El Guateque
Hoy me van a disculpar. Probablemente les aburra con el tema de moda, que no es el polo lacoste del etarra López Peña sino la crisis del PP. Intentaré ponerme serio en algunos pasajes del análisis.
Veamos cómo está la cosa. De un lado tenemos a Rajoy, asesorado por Lassalle, secundado por González Pons y Moragas, adulado por Gallardón, protegido por Camps, Arenas, Sirera y Valcárcel. De otro sólo nos llega la silueta desdibujada de una nebulosa que englobaría a Aguirre, San Gil, Arístegui, Mayor Oreja, Zaplana, Acebes y Aznar. En el limbo, por ahora, permanecen Juan Costa y Manuel Pizarro, aunque es cuestión de tiempo que se decanten por el adiós o, más emocionante aún, la patada al jefe y el refuerzo de la facción enemiga.
¿Qué intenta Mariano? Aparentemente, desbrozar el jardín para colocar semillas nuevas que entusiasmen al espectador cuando germinen. El viejo reclamo de la renovación. Parte Lassalle del supuesto de que la línea dura que representaba el tándem Acebes-Zaplana ha cerrado demasiadas puertas al PP. Y, como las mayorías absolutas son excepcionales, como toca a menudo entenderse con otros, lo lógico es flexibilizarse. Yo tenía entendido que Rajoy, como cualquier otro político que se considere íntegro, defendía unos principios. Aquí sí es bueno el inmovilismo. Uno no pasa así como así del racismo a la universalidad, o del Barça al Madrid, o de la sensibilidad a la pena de muerte (vale, hay excepciones: muchos cambiaron el franquismo por la democracia y ahí siguen). Si antes no podía ni ver a los nacionalistas, ¿por qué ahora sí? ¿O es sólo que ya no descarta hablar con ellos por salvar las formas aunque sus conclusiones sean las mismas? La dulcificación que pretende sería más verosímil si la gestionara otra persona. Él ha defendido postulados opuestos a los que propondrá en el congreso de junio. O tal vez es que vuelve a tener problemas de comunicación.
¿Qué intenta la nebulosa? Desde luego, debilitar al rival. Si el buitre vuela en círculos hasta que el moribundo se rinde y yace; el núcleo duro y presuntamente agraviado aguarda paciente que Rajoy boquee, estalle y colapse sus circuitos neuronales. El problema es que nadie agarra el estandarte para colocarse al frente. No hay una alternativa visible. Aguirre no quiere jugársela tan pronto (los últimos acontecimientos sin duda han logrado variar su percepción pesimista: ya no es tan difícil disputarle el mando a Rajoy). Zaplana ha cambiado las ideas por los millones. Acebes está deprimido (pese a la plataforma Save Acebes, promovida por los cachondos de Polònia, el gran programa de humor político de TV3). Aznar no volverá (por favor). Mayor está en Bruselas (más por favores). Y me siento absolutamente incapaz de imaginar sorpresas tipo Ana Botella sin añadir al natural sobresalto la tentación del exilio.
Unos y otros se han olvidado de que existe el Gobierno y, por extensión, el PSOE, de forma que en esta lucha es justo la familia socialista la que emerge con poderío. Por suerte para la democracia y por desgracia para Zapatero, la memoria es breve en política y cuatro son muchos años de legislatura, suficientes para que quienquiera que asuma finalmente las riendas populares enmiede el embrollo y plante cara con alguna posibilidad de victoria.
Y, al estilo Arcadi Espada, ahí va mi coda: Señores del PP, barones y marquesas, empleados y filósofos, afiliados y donantes, reciban mi más sincera felicitación. Siempre he reprochado al partido su funcionamiento autoritario y monótono. Esta catarsis desmonta la crítica. Admito mi error y pido disculpas. Asistir al espectáculo que nos brindan cada día evoca el placer de disfrutar de películas míticas como El Guateque. Con Peter Sellers en pantalla, igual que con Mariano y Esperanza, uno comprende las bondades terapéuticas del caos.

