¿Chaves vicepresi?

Fede Durán6 de Abril de 2009 a las 11:31

¿Chaves de vicepresidente? ¿Es una broma? No, es Zapatero, tan obsesionado con los golpes de efecto que vacía de sentido cualquier movimiento político. Chaves, ya lo escribí una vez, es una manta apolillada, cargada de alientos pasados y bacterias perennes. Me da igual su filiación política: la distorsión proviene en su caso de la extensión del mandato. Ahora (¿quién dijo crisis?) nos lo quieren colocar de tercer vicepresidente y habrá que suponer que con berlina, dietas y hasta sueldo. ¿Es compatible que un presidente autonómico se integre en otro Gobierno? ¿Es simplemente ético? La ley deja claro que no hay opciones de duplicidad. Pero, por si acaso, que conste en acta. La tentación puede más que la higiene.

Quizás a ZP le puede su sentido de la justicia histórica: Manolo abandonó mosca su remoto Ministerio de Trabajo y asumió el encarguito andaluz como quien debuta en las minas de sal. Ahora tendrá lo que merece: un cargote tras 20 años de cargazo, círculo definitivamente cerrado en vísperas de una jubilación dorada por una generosa pensión, y todo en función de su incuestionable hoja de méritos. ZP es el mejor. Está en otra dimensión, en otra galaxia… puede incluso que sea de otra raza. Si Obama le llama amigo, pensará, todo es posible. Yes he can.

Por cierto, compatriotas, prepárense para disfrutar de nuestro andaluz (bueno, ceutí) presi. No lo olvidarán fácilmente. Sobre todo si habla. Y disculpen si una sonrisa malvada se perfila en mi jeta: Andalucía, país obsesionado con la inercia, se libra por fin de una cadena. A costa del resto de España.

¿Qué dos torres?

Fede Durán30 de Marzo de 2009 a las 11:16

Lo de las dos torres (Unicaja y Cajasol) suena ahora gracioso. La sensación es que Solbes y MAFO intentaron deslizarle a los malagueños un timo aparatoso y muy peligroso. Una de las cajas del top ten se haría con otra de las del bot three (al menos en términos de rating) como paso previo a la eternidad y los diamantes. Todos quieren parecerse a La Caixa. Está bien pensado, pero ejecutar el sueño a costa de la salud propia es idiota. Medel lo ha visto a tiempo. Al principio parecía convencido. Los medios dieron por hecha la operación. Qué bien. Andalucía conquistando la Península desde el sur. Pero los días pasaron y las dudas crecieron. Estos tíos no son solventes. Estos tíos erraron sus inversiones (ladrillo, traidor amigo). Estos tíos se hunden. Sálvense quien pueda. Y pueden los de siempre (atentos a la foto que El País publica de Hernández Moltó, el presidente de CCM, ayer: sale de una sucursal risueño, casi festivo).

Tenemos pues un nuevo motivo para desconfiar del Gobierno, finalmente forzado a una intervención bancaria. Recelan los grupos parlamentarios y quizás también ahora las entidades financieras. España tiene pinta de thriller. Nadie conoce a nadie. Todos contra todos. Y el país en caída libre, ajeno a la velocidad de la refundación capitalista, confiado en que la construcción resurja de sus cenizas y rellene arcas públicas y bolsillos privados. Yo me quedo con Portugal, vecino discreto, silencioso vecino que ahora no sufre la humillación del prepotente desmantelado porque jamás lo ha sido.

El timo de la DGT

Fede Durán24 de Marzo de 2009 a las 11:44

Entiendo que el Gobierno las esté pasando canutas. Aunque sus miembros no noten la crisis (nadie va a cambiar de limusina por mal que vayan las cosas), la esperanza electoral sí se resiente. Y no hay cosa más sagrada para un político que el voto. Encima, todo el mundo pide más: parados, autónomos, empresarios, banqueros… sin contar a ayuntamientos y comunidades autónomas. Repito: Zapatero no se bajará de su A8 tintado, pero sabe que necesita pasta para los demás. Y una consigna malvada se ha deslizado por los subterráneos de la administración: recauden, esbirros, recauden.

Lo he sufrido en carne propia y me lo han confirmado carnes ajenas. Sepan a qué atenerse si les multa Tráfico: con suerte, recibirán una primera y única notificación. Al tiempo les exigirán el pago de una cifra hinchada por las demoras y la rebeldía del ciudadano en cuestión. La Agencia Tributaria notificará la inminencia del embargo. Y uno se rascará el cogote y revisará la ley (algo bueno tiene ser ex abogado) y comprobará que la entidad amenazante debe notificar no una sino tres veces a su víctima antes de empezar con las palabras gruesas.

Mi caso es especialmente barroco: la primera vez decidí pagar sin iniciar la pugna alegatoria. Sentí que me estafaban, pero mis ganas de abrir otro frente entre tanto combate cotidiano eran (y son) nulas. Varias semanas después, la DGT me comunicó una segunda sanción por un concepto tan peregrino como creativo: no reconocer mi propio coche en las fotos que supuestamente me enviaron cuando sobrepasé en escasos 15 km/h el límite de velocidad. Llamé a un número de información y me comunicaron que no les estaba permitido informarme. Muy español todo, desde luego.

Voy más allá: asumamos que pertenezco a la clase media nacional y puedo afrontar el timo sin destrozar mi economía. Me quedaría maldecir, hacerme antisistema o mudarme a Andorra. El problema es que le toque la china a un pobre señor sin recursos para recurrir a un asesor o buscarse las papas. ¿Qué ocurre entonces? ¿Que gastas el sueldo de un mes en satisfacer al Estado por conceptos injustificados? ¿Así construye el socialismo justicia y progresividad tributaria/sancionadora?

La suciedad del plumilla

Fede Durán12 de Marzo de 2009 a las 18:02

El otro día vi a Shirley McLaine. Quiero decir que la vi en una foto, no paseando por las calles de la Alameda. Aparecía sonriente y con los ojos achinados, tal y como la recordaba en El Apartamento. Me entraron unas ganas terribles de homenajearla, pero inmediatamente me aguijoneó un pensamiento malvado, sin duda producto de mi desviación periodística: “No, Fede, mejor espera a que haya muerto, será entonces cuando tu oda tenga sentido”. Ostras, reaccioné, mira que somos sucios los plumillas. ¿Para qué esperar si aún la tengo ahí, a tiro de canal de pago, glamour mayor en ceremonias viejas con actrices jóvenes y pechugonas? Shirley, perdóname por haber intentado matarte. Yo más bien habría querido rebobinar y colarme en tu franja generacional para ser Jack Limón y conquistarte poco a poco a base de cederte a los demás. Qué tío, ese Jack. A la peli sólo le faltaba Walter Matthau para ser perfecta, aunque entonces se habría convertido en un juego a tres bandas con desenlace estropeado. Shirley, acepta mi amor imposible y resiste aún muchos años. Eres la mejor, aunque sólo recuerde la peli de la que hablamos desde hace un rato. Es culpa mía, de verdad, demasiadas distracciones últimamente. Estoy seguro de que echas de menos al señor Limón. Menudo cantarín estaba hecho. Y el tipo sabía actuar. Y era gracioso. Qué injusta es la muerte, ¿verdad? Se lleva a Jack y Walter pero nos deja a gente como …. (iba a poner Fraga, pero su halo me fastidia el texto; rellenen el hueco con quien les plazca). Esa señora negra de la guadaña debería replantearse su modus operandi, no sé, tal vez concediendo prórrogas vitales (que no vitalicias; la inmortalidad es un coñazo) en función de la contribución del beneficiario a la belleza del mundo. Igual promuevo una recogida de firmas y entre todos la convencemos.

“Voy a clavarte este triple (galaxia NBA, vol. I)”

Fede Durán3 de Marzo de 2009 a las 13:45

La NBA ha sido siempre una de mis pasiones. Me estrené como espectador en 1986 con un Chicago-New York narrado por Ramón Trecet en TVE 2. Fue entonces cuando decidí apostar por los Hawks, básicamente, porque contaban con un extraterrestre en sus filas, Dominique Wilkins, el más grande de los hombres plásticos. En aquella época, los concursos de mates eran una pata más de la competición. Cuando Jordan, Webb o el propio The Human Highlight Film se enfrentaban, sus rostros eran serios, su sudor agrio, su ambición desmedida. Vale, antes estuvo Larry Nance, aquel que ganó un concurso y afirmó que jamás volvería a participar porque nadie alcanzaría su nivel. Larry, no debiste subestimar la potencia de varios pares de piernas que te superaron con creces. Luego estaban los triples: Bird cerraba el puño antes de que la bola se colara limpiamente. Dale Ellis era una metralleta. ¿Y qué me dicen de Craig Hodges? Hoy, cualquiera gana encestando medio carrito.

Sé que mis reflexiones son viejas y sobre todo amateurs. El nivel baloncestístico de los aficionados españoles es muy elevado. Dirán que soy previsible, que recuento lo contado, pero tampoco me parece mal reforzar sensaciones compartidas por otros. En especial, la referida al juego puro y duro: la brecha EEUU (individualidades)-Europa (equipo) es enorme y sigue creciendo. Fíjense en las estrellas de la liga: Wade, James, Bryant, Roy… sólo Duncan remite a la escuela clásica. Los españoles aportan otras cosas: Calderón armonía colectiva (aunque este año se note poco), Gasol visión de juego y enormes pases (igual que Lamar Odom, uno de los jugadores más infravalorados desde mi imperfecta perspectiva), Rudy versatilidad (tiro exterior, buenas penetraciones)…

Existe por cierto una barrera aún en pie: ¿Para cuándo entrenadores europeos en la NBA? La mezcla podría ser tan interesante como problemática, pero si Scariolo, Aíto o Ivanovic (son sólo hipótesis, amigos) lograran domar semejante conjunción de egos, si el sistema pudiera imponerse al capricho, el atletismo por fin congeniaría con la técnica para crear el espectáculo perfecto.

Ya que he abierto con una oda a Wilkins, cierro el círculo ampliándola: Sé que sus defectos eran enormes. Era un chupón del carajo, y esta afirmación contradice toda mi perorata anterior, pero es que uno de sus saltos bien valía una misa. Le comentaba a mi amigo Arturo en el post de Guantes Negros (ya a la venta, por cierto, viva la autopromoción) que la belleza de youtube está en su exhaustividad: buscas a Dominique y aparecen sus diez mejores mates. Échenle un vistazo y admiren su vuelo. Algunas de esas joyas se ejecutan ante el ilustre Bird, quizás en el duelo más mítico que les recuerdo: Larry se cascó cuarenta y muchos puntos… y Wilkins sesenta y tantos… volvieron a verse años después y llegó la venganza del blanco canijo rubio feo de Indiana, experto absoluto en el arte de la desconcentración y, como Barkley o I. Thomas, charlador compulsivo. En ese partido, Bird cogía la pelota, botaba y se acercaba a la línea de tres sin dejar de repetirle a su marcaje (que era Dominique, claro): “tío, por mucho que saltes, por infinitas que sean tus piernas, voy a clavarte este triple, y después otro, y otro, y otro”. Cumplió su palabra a rajatabla. Más valía no enfadarle. DM lo comprendió demasiado tarde.

Micromemorias VII (el origen)

Fede Durán2 de Marzo de 2009 a las 13:36

Un día fuimos los Fab-Four. Un día, cuatro tipos vivimos juntos en la calle Comercio, Madrid capital, cuando todos comenzábamos a forjar nuestros sueños. Aingeru Zorita, Carlos Sánchez, Luis Benito y yo. Tres vascos y un andaluz. Cuatro melómanos tremendos, cuatro alimañas posadolescentes con ganas de aportar. Aingeru es fotógrafo y creo que ha logrado su objetivo de asentarse. Carlos se fue a Honduras con un proyecto de cooperación internacional y allí sigue. Luisbe regresó a Vitoria, y de allí a Bilbo, donde aún ejerce de periodista sin aparcar sus otras pasiones (Tau, rock, colaboraciones en fanzines culturetas).

Me presenté una noche tras las clases del master de El País. Buscaba piso. Carlos y Luis me recibieron. La casa estaba llena de revistas de música (incluida la que ellos editaban, claro), cds y posters. Parecía una escena de Hate, la serie de Peter Bagge descubierta gracias a mi colega Barea. La conexión fue inmediata. Nos aceptamos y cerramos el trato brindando con cerveza y cenando espaguetis (ese clásico de todo nido de ratas). En adelante, siguieron mi escalada hacia el periodismo, soportaron mis miedos, toleraron mis ínfulas y conocieron a mi entonces mujer. Fue una época gloriosa porque todo lo inconsistente es más intenso. Luego, nuestros caminos se separaron. Pasé de Madrid a Barcelona y de allí a Sevilla, donde aún resido. Admito que los echo de menos. Las madrugadas se alargaban charlando de nuevos grupos o colándonos en casa del Pipa, allá por Cuatro Caminos, para ver los play-offs de la NBA.

Ya escribía. No hay grandes espacios en blanco en mi vida literaria. Me tiraba más la poesía. Era pronto para el relato, y la autoexigencia del master tampoco me dejaba demasiada energía para crear universos paralelos. Ahora, gracias a internet y otros inventos, Los Tres Fabulosos saben que he dado un pequeño pasito, un pasito emocionante y delicado para aproximarme a lo que de veras me llena. Desde aquí les mando un abrazo y les devuelvo el guiño que tantas veces me lanzaron: también váis a lograr lo que os propongáis.

PD: Ni quiero ni puedo olvidarme del traspado de última hora que acabó con Aingeru en la liga del amor y Olga en nuestra cabaña… Su irrupción fue un aliciente, sobre todo en términos decorativos (demostró, toscos hombres, cómo dos mantas bastan para transformar un salón horrible en un rincón acogedor).

Esta casa es una ruina

Fede Durán24 de Febrero de 2009 a las 13:16

Repetiré una vez más lo que tantas veces se ha repetido antes: estamos en crisis. Muy bien. Menuda novedad. Eres un plasta, tío. Paciencia, hermanos, paciencia. Coincidirán conmigo en que los tiempos duros deberían reforzar la autoexigencia. A menor demanda, mayor perfección del producto para que quien sí gaste tenga al menos la sensación de que la suya es una inversión sabia/justificada/coherente.

Pues bien: he estrenado casa. No me entretendré en resumir sus numerosas virtudes (plasticidad, armonía zen, luz) sino en desglosar la ominosa letra pequeña. Como dice uno de mis jefes, toda mudanza es potencialmente un proceso aniquilador. La ilusión del traslado, del cambio de entorno pierde fuelle ante la calamidad del trabajo mal hecho.

Luché por conseguir luz y agua, pero la cosa se alargó. La licencia expedida por el ayuntamiento era provisional y por lo visto insuficiente para convertir un cubo frío en un hogar acogedor. Luego llegaron los flujos energéticos y todo pareció cambiar. Abrí la llave del agua y vi correr un buen chorro en la cocina. Magnífico… hasta que detecté el rumor de una corriente en el cuarto de baño. La pared supuraba. Charco. Fregona. Corte del suministro. Consulta al fontanero. Diagnóstico: al colocar la mampara de cristal taladraron la tubería. Olé. Menos mal que existe un mapa con las conexiones de la casa que el aparejador y sus esbirros debieran siempre tener grabado en la mente.

El gas. Esencial en mi caso porque significa agua caliente. Un error informático de Gas Natural retrasó el alta dos semanas largas (muy largas… de hecho, ducharse en invierno en estas condiciones es equiparable a la peor de las torturas de la Inquisición). Tropecientas llamadas después, negocio resuelto.

Internet. Llega el técnico de Telefónica, comprueba con satisfacción que el teléfono suena y las clavijas encajan y, oh, ah, sorpresa, a alguno de sus compañeros se le olvidó instalar la caja central que canaliza, permite y entronca las conexiones del edificio. Demora mínima prevista: un mes (ya ha pasado medio y sigo sin noticias).

Aire acondicionado. Tengo uno de esos aparatos que Mitsubishi anuncia en la tele. Ya saben, silencio absoluto, o casi, apenas el suave aleteo de una brisa reparadora… tampoco en este caso la felicidad llegó siquiera a estrenarse. El aparato zumba como un grillo. Es incansable. Incluso cerrando todas las puertas, incluso aislando la máquina, un aguijoneo traspasa las maderas y golpea mi oído por las noches. Llamadas varias al servicio técnico. Respuesta: ya vendrán (han pasado dos semanas).

Cocina. Instalación del lavavajillas y la lavadora. Las traen. Bichean bajo el fregadero. Coño, detecto malas caras. Otra vez. Me dicen que falta una pipeta doble, o un codo, o qué sé yo… además, el desagüe está cegado. Se van como vinieron, aunque más ligeros de peso porque los mastodontes quedan en casa despatarrados, a sus anchas y con una sonrisa socarrona. Viene el fontanero (comienza a ser un desconocido habitual) y me hace el apaño. Vuelven (días después, of course) los instaladores y me comunican que la pipeta triple no está sellada y que ellos no pueden resolverlo. Al final, en un arranque de altruismo que aún agradezco, lo resuelven.

Asunto frigorífico. El hueco de la cocina es aparentemente estándar (80 cm de ancho): lo metemos. Queda precioso, la verdad. Rojo en contraste con el acero de la repisa. Abro la puerta para admirar el interior y escucho un roce. Mierda. Las paredes raspan la puerta. Los cajones de la cocina también. El frigo está rodeado. Compro fieltro adhesivo y me olvido. Al fin y al cabo, los arañazos no se ven. Llegados a este punto, admito que la ilusión ha dejado un hueco considerable en el sofá a la resignación, un invitado bastante cenizo. Juntos veríamos la tele por las noches si la antena funcionara.

Humedades. Algún despistado se dejó abiertas las ventanas que dan al patio antes de que me mudara. Llovió. El agua se filtró y estropeó la madera del rodapié. El jefe de obra intenta culparme. Bufo, comprende que no cuela y manda a alguien que lo arregle a regañadientes.

Armarios. Las puertas no encajan bien. Tampoco tienen topes.

Friso de la cocina. Despegado por la ridícula cantidad de silicona empleada en la adhesión.

Telefonillo. Según la memoria de calidades, venía con pantalla. En realidad, apenas ocupa el equivalente a una bolsa de pipas tamaño XL.

No sigo para no cansarles, pero me despido con una reflexión furibunda: la gente aquí no sabe trabajar, o trabaja con desgana, o entiende que te hace un favor aunque le pagues (y bien, por cierto). ¿Profesionalidad, eficacia, mimo al cliente? Váyanse a Alemania.

Guantes Negros

Fede Durán12 de Febrero de 2009 a las 11:37

Se ha hecho esperar, pero ya está aquí. Familiares y amigos han sufrido en primer término la incertidumbre y los retrasos, la larga batalla hasta la imprenta y el diseño definitivo. Ahora sólo me queda darles las gracias e invitarles a que disfruten (o sufran) con el producto: Guantes Negros, un libro de 11 relatos escritos entre 2006 y 2008.

Primero, la parte práctica: Saymon es la editorial. Ha transformado su apariencia en busca de una estética más atrayente y yo creo que lo ha logrado. La presentación será en la Fnac de Sevilla (Avenida de la Constitución) el martes 10 de marzo a las 20.00. Jon Juaristi será el maestro de ceremonias. Luis Sábat, editor jefe, le acompañará.

El libro estará a la venta la semana del 2 de marzo.

Después, una sinopsis deliberadamente incompleta para no reventar mi propia intervención futura. He agrupado los relatos en tres partes en función de la atmósfera y el estilo. La primera pata, Guantes Negros, da su nombre al título y se alimenta de lecturas tipo Zweig, Kundera o Bodor (salven siempre las distancias). La tercera, Batería Aérea, es más ácida y cercana: no se trata de atmósferas irrespirables en países lejanos sino de escenas de Las Palmas, Barcelona o Cádiz donde personajes terriblemente perdedores luchan o se integran en la mediocridad en función de sus naturalezas humanas. En medio, Gafas de Pasta, isla equidistante, tres historias que según mi editor recuerdan el universo Woody Allen (sea o no cierto, la comparación me honra).

Espero que con esto tengan suficiente. Si quieren más, inviertan sabiamente su parné y echen de paso un cable a este pobre autor. Y, recuerden, según Babelia (El País), “el relato vuelve a estar de moda”  [me lo creo: es una modalidad fácilmente adaptable a nuestro ritmo de vida porque se amolda al trayecto de metro o bus, a los 40 minutos del AVE Sevilla-Córdoba y hasta a esos diez segundos de lectura previos al sueño].

Actualizo el post con la entrevista que publican hoy los diarios del grupo Joly.

Y añado, hoy 13 de abril, aún horrorizado por el regreso a la rutina, una crítica recientemente publicada en internet.

Juaristi

Fede Durán7 de Febrero de 2009 a las 17:31

Uno de los honores que la vida me ha regalado últimamente ha sido conocer a Jon Juaristi. No necesita reseñas. La admiración que despierta en mí no procede tanto de su trayectoria (que también) como de su proximidad. La primera prueba que avala mi afirmación es la más significativa: Jon presentará mi libro sin recibir nada a cambio. Lo hará porque quiere. Y, en parte, gracias a este blog, la plataforma que nos permitió iniciar una conversación alargada mes a mes vía correo electrónico.

Lo que más me sorprende de un hombre de la generación de mis padres es su capacidad de adaptarse también a las referencias culturales de mi quinta. Jon tiene un hijo parcialmente volcado en el cómic. Era la excusa perfecta para proponerle algunas lecturas. Lo grande es que finalmente casi fue él quien me recomendó historietas a mí. Le hablé también de mi novela en ciernes (sobornaré a los dioses para que algún demente la publique en 2010), le conté cuáles fueron mis musas y él encontró casi sin pestañear otras inspiraciones que yo había omitido. Tuve que echar un vistazo a las esquinas de mi casa para comprobar que no había cámaras o microchips. Pero el meollo de esta pequeña pieza onanista es otro: lo que de verdad me sublima, lo que me hace recobrar el optimismo es comprobar que aún existe gente brillante sin la soberbia tan común en los mediocres. Me quedo con eso, lo anoto, espero no olvidarlo nunca.

Palabras pensadas, palabras habladas

Fede Durán3 de Febrero de 2009 a las 13:11

Escribe Ray Loriga en El País Semanal (EPS) que se habla como se piensa o, más exactamente, que no es posible perder pensamientos en el tránsito hacia las cuerdas vocales. Loriga escribe bien, a veces rematadamente bien, pero difiero de su premisa. Un buen orador casi siempre equiparará sus discursos pensados y escritos; incluso si piensa más rápido de lo que habla o viceversa. Ésa es su habilidad, ése es su don de discursista. Pero otras personas, e incluso esos mismos espadachines de la palabra, sufren desfases que desmontan la ley de la sincronía obligatoria.

Está el ejemplo de los amantes incapaces de superar una incomprensión creciente. En el fondo de sus almas, esos amantes aún se quieren aunque bloqueen su capacidad expresiva. Se miran, se tantean, están a punto de desnudar sus ideas y, sin embargo, una intuición, una reserva recóndita vinculada al instinto de supervivencia les frena. Están los tímidos patológicos, superados constantemente por el miedo escénico, víctimas del pánico al auditorio. En casa, sin espectadores a la vista, estos mismos seres articularían enormes piezas de museo. Están quienes, fruto de una discusión encendida y expansiva, pierden la compostura y empañan sus frases con balbuceos. Y están los que, lisa y llanamente, intoxican la voz para que oculte sus verdaderas inquietudes (un amigo gallego me explica que así son las gentes allá en los campos del noroeste; por si acaso, matizaré que yo lo ignoro).

Loriga, por cierto, anota el paradigma de la Álvarez (Magdalena): no es que hable mal, es que no sabe pensar mejor. Me temo que debo darle la razón en este concretísimo caso.

Autor

Soy Licenciado en Derecho y master de Periodismo de El País. Comencé en el árido mundo de la abogacía. Durante dos años me dediqué al Medio Ambiente, pero siempre ganaban los malos y preferí rescatar mi antigua pasión por el periodismo y las letras en general. He trabajado en El País en Madrid y Barcelona, también en el cuadernillo de Política de Expansión-Cataluña y desde principios de 2006 en la sección de España de los periódicos del Grupo Joly.

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