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Culebrón G-20 (II parte)

Fede Durán11 de Noviembre de 2008 a las 7:21 pm

Perdonen que me ponga tan tiquismiquis, pero es que no acabo de enterarme. Al final Francia nos presta una silla en la cumbre de Washigton (es decir, técnica y literalmente vamos de prestados), Zapatero disfruta de esa triple sesión fotográfica prevista por los organizadores (que no son curiosamente los ministerios de Economía de los países convocados sino los de Exteriores), cuelga un retrato de familia en Moncloa y supongo que le limpia las botas (con tacón) a Sarko para agradecerle el favor. ¿Por qué vamos? ¿Ahora sí somos los octavos del universo? ¿No éramos anteayer los duodécimos? Bueno, vale, estaremos ahí y no hay mucho más que añadir.

Quiero suponer que la relevancia de la presencia española, más que en los ojos de su líder o en el ya fiambre modelo ladrillescoespeculador, está en la robustez, siempre presunta, de nuestro sistema financiero, es decir, de nuestros banqueros… aunque no sé por qué uso un posesivo cuando estos tíos son en verdad dueños del destino de todo hijo de vecino.

¿Van a decidir algo? Miren la agenda y obtendrán la respuesta: dos sesiones de hora y media, tres horas para darle al capitalismo un lavado de cara que ni la madre que lo parió… Menudo farol de supercumbre comparada con la de Bretton Woods, que tampoco es que fuera la repanocha pero al menos garantizó el porvenir yanqui durante décadas. Bueno, a lo que iba: ¿Qué pinta España? Es decir, ¿nos convidan una vez a comer canapés y no se nos vuelve a ver el pelo o este apaño encierra vocación de permanencia? ¿Renombrarán al G-20 G-21? ¿O al G-8 G-9? ¿Estamos hablando de economía o de una partida al Hundir La Flota?

Me intriga también esta repentina amabilidad gabacha. ¿Pero estos señores no han procurado siempre que han podido darnos por delante y por detrás? ¿Se trata de un guiño sarkozyano a la sangre medio hispana de la bella y valiente Cecilia? No, si al final va a resultar que ZP se parece al estadista campeón que cree ser. Después de la Eurocopa me creo lo que sea.

¿Debemos estar en la cumbre del G-20?

Fede Durán29 de Octubre de 2008 a las 2:13 pm

Venga, me atrevo, he leído (in)suficiente como para aventurarme a emitir un diagnóstico amateur. Zapatero, el Rey y hasta el PP lo han subrayado con un puntito de énfasis histérico: España debe estar el 15 de noviembre en Washington. ¿Qué pasará allí? Se supone que los superlíderes planetarios (el G-20) refundarán el capitalismo. La agenda es demasiado ambiciosa dada la acreditada ineficacia de las estructuras internacionales. Recuperen de la hemeroteca el penúltimo artículo del exquisito Enric González y saquen conclusiones. Pueden añadirles las de este cronista, menos sólidas, por supuesto (Enric es Enric).

Veamos. Hay una doble vertiente. Está la economía, esa ciencia de la que todo el mundo lee sin entender demasiado (salven de la quema a Paul Krugman, recientísimo nobel que hace del texto comprensible una obligación aunque hable de subprimes). Los indicacores varían en función de la estadística utilizada, pero los analistas coinciden en que España estaría más o menos situada entre las 12 naciones más ricas del mundo. Lo de quitarle la silla a Canadá en el G-8 estaría pues complicado. La idea de ZP es más bien ampliar el abanico. Lo corroboran The Economist y el Financial Times: debemos estar aun gracias a esa pirueta expansiva. Para que no se note demasiado que se trata de satisfacer un capricho narcisista, añadan al paquete a China, India y Brasil. Ya tenemos un G-12 en condiciones (no parece importar que la UE represente a los países ausentes en ese foro; la foto, amigos, la foto). Una reflexión antes de pasar a la pata política: en este enrevesado ámbito de las macrocifras la creatividad es apabullante y hasta digna de admiración. Todo es posible según la lente utilizada. España es el tercer país por inversiones en el extranjero (el primero en Iberoamérica); el séptimo en envergadura de su sector financiero; cuenta con el mayor banco por capitalización bursátil de la zona euro (cómo te queremos, Santander)… pero también lidera estadísticas más profanas: somos los menos ahorradores, los que menos hijos tienen, los que más contaminan con el coche por abusar de él en trayectos cortos (*datos aportados en su columna por Rosa Montero; disculpen que anoche sólo leyera El País; créanme si les digo que varío aunque no lo parezca).

Pata política. Zapatero acusa a Aznar del papel secundario español. No aprovechó las Azores o el rancho tejano de Bush para incrustarse en el club de los más pudientes. La alternativa del G-20 carece de sentido y desprestigia porque España no es un país emergente sino emergido. El problema de la colosal tarea diplomática que el presidente se ha autoimpuesto es la precipitación. Apenas hay tiempo para enmendar en unas semanas lo que se aparcó durante lustros. Sumen al atolondramiento la cambiante línea exterior del Gobierno, donde las instantáneas con los buenos oficiales (Sarkozy, Merkel, Brown) se combinan con postales indigestas para el imperio y algún que otro satélite (Evo, Chávez, Correa)… Añadan además aquel gesto innecesario de Zapatero cuando pasó la bandera de las barras y estrellas y decidió no levantarse. No olviden que la cumbre la monta Bush. Y Bush, por idiota que sea o parezca, no creo que olvide fácilmente una afrenta que de paso toca los corazones de cualquier otro compatriota con intereses o atenciones en España. Por si aquello hubiera muerto, ahí están Pepiño Blanco y Miguel Sebastián para mantener y alargar el discurso desafiante. Nos empeñamos en juzgar a los estadounidenses sin molestarnos en desmenuzar sus propios códigos sentimentales. Mi opinión, tan valiosa como una mota de polvo mancillando el diamante de la corona real de Isabel II, es que no deberíamos estar porque:

  1. Quien piense que esos tíos refundarán el capitalismo conserva dosis de inocencia más propias de la infancia (lo cual a veces no deja de ser positivo).
  2. España NO es el gigante que cree ser (lo comprobamos ya en nuestras carnes: tras el ladrillismo toca buscar otras fuentes de riqueza; hasta que lo logremos, vamos a sufrir de lo lindo, y no hablo sólo de la estadística).
  3. España tampoco sabe venderse como marca política internacional (Francia o Inglaterra habrían hecho maravillas para colarnos aquello del enlace exclusivo de Europa con las Américas, por ejemplo).
  4. Tras el objetivo subyace la megalomanía de ZP, adicto a los gestos huecos.

Autor

Soy Licenciado en Derecho y master de Periodismo de El País. Comencé en el árido mundo de la abogacía. Durante dos años me dediqué al Medio Ambiente, pero siempre ganaban los malos y preferí rescatar mi antigua pasión por el periodismo y las letras en general. He trabajado en El País en Madrid y Barcelona, también en el cuadernillo de Política de Expansión-Cataluña y desde principios de 2006 en la sección de España de los periódicos del Grupo Joly.

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