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Sin complejos

Fede Durán | 17 de junio de 2013 a las 12:27

España ocupaba en 2012 el vigésimo quinto puesto en el Índice de Calidad de la Democracia elaborado por The Economist. Transparencia Internacional le otorgaba en el mismo ejercicio 6,2 puntos sobre diez en el ranking planetario de Corrupción Percibida, siendo cero, como en nuestro sistema académico, la peor nota. Según el informe de Competitividad Global firmado por el Foro Económico Mundial, apenas nos alcanza para el trigésimo sexto escalón. El Banco Mundial también enreda en esto de las clasificaciones, colgando al país un mediocre 44 a la espalda en su estudio sobre Facilidad para las Empresas. Aquí merece la pena detenerse en tres subsectores: los impuestos que se pagan (34), las facilidades de acceso al crédito (53) y la agilidad para comenzar un nuevo negocio (136. No es una errata: 136).

Aún falta el Índice de Libertad Económica (2013), esta vez a cargo del Wall Street Journal, donde España cae 1,1 puntos en un año y se acomoda en el tramo intrascendente del pelotón: desluce su cuadragésimo sexto puesto, pero desluce todavía más saber que en la “región europea” tampoco le va mucho mejor: es el vigésimo segundo alumno de una clase de 43. En la nota computan la protección del derecho de propiedad, el gasto público, la corrupción, la libertad laboral, comercial o de inversión, y la presión fiscal, entre otros factores. Inciso: sólo Suecia, Dinamarca y Bélgica superan a España en la suma de los tres grandes impuestos europeos (IRPF, IVA y Sociedades).

La combinación de estos indicadores evidencia que España no está aprovechando la crisis para reinventarse sino simplemente para retocarse, como si un poco de rímel aquí y unas sombras allá la devolvieran al mercado con el (falso) esplendor de la Era del Albañil. Fíjense en la burbuja inmobiliaria: después de estallada, renace a pequeña escala, aupada por la ley de costas de Rajoy. Fíjense en la banca: remaquetados sus balances con 40.000 millones fletados desde la UE, ni siquiera se plantea recurrir a los otros 60.000 ofrecidos para resucitar los préstamos a intereses razonables y a pagadores fiables.

Brulín y Berselas son términos referidos a la híbrida cuna del poder en la actual Europa: Bruselas y Berlín, y no en ese orden. Tal entidad bífida o bicéfala o biespiritual exige a las naciones más desastrosas (además de España, Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre, con Italia en la sala de espera) una triple receta: subir los impuestos, recortar el gasto y reestructurar las finanzas. Es una senda ineficaz. España no saldrá mejor parada en el próximo festival de termómetros macroeconómicos. Pero podría viajar a sus Pirineos e inspirarse en los extintos bucardos. Podría utilizar sus inmensos cuernos para frenar la locura imperante y explorar fórmulas más sensatas. Podría mejorar la mala broma del extremeño Monago y rebajar de verdad el IRPF. Podría hacer un esfuerzo por adelgazar la Administración superflua sin tocar las grandes arterias (sanidad y educación). Podría aparcar los complejos de inferioridad, jubilar las pantallas de plasma e inspirarse en las voces verdaderamente inteligentes de la Península y parte del extranjero. Alguna queda.

Cómo parir una empresa

Fede Durán | 5 de noviembre de 2012 a las 11:03

Crisis. Paro. Escasez. Puertas que se cierran, economías familiares que naufragan y una idea que surge como flotador: ¿Y si monto un negocio? Emprender en España (puesto 44 de 183 países) no es sencillo, no al menos según Doing Business, el informe anual del Banco Mundial sobre burocracia, seguridad jurídica y atractivo inversor. La idea es esencial pero a menudo insuficiente. Tras el romanticismo de una posibilidad en abstracto, la realidad del muro administrativo. El motor necesita mucha gasolina para arrancar: un plan de negocio, papeleo en varios frentes y financiación, sobre todo financiación. Un empresario sevillano nos relata, paso a paso, el tránsito obligatorio hacia la operatividad plena.

“La forma jurídica es una de las primeras cosas a tener en cuenta”, explica Juan Guerrero (Sevilla, 1977), socio y cofundador de Yes in Spain, una plataforma pensada para estudiantes extranjeros -normalmente preuniversitarios- a los que se ofrecen cursos de idiomas, alojamiento y rutas culturales en paquetes de unas tres semanas y bajo la supervisión de un tutor. La otra empresa de Guerrero, Incoma, colaboraba desde hacía tiempo con Afoban, entidad especializada en todo tipo de formación (oposiciones, acceso a la universidad para mayores de 25 años, pruebas de graduado en ESO), y juntos vieron el nicho estadounidense (principalmente) y la posibilidad de crear algo más que una academia. Incoma aportaba la idea seminal, Afoban las instalaciones y ambos el know how y la certeza de que un estudio de mercado avalaba la iniciativa. Todo encajaba.

La forma jurídica, decía Guerrero. Yes optó por enfundarse el traje de Agrupación de Interés Económico (AIE). Ventajas: no se requiere un capital mínimo y los resultados se trasladan a los balances de las empresas asociadas en proporción a su participación. “Nosotros elegimos un tipo de sociedad que es ideal para la unión de empresas durante un tiempo o para un fin muy concreto, como era el caso”. Pero ningún paso es fruto de la casualidad o la arbitrariedad. Guerrero trabaja con asesores jurídicos, fiscales y laborales pese a que tanto sus socios en Incoma como él provienen de las ciencias económicas y empresariales. “Cuando empiezas con tu primer negocio es cuando te das cuenta del enorme esfuerzo que te espera”, advierte. Incoma fue su graduación, Yes su reválida. Las cosas son hoy más sencillas, al menos mientras existan opciones como la ventanilla única de las Cámaras de Comercio. Guerrero no contó con esa brújula.

Cada socio aportó de inicio un modesto capital de 2.000 euros, cantidad más que suficiente para resolver los siguientes pasos: la certificación negativa del nombre elegido para la empresa (hay que facilitar a la Administración tres opciones y cruzar los dedos para que ninguno haya sido elegido antes por otros) supone un gasto de alrededor de 20 euros; los honorarios del notario algo más de 100; y la inscripción en el Registro Mercantil unos 85.

La cronología fue más o menos como sigue: el borrador del plan de negocio se redactó a principios del verano de 2008 y se pulió en una breve sucesión de reuniones. Incoma y Afoban aportaban su experiencia en el ámbito de la formación y la movilidad europea, así que la base estaba clara. La figura de la AIE permitía empeñar pocos recursos y aprovechar la infraestructura previa. El 31 de octubre, pulida la estrategia, asignado el capital y visitado el notario, se logra el alta de la Agrupación ante la Junta de Andalucía. La inclusión en el Registro Mercantil no llega hasta el 12 de diciembre.

El 7 de noviembre Yes presenta el alta a efectos del Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE), del que se solicita exención por volumen de ingresos, y obtiene el CIF provisional. Con la aportación inicial de 4.000 euros -descontados los distintos gastos de tramitación-, se habilita una cuenta corriente en el BSCH (26 de noviembre). Transcurridos dos meses de vida de la sociedad, las partes fijan los términos definitivos de los estatutos de Yes. “El proceso real de solicitud y registro no duró más de 45 días, aunque teníamos unas vivencias previas y el soporte de las asesorías con las que normalmente trabajamos”, repasa Juan Guerrero. Además, Yes nacía bien pertrechada. La imagen corporativa, el material escolar, la página web y los dominios .org y .net, recomendables para preservar la marca, estaban listos antes del debut e incluidos en esos maravillosamente bien exprimidos 4.000 euros.

El remate de la secuencia: el 27 de marzo de 2009, Bankia concede a Yes in Spain un préstamo de 15.000 euros. Es la llave para invertir en los nuevos programas con EEUU. El 18 de junio de ese mismo año se autentifican ante la Junta la escritura, el CIF y el DNI de los socios. El 24 de marzo de 2010 se solicita la Patente de Marca y el 12 de agosto Yes se registra en la Agencia Española de Patentes y Marcas.

Los 45 días de Yes in Spain superan ampliamente los 28 que el Banco Mundial adjudica de media a un emprendedor español, pero Guerrero resta importancia a los plazos. “Para mí es irrelevante. Un periodo de 40 días para estudiar las cosas en detalle me parece razonable. Los problemas en realidad son otros: por ejemplo, el acceso a la financiación pública y privada. Tuvimos suerte cuando pedimos aquellos 15.000 euros porque, aunque no teníamos ningún patrimonio o aval como Yes, sí lo tenían las empresas asociadas”. Tampoco la pata laboral allana el camino. “Al convertir contratos temporales en indefinidos, antes eran posibles unas ayudas de la Seguridad Social que consistían en un reembolso de las cotizaciones sociales hasta el tope de 3.000 euros, y ésas eran ayudas directas, pero los trámites se alargaron y nunca recibimos el dinero. De hecho, tales ayudas ya no existen”, lamenta.

Para ilustrar las piedras que Yes pudo sortear por los galones de sus gestores, para advertir al novato del precio de un prólogo sin colchón, Guerrero viaja al pasado y se acuerda de Incoma: “Las cantidades que habíamos puesto, que eran nuestros pequeñísimos ahorros de gente joven, tenían que destinarse a crear una página web. Sin ella desde el primer día, no podíamos hacer nada. Y había que dar de alta, como mínimo, a uno de los socios. Sería óptimo buscar fórmulas más flexibles, por ejemplo, para que el Estado pague los costes del autónomo durante los dos primeros años. También se podría suavizar el trato a las empresas que comienzan, asesorándolas y otorgándoles más ventajas fiscales (en algunos países europeos, las firmas con facturación menor a una cantidad no pagan el IVA)”. Emprender es inevitablemente arduo, pero nunca imposible. Éste es un buen espejo en el que mirarse.

Kim contra Ngozi

Fede Durán | 6 de abril de 2012 a las 17:20

BANCO Mundial, capítulo 12. En los 11 anteriores, monólogo imperial: todos sus presidentes han sido estadounidenses. La terna de candidatos para sustituir a Robert Zoellick la componen Jim Yong Kim, surcoreano nacionalizado americano y favorito de Obama; Ngozi Okonjo-Iweala, ex ministra de Finanzas nigeriana y ex directora gerente del organismo que ahora aspira a gestionar; y el colombiano José Antonio Ocampo, también ex ministro del ramo. El mundo anglosajón afronta dividido esta contienda. Ocampo está fuera de todas las quinielas, así que los argumentos en pro y en contra gotean sobre los CV de Kim y Ngozi. Gane quien gane, habrá un avance: la institución contará al fin con un presidente nacido fuera de las fronteras de EEUU. Obama rompe así (a medias) la tradición pendular del organigrama financiero internacional, donde por cada americano en el Banco Mundial, Europa coloca a un director general en el FMI.

¿Qué tiene Kim que no tenga Ngozi? Principalmente, un discurso muy heterodoxo a ojos de Wall Street. “La búsqueda del crecimiento del PIB y de los beneficios empresariales ha empeorado de hecho las vidas de millones de hombres y mujeres”, escribió una vez. También, una experiencia esencialmente vinculada a la ayuda al desarrollo vía proyectos de salud pública como Partners in Health (www.pih.org). El perfil del surcoreano encaja bien en la iconoclasia light que practica Obama. No se trata de un banquero ni de un economista. Tampoco de un político. Y eso ya anula otro triste antecedente: hasta la fecha, el Banco Mundial no ha funcionado como verdadero motor del progreso de los subdesarrollados sino como fiel esbirro de los intereses planetarios del Imperio. El método es siempre el mismo: obligar a los países receptores de créditos a aceptar proyectos de infraestructuras (carreteras, centrales eléctricas, embalses) adjudicados a compañías estadounidenses bajo condiciones de imposible cumplimiento que, inevitablemente, convierten al prestatario en esclavo. Quizás Kim pueda introducir leves pero esperanzadores cambios.

¿Qué tiene Ngozi que no tenga su rival? Experiencia en todos los campos en los que éste flojea: economía, finanzas y vida palaciega (o de gobierno). Conoce además los entresijos del BM y sabe lo que es renegociar deuda pública desde el flanco débil. Desde una perspectiva norte-sur, representa la primera alternativa seria del tercer mundo al primero en la esfera de las finanzas. Voces de muy diverso pelaje consideran a Ngozi una mujer brillante y sobradamente preparada. La decisión sobre el nombramiento corresponde al Directorio Ejecutivo del BM, compuesto por 25 directivos más el presidente, que no vota salvo en casos de extrema igualdad. Los cinco miembros con mayor número de acciones tienen un asiento permanente. Son EEUU, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido. Al ser el primer accionista y por tanto el país que más dinero aporta, EEUU se ha reservado sistemáticamente una voz preponderante que esta vez podría quebrar el bloque de los menos pudientes.

Las tres balas del emprendedor

Fede Durán | 23 de septiembre de 2011 a las 11:02

DESDE Eugene Meyer pero sobre todo a partir de Robert McNamara, el Banco Mundial ha procurado negar con hechos su mandato oficial, consistente en fomentar el desarrollo de los países pobres con créditos que en realidad siempre fueron inasumibles y que acabaron creando complejas cadenas serviles. EEUU acumula el mayor porcentaje de voto en el organismo (16,36%), más del doble que Japón, su inmediato perseguidor. El BM, incomprensiblemente integrado en la órbita de la ONU, predica la sanación financiera, lanza previsiones y consejos al estilo FMI y, a veces y pese a todo, elabora estudios respetables. Uno de ellos es Doing Business, que en su edición 2011 actualiza el atlas mundial del emprendedor y arroja (a la cara) cifras que explican, al menos en parte, la formidable pájara española en dos magnitudes tan cruciales como el PIB y el empleo.

España es un país empresarialmente áspero por una combinación de factores. Las dificultades para crear una empresa (ocupa el puesto 147 en una lista de 183) derivan en una lentitud excesiva (son necesarios 47 días de media para dar de alta una compañía; Nueva Zelanda emplea 24 horas, Australia 48; Bélgica 4 días; Canadá 5; Estados Unidos 6; Japón 23…). El emprendedor ha de tener claro lo que le espera: un mínimo de diez trámites burocráticos, serios problemas de acceso al crédito (puesto 46), asfixiantes cargas fiscales (puesto 71), dudosa protección al inversor (puesto 93), barreras a la exportación (puesto 54) y escaso respeto a la letra de los contratos (puesto 52). El Banco Mundial aplaude sin embargo a las autoridades españolas por haber facilitado en estos últimos tiempos el cierre de empresas, donde sí nos codeamos con la élite (decimonovenos). En el ranking absoluto del informe (facilidades para hacer negocios), España tiene a 48 países por delante, incluidos todos sus vecinos punteros (Reino Unido en el número cuatro, Alemania en el 22, Francia en el 26).

El Gobierno de Piñera, en Chile (puesto 43), es un buen ejemplo de transformación positiva. De un plumazo, ha acabado con el grueso de la endiablada burocracia que capaba su economía y ha aprobado un plan de atracción de emprendedores extranjeros para complementar con talento externo los nichos que el talento interno no rellena. Quizás funcione, quizás encalle, pero es un movimiento ambicioso. El BM subraya que España no se encuentra en el último lustro -ni de lejos- entre los estados más reformistas. A las conclusiones más o menos abstractas del dossier podemos pintarle cara y ojos: cerrazón del sector financiero a la hora de prestar; inoperancia del ICO; legislación laboral aún demasiado inflexible; trabajadores caros para el empresario (vía cuotas a la Seguridad Social); adelanto de los pagos en el impuesto de Sociedades justo cuando más falta la liquidez; escasa cultura innovadora; tejido productivo en muchos casos incompatible con la idea desarrollada, etc. Nuestro marco legal debería permitir y fomentar esas dos desventuras que los americanos consideran imprescindibles para alcanzar el éxito (a la tercera).

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