 2012 a las 13:50

EN 2006 y buena parte de 2007 casi nadie imaginaba la densidad de los nubarrones que hoy descargan miserias sobre España y buena parte del resto de la clase club. Roubini, Stiglitz y Krugman no cuentan. Aquellos años fueron la cima del espejismo. Doblegábamos a Italia en el combate macro; cercábamos a Francia; desafiábamos a la mismísima Alemania. Por primera vez, el país se decidió a doblar sus bragas católicas en el último cajón del armario para cambiarlas por el tanga. Cosas de nuevo rico: 235.813 divorcios y 20.344 separaciones destrozaron el uso previo, donde mandaban las segundas y se procuraba huir de los primeros. Entre 2002 y 2005, el INE registró 210.891 divorcios, 25.000 menos que en la mitad de tiempo (2006-2007). Las separaciones, una vía tibia con puerta trasera a la esperanza, retumbaban como un tsunami: 295.733.

¿Qué ha ocurrido desde entonces hasta ahora? Separarse carece de atractivo, y no parece que la tendencia vaya a cambiar: 8.761 parejas lo hicieron en 2008, 7.680 en 2009, 7.248 en 2010 y 6.915 en 2011. Divorciarse, sin embargo, aún tira: 110.036 (2008), 98.359 (2009), 102.933 (2010) y 103.604 (2011).

Por ahí quiebra la teoría de la economía del amor. La cultura occidental ya no se aferra a la vida en pareja, ni siquiera aunque la rectificación de una decisión jurídico-sentimental conlleve costes notables. Y en general los conlleva: en 2011, los jueces asignaron una pensión alimenticia al 57,2% de las rupturas. En el 85,9% de los casos el pago de esa pensión correspondió al padre, que apenas logró la custodia de los hijos menores un 5,3% de las veces. Asimismo, en 12 de cada 100 ocasiones se fijó pensión compensatoria, desembolsada nueve de cada diez veces por el esposo. La foto cenital matiza todo lo anterior: sí, España se divorcia, se separa, se pelea, pero apenas se producen 2,34 disoluciones por cada 1.000 habitantes, el 0,3% más que en 2010.

Lo ideal sería que el sector privado (cadenas de distribución, banca, turismo, comercio) iniciase rápidamente su transición hacia una nueva especialidad: la economía del desamor. El nicho es enorme. Entre quienes rompen y quienes no se casan ni conviven hay y habrá hábitos de consumo diferenciados y crecientemente consolidados. El abanico de posibilidades es inmenso. Un ejemplo: el banco equis, conocido en el mercado por su bizarría, podría diseñar créditos blandos para el divorciado con poca liquidez pero ganas puntuales de asueto. Otro: hay agencias de viajes que programan paquetes para solteros bajo la filosofía de que encuentren a otros solteros y quizás surja, ah, la llama de la pasión, pero, ¿por qué no programar paquetes para solteros sin ganas de dejar de serlo o siquiera de interactuar? En este contexto, y con el aditivo del envejecimiento de la población, los servicios de dependencia se profesionalizarán más todavía, convirtiéndose en una floreciente industria del complemento a la soledad. La realidad va a menudo por delante de la ley. Y a veces también de una economía que necesita imaginación para reinventarse y mover el dinero.

Adeu, Catalunya

Fede Durán | 12 de septiembre de 2012 a las 9:53

PRIMERO las cifras: la deuda pública catalana roza los 42.000 millones -el 21% de su PIB y el 30% de toda la deuda autonómica-; el Estado le debe a la Generalitat 970 millones por infraestructuras no ejecutadas en 2009 y 2010; Mas ha pedido a Rajoy otros 5.023 para afrontar vencimientos en 2012 de otra manera inasumibles. Luego las interpretaciones oficiales (CiU): el déficit fiscal que ahoga a Cataluña por las maldades de un sistema de financiación injusto es de 16.500 millones. Y finalmente el mecanismo tradicional del nacionalismo: si no me das lo que quiero, amenazo con irme. 

Veámoslo desde otra perspectiva. Cataluña gestiona exactamente los mismos tributos de raíz estatal que el resto de comunidades (salvo las forales): un 50% de IRPF e IVA y un 58% de los Impuestos Especiales. Sus tramos autonómicos son más gravosos que el promedio. Y la carga fiscal derivada de impuestos y tasas propios también (transmisiones patrimoniales, agua, etcétera). Ángel de la Fuente, miembro del Instituto de Análisis Económico y del grupo de expertos que asesoró al Parlament en sus maniobras previas a la formulación del llamado pacto fiscal (entiéndase como sinónimo de concierto económico) desmontó con otra cifra el agravio comparativo: 2009, el último año liquidado, demuestra que Cataluña “está ligeramente por encima de la media (nacional) en términos de financiación por habitante”. 

CiU siempre ha tenido dos ventajas en Cataluña: A. Es la coalición hegemónica. Sólo el PSC ha obtenido más votos en dos ocasiones (1999 y 2003), pero nunca más escaños. B. Ejerce un liderazgo moral del que sabe sacar el máximo partido. Ese liderazgo, de timbre moderado con Pujol, se ha radicalizado con Artur Mas no sólo por culpa de Artur Mas: el tripartido de Montilla, Carod y Saura sembró lo suyo. Y hoy todos menos el PP (un PP ridículo y autómata en manos de Alicia Sánchez-Camacho, ridícula y autómata en sí misma) se apuntan al concierto como si no hacerlo equivaliese a ser menos catalán. Ésa es la esencia del veneno identitario forjado entre creyentes, profetas y acomplejados. 

O me das lo mío o me largo. El nacionalismo podría definirse como la prolongación indefinida de la reivindicación personalizada, con parada final en la independencia. El problema es que los nacionalismos españoles (CiU y PNV) han sido valientes de palabra y muy cobardes de hecho, como si la consecución del objetivo implicase la muerte política y cerebral. Quizás ha llegado la hora de darle la vuelta a la tortilla: la contaminación mental (el desapego, que dicen allí) es irreversible, luego sólo queda invitar a catalanes y vascos a que conquisten y consoliden las mayorías sociales necesarias, negocien con el Gobierno español y pongan fin, en los términos comúnmente pactados, a su secular vínculo con el resto del país. Madrid debería entonces encargarse de garantizar el respeto de los derechos de las minorías, que serían los numerosos vascos y catalanes no nacionalistas. Será divertido observar a quién echan la culpa de sus males endémicos nuestros nuevos viejos vecinos.

Yo, Zoido

Fede Durán | 11 de septiembre de 2012 a las 20:16

Normalmente, cuando uno escucha a un político, le ocurre lo mismo que cuando en la facultad escuchaba a los peores profesores: sabe que no le aportan nada. Algo así sucede con Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla y presunto candidato a la jefatura de la Junta, invitado ayer por el grupo Joly a uno de sus foros y arropado por un auditorio más concurrido de lo habitual en los tiempos que corren. Zoido compendia los defectos del dirigente hispano convencional: carece de la mínima valentía para salirse del discurso oficial; ataca y tiende la mano a la vez; califica como radicales a quienes maman de otros pezones ideológicos; practica el maniqueísmo, la superficialidad, la falta de rigor y otras malas artes tan comunes en este país.

El artículo publicado por César Molinas el pasado domingo en El País (Una teoría de la clase política española) ha generado un fantástico revuelo que no parece alterar el pulso del colectivo aludido. Molinas considera a los políticos una élite extractiva (sanguijuelas que beben la sangre del pueblo sin ofrecer a cambio nada más que acero para blindar sus privilegios) obsesionada con el poder y cero dispuesta a cederlo siquiera en parte. Tal vez a Zoido le soplaron algo, porque sí aludió a la reducción del número de diputados en el Parlamento andaluz (109), a cirugía de choque en la Administración y a la necesidad de “poner más profesionales y menos políticos al frente de los sectores clave de nuestra economía”. Para subrayar el virtuosismo de no pocos de sus compañeros, el alcalde recordó que “hay gente en el Gobierno de Sevilla que pierde dinero”.

En realidad, Zoido es un miembro más de la partitocracia. Como tal, adaptará por defecto su discurso a las sensibilidades de la sociedad civil, pero cuidándose de concreciones. ¿Cuántos escaños suprimiría? Se negó a responder ¿Qué significa poner a más profesionales? ¿No ha sido profesional sinónimo de enchufado en estas tres décadas postransición? ¿Qué tijeretazos en la Administración? Sin noticias de Gurp. El alcalde se jacta de haber eliminado fundaciones sevillanas sin sentido ni cometido. No es comparable. Toquetear empresas públicas (153.400 en toda España en 2010, según la OIT) es harina de otro costal porque implica pisar callos, muchos de ellos propios, y crear paro en un sector altamente improductivo: el de los políticos.

En al menos tres ocasiones Zoido apeló a otra frase manida: “Todos somos Estado”. Menos sentido aún tienen en tal caso las duplicidades y solapamientos del ecosistema administrativo hispano. Se habla de recortes, pero el concepto no se aplica a la estructura sino al ciudadano. Ningún partido ha planteado todavía un modelo alternativo al dibujado en la Constitución. Alternativo o corrector, que el político-legislador se nos asusta. Francia, Italia o Grecia ya se han movido, y lo han hecho por necesidad y sin complejos: Monti se ha cargado 36 provincias, 1.500 ayuntamientos y 50.000 cargos públicos. Rajoy apenas ha prometido rebajar un tercio el número total de concejales, reforzando a la vez el papel de las diputaciones (¡!).

Tampoco tiene mucho sentido que Zoido tararee estribillos de otras temporadas superados ya por la realidad. Más educación, más innovación, dijo querer, obviando los recortes decretados desde Madrid en uno y otro ámbito. Otras frases inquietantes de su discurso fueron: 1. “No estamos dispuestos a que Andalucía sea rehén de una minoría radical (en referencia a IU, como si IU mandase en algo, como si sus consejerías estuvieran cargadas de contenido y dinero)”. 2. “A Andalucía le hace más falta el rescate que a España”. 3. “La deriva de radicalidad del PSOE me preocupa muchísimo (el último PSOE  aceptablemente radical fue el de Largo Caballero, salvo que el radicalismo sea contagioso; en ese caso el agente contaminador sería IU, claro)”.

Compenso el párrafo anterior con sus dos mejores reflexiones a mi juicio:

“La crisis es obra de las minorías y el sectarismo”. Touché. Es el retrato más fidedigno de la clase política española jamás hecho por un político español.

“No puede haber administraciones a las que les salga gratis ser negligentes”. Si tal mandato se cumpliese, las comunidades autónomas serían desguazadas, los ayuntamientos y diputaciones exterminadas y el Estado inmediatamente puesto en cuarentena. Sólo nos quedaría buscar cientos de miles de recambios para los puestos de mando, las asesorías, los servicios de seguridad y el cuerpo de chóferes del país, y nada mejor que recurrir a los cachorros de los partidos, cuna de verdaderos demócratas empujados por el altruismo.

Monteseirín era un alcalde deficiente en la gestión y pésimo en la comunicación. Zoido es pésimo en la comunicación siendo aceptable en la gestión. ¿Ideas nuevas, audacia, pasos decididos hacia un cambio de modelo? Pensemos en un solo dirigente al que no le venga grande ese traje.

Un día en Berlín

Fede Durán | 10 de septiembre de 2012 a las 12:33

EL despertador suena a las 9.00. Bajas al supermercado Kaiser’s y compras más o menos al precio de un Dia. Desayunas en casa y después te calzas las zapatillas y te vas a correr a una pista de atletismo abierta al ciudadano a menos de cien metros de Pappelallee, la principal arteria comercial y estética de Prenzlauer Berg con permiso de la Oderberger strasse. Decides comer en la calle y estudias distintas opciones a tiro de piedra: un vietnamita (Vinpearl, 9,40 euros, bebida incluida); una pizzeria (Zia Maria, porciones generosas desde 2 euros); una hamburguesería (Kreuzburguer; desde 2,50 euros); o un japonés (Mikoto, combinado de maki y sushi a partir de 6 euros).

Tienes sed. Entras en uno de los tres o cuatro 24h de la zona y te llevas una Becks de medio litro por 1,10 euros. ¿Prefieres algo más original? Apuesta por Ámbar o Berliner Pilsner, ambas del mismo precio. Para quemar calorías y de paso visitar otro barrio, barajas dos opciones: alquilar una bicicleta (Lila Bikes, ocho euros el primer día y cinco a partir del segundo) o directamente comprarla (Bike Piraten). Si eres buen negociador, si te has curtido en los mejores bazares del mundo, la comprarás por 100 euros y la revenderás por 75. Vas a vivir un mes en Berlín, así que este medio de transporte supone para tus arcas un coste diario de 0,83 euros.

Aprovechas el omnipresente carril bici para plantarte en Friedrichsein y comprar ropa de segunda mano al peso. Ah, prefieres una marca solvente como Levi’s. No importa: por el mismo modelo que en España largas 22 euros menos. Compruebas que la bicicleta sigue en su sitio (ocurrirá los restantes 29 días) y das un paseo. Casualmente, te topas con una inmobiliaria. Te acercas al escaparate a curiosear las ofertas y se te queda cara de gilipollas: aunque los precios de la vivienda han entrado en una espiral alcista que alarma y cabrea al berlinés medio (Wohnen in Berlin wird immer teurer, titula el Berliner Zeitung a todo trapo), un apartamento top (97 metros cuadrados más terraza y unas calidades que Españistán jamás cultivó) en un barrio top (Prenzlauer Berg) se vende por 340.000 euros. Conviene recordar que Berlín es la capital del Cuarto Reich, no Cuenca o Sevilla.

¿Ruge nuevamente tu estómago? Pedaleas rumbo al Mitte en busca de la Weinerei, donde abonas el precio de la copa de vino que te sirven como única opción (2 euros), comes libremente y dejas la voluntad. El problema es que los españoles comienzan a ser mal vistos en este tipo de negocio. Su voluntad suele ser sinónimo de chatarrilla. Es sábado y ya cae la noche. Estás cansado. Atas la bici a un poste (ya la recogerás mañana), te subes al tranvía y se te saltan las lágrimas: es un tranvía de verdad, rápido, silencioso y con un montón de paradas donde nadie paga a partir de las 21.00 (norma no escrita de escrupuloso cumplimiento sin distinciones de raza, sexo o religión). Hogar dulce hogar. Enciendes el ordenador y buscas opciones baratas para el futuro inmediato: hay al menos cinco museos gratuitos además del gigantesco museo que constituye la propia ciudad. Una mosca se te posa en la oreja de repente. ¿Es España una soberana estafa?

Mayordomo sólo a medias

Fede Durán | 9 de septiembre de 2012 a las 12:04

Españolito que vienes/al mundo te guarde Dios/una de las dos Españas/ha de helarte el corazón, escribía Machado en otra gran partituras de idiosincrasia doméstica. Las dos Españas eran y son el azul y el rojo, la derecha y la izquierda. El PP es el último eslabón conservador de un tronco con figuras dispares aunque a la vez irregularmente emparentadas: Cánovas, Gil Robles y Calvo Sotelo (José) primero; Suárez, Calvo Sotelo (Leopoldo), Fraga y Aznar después. Mariano Rajoy, sexto presidente de la democracia más reciente, estaba llamado a helar el corazón de sus oponentes políticos y electores, pero no el de sus correligionarios. En nueve meses de mandato, ha fallado en los tres grandes frentes de gestión de un país abofeteado cada día por la crisis: el económico, el constitucional-administrativo y el estrictamente político.

La realidad ha fulminado el mito de la fiabilidad del PP como resucitador de cadáveres. Rajoy se escuda en la herencia recibida de Zapatero y en los 30.000 millones de déficit adicionales a lo comprometido en su día por Salgado; en los 70.000 millones que el Estado y las CCAA dejaron de ingresar en dos ejercicios presupuestarios; en los 25.000 millones apartados para pagar facturas pendientes; y en la desconfianza que éstos y otros datos han provocado en los mercados, cebados con España como si fuese una piñata cuando otras naciones del mismo club europeo se financian en negativo.

La caída de la actividad económica y el crecimiento del ejército de parados (5,6 millones en el segundo trimestre frente a los 3 de Alemania, un país de 82 millones de habitantes) no han derivado en la creación de un plan de estímulo, salvo que como tal se catalogue la tímida intentona paneuropea de Hollande, respaldada por Rajoy y olvidada de momento en algún cajón del Elíseo. A cambio, el PP ha optado por subir IRPF e IVA, formulando en paralelo una suerte de amnistía fiscal para el defraudador. La acción combinada de estos mecanismos debería engordar los ingresos públicos aunque la lógica de la recesión invite a pensar lo contrario. Arguye asimismo Rajoy haber respetado el ideal de la progresividad, que implica que el rico pague más que el apretado, pero entonces podría haber introducido novedades en el régimen tributario de las Sicav, por ejemplo. La reforma laboral tampoco crea empleo hasta la fecha; la ley de estabilidad presupuestaria no parece sagrada visto el marasmo de las cuentas públicas autonómicas; la reforma financiera no ha devuelto al crédito su pulso e impulso, ni lo hará hasta que llegue el rescate sectorial de hasta 100.000 millones solicitado a Bruselas, a pesar de que la tercera modificación normativa de De Guindos haya sido la más ambiciosa hasta la fecha (poderes excepcionales para el FROB, banco malo, diagnóstico precoz de insolvencias y otras calamidades).

A la presión fiscal, que también afecta a universidad (tasas) y sanidad (copago), se une otra política impopular: los recortes. El 70% del gasto autonómico lo absorben educación y salud, y Bruselas ha impuesto un celibato tan radical (1,5% de déficit en 2012) que tocar esas partidas era una obligación incluso echando el resto en el 30% restante. Se repite la perversa jugada de los ciclos malos: las CCAA recaudan el 50% de IRPF e IVA y el 58% de los impuestos especiales, pero sin actividad no hay quién costee los entramados del bienestar hispano.

Los funcionarios han perdido poder adquisitivo; muchos interinos pasan a la reserva, ergo la calidad del servicio se resiente. La izquierda reniega de un debate que tal vez sea constructivo: la gestión privada, en parte más que en todo, de lo público. Razón suficiente para que Rajoy evite por ahora el charco. En la atmósfera flota una sensación de desmantelamiento sin que en realidad las apisonadoras se hayan centrado en el principal problema, que no es precisamente una excesiva plantilla de empleados públicos. España cuenta con un funcionario por cada 15 habitantes, la cuarta peor cobertura de la UE, en total 3,2 millones cuyos cometidos sí podrían repensarse.

El principal problema ya lo definía hace años, aunque quizás con otra vocación, el ex president Pasqual Maragall: “La Constitución de 1978 es una enorme Disposición Transitoria”. Por contentar al País Vasco y Cataluña, el legislador creó un país de diecisiete países y dos ciudades autónomas donde la ineficacia, la suntuosa arquitectura administrativa a lo Albert Speer (cargos públicos, empresas y otros organismos, universidades) y los solapamientos funcionales son casi prescriptivos. La Italia del tecnócrata Mario Monti suprimió en agosto del año pasado 36 provincias, 1.500 ayuntamientos y 50.000 cargos públicos. Grecia dejó en 2010 sus 1.034 consistorios en 355. ¿Qué ha hecho Rajoy al respecto? Reforzar el papel de las diputaciones y mantener los 8.116 ayuntamientos españoles pese a que el 85% acoge a menos de 5.000 habitantes. Rafael Salgueiro, economista de la Universidad de Sevilla, sugería en un artículo (2-9-2012, cabeceras del Grupo Joly) dejar en diez las 17 CCAA a partir de un demoledor y muy asimilable dato: el PIB de la provincia hispalense supera al de siete comunidades, Navarra y Aragón incluidas. ¿Qué ha prometido y tiene pendiente Rajoy? La unidad de mercado y la simplificación de la regulación administrativa. Aceptables saltos intermedios que aplazan el verdadero salto de calidad.

Queda el capítulo político. Perder adhesiones duele menos cuando el único rival real, Alfredo Pérez Rubalcaba, sigue grogui. Pero esta situación de desafecto generalizado hacia los partidos de corte convencional abona el escaño a bisagras, extremistas y oportunistas, sin provocar a la vez la reformulación de las viejas artes del poder o la aparición de discursos reverdecedores. Las dos Españas de Machado (y también los inversores) agradecerían por una vez un esfuerzo de sintonía entre las grandes voces con micro de esta monarquía parlamentaria: Rajoy y Rubalcaba harían bien en pensar una España 3.0, aglutinando en su propuesta la síntesis de todas sus fuentes de inspiración (empresarios, académicos, figuras sin adscripción ni servidumbres, sociedad civil en general) y lanzando al oyente un mensaje claro de reacción, reconversión, ambición y optimismo. El cálculo electoral es hoy un tic muy feo, un corte profundo en el rostro del afeitado, una forma torpe de separar durante décadas al representado de sus representantes.

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El hombre calculadora

Fede Durán | 30 de julio de 2012 a las 9:48

Os dejo la entrevista publicada en la contra del domingo a Alberto Coto, siete veces campeón mundial de cálculo mental.

El IVA y el turismo andaluz

Fede Durán | 29 de julio de 2012 a las 17:04

El turismo es un negocio global a tiro de internet. Millones de personas diseñan virtualmente sus paquetes, moldeándolos a la escala soñada, y surcan fronteras y espacios aéreos como quien colecciona cromos del Mundial. La competencia es feroz: naturaleza, cultura, infraestructuras, seguridad y, cómo no, precio son los factores determinantes, y confluyen en un cóctel donde cada ingrediente ausente penaliza. España ocupa el cuarto puesto mundial en número de visitantes tras Francia, EEUU y China, según la Organización Mundial del Turismo. Andalucía lo calca en la liga autonómica. Es la cuarta tras Cataluña, Baleares y Canarias con casi 22 millones de turistas. Dos semanas atrás, el Gobierno anunciaba una subida del IVA que siempre descartó en campaña y también bajo mandato. El sector de los huevos de oro, la musa de la economía andaluza (supone un 11% del PIB), sufrirá desde septiembre un incremento de dos puntos en la versión reducida del impuesto, que engorda del 8% al 10%. Parece un thriller donde el bueno acaba muriendo por la nula imaginación del guionista para urdir una escapatoria.

Radiografía a vuelapluma. Francia, la gran rival continental, tributa al 7%. Alemania, ese paradigma tan machacón de la seriedad, rebajó el IVA turístico del 19% al 9% en 2010. Irlanda (del 13,5% prerrescate al 9%), Grecia (del 11% al 6,5%) y Portugal (6%) salen igualmente mejor paradas. Sólo la Italia del tecnócrata Mario Monti se mueve en los porcentajes españoles.

Calcular el impacto de esta decisión monclovita es complicado. Exceltur, alias alianza para la excelencia turística, teme que el sector turístico patrio deje de ingresar 2.000 millones al año y pierda 18.730 empleos directos. La Confederación de Agencias de Viajes (CEAV) niega no obstante castigo alguno a su nicho empresarial. Paradores Nacionales advierte de un alza de entre 2 y 4 euros por habitación. En Andalucía, la Junta utiliza las cifras de Exceltur para ofrecer su propio cálculo. “El PIB turístico podría caer un 1% en 2012 y afectar a entre 2.000 y 2.500 trabajadores”, estima el consejero de Turismo y Comercio, Rafael Rodríguez. Tomando como referencia el PIB regional a precios corrientes a cierre de 2011 (149.163 millones de euros), y asumiendo un leve redondeo hacia arriba por la contracción que sufrirá la economía andaluza este ejercicio, la sangría será de unos 1.500 millones. El 75% de las pérdidas del gremio en todo el país.

Razón probable para tan acusado castigo: “Que se toque el IVA nos afecta doblemente porque más del 60% del turismo estival en Andalucía es español, y al ciudadano esa subida le afecta en todo (transporte, bebidas alcohólicas), además de que hay muchísimas dificultades económicas y demasiada gente en paro”, argumenta Rafael Navas, el miembro de UGT-A en la Mesa del Turismo que conforman los sindicatos, la CEA y la Junta. El Instituto de Estadística y Cartografía avala esos porcentajes: de los 21,79 millones de turistas que recibió la comunidad el pasado año, el 32,6% procede de la propia región y otro 28,3% del resto de España. La cuña de los extranjeros copa el 39,1% del pastel.

Cunde el pesimismo, aunque la gradación anímica comporte distintos matices. Rodríguez subraya que la balanza nacionales/foráneos tendrá que compensarse en favor del segundo flanco con estrategias de captación y planes de choque. Pese a la negritud del panorama, recuerda que “el producto turístico andaluz es tan solvente y competitivo que podrá hacer frente a este misil dirigido contra su línea de flotación”. Navas se sitúa en el extremo más drástico y aventura un desplome del empleo que arrastrará a 20.000 ó 25.000 profesionales. “Habrá un efecto multiplicador, porque el turismo es un servicio de servicios que engloba cultura, comercio, artesanía, etcétera. Los empresarios recortarán personal y el cliente será peor tratado. Lo más negativo es que la oferta no nos diferencia ya de los demás. Tenemos buenos profesionales, pero la imagen del sector es malísima incluso para los propios andaluces”, lamenta.

“No hay más salida que presionar al Gobierno desde las autonomías y ayuntamientos. Los presidentes y alcaldes deben rebelarse y atiborrarse de mociones”, propone Gonzalo Fuentes, el alfil de CCOO en la Mesa del Turismo. De hecho, existe un consejo específico para el sector semejante al de Política Fiscal y Financiera. A él acuden los ejecutivos regionales para exponer sus quejas. “Ha faltado sensibilidad. Los funcionarios y la clase media son nuestro cliente potencial, pero su capacidad adquisitiva se ha deteriorado mucho. Los fondos del Imserso para viajes se han recortado un 25%. Hasta junio hemos registrado 500.000 pernoctaciones nacionales menos en Andalucía, aunque han venido 400.000 extranjeros más. El turismo del golf es otro elemento con enorme potencial, y ahí el IVA pasa del 8% al 21%”, protesta.

El del golf es un caso curioso. 425.000 personas visitaron el sur en 2011 para practicar ese deporte, según la Junta, permaneciendo una media de 11,7 días (tres más que un turista estándar) con un gasto diario de 80,31 euros (20 más). Trece puntos extra huelen a estoque. “El viajero mira el paquete completo: avión, hotel y campo de golf. Portugal y Marruecos van a ser más baratos”, vaticina Fuentes. “No tengo claro cómo se va a aplicar el repunte del IVA al golf, porque en realidad muchos circuitos vienen incluidos ya en el precio del hotel, que pagará al 10% y no al 21%”, ahonda Miguel Sánchez, presidente del consejo de turismo de la CEA.

Sánchez y Navas coinciden en plantear otro problema conectado a los paquetes turísticos: como se venden siempre a un año vista (los de 2013 ya están adjudicados), las empresas se zamparán forzosamente este curso esos dos puntos de más. “Es un aumento del 25%”, protesta el sindicalista. “Afectará a las cuentas de resultados y ya veremos si al precio a partir de 2014″, añade el dirigente de la CEA.

Dos voces muy autorizadas opinan sobre el asunto desde la Universidad de Málaga (epicentro del turismo andaluz). Arranca Joaquín Aurioles: “El aumento del IVA no se traslada íntegramente a los precios sino que depende de la elasticidad de la demanda del bien en cuestión. Cuando es elevada (un pequeño incremento del precio provoca una caída importante de esa demanda), sólo una pequeña proporción de la subida se repercute en el precio, de manera que la mayor parte del coste recae sobre el productor, que reduce sus márgenes. Una de las características de la demanda turística es que con el tiempo se ha hecho cada vez más inelástica”, explica. En el turismo, además, hay que distinguir por niveles de precios y calidad y por tipos de servicio. “La elasticidad de la demanda es mayor en los servicios de menor calidad y también es mayor en la restauración que en la hotelería, así que los más perjudicados serán el segmento de bares y restaurantes y los hoteles de precios reducidos e inferior calidad”.

La tasa turística siempre ha sido una opción alternativa al IVA. Se aplica en Cataluña, por ejemplo (un euro por persona y noche), Francia o algunos estados de EEUU. Aurioles la avala: “Se trata de financiar el coste de los servicios que los turistas utilizan gratis (playas, monumentos, parajes naturales, limpieza, seguridad, infraestructuras del transporte). En realidad, se elige un destino vacacional en función de este tipo de parámetros, de los que normalmente se disfruta de manera gratuita o pagando precios públicos, pero casi nunca en función del tipo de hoteles, los servicios de los restaurantes o una variación del 2% en la tarifa del IVA. Ese aumento en la hostelería tiene una repercusión muy limitada sobre el turismo; la mayor parte de la facturación de estos establecimientos se nutre de la población residente”.

Y remata José Luis Torres. “El aumento impositivo provocará un alza en el precio final, lo que reducirá la competitividad respecto a otros destinos internacionales. Hay dos modos de evitarlo: absorber esa subida a costa de los márgenes de beneficios, con lo que muchas empresas estarían en peligro, o reducir la calidad de esos servicios, decisión contraproducente a largo plazo. Otra vía es mejorar el nivel de eficiencia, algo complicado en el contexto actual. Las administraciones públicas debería llevar a cabo políticas que contribuyan a minimizar los efectos negativos del IVA aumentado a través de la reducción de otros costes institucionales a los que hace frente el sector”.

Si la musa andaluza (o la gallina dorada) sobrevivió a la crisis turística de los 80 (Malvinas, Líbano), si se sobrepuso al 11-S y a la gripe aviar, quizás este 2% sea sólo su último test de inmortalidad. Suerte.

Nos hemos quedado secos

Fede Durán | 27 de julio de 2012 a las 10:23

CONVENGAMOS que la economía de un país es una suma de fuerzas donde caben legiones malignas y defraudadoras pero también hordas de ingenio, sentido común, altruismo y vocación de servicio a la comunidad. El resultado depende en buena medida del peso de ambas, aunque a la vez desplieguen su influjo las respectivas legiones y hordas internacionales, camufladas ora tras los mercados (fondos de inversión, especuladores, agencias de rating), ora tras naciones más o menos estólidas o benefactoras, ora tras monstruosas multinacionales de la explotación o el trapicheo.

España arriesgó en la Transición todo su talento, y legó a las generaciones posteriores un mensaje olvidado: sin esfuerzo individual no hay esfuerzo colectivo ni tampoco horizonte. La materia prima de aquella catarsis ha cambiado. No dominan hoy las letras sino las ciencias, realidad cero sospechosa per se aunque a la vez indicio preocupante de un abandono brutal de las humanidades. Un señor que presume de no leer pero pasa 134 minutos al día ante la tele (ése es el español medio) explica muchas cosas. Demasiadas.

Explica que Rajoy diga sin complejos que sólo abre el Marca entre Congreso y cumbre. O que ninguna de nuestras universidades esté entre las 150 mejores del mundo (¿por qué nadie intenta fichar a los profesores más brillantes sino promocionar a los de su cantera?). O que un guiri vaya por la calle y no tenga con quién comunicarse en inglés. O que muchas, muchísimas empresas premien la mediocridad sobre el talento al preferir al sumiso sobre el inquieto o al gris sobre el irreverente.

Nos hemos habituado a crear primero el puesto y después, con suerte y no siempre, la necesidad. Hemos premiado al del pelotazo como si su desapego al valor añadido implicara tener pelotas de roble y alma de artista. Junto a funcionarios y empleados públicos de primer nivel han medrado rémoras y amebas cuyo mayor triunfo consiste en haber inducido al Gobierno a amputar sin distinciones miembros sanos y putrefactos. El Estado autonómico es un fracaso: no ha utilizado la diversidad para unir (una diversidad que existe en todo el planeta, por cierto) sino para fundar réplicas en miniatura de los pecados nacionales. Enchufados, incompetentes, incultos y chorizos han proliferado al ritmo de presidentes vitalicios a lo Kekkonen.

España tampoco tiene una marca. Sus productos, aisladamente considerados, pueden emitir ondas de calidad en el radar del consumidor, pero no hay generalidades que nos definan. Un italiano es diseño; un alemán fiabilidad; un americano la inmensidad de Apple, Nike o Google. ¿Qué diablos somos nosotros? En California abren laboratorios y en Sevilla bares con cubos de Cruzcampo a cuatro euros. La envidia es el pecado patrio número uno. Y el deporte el opio que anestesia nuestras vergüenzas.

Europa se equivoca, sí. Nos está dejando caer y quizás fuerce su propia caída. Pero ni Merkel ni Draghi están detrás de esta mediocridad cocida en 35 años de fuego lento.

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Renacimiento

Fede Durán | 26 de julio de 2012 a las 14:25

Cuando vivíamos en plena burbuja (1996-2006, según explicó MAFO en el Congreso esta semana), te levantabas por la mañana y te ibas a la facultad sin pensar demasiado en el futuro. Sabías que habría un hueco para ti prácticamente en la ciudad que eligieses. A diferencia de tus padres, dominabas el inglés gracias a su esfuerzo económico y al estandarte imperial de los USA (cine, música, prensa, deportes), así que tampoco existían límites si te daba por cruzar la frontera. Ah, la vida era fácil. Estudiar, ligar todo lo posible, viajar con los amigos y gestionar sabiamente esas pagas semanales que hoy, en la era euro, parecen sencillamente ridículas. Con ellas desayunabas molletes con aceite, tomate y jamón; pasabas un fin de semana en Portugal; y hasta te daba para comprarte un par de libros de Carver y Ford o el último disco de Pearl Jam.

Trabajé dos años como abogado. Aquello no era lo mío: chaqueta y corbata, consignación de todas tus horas de trabajo (media hora para cagar, cuarenta minutos para comer, una hora para repasar el BOE, etc), estrictos horarios de entrada y enorme flexibilidad (por lo alto) de salida, sábados currados y no retribuidos, clientes corruptos, auditorías poco rigurosas y ese tufo malsano de cualquier multinacional. Me pasé al periodismo. Y ya saben que es un oficio de mierda, precario, mal pagado y peor reconocido desde fuera. Del espíritu original de esta bella actividad apenas quedan una raspa de pescado y dos alpargatas agujereadas. Pero había esperanza, como la había en otros sectores, y eras consciente de que tendrías nuevas oportunidades, de que el mercado se movía, de que el corredor medía mil kilómetros y no cien metros.

Supongo que esta sensación se reproduce hoy en todas las oficinas (y universidades y escuelas de oficios y familias) de España. Y supongo que pasará y volveremos a aspirar a algo más que a resistir. El problema es que existir atribulado cansa. Frustra. Corroe. Manoseas entonces dos opciones clásicas: convertirte en empresario (qué lástima que no nos inculcasen ese chip desde el cole; es difícil ser viejo y no sentir miedo), evitando en la medida de lo posible las cloacas sin valor añadido; o hacer el petate. A veces no me aclaro con el segundo punto. Demasiadas ramificaciones reflexivas: sin el bilingüismo siempre partirás en desventaja; ningún país te tratará como el tuyo propio; el agujero de los queridos ausentes; el frío del norte, el calor sofocante del trópico, los vaivenes del cono sur, donde el planeta se ve del revés.

Me gustaría que España se curase pronto. Incluso creo que nosotros, los que venimos detrás de los que mandan, podemos rellenar algunas de las lagunas del discurso nacional, de su pulso económico e intelectual. Quienes nos han conducido al cráter desde el que unos alemanes dudan si disparar (perdón) deberían echarse a un lado. Y nosotros, los que pedimos la vez, haríamos bien en aplicar un poco de eugénesis social, descartando a los émulos de la morralla, a los tripitidores, a los cachorros de la política endogámica y sectaria, a los jetas, a los chorizos y a los descerebrados. El país tal vez reduciría en un 50% su población, pero renaceríamos limpios e ilusionados.