¿Cuándo se cierra España?
Nadie lo sabe. O quizás sí. España, es decir, el modelo de Estado, no se cerrará nunca. Los nacionalistas jamás lo consentirán. ¿Qué sentido tendría que existieran ellos si los contornos del mapa ya no se pueden tocar? Este país no tiene forma de piel de toro sino de bucle y pierde demasiada energía en la metafísica cuando la realidad contante y sonante de las finanzas nos atosiga por todos los flancos. En este contexto, es casi milagroso que el País Vasco no se hunda pese a ETA y experimentos psicopolíticos como el Plan Ibarretxe. ¿De verdad tienen estos tíos tiempo para pensar en el I+D, el cambio climático o las subvenciones para paliar el perverso efecto hipoteca?
Que se lo digan a Jon Juaristi. O a Mira Milosevich, una especie de discípula del iconoclasta del nacionalismo vasco que se atrevió a escribir un libro en castellano pese a ser serbia (Los Tristes y Los Héroes). Estas últimas noches dejo que sus páginas me acunen. Ya amarillentas, con ese agradable olor a viejo de las novelas míticas (el libro lo usurpé de la biblioteca paterna), las cuartillas me aclaran conceptos aparentemente básicos. La balcanización, por ejemplo, que ella define como la creación de Estados dentro de un Estado hasta hacer insostenible el sistema. Es lo que consiguió, muy esmeradamente, Tito. Yugoslavia es una ficción de corta duración (1918-1941 y de 1943 a la debacle que comenzó con Eslovenia en 1991) cuyo cordón umbilical fue el comunismo, no el patriotismo. Recuerden que Aznar utilizó ese término para referirse a España. Da miedo pensarlo, aunque la comparación sea demasiado inexacta. España es un país viejo. Aunque los siglos no le sirvan para librarse del problema.
Vale, no divago más, regreso al principio, al cogollo, al corazón del asunto. ¿Cuándo se cierra España? Como Santiago ya no está para estos trotes, habrá que recurrir, una vez más, a la política ficción. Se me ocurren varias opciones:
1. España se cierra cuando regrese a los orígenes. Dice la Misolsevich que los serbios son lo más parecido de la ex Yugoslavia a Castilla. Pues ya está.
2. Los nacionalismos se disuelven por propia voluntad al haber exprimido, con la actualización de los estatutos, su capacidad de autogobierno (dentro del marco constitucional, se entiende).
3. España se convierte en un Estado nominalmente federal sin capital fija ni moneda común ni ejército ni bandera unificadora. Eso sí, se mantienen las ligas de fútbol y baloncesto y se excluye con pavor la idea de las audanas y los aranceles, vaya a ser que alguna empresa pierda parné por aquello de la eliminación del fraternal mercado compartido.
4. Portugal, Francia y Marruecos se reparten España.
El lector puede enriquecer los limitados recursos del autor con alternativas adicionales.

