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Bienvenidos al desierto

Fede Durán | 21 de abril de 2014 a las 21:16

parlamento de lamadrid 22.

Aunque el Parlamento andaluz no ha sido nunca un gran campo de batalla ni por paisajes ni por generales, algunos cañonazos retumban aún en la caja torácica del recuerdo. Chaves y Arenas (porque ésa fue la principal, la más longeva contienda) supieron odiarse con cierto sentido del espectáculo, enroscado uno en la leyenda de su invencibilidad, aferrado el otro al milagro de la derrota. Ésta se produjo, sin embargo, ya con Griñán y en marzo de 2012, pero la victoria del PP fue pírrica y por lo tanto indigerible: Arenas se fue a Madrid y Zoido llegó de Sevilla. Ambos repartieron los bofetones del primer tramo parlamentario de 2013 en lo que muchos observadores, alineados o no, veían como un intercambio desigual.

Porque Griñán subía los peldaños de la oración como agasajado por Vivaldi, seguro de su tracería retórica, convencido de una superioridad intelectual de la que en realidad nadie dudaba y ante la que Zoido, alcalde metido con calzador a opositor, respondía con la inconsistencia del tutti frutti: un poco de todo (corrupción, parálisis, desempleo, derroche) sin ahondar en nada. Así transcurrían las sesiones de control y así prolongaba sus días una cámara siempre crepuscular, enfrascada en la pose partidista, alérgica a las alturas, hija del copy paste tal y como siempre acreditará el Estatuto que quiso ser Estatut.

ZOIDO DICE QUE LA JUNTA COGE EL DINERO E INCITA A CONFRONTAR CON EL GOBIERNO

Aquella gran frase de Lineker sobre el fútbol y Alemania contó durante esos meses con una conversión aproximada en clave andaluza: “Los debates del Parlamento autonómico son un deporte de uno contra uno donde siempre gana Griñán”. Tal vez por eso, pero sobre todo por el ponche lisérgico de los ERE, el presidente, más ojeroso y asaeteado que nunca, decidió retirarse a su Yuste particular, dejando como herencia un engendro de primarias y un dedazo casi al estilo Aznar: Susana Díaz aterrizó para quedarse. Zoido insistía en largarse. La lente pública enfocaba un nuevo combate entre boxeadores sin el pedigrí de las urnas pero con roles perfectamente definidos. Él, asiduo del ring en la legislatura, parecía el Patterson perdedor de Gay Talese; ella, obsesionada con la coronación, botaba sobre la lona como el mismísimo Ali.

Díaz no vive sincronizada a los maestros de la música clásica, ni siquiera es probable que desmenuce sus lecturas nocturnas con una copa de coñac caro bajo la chimenea, pero pega más duro que Griñán porque ella sí es un animal político, es decir, una persona que mamó desde pequeña de las tetas del partido, aprendió el arte de la demagogia y sobreexplotó el recurso a la promesa contundente y al y yo más. Zoido a su lado es un azucarillo nervioso, un colibrí trémulo cuyas plumas escupe el viento de los discursos que el PSOE asume en Andalucía no tanto por inquebrantable adhesión al progreso como por el empuje que ejercen los socios de IU y por la excusa que brindan los contrastes fáciles con las políticas neoliberales del Madrid central.

DEBATE DE INVESTIDURA DE SUSANA DÍAZ

Puede que Zoido sea como Patterson, pero desde luego Díaz no es como Ali. Si el discurso pudiera medirse como se miden las extremidades, el litoral o los círculos árticos, el que flota en las Cinco Llagas apenas alcanzaría el tamaño de un guisante. Ni los protagonistas hacen mejores a sus secundarios, ni los secundarios se esfuerzan en hacer sombra a los protagonistas, empeñados a su vez en quedar lo más lejos posible de sus antecesores recientes o remotos. El culto a la mediocridad ha convertido el jardín en páramo y el páramo en desierto. Bienvenidos a la desolación más absoluta.

*Artículo publicado en el Anuario del Grupo Joly.

Deseado por el enemigo

Fede Durán | 31 de marzo de 2013 a las 11:43

La coincidencia entre opuestos es un raro fenómeno en política. La coincidencia entre PSOE y PP chirría todavía más, sobre todo en una Andalucía espiritualmente dividida (aún) entre terratenientes y proletarios, sobre todo cuando se refiere a los sentimientos que uno de los líderes en liza, Juan Ignacio Zoido, inspira entre amigos y enemigos. Pero ocurre. El PP se aferra al divino dedo designador de Javier Arenas -un hábito muy enraizado en la derecha, como demostró Aznar con Rajoy-; la Junta y José Antonio Griñán también.

Arenas es perro viejo. Su habilidad ha quedado frecuentemente constatada: fue ministro en la época dorada del PP, accedió con aparente desgana -igual que Chaves cuando dejó Madrid por primera vez- a centrarse en la cosa autonómica justo donde a su partido siempre le fue peor, masticó mal su victoria pírrica del 25 de marzo de 2012 (Pirro fue un enorme general, por otra parte) y tuvo a mano el teléfono rojo para quitarse de en medio y volver a la capital, a Génova, a la pasarela mediática sin aparentes manchas en el expediente.

Zoido es bien distinto. El traje de mosquetero le queda grande. Las líneas de su oposición son frágiles, difusas, irregulares. Dispone de un enorme arsenal en el terreno de las cifras, pero es incapaz de utilizarlo con constancia y efectividad. El problema de un Parlamento es que tarde o temprano emerge la lupa de la retórica, del afilado manejo de las palabras, de esos intangibles que -justa o cruelmente- condenan al gris, al atropellado o al tecnócrata. Fíjense en el material expuesto: la Administración paralela de la Junta (de la que nada ha vuelto a saberse); el monumental escándalo de los ERE (1.400 millones, según las cuentas del PP); Invercaria; el déficit (aquí todos fallan); un desempleo de récord…

Griñán ha querido manejar su ventaja sin despistarse. Pero el socialismo, antes con la boca pequeña y ahora sin complejos, proclama su fortuna por contar en la bancada contraria con el alcalde de Sevilla. “Es un regalo que Dios nos da cada mañana”, afirmaba el pasado viernes Mario Jiménez. Malo para el país, malo para el PSOE y pésimo para Griñán. Porque los grandes estadistas -suponiendo que el presidente lo sea- precisan de grandes Némesis. Porque la derrota envenena más cuando no se la espera.

La ruta que el socialismo andaluz dibuja tampoco está clara. A veces por fantasías periodísticas y otras por ambigüedades más o menos calculadas, Griñán se deja querer para empresas mayores. A punto de cumplir 67 años, no parece que la mejor baza del PSOE matriz para recobrar metros de respaldo en las urnas pase por recurrir a un veterano Griñán en lugar de otro veterano Rubalcaba, aunque Fraga y su Xunta desmientan esta línea de pensamiento. Si, por el contrario, su futuro está en las Cinco Llagas, necesitará alicientes. Arenas era muy bueno tocándole las narices. Zoido apenas le arranca sonrisas de superioridad.

Y aquí llega la paradoja: ¿se imaginan que ocurra precisamente eso, que Griñán se apague de aburrimiento, que se sienta viejo, que ceda al empuje indisimulado de Susana Díaz? Entonces Juan Ignacio Zoido se relevaría como lo contrario de lo que parece: un estratega exquisito, de primera línea, un hombre con la inteligencia necesaria para inocular la inestabilidad en el taifato socialista desde su careta de boy scout, un halcón con plenas posibilidades de asaltar al fin el Palacio de San Telmo.

Cabe por último un escenario inédito. Podría ocurrir que conforme avance la legislatura, el propio PP-A, a instancias quizás del mismo Zoido, sopese la posibilidad de encomendarse a un nuevo tutor. Arenas se fue con la cama sin hacer, y su sucesor nunca ha ocultado que se siente ante todo alcalde.

No se trata únicamente de un problema de pericia, o de carisma, o de esgrima dialéctica, o de vocación. Se trata de todos esos factores en concurrencia, más el añadido de una presunción dañina: efectivamente, existe más materia prima que nunca para desbaratar el dominio con muletas (IU) del PSOE-A. Conviene recordar, no obstante, que Arenas ya gozó de los misiles de los ERE, ya los utilizó, ya los detonó en el Mamaev Kurgan de la Junta, ya transmitió al pueblo andaluz el saqueo. Y el PP ganó por 50 escaños a 47, lejos de la mayoría absoluta y del trono. Que nadie le pida peras a Zoido.

1994-1996: la pinza

Fede Durán | 20 de mayo de 2012 a las 19:10

La política fabrica extraños compañeros de cama. Un buen ejemplo fue la II República, presidida en 1931 por el hijo de un terrateniente (Niceto Alcalá Zamora), gestionada por un liberal en el buen sentido del término (Manuel Azaña) y completada con un collage de ministros de todos los colores (Miguel Maura, Francisco Largo Caballero) que fue aún mayor durante el gobierno provisional de un año antes (Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Lluís Nicolau d’Olwer). Salvando las enormes distancias y reduciendo la escala nacional a la autonómica, Andalucía se topó con un retrato parecido tras los comicios de 1994. Manuel Chaves había ganado su segunda cita electoral con 1.395.131 votos, unos 150.000 más que el PP de Javier Arenas. En escaños, la diferencia era mínima: 45 contra 41. En una cámara con 109, la mayoría absoluta está en 55, lejos, muy lejos de aquél lanzamiento de jabalina. De la mano de Luis Carlos Rejón y con sus mejores resultados bajo el brazo (20 diputados), IU se iba a convertir en el actor esencial de una película que duraría menos de dos años y produciría uno de los títulos más recordados de la trama autonómica andaluza: la Legislatura de la Pinza, un thriller que aún genera preguntas. ¿Hubo verdadera sintonía entre Arenas y Rejón? ¿Qué papel jugó desde Madrid Felipe González? ¿Y Julio Anguita? ¿Cómo recuerda el propio Chaves aquel bienio frenético, plagado de reprobaciones y debates a cara de perro?

Versión A (Rejón). El domingo 12 de junio de 1994, pasada la medianoche y completado el escrutinio, el ex presidente de la Junta supo perfectamente cuál sería su primera llamada telefónica. Necesitaba el respaldo de Izquierda Unida y estaba dispuesto a ser generoso. Pensaba en un gobierno de coalición parecido al actual y con un papel aún más protagonista para la federación de Izquierdas. Chaves convocó a Rejón una semana después. Su oferta era, en términos de poder, mareante: la vicepresidencia que hoy ocupa Diego Valderas y cuatro consejerías. Rejón sonrió, pero no dio el sí. Su respuesta estaba condicionada por un contexto políticamente salvaje. Era la época de los GAL, de Luis Roldán, de Juan Guerra, de la hemorragia de Santana Motor. IU no quería poder sino programa. El tardofelipismo había sido una de sus banderas de batalla y no estaba dispuesta a empeñarla. “Recuerdo perfectamente que le pregunté a Manolo por los contenidos y él me contestó que la gobernabilidad era para el PSOE, que si pensaba que una parte de nuestras recetas era aplicable estaba totalmente equivocado”, relata Rejón.

Versión B (Chaves). Nunca existió oferta alguna a Rejón e IU. En la federación triunfaba la teoría del sorpasso. Izquierda Unida vivía sus mejores momentos en Madrid y Sevilla. Rebasar al PSOE era sólo cuestión de tiempo y de un matrimonio de conveniencia celebrado discretamente entre José María Aznar y Julio Anguita bajo el mecenazgo de Pedro J. Ramírez. Los contactos con Rejón se limitaron a un frustrado intento de cerrar los presupuestos de la comunidad para 1995 (al final, se acabarían prorrogando los de 1994).

Reconstrucción del resto de la historia. Chaves calibró desde el inicio la verdadera dimensión del problema. Era consciente de que el mandato sería bacheado, sabía que habría que negociar párrafo a párrafo cada texto legal, cada iniciativa o designación. ¿Imaginar una entente Arenas-Rejón era ir demasiado lejos? Quizás, sobre todo si se atiende a los primeros pasos en sede parlamentaria, donde IU optó por el voto nulo para permitir la elección de Manuel Chaves como presidente.

Previamente había llegado la primera gran pista de lo que se cocinaría después: Valderas lograba la Presidencia de la Cámara regional con el ok del PA de Pedro Pacheco… y del PP-A. “¿Que por qué nos apoyaron? Eso habría que preguntárselo a Arenas”, dice Rejón. Antes incluso de ese nombramiento, IU y PP habían acercado posturas. Aunque el entonces secretario general de los populares andaluces, Juan Ojeda, desmienta “que se firmara documento alguno”, Rejón confirma lo contrario. “Eran un par de folios que Arenas y yo firmamos en una sala de comisiones y lo único que contemplaba era una apuesta por la regeneración democrática y un respeto de las proporciones en los organismos públicos y parlamentarios”. La leyenda en torno a ese par de folios -el mal llamado pacto del Hotel Inglaterra- creció exageradamente. Se habló de un gobierno en la sombra, de una especie de gabinete en el exilio de la oposición, pero las alianzas fueron “todas de forma, jamás de fondo”, según Rejón. Chaves admite que no llegó a leer el documento misterioso, pero difiere de su ex rival: “Contenía muchísimos puntos que desde luego iban más allá de las formas”. Pacheco, convidado de piedra en la legislatura con sus tres escaños, considera simple y llanamente que “PP e IU tendrían que haber formado un Ejecutivo de coalición”. “Había un acuerdo de cooperación cooperativa”, zanja Ojeda. “Fue un ejemplo de tolerancia”, concluye Rejón.

El socialismo andaluz leyó una seria advertencia en esa doble rúbrica. Chaves se reafirmó en su convicción de que tendría que picar piedra para garantizar la paz. Los problemas no se limitaban al frente externo de la entente, también eran intestinos. “El presidente estaba en una situación de extrema debilidad -analiza Ojeda- porque en su grupo parlamentario mandaban los guerristas (Enrique Linde, Antonio María Claret). Pero fue listo: recuperó a Zarrías, a Pizarro y a Ceballos y reconquistó el poder en el partido”.

Para contentar a Arenas, Chaves disponía de una buena carta: la elección del sustituto de Manuel Melero al frente de la Radio Televisión Andaluza (RTVA). Entre bambalinas, además, Gaspar Zarrías y Luis Planas (rescatado actualmente por Griñán como consejero de Agricultura) eran los hombres encargados de garantizar, junto a Ojeda, la estabilidad de los puentes, del entendimiento forzoso, de la negociación a hurtadillas. Con Rejón no era tan sencillo. Chaves quería incluirlo también en el debate y posterior pacto sobre el nuevo director de la RTVA, pero necesitaba más fuegos artificiales. Y la deuda histórica era un pastel de incalculable valor teniendo en cuenta que la cuantía que se fijase en Andalucía sería avalada sin demasiadas pegas por el Gobierno amigo de Madrid.

El asunto número uno (RTVA) parecía encaminado. Juan Teba, “un señor aparentemente cercano al PSOE” a juicio de Rejón, era el hombre del consenso. Pero no. “Iba de viaje en tren a Bilbao y me enteré por los medios de comunicación de que finalmente PP y PSOE habían optado por otra persona”, señala el ex dirigente de IU. Esa persona era Joaquín Marín Alarcón. La federación recibía así el primer bofetón.

El asunto número dos (deuda histórica) era más complejo. Chaves y Rejón pretendían incluir la cuantía en los presupuestos de 1995, aquellos que nunca se aprobarían, y le dedicaron muchas tardes al cálculo. De nuevo, las posturas parecían cercanas. Se habló de 51.000 millones de las antiguas pesetas (más de 300 millones de euros), y Rejón creyó cobrada la pieza. Pero tampoco. “Felipe González jodió toda la vida política andaluza -lamenta-. Jodió el acuerdo en RTVA y jodió la deuda histórica, cuya cifra yo ya había firmado con Chaves. Manolo me llamó y me dijo que le habían tumbado el pacto en Madrid, que Felipe decía que ninguna comunidad autónoma le iba a marcar las cuentas públicas. A él no le interesaba mantener relaciones con IU”.

Chaves, otra vez, difiere: “Nunca nos comprometimos con cifra alguna. Es cierto que barajamos los 51.000 millones, pero yo tenía que ver a Felipe y a Solbes, que entonces era ministro de Economía, para tomar la decisión final. Y Pedro decía que era mucho dinero, demasiado. Rejón tenía el listón reivindicativo tan alto que parecía que no quería alcanzar ningún acuerdo”.

Desde entonces, la fractura fue absoluta. El Parlamento se convirtió en un hervidero. La tensión podía masticarse como un chicle. Los socialistas eran como Ali antes de irse a la lona por primera vez en aquel combate fatal contra Frazier: creyeron tanto en su dominio que no estaban preparados para cambiar el alma de punisher por la de un simple fajador. “La pinza nos sorprendió por la actitud infantil de Arenas y Rejón, que jugaban al gato y al ratón con Chaves. Siempre ganaba la pinza, y nosotros a veces nos uníamos, pero hubo un exceso de bronca, las sesiones eran interminables y estaban repletas de reprobaciones a todos los consejeros”, visualiza Pacheco.

Arenas se frotaba las manos. Era un escenario idóneo para salir reforzado. La agonía de Chaves podía convertirse en el prólogo de su primera y enorme victoria. Aznar asentía en la distancia. ¿Y Anguita? “Julio siempre me daba su opinión, siempre, y coincidían con las mías en el 95% de los casos, pero yo me sentí siempre totalmente libre”, subraya Rejón. “Nunca se planteó un Gobierno de coalición con Arenas. Nunca. Aunque hubo gente en mi partido que en los sótanos del Hotel Los Lebreros (nuestro lugar habitual de reunión) me pedía mociones de censura con candidatos a la Presidencia de la Junta ajenos al Parlamento. Tuve que frenar varios intentos en esa dirección. Y lo curioso es que muchos de los defensores de esas mociones aplauden ahora la alianza entre PSOE e IU”.

A finales del 95, transcurrido apenas año y medio de mandato, estalló la bomba (ver apoyo). Se debatían los presupuestos para el ejercicio siguiente y Chaves no estaba dispuesto a prorrogar por segunda vez los de 1994 “por razones de higiene democrática”. Si las negociaciones fracasaban, adelantaría las elecciones. Ojeda y Arenas habían lanzado una tímida oferta: respaldarían las cuentas de la Junta si el Gobierno accedía a anticipar la cita con las urnas en una fecha distinta a las generales. Chaves no tragó. Y sonó la campana del final de clase.

Aquella andadura contrasta con un presente donde Griñán y Valderas se abrazan y se quieren (por ahora). Pacheco vaticina una “ruptura traumática” en menos que canta un gallo. Ojeda opina que “los desencuentros y la bisoñez de IU en el ejercicio del poder no van a ser suficientes para acabar con este Ejecutivo”. Rejón advierte que “IU puede destrozarse internamente si la gente no percibe un giro a la izquierda en las políticas de la Junta”. Y Chaves confiesa que “las experiencias del PSOE con IU no han sido muy buenas en el pasado”. Caducó el sorpasso, se retiraron Aznar, González y Anguita, y sigue Valderas, que fue siempre propacto, también durante el pinzarato. Arenas dormita amortizado en el sillón de la oposición, así que todo encaja. Pero de aquellos lodos brotan valiosas lecciones, y la principal es que los viejos amores se enfrían pero no necesariamente mueren.

Arenas-Griñán: Matrimonio de conveniencia

Fede Durán | 2 de abril de 2012 a las 18:58

Tres son los escenarios posibles tras el 25-M en Andalucía.

  • Escenario nº 1: PSOE (47 escaños) e IU (12) pactan un programa de gobierno con la inclusión o no de la federación de izquierdas en la trama ejecutiva de La Junta y el desempeño de distintas funciones de extracción parlamentaria.
  • Escenario nº 2: los arriba firmantes no firman nada y dejan al PP (50 escaños) gobernar con su frágil minoría en una legislatura de tintes muy previsibles: o acaba con una moción de censura a Arenas o cierra con un adelanto electoral.
  • Escenario nº 3: PP y PSOE hacen de tripas corazón y cierran una alianza a la alemana, entre gigantes, para reconducir los destinos de Andalucía en su peor crisis reciente.

Descartemos del tirón la segunda opción y aceptemos que la primera es indudablemente la más factible. Unos y otros ya negocian el reparto de poderes con un difícil punto de encuentro: al PSOE se le exigen (se las exige la ortodoxia económica y presupuestaria, pero también Madrid, Bruselas y los mercados) acciones minimalistas (austeridad), mientras IU enarbola un programa maximalista donde se mantienen o mejoran los servicios sociales, se amplían las prestaciones a los parados, se exige recuperar el poder adquisitivo del funcionariado y se prevén ayudas a la vivienda como las que el gabinete de Rajoy acaba de descartar en sus Presupuestos Generales provisionales. Es muy probable que haya fricciones, malentendidos y hasta amenazas. Y no es descabellado pensar que el proceso se ralentice o incluso de congele, empujando las circunstancias a contemplar ese escenario número tres que casi cualquier andaluz consideraría a priori de ciencia-ficción. ¿Qué ocurriría si el equipo de Griñán llega a ese extremo?

Ocurriría algo muy improbable en la política española, pero no del todo imposible: una entente PSOE/PP donde el esfuerzo por dejar de lado las rencillas debería ser mutuo y colosal. Es complicado, claro: ¿Qué hacemos entonces con la trama de los ERE? O, mejor aún, ¿Quién gestiona la Consejería de Empleo? ¿Se picarían archivos documentales como en el caso Enron (si es que tales archivos existen y son comprometedores)? ¿Habría micros en los despachos rivales? ¿Infiltrados, traidores? Sólo el mejor Graham Greene sería capaz de firmar esa novela. Si, pese a todo, Griñán y Arenas compartiesen mesa, se tanteasen y negociaran, trasladarían al ciudadano un mensaje tan bello como inusual: que el sentido de la responsabilidad pesa más que las siglas, el ejercicio del poder y los discursos más o menos enemigos. Un Ejecutivo de concentración en la comunidad más poblada de España quizás sirviese de ejemplo para otros compañeros de la política, quizás rompiese moldes, quizás encontrase, con la excusa de las distintas sensibilidades, una fisura en este modelo de recuperación impuesto desde Alemania que nos conduce inexorablemente al suicidio.

No, yo no me creo el escenario nº 3. Aunque si llegase, me alegraría. Sería la primera vez que un par de dirigentes de este país consiguen sorprenderme (en positivo, se entiende) de verdad. Por no hablar de las dosis de emoción inherentes a esa alianza. Novela negra ibérica. Transtorno bipolar. Un portavoz del PP hablando en nombre de los socialistas, o viceversa. Grande.

Valderas no está solo. Tiene a sus filosóficamente afines (Torrijos, Vaquero), gente dispuesta a llevarse bien con Griñán y a gestionar alguna consejería. Pero también convive con sus termitas, con sus tenias (Sánchez Gordillo, Alcaraz), sectores de IU que no le pondrán fácil la butaca y la purpurina. Leo los primeros titulares sobre los contactos entre ambos bandos y proyecto en mi mente los rostros contraídos de la parte socialista, el esfuerzo, el terror, el hastío que les aguarda. Que venga Greene, lo vea y nos escriba una alternativa desde el más allá. Su novela sería un best-seller.

@fede_duran

Reflexiones tras el 25M

Fede Durán | 27 de marzo de 2012 a las 18:02

Empiezo por el PP. Arenas lo tenía todo a favor, más incluso que en 1996, y su pírrica victoria debe empujar al partido a la autocrítica. Si pese a la marea de los ERE y la fractura del PSOE-A no han sido capaces de arrasar, si pese a 30 años de sultanato socialista los muros de esa hegemonía siguen en pie, el problema quizás haya estado en el líder de ese proyecto alternativo de la derecha y, por supuesto, en el equipo gris del que ha decidido rodearse. Ya lo dije antes de la campaña: Arenas no cae bien. Tiene enemigos incluso en sus círculos ideológicos más cercanos. Y adolece de un problema de comunicación, de conexión con el electorado andaluz. Una cosa es que alguien te dé la mano en un acto de campaña y otra bien distinta que comulgue con tus formas, tu discurso y tu modelo de país. El PP, en mi opinión, ha abusado de la guerra de guerrillas, de la agresividad, de las acusaciones indiscriminadas (y por lo tanto a veces temerarias o directamente injustas) vía rueda de prensa. Ha optado por la deconstrucción, por rehuir la fuerza del debate parlamentario, por blandir la espada en vez del programa. Y ha atacado a la Junta no sólo donde tenía razón (los ERE, Mercasevilla, la endogamia, el ejercicio desmedido del poder, el imperio del carnet) sino también donde aquella lo ha hecho más o menos bien (la sanidad pública andaluza es un buen ejemplo, como también lo es, a menos escala, la reutilización racional de San Telmo).

La soberbia ha sido otro error de bulto. Arenas hablaba como presidente de una butaca que ya nunca catará. Su destino está en Madrid, tal vez cuando Rajoy acometa su primera remodelación gubernamental, y lo lógico sería que Antonio Sanz le acompañe como Zarrías acompañó a Chaves. Al PP-A se le presenta un serio marrón a corto/medio plazo. Necesitan un líder sólido, brillante y más próximo al votante de centro (al que definiremos como aquel que elige indistintamente rojo o azul en función de los méritos de unos y otros en la gestión). A ser posible, el candidato a sucesor debería ser ajeno al equipo de Arenas. El PP-A necesita repensarse. Justo lo que muchos creían que necesitaría más bien el PSOE-A.

 

Sigo con Griñán. El hombre ha perdido. Y es la primera vez que ocurre en Andalucía. Lo de la fiesta, la tarta y los abrazos sobraba. La alegría del derrotado al que salvará una coalición siempre debe ser más comedida. Qué curioso que los bloques ideológicos importen cuando interesa pero conduzcan al desprecio sistemático si media una mayoría absoluta. El presidente en funciones tiene ahora la oportunidad de rectificar, de aprender de sus fallos. Ha de trasladar a la gente que la corrupción industrial de anteriores legislaturas no es en absoluto tolerable. Ha de entender que él mismo no es infalible, que no es el mejor, que en su mano está devolverle al partido parte del prestigio sepultado tras tres décadas de soliloquios y más de un exceso, que Andalucía debe enterrar la parida de las modernizaciones y centrarse de veras en mejorar comparativamente, porque el entorno nunca ha dejado de superarnos, porque las diferencias con España siguen siendo las mismas que en 1982. ¿Por qué no busca el verdadero talento, por qué no se fija en personajes independientes que ventilen la gran habitación hedionda de la Junta? De los Ojeda, López y Marín Rite a la plantilla actual se detecta una involución intelectual que asusta y apena.

Luego está Valderas, que tiene cara de consejero aunque Sánchez Gordillo insista en que la federación jamás debería mezclarse con el Ejecutivo autonómico sino pactar políticas que implementen otros con cariño de padre bajo amenaza de dejarles en minoría. No tengo claro que IU haya progresado tanto por sus méritos como por las torpezas en serie del PSOE. El votante de izquierdas que no quería mancharse con una papeleta al socialismo menos prestigioso de la historia ha preferido cerrar los ojos y prestarle su apoyo a Valderas y compañía, evitando así el otro escenario indeseado, que era una victoria del PP y un rodillo azul en esta España de paro y crisis. Veremos cómo combinan estos chicos el obligatorio realismo del gobernante (o del socio del gobernante) con un programa político que mezcla opciones muy respetables (código ético, gravamen a los pisos vacíos, nueva ley electoral) con otras pelín utópicas o apolilladas (III República, legalización del cannabis, banco público de tierras).

UpyD ha decepcionado. Igual que Equo. Por no hablar del PA, cuya desaparición ya sólo parece cuestión de (poco) tiempo. Es una lástima que el Parlamento andaluz recoja, por segunda legislatura consecutiva, tan poca variedad de siglas y colores. UpyD: De la Herrán era un aspirante de escasísimo perfil mediático. Equo: De Manuel es un tipo solvente y de ideas claras, pero debe aprender algunos trucos del oficio político que le hagan parecer menos cándido. PA: Gónzalez es la mejor dirigente que han tenido en lustros, pero la única figura capaz de sostener por sí sola a un partido en España es Rosa Díez.

Mención final para los propios andaluces, entre los que obviamente me incluyo. Me preocupa que la corrupción no haya calado, que se dé una imagen de inmovilismo electoral, que se permita al mismo partido sumar 34 años ininterrumpidos en el poder sin más castigo que el de un gobierno en minoría. Me preocupa, igualmente, que el PP no haya sido capaz en todo este tiempo de crear una alternativa atractiva, de vender una imagen menos rancia y previsible, de ofrecer algo de esperanza. El votante no es estúpido, y ha trasladado un mensaje claro tras el 25M: no nos gusta este PSOE, pero tampoco este PP. Griñán, muy posiblemente, ha minimizado su caída gracias a esas centurias de paniaguados sabiamente adiestrados a lo largo de nuestra breve democracia autonómica, pero también gracias al sanguinolento planteamiento de un Arenas conservador y poco creativo.

Andalucía requiere soluciones que nadie en su arco parlamentario puede ofrecerle. Ése es el verdadero drama. Y se prolongará unos años más, cuando menos. En ese lapso, el reto será que esta sociedad no quede todavía más derruida, que los jóvenes no hagan el petate, que los emprendedores no renieguen o se rindan, que los mantenidos espabilen, que los preparados den un paso al frente y conquisten esa parcela huérfana de talento de nuestra clase política. El 25M era una gran oportunidad de advertir a todos los que mandan. Me temo que nadie se haya sentido aludido. Si es que esa advertencia se ha lanzado.

@fede_duran

Guía breve del 25-M

Fede Durán | 9 de marzo de 2012 a las 10:39

Se abre el telón y sobre el parqué aparecen las siguientes referencias: novenas elecciones andaluzas; azul contra rojo; opciones reales de cambio; tercera vez, tras 1982 y 1990, en que la comunidad vota por separado, sin la pegatina de unas nacionales; 15 días de promesas improbables y una guinda en forma de escrutinio la noche del 25-M. A continuación, un resumen de las claves que marcarán la partida.

A de Arenas. O de abstención. O de Mercedes Alaya. En cualquier caso, triple A. El candidato del PP, tres veces derrotado por Chaves, no se verá en otra igual. Todos los sondeos le dan la victoria. El CIS, en el último, sitúa la distancia con los socialistas en 7,2 puntos. En las generales la brecha fue de nueve. Arenas no cae bien. Su equipo tampoco parece especialmente brillante. Pero Andalucía es el último gran dormitorio sin ventilar del Estado autonómico. Hasta Cataluña, Galicia y el País Vasco, las otras históricas, conocen ya el término alternancia. Respecto a la abstención, un dato: es mayor cuando los comicios se celebran separadamente. La peor marca, de hecho, en 1990 (44,66%). La juez Alaya también pesa: esta semana toma declaración al ex director general de Empleo, Francisco Javier Guerrero (ERE gate). En breve comparecerá su polémico chófer. Espesa mancha de alquitrán para Griñán.

B de bisagra. Un rol que podría desempeñar IU si el PP no llega a los 55 escaños necesarios para aplicar el rodillo. O UPyD si logra el diputado que algunas encuestan le adjudican en Sevilla (o en Málaga). El PA es una incógnita con muy mala pinta. Y la irrupción de EQUO sería un milagro.

C de Chaves. El gran ausente. El líder que apaciguaba familias y sensibilidades socialistas. El hombre que se distanció de su sucesor. Más hábil que Griñán en la política, menos en la retórica. Sin su batuta, han florecido las rencillas, los celos, las listas peleonas.

D de déficit. Las cuentas de la Junta a cierre de 2011 arrojan un desfase del 3,22% frente al 2,94% promedio de las comunidades autónomas. La deuda pública se situaba en el 9,5% del PIB en el tercer trimestre del año pasado, según datos del Banco de España. El objetivo de déficit autonómico para 2012 será duro: un 1,5% de media. La Administración andaluza entrante tendrá que recortar mucho más (sanidad, educación, Canal Sur, organismos autónomos, fundaciones, personal laboral). La referencia es Cataluña, hoy un auténtico hervidero.

E de ERE. El escándalo. Corrupción con mayúsculas. Prejubilaciones que beneficiaban a personas que nunca habían trabajado en las empresas reestructuradas. Siete altos cargos de la Junta imputados (incluido el ex consejero de Empleo, Antonio Fernández). El PP también ha señalado al mismísimo Griñán. Sin consecuencias, de momento.

G de Griñán
. El hombre que no supo reinar. Y el primer socialista que perderá unas elecciones en Andalucía, el granero de votos más importante del partido en España. En el mejor de los casos, gobernará en coalición con IU, una mezcla potencialmente explosiva. Con dificultades, ha desactivado distintas rebeliones internas, demostrando que su perfil es más técnico que mesiánico. Se le ve abatido, ojeroso, anticipadamente derrotado.

H de hegemonía. Ocho elecciones y 30 años de autonomía después, Andalucía sólo ha conocido unas siglas al mando. Tanto los presidentes preautonómicos -Plácido Fernández Viagas y Rafael Escuredo- como los posteriores a 1981 -además del propio Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves y actualmente Griñán- son socialistas. En 2008, el PP logró tu mejor resultado: 47 diputados frente a los 56 del PSOE. 1996, el año de la caída del felipismo y del inicio del aznarato, quedará en la hemeroteca como uno de los grandes fiascos de Arenas: partía como favorito y acabó a 12 escaños (40 versus 52) de Chaves.

I de influencia. La que puedan ejercer sobre sus respectivos apadrinados (y sobre los votantes) Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy. El primero vendrá seis veces. El segundo prácticamente vive aquí.

J de Jaén. La provincia pierde un escaño por población y se queda con 11. Lo gana Málaga, que sumará 17, uno menos que Sevilla.

K de kilómetros. Los principales candidatos recorrerán unos 5.000 por barba. El PP celebrará 26 mítines. UPyD gastará 530.000 euros. El PSOE recortará su presupuesto de campaña hasta un 20% respecto a los casi cuatro millones invertidos en 2008.

M de mayoría. La absoluta está en 55 escaños (109 en total). Con menos, Arenas sólo pisará palacio bajo una difícil premisa: que UPyD logre los escaños del desempate y se los preste en la sesión de investidura.

N de nacionalismo. El Partido Andalucista se apartó hace años de aquella fórmula seminal moderada y práctica (PSA) para abrazar discursos más próximos a la escuela de CiU o, en menor medida, del PNV. Pero la marca identitaria vende poco en Andalucía. Fuera del Parlamento por primera vez en 2008, el equipo de Pilar González es consciente de que otro fracaso borrará esta opción del mapa.

P de paro. Una superlacra. La región con más parados (1.248.500 según la última EPA) y mayor tasa (31,23%) es un hoyo para los jóvenes -el 55% no tiene empleo- y una vergüenza estadística en España y Europa. Ningún gobierno arreglará el problema porque la clave está en la actividad económica y no en la ley. Pero los candidatos deberán ser cuidadosos (y a ser posible fundadamente optimistas) al tratar el tema.

S de Sevilla. Y Málaga. Y Cádiz. Este trío concentra 50 de los 109 escaños de la cámara andaluza. Cualquier sorpresa, cualquier pequeño traspié se hará notar en el recuento final. Huelva y Jaén son las provincias con menos peso (11 asientos cada una). Córdoba y Almería están en 12.

T de Twitter. Se supone que las redes sociales implican proximidad y debate, aunque los políticos (o sus negros al teclado) demuestran generalmente poca pericia en estos entornos.

V de Valderas. Ya dijo el líder de IU que Andalucía no es Extremadura. Una alianza total o parcial con el PP es impensable. La novia de Valderas se llama Griñán. Si las matemáticas lo permiten, claro. Y si el PSOE traga con las exigencias que plantee. Imaginen a Sánchez Gordillo de consejero. Mítico.

Z de Zapatero. Dos bazas tienen los socialistas para suavizar la derrota: la austeridad aplicada desde Madrid (más recortes e impuestos) y la caída en el olvido del ex presidente.

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Griñán el cabizbajo

Fede Durán | 23 de febrero de 2012 a las 14:37

El PSOE ha hecho lo que hacen los amantes más prácticos cuando su amor se rompe: pensar en el futuro, olvidar el pasado, dominar el presente. Rapidísimo se han puesto el traje de oposición, un traje chillón con chapas reivindicativas en la solapa. Le están sacando partido a todo: a las cargas policiales de Valencia, a la subida de impuestos, a la reforma laboral, al aborto. Sólo hay un problema: tanto ímpetu queda empañado por ese pasado que pretenden dejar atrás a golpe de grito, advertencia, movilización o causa perdida. Ellos estaban ahí cuando estalló la crisis. Ellos la agravaron con medidas de despilfarro, con panes y peces no bíblicos sino de ikea (o de cartón piedra, que es casi lo mismo). Ellos, con Zapatero a la cabeza, son el símbolo, justa o injustamente, de la España del enésimo pelotazo. Y esa España, en justicia, es obra de todos: de los políticos y sus diferentes gobiernos, de los empresarios más facilones, de los trabajadores menos comprometidos, de los sindicatos y de la madre que nos parió. Pero hay una cosa que se llama credibilidad, y el ciudadano la reparte cíclicamente: hoy, al PSOE, no le toca, y cualquiera de sus ataques a Rajoy se topa con un argumento sencillo y eficaz: “miren el país que nos dejaron; y no es la primera vez”.

Andalucía, que celebra por primera vez sus elecciones separadamente, es la batalla definitiva. Mostrará hasta dónde llega la decrepitud del PSOE o hasta dónde se extiende el dominio de la gaviota. Nadie duda, o al menos las encuestas y muchos de los dirigentes implicados no lo hacen, que Arenas ganará. La cuestión es con cuánto margen. La pinza PSOE/IU, o Griñán/Valderas, es la única salvación para quienes llevan tanto tiempo al mando. Y es una solución esperpéntica y potencialmente conflictiva. Además, Valderas no es extremeño, así que no cabe esperar un Monago II en estas tierras sino más bien una negociación de reparto de consejerías donde paradójicamente los socialistas serían el eslabón más débil.

En cualquier caso, Griñán, por cuestiones exógenas pero sobre todo endógenas, lleva fatal el asunto. Ojeroso y ceñudo, parece derrotado de antemano. Sería estúpido negar su talento, pero a menudo eso no basta. Sobre todo en política. La política es otra cosa. Se basa mucho antes en la gestión del liderazgo y la contentación de los egos que en el currículum y la valía. Si de verdad quiere tener una oportunidad, debe tranformarse. Y debe hacerlo ya. No se trata de vender lo que no hay. El optimismo sólo llegará cuando los vaticinios y cifras de la Comisión Europea o el FMI lo ratifiquen. Se trata de plantar cara a Arenas inteligentemente. Con brío. Castigando su flanco débil, que sin duda serán los recortes que vienen. Explicando cómo puede él (si es que puede) modificar una trayectoria macro y microeconómica tan descendente en la comunidad. Poniendo buena cara. Despegándose del fantasma de Chaves y de la rebelión interna. Jugando a creerse con posibilidades. De lo contrario, podríamos ahorranos ir a las urnas. Le entregamos el trofeo al PP-A y que sea lo que los dioses y los astros quieran.

Twitter: @fede_duran

Cómo Ser Javier Arenas

Fede Durán | 18 de mayo de 2011 a las 9:00

JUGUEMOS a la teoría de Mar Moreno e imaginemos que en 1999 Spike Jonze hubiese rodado Cómo Ser Javier Arenas. En la película original, Malkovich se introduce en su propio cerebro a través de un agujero (real y metafórico) del piso siete y medio del edificio Mertin-Flemmer, creando un formidable caos monopolístico: él se convierte en todas las personas que le rodean en ese universo deforme y paralelo. Los camareros, sus amigos, el servicio de limpieza y hasta el apuntador tienen su cara, su voz y una sola palabra por vocabulario: Malkovich. Arenas habría logrado ya algo parecido, aunque su peli no la ruede Jonze sino la menos talentosa Moreno, porque, según la socialista, el líder del PP-A crea confusión en el electorado al parecer “el alcalde de Andalucía”, o sea, de sus 771 municipios. Sería tremendo. Ya no habría ideas, ni insultos, ni proyectos cutres o faraónicos o las dos cosas a la vez, no, únicamente seis letras, tres sílabas, un concepto breve y universal, concreto y polisémico, viejo y nuevo de una tacada. “¿Arenas? Arenas, Arenas”. Qué maravillosa pesadilla.

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La cuota mediática andaluza

Fede Durán | 11 de abril de 2011 a las 14:04

Tradicionalmente, la política andaluza ha tenido poco peso en el conjunto nacional. País Vasco y Cataluña han sido las grandes canteras informativas por el factor nacionalista. Madrid, a veces, también ha contado por su naturaleza central y presuntamente vertebradora. Aquí las cosas eran sencillas. Como diría Lineker: Andalucía es una comunidad donde siempre gana Chaves. Pero Chaves se fue y llegó Griñán, un perfil radicalmente diferente a los mandos de un mismo partido. Bajo su reinado, por azar o por divino mandato, han aflorado los escándalos. Escándalos que, por otra parte, siempre han existido en la comunidad. Pero ahora es distinto: ahora, Arenas, tres veces derrotado, cree de veras que tiene una enorme oportunidad. Y, con el pulso nacional PSOE-PP de fondo, Andalucía, quién lo iba a decir, monopoliza editoriales y portadas en la prensa española de primer nivel. Las generales podrían decantar al PP hacia la mayoría absoluta si las distancias electorales se reducen o transforman en la región. Rajoy está abonado: viene siempre que puede y alguna vez más, y protagoniza junto a Arenas una colección de instantáneas de lo más variopinto: visten monos de trabajo, batas de científico y camisa + jersey de domingo desenfadado de centroderecha, todo con tal de dejarse ver junto al pueblo, que sigue siendo para mi gusto algo sumamente abstracto.

Andalucía ha logrado a través de la corrupción el protagonismo de otra forma negado en la factura mediática del país. El siguiente paso debería ser lograr esas mismas cuotas de atención a través de la seriedad, el progreso (gastadísima palabra) y una clase política que empuje a la sociedad andaluza al más y mejor desde sus propios listones de autoexigencia, que debieran colgar infinitamente por encima de los que hoy predominan.

El voto

Fede Durán | 8 de marzo de 2011 a las 14:45

En los últimos tiempos, harto ya de esta crisis y de la podredumbre andaluza, vengo pensando posibles soluciones al entuerto, soluciones domésticas, individuales, apenas mi cuota de esfuerzo a un todo desmembrado que ni siquiera sé qué coño quiere. Yo sí lo tengo claro: quiero que el PSOE-A abandone la Junta en bloque, cabizbajo, como un zar Nicolás al que un febrero del 17 le patease (como de hecho le pateó) el culo sin piedad. No, no hay muchas formas de lograrlo, en verdad sólo hay una, y es el voto, ese bien tan codiciado entre políticos y tan etéreo, estúpido y extraño para nosotros. El voto NO es ideología. No para mí en estas circunstancias. En la comunidad no ganará un partido de extrema derecha, ni uno de extrema izquierda, ni tampoco una parida independentista (¿cómo se llama ahora Nación Andaluza?), así que las diferencias de gestión quizás haya que medirlas por el grado de corrupción que implican. Tras 30 años ejerciendo y contaminando, desmantelando y mangoneando, amenazando y sobornando, el cupo socialista está cubierto al menos para cuatro años, que es lo que dura una legislatura (y me quedo corto; mi deseo secreto es que la expulsión, como para Boabdil, fuese vitalicia en tanto el partido no llore y depure su indignidad). ¿Y qué queda como alternativa? En plata: sólo el PP, o sea, sólo Javier Arenas, un tipo que nunca me ha gustado y que, en mi opinión, tampoco ha sabido o querido rodearse de gente especialmente brillante o visionaria. ¿Votar a Arenas es ser un facha? No lo creo: un voto no compromete unas ideas, ni un sentido de la justicia social o del papel de la Administración en la vida del ciudadano. Un voto, en este caso, gestualiza el estupor de un hombre que ha decidido decir basta y que con su acción no vende (en absoluto) fidelidades políticas sino, quiero creerlo así, madurez democrática.