No habrá espacio para todos

Fede Durán | 11 de marzo de 2008 a las 17:36

Atención, amigos, El Vaticano ha modernizado su lista de pecados. A los siete tradicionales ha sumado otros siete de corte más social. Las drogas, para empezar, condenan al infierno. Mal lo tienen Obama (marihuana) o Bush (dipsomanía) por sus deslices de juventud. Y eso que son cristianos convencidos. La nómina de damnificados es potencialmente infinita. Incluye a los parroquianos de cada bar, a los fumadores activos y hasta quizás a los pasivos. Maltratar el medio ambiente también suma (es decir, resta). Si no reciclas, lo tienes fatal. Un primer cálculo a ojo de buen cubero se llevaría por delante al 90 por ciento de la población española. Más: prohibido enriquecerse hasta límites obscenos a expensas del bien común. Zaplana, cuya vocación confesa es hacerse rico a través del escaño, se caería con todo el equipo, y con él quienes están detrás de la corrupción urbanística (alcaldes, concejales, funcionarios, promotores). Tampoco se puede causar pobreza. La historia condenaría entonces a Europa casi al completo por el expolio universal de hace siglos. Caerían algunas multinacionales adictas a la mano de obra barata. Caerían los dictadores tipo Sha. Caería todo personaje con suficiente poder acumulado en el pasado, el presente y el futuro. Por último, nada de manipulaciones genéticas (los padres de Dolly ya saben lo que les espera) ni de experimentos sobre seres humanos, embriones incluidos. Con el recién ampliado listín, lo que hay que preguntarse es quién se libra de las llamas, el azufre y los tridentes.

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Cataluña Connection

Fede Durán | 10 de marzo de 2008 a las 18:18

Sí. Como en la peli de Gene Hackman pero sin mafias ni franceses. Cataluña ha sido la conexión, la clave del triunfo de Zapatero. Finalmente el pulso fue irrelevante: Madrid y Valencia no compensan para el PP el poderío que el PSOE exhibe en Andalucía y, sobre todo, en la comunidad de Mas, Duran, Carod o Saura. La diferencia ha sido bestial: 25 escaños contra sólo siete. Nada invitaba al optimismo: Magdalena Álvarez se convirtió en el personaje más impopular por aquellas tierras, una especie de tentetieso saleroso, el AVE agujereó paciencias y suelo, Cercanías se convirtió en un enjambre sin salida. Y van los tíos y ganan, y encima mejoran, y además le meten a Rajoy un filete de 18 diputados. Un abismo imposible. Sideral.

La explicación no es sencilla. Es cierto que la mente catalana, generalmente refinada, no tiene problemas para cambiar de chip según se enfrente a unas elecciones generales o autonómicas. Cuando se piensa en clave estatal, el dilema es PSOE-PP. Al votante le pesa más este pulso que el poder que puedan acumular las formaciones nacionalistas. Por eso, parte del voto de CiU vuela siempre al PSC. Pero en este episodio concurren otros elementos. Algunos sorprendentes. ERC se la ha pegado. Menudo patinazo. De ocho a tres. Buf. Ellos, que jugaron al viejo truco de la demagogia. Ellos, que pidieron gestionarlo todo para huir del tercermundismo español (“llego tres horas tarde al trabajo, por eso quiero la independencia”, glorioso lema). Habrá que investigar las causas. Necesitamos urgentemente a un forense. ICV tampoco ha salido bien parada. Este grupo es un poco más aseado. Son políticos que huyen de la estridencia y optan por un estilo de hacer las cosas alejado de los cánones. De poco les ha servido. Caen como cae también el compañero Llamazares, irremediablemente sepultado bajo el lodo. Evidentemente, parte de ERC e ICV también ha preferido a Zapatero.

¿Existe un factor Chacón? ¿Se ha bastado ella para espolear a las masas de simpatizantes desencantados, a esos mismos que castigaron a Montilla en los últimos comicios regionales (noviembre de 2006)? ¿Ha muerto el desencanto expresado por Maragall? ¿Debe ZP replantear su posición en el tablero para darle a la ministra de Vivienda un cargo algo más jugoso, aunque sea allá arriba?

Ojo. El rol de Rajoy cuenta. Reveló que jamás retiraría su recurso contra el Estatut. Colocó a Daniel Sirera, una especie de transistor de Radio Génova, al frente del PPC en detrimento de Josep Piqué, tan brillante como falto de feeling con el seguidor popular prototípico. Aguijoneó durante cuatro años a través de otro par de transmisores aún más potentes (Zaplana-Acebes)… Es decir, este hombre sabía que en Cataluña rascaría poco. Pero de ahí a caer tan aparatosamente va un trecho. El PP tiene que replantearse seriamente su vía catalana.

Ellos también son actores (parecidos razonables)

Fede Durán | 6 de marzo de 2008 a las 19:14

Es evidente. La política requiere ciertas dosis de falsedad. Esos besos en la jeta del niño rubio. Las manos estrechadas con efusividad. Abrazos, canciones, poemas, todo en el momento exacto, cuando la cámara vigila y dispara. Y qué bien salen los tíos. Sonrientes, satisfechos, sobradetes. El paralelismo con el cine y los actores es evidente. Menos mal que el celuloide no engaña: uno compra ficción cuando paga la entrada. Los líderes mundiales, y también los ibéricos, juegan a otra cosa. Pero la cantinela es tan vieja que no merece la pena analizarla. Mejor buscar semblanzas.

1. Zapatero, alias ZP, alias Z. Sus cejas, como las del lehendakari, son calcadas a las del capitán Spock. La boca del Jocker interpretado por Jack Nicholson en Batman también cuela. Para los ojos seremos buenos: ahí está Paul Newman. Y ese cabello en declive bien podría calzarlo el jovencito Bruce Willis de Luz de Luna.

2. Rajoy, alias R, alias el padre de La Niña. Aunque la barba da mucho juego (el abuelo de Heidi casaría con su obesión por la chiquilla imaginaria), aquí se impone el conjunto. Don Mariano es clavadito (nariz, boca, perfil) a un fraggle rock. Sin peluca estridente, entiéndanme.

3. Llamazares, alias Gaspi, alias El Hombre Virtual. El tío es sosete, pero a alguien debe parecerse, ¿no? Déjenme pensar. Tic tac, tic tac. Lo siento, me encomiendo al anónimo samaritano que se aventure por estos derroteros.

4. Cajón de sastre para el resto: Ibarretxe, ya mencionado, es Spock, quizás incluso más feo y agrio; Carod pasa perfectamente por un Hércules Poirot más calvo y gordo; Duran i Lleida se acopla lejanamente a John Malkovich o Ed Harris; Rosa Díez a Helen Mirren (que no se ofenda ninguna de las dos si su contraparte no está a la altura) y Albert Rivera, con esa cara de niño bueno, pues tal vez a un hobbit de pelo corto.

Se admiten sugerencias.

¿Qué harían los pequeños si fueran grandes?

Fede Durán | 6 de marzo de 2008 a las 17:34

Piénsenlo. Lo nuestro es el bipartidismo, que bien podría ser una manifestación más o menos directa de amor a lo previsible. Como la misma vida. Cuentas corrientes saneadas, hipotecas asumibles, noviazgo y quizás boda, los nenes y el resto de la secuencia. Por eso sólo existen Zapatero y Rajoy. Por eso nadie se imagina un Gobierno con otros protagonistas. Ocurre en EEUU, Francia o Inglaterra. Blanco o negro. Buenos y malos. Según quién opine. Según filias y fobias. Pero la imaginación sigue siendo un hermoso instrumento. Una vía de escape. Creatividad aplicada a cualquier ámbito. También a la política. ¿Y si mandara IU? ¿Qué ocurriría entonces? ¿Sería España un nuevo socio del trasquilado club comunista? Habría que sondear a Gaspi. Con la de corrientes y ramificaciones que carga su federación, el pueblo necesitaría una buena explicación, algo así como un mínimo común denominador. Ahí va un esquema provisional de reparto del poder. Madrazo, por ejemplo, podría quedarse el Ministerio de Administraciones Públicas para promover consultas secesionistas allá donde detectase suficientes adhesiones. No importaría que la pida una comunidad autónoma, un pueblo tipo Marinaleda o un club de jubilados. El caso es mostrarse abierto a nuevas experiencias. Ya puestos, Sánchez Gordillo sería un buen interlocutor de Batasuna-ETA. Resolvería el problema de un plumazo, seguro. Valderas pegaría en el Ministerio de lo Invisible, homenaje tardío a su sólida trayectoria de coleccionista de escaños.

No me olvido de Ciudadanos y UPyD (perdonen si obvio a los nacionalistas, son pequeños, pero están acostumbrados a disponer mucho más que las tres siglas mencionadas). Albert Rivera y Rosa Díez se quejan de la falta de medios, de la desigualdad de oportunidades. Tienen razón. Lo interesante sería comprobar cómo actuarían si tuvieran la pasta de los socis o los popus. Rivera no ha necesitado demasiado tiempo para probar que en su partido, como en cualquier otro, conviven los sueños y las miserias. Ha habido escisiones, plantones e insultos, promotores ideológicos sospechosamente desaparecidos, intrigas florentinas… A UPyD no le ha cundido tanto. Lleva menos meses en escena, pero todo se andará. Al fin y al cabo, una formación diminuta aspira a ser como sus hermanas (o primas, o vecinas) mayores. Influencia mediática. Financiación pública. Escaños y poltronas. Mesas de Caoba. Vistas a la Puerta de Alcalá.

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