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Andalucía: paro y emigración juvenil

Fede Durán | 9 de noviembre de 2014 a las 17:34

Exiliado económico. Seis años de crisis después, ya ni siquiera es un concepto novedoso. Son los ciudadanos que, forzados por la pertinaz crisis, prueban en otras latitudes para sortear las escaseces a las que habitualmente se ven abocados si se quedan. Andalucía perdió entre 2008 y 2013 a 33.552 españoles, según el Instituto Nacional de estadística (INE). Más de un tercio de ese contingente (11.440) se mueve en la horquilla de los 20 a los 34 años, circunstancia lógica cuando la tasa de paro juvenil en la región roza el 73% entre los 16 y 19 años y el 60% de los 20 a los 24.

Coincidiendo con la no tan inopinada vuelta a la recesión europea, el flujo de fugas se ha moderado entre los más jóvenes (2.145 en 2013, 2.473 un año antes), aunque mantiene el vigor en términos absolutos (6.331 en 2012 versus 8.712 el pasado ejercicio). Si se suman todas las nacionalidades, la región pierde en ese bienio 7.908 efectivos, la diferencia entre quienes hacen el petate (87.804) y los que aterrizan (79.896).

La Junta presentó en febrero de 2013 un plan de empleo llamado a generar 42.000 trabajos y dotado con 500 millones procedentes de la UE. El foco se ponía en la juventud, los parados de larga duración con especiales cargas familiares y los territorios singularmente afectados. Jamás se ha divulgado balance alguno de aquellas actuaciones.

Esta misma semana, el consejero de Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, se ufanaba de los más de 41.000 contratos para menores de 30 años que se firmarán gracias a otro plan anunciado en abril por la presidenta, Susana Díaz.

El rosario de opciones es aparentemente espectacular. Están las becas 6000, las Segunda Oportunidad y las Talentia; los cursos de internacionalización de Extenda; el programa Da Vinci y los de cualificación profesional; las ayudas de Inturjoven para aprender idiomas en el extranjero; el portal Ícaro; o los créditos blandos de la agencia IDEA. Nada detiene la sangría: la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre retrató a Andalucía como la única comunidad donde el paro sigue al alza.

“Este batiburrillo de planes constata el propio fracaso de la Junta”, critica Carlos Rojas, portavoz del PP en el Parlamento andaluz. “La filosofía es asistencial. Unos meses de trabajo y luego a la calle. A esto se suma que la Junta se convierte en un problema cuando ahuyenta la inversión por su permanente inseguridad jurídica. ¿Y dónde está el prometido bilingüismo? No existe ni en el 20% de la educación pública”, arguye. Los populares apuestan por una FP dual a la alemana, el fomento de las prácticas en empresas, una batería de incentivos fiscales a la contratación de recién licenciados, el coworking y las plataformas de crowdfunding.

José Antonio Castro (IU) habla de “parches que no detienen la brecha”, “sucesivas reformas laborales que han ahondado en la precariedad” y un exilio “que incluso supera los registros de los años 60″. “Se invierten hasta 80.000 euros de dinero público en la formación universitaria de cada alumno y resulta que después muchos se van. Si la alternativa es firmar un contrato por 600 euros al mes en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), pues me parece normal”, concluye. Los Presupuestos de 2015 incluyen una iniciativa para fomentar el regreso de investigadores, “pero se trata de un apaño temporal para pocas personas porque no se garantiza un puesto fijo”, destaca Castro, cuya federación gobierna en coalición con el PSOE.

La voz más activa de Podemos en Andalucía es Sergio Pascual, que recuerda que hay muchos círculos del partido en el extranjero. En su opinión, a la Junta le pierde la “cosmética”, y cita un ejemplo: sólo se aceptan el 20% de las solicitudes de becas para alumnos en riesgo de exclusión. También denuncia que se anuncien incentivos para el empleo cuando “en paralelo se cierra el año presupuestario en octubre, impidiendo la ejecución de proyectos que estaban sobre la mesa”. Y advierte que desde 2008 la Junta ha dejado sin ejecutar 300 millones en políticas de empleo. “No se ha abandonado el ladrillo ni se ha apostado por la excelencia. Seguimos dependiendo del turismo y el campo”, zanja.

La problemática puede abordarse asimismo desde la vertiente académica. Isidoro Moreno es catedrático de Antropología Social, disciplina que fundó en la Hispalense. “Los que estudian ahora en Secundaria y la universidad ven cerrado el horizonte, y eso es una desmotivación incluso para la propia formación. El número de estudiantes no baja porque no tienen otra cosa que hacer”, plantea. “Al oficialismo le interesa que se marchen porque así es más fácil contener la tasa de paro. No estamos en un momento tan diferente al franquismo”. ¿Y el asunto demográfico? “Si nace mucha gente y su destino es estar bajo el umbral de la pobreza, no sé si convienen esos nacimientos”, asevera.

Tampoco se corta Felicidad Loscertales, catedrática de Psicología Social. “La juventud es hedonista porque la hemos educado así. Se van porque no tienen un duro, pero las cosas serían diferentes si enseñásemos como en Finlandia, si existiese una cultura del esfuerzo, si los padres no amedrentasen a los profesores, si hubiese itinerarios formativos que entusiasmasen. Desde aquella maldita Logse, lo veo todo muy negro”, describe.

Este diario intentó sin éxito recabar la opinión de la Consejería de Economía y Empleo sobre el asunto.

La pirámide flotante

Fede Durán | 10 de marzo de 2014 a las 18:36

HAY dos formas de relacionarse activamente con el mercado laboral: cotizando o engordando las listas del paro. En el terreno del matiz curvean otras tres opciones: las élites salariales, los cuadros medios y los aprendices. En total, cuatro caminos, todos igualmente matizables. Para explicar el batacazo español, Alemania expuso el contraste de su fórmula: aquí los salarios crecieron alegremente hasta 2009, en plena crisis y con Zapatero en el púlpito, mientras que allí, bajo la severa mirada de Merkel y gracias a la precarización diseñada en tiempos de Schröder, la contención fue la melodía.

Más dura será la caída, habría mascullado Bogart. La pérdida de poder adquisitivo ha sido una constante desde entonces en España, aunque el Gobierno suavice la estadística y el Banco de España redimensione crudamente el problema (algo más del -2% en 2012). Las cargas fiscales también han subido, y todo el mundo sabe que IRPF e IVA están encadenados al consumo, y que sin consumo no hay vida en un planeta diseñado para engullir. Ganamos poco, pero el FMI y la Comisión Europea quieren aún más (o sea, todavía menos).

Existe otro problema poco reflejado en las radiografías de rutina pero extraíble de ese yacimiento estadísticamente extraordinario que es la EPA: el gollete se estrecha. Los profesionales con menos de seis meses en la empresa pasan del 13,7% en 2006 al 9,1% en 2012. Quienes llevan entre medio y dos años bajan del 18,5% al 12,3%. La franja que se mueve entre dos y tres años se contrae del 7% al 5,6%. Y aquí destaca el contrapunto: los que suman más años en la firma repuntan del 60,8% al 73%.

El fenómeno se repite por edades. Los ocupados entre 16 y 34 años se desploman del 40,1% de 2006 al 29,3% de 2012, pero hay alzas en el resto de tramos, incluidos los mayores de 55 años (11,1% vs 14,1%).

El acceso a un trabajo está cada día más caro, y se encarece más cuanto menor es el bagaje previo, produciéndose una suerte de sedimentación de las unidades consolidadas, especialmente si esas unidades tienen estudios universitarios (22,7% en 2006, 28,2% en 2008; aquellos con estudios de nivel bajo retroceden en el mapa de la ocupación). Tiene sentido que los curtidos y a la par bien formados conserven sin problemas sus cargos y expectativas y divulguen hacia abajo sus conocimientos y experiencia. Menos sentido tiene que abajo, en las bases piramidales, no haya hoy casi nadie, convirtiéndose la base paradójicamente en vértice. Los jóvenes llamados a regenerar las plantillas -esos organismos vivos tratados desde hace un lustro como simples cadáveres- se enfrentan en el mejor de los casos a un microsueldo, y a partir de ahí, en descendente curva, a altas tasas de temporalidad y desempleo. Salvo que decidan emigrar, decisión que tampoco les garantiza nada. Y si lo hacen y les va bien, serán otras las economías beneficiarias. Gravísimo es el caso de la investigación, gravísimo y sintomático: el país suspende allá donde debiera buscar las mejores notas de la clase.

Menos lobos

Fede Durán | 26 de julio de 2013 a las 11:21

LA EPA es el retrato del alma laboral de España, pero también un termómetro del clima económico general. Como siempre, el arte de la estadística es maleable, y el Gobierno de turno moldeará las cifras en función del mensaje deseado, que en este caso y desde hace meses es el optimismo de una recuperación que nadie con dos dedos de frente acaba de ver. Pues bien, Guindos, Montoro y Báñez -la terna especializada- tienen materia prima para insistir en la parte buena de la historia. El segundo trimestre cierra con 225.200 desempleados menos para un montante inferior a los seis millones. La tasa de paro cae al 26,26%. La ocupación repunta en 149.000 personas (16,7 millones en total).

Hay varias claves que permiten matizar la sonrisa oficial. Las cifras desestacionalizadas, por ejemplo, que son las que eliminan el efecto calendario y arrojan números más netos, más limpios. En este caso, rebajando la vigorosa inyección que suele suponer el verano en determinados ámbitos, el saldo se mantiene positivo: 13.000 empleos más. Pero el truco habitual sigue ahí: los contratos que se firman son predominantemente temporales (+162.200) y a tiempo parcial, de modo que la admirada precariedad del modelo alemán y sukurtzarbeit/minijob encuentra su justo paralelismo en la cara sur del continente. Las contrataciones indefinidas van camino de convertirse en objeto de museo (-50.400), aunque aún dominen en una relación de tres a uno sobre las temporales.

Más: en comparación con el mismo periodo de 2012, la masa de asalariados pierde 672.800 efectivos. La vía del trabajo por cuenta propia, pese a sus cargas fiscales y el maltrato del legislador, se consolida como la única salida para muchos: hay 37.100 autónomos más que hace un año.

Otro factor influyente ha sido la estabilización del empleo público, donde no se esperan nuevos tijeretazos a menos que la troika insista en el futuro en esa línea de acción. El Ministerio de Hacienda es consciente de que su (obligatorio) plan de reestructuración del sector público no ha sido respetado por las CCAA. La Junta es el caso que mejor ilustra la recia salud de la Administración paralela.

Quizás lo más importante para comprender por qué los brotes verdes del Gobierno amarillean sea detenerse en el estado de los sectores. Porque mientras los servicios sean el único pulmón de la recuperación laboral, España no se desprenderá del factor estacional, la precariedad y el escaso valor añadido. La industria es el mejor electrocardiograma: si entre abril y junio hubo 37.500 parados menos pero la suma de ocupados también cayó en 16.800, los cimientos de la recuperación son de barro. La industria no vive de la coyuntura sino de la estructura.

El debate sobre la enésima (y esta vez definitiva) reforma normativa pende sobre la Península. La certeza de que no hay oportunidades sin actividad económica también. Sin desmerecerla, la EPA vale lo que vale, y no saca del agujero a un país que renunció hace años a la ilusión.

Tras la reforma laboral, más paro

Fede Durán | 2 de junio de 2013 a las 21:48

La reforma laboral del PP entró en vigor el 12 de febrero de 2012, quedando estadísticamente encapsulada en la EPA del primer trimestre de dicho año. Con la publicación, semanas atrás, de la Encuesta de Población Activa del primer cuarto de 2013, ya es posible medir, siquiera aproximadamente, la eficacia de aquella iniciativa, exigida por Bruselas, aplaudida por Alemania y exhibida por Mariano Rajoy y su equipo económico como la poción mágica que revitalizaría al segundo mercado profesional más castigado de la UE tras el griego.

No ha sido así. En apenas un año, Andalucía registra 144.100 parados más y 155.800 ocupados menos [ver gráfico]. Aunque la tasa de actividad prácticamente se mantiene, la de empleo cae casi dos puntos porcentuales (del 39,41% al 37,11%) y la de paro se dispara del 33,17% al 36,87%, según los datos del INE. Mientras en el primer trimestre de 2012 se contabilizaban 404.700 parados de larga duración (dos o más años buscando empleo), en idéntico periodo de 2013 la cifra trepaba hasta los 555.200, 150.500 más.

Sólo la construcción, que ya sufrió lo peor de su ajuste, rebaja el total de desempleados después de 12 meses. Agricultura (+12.600), industria (+5.600), servicios (+11.900) y el colectivo sin empleo anterior (+134.600) engordan irremediablemente las listas del SAE.

Tampoco respiran las bolsas sociales más vulnerables: hay 27.100 parados juveniles más. Y los de al menos 55 años crecen en 16.400. La población inactiva, es decir, aquellos con 16 años o más ni ocupados ni desempleados (jubilados, estudiantes y amas de casa, por ejemplo) pasa de 2.789.400 efectivos a 2.802.600. Los hogares con todos sus miembros en paro se elevan ya hasta 1.181.200, 132.300 más que en 2012.

Por provincias, Córdoba, con 500 parados menos, es la tregua en un mar de hostilidades. Almería (+3.700), Cádiz (+30.500), Granada (+30.200), Huelva (+12.200), Jaén (+29.600), Málaga (+9.300) y Sevilla (+29.100) se arrastran.

Los agentes consultados coinciden en lo básico: no existen fórmulas milagrosas. En los matices están sus mejores aportaciones. Jesús Cruz Villalón, catedrático de Derecho Laboral en la Universidad de Sevilla, considera que los datos se deben a “factores externos a la reforma: la evolución de la actividad económica y el enquistamiento de la recesión”. Las últimas modificaciones legales permitieron, en su opinión, “acelerar el proceso de devaluación interna que venía produciéndose desde 2010, aunque pasándose de rosca y afectando al consumo”. “Es muy difícil -añade- saber si la flexibilidad ha salvado puestos de trabajo; yo creo que escasamente. Tampoco es necesario que la economía crezca a altos niveles para generar otra vez puestos de trabajo. Eso depende del modelo de salida de la crisis. Si se orienta a una mayor productividad, los empleos serán más cualificados y por tanto mejor retribuidos, y entonces necesitaremos cuando menos un PIB avanzando al 2%”.

El portavoz de la Asociación de Agencias Privadas de Empleo (Asempleo), Lorenzo Rivarés, justifica con comparaciones el pasable elixir de la reforma. “El incremento interanual del paro fue del 10,8% en Andalucía en 2012. De 2008 a 2009, era del 84%. Además, hay que tener en cuenta la caída del 11,2% del empleo público en una comunidad que sólo el año pasado empezó a recortar en ese sector. La creación de empresas andaluzas se contrajo un 2,8% frente a caídas anteriores de hasta el 5%. Los trabajadores afectados por ERE extintivos fueron 483.000 a nivel nacional en 2012, un 12% menos que en 2009. La caída del mercado laboral no se está corrigiendo, se está suavizando. Eso es lo que ha permitido la reforma. Pero aún hace falta más”, expone.

La visión del secretario general de Economía de la Junta, Gaspar Llanes, es obviamente más política, aun sin esquivar los números. “La reforma laboral ha puesto la puntilla a una mala estrategia económica, y sobre todo ha implicado la ruptura de la negociación colectiva”. Según su Consejería, la caída de los salarios en España concentró 27.582 millones en 2012, mientras que los beneficios empresariales progresaron en unos 10.000. Paralelamente, la inversión privada cayó un 10% y el alza de las exportaciones se moderó del 5,8% (2011) al 3,2% (2012). “Las empresas han aprovechado el camino corto: cerrar en vez de resistir. Si el empleo no se mantiene, la demanda interna se va al garete, y entonces, por muchas exportaciones que haya, las compañías españolas no se sostienen”.

“El PP partía de dos hipótesis falsas. La de que el trabajador español no es productivo, cuando está en los 70.000 dólares anuales del promedio europeo; y la de que la economía española no es competitiva, cuando por cualificación, innovación y mercados exteriores sí que lo es”, razona. “No creemos que la solución sea convertir a un profesional español en uno asiático”.

“En Andalucía hay muchos empresarios irresponsables que se aprovechan de la vulnerabilidad del empleado”, opina Francisco Carbonero, secretario general de CCOO-A. “Se han bajado sueldos con el argumento de la competitividad, pero si miras las empresas que exportan en la comunidad (Renault, Acerinox, las del ramo de la agroindustria y la aeronáutica), ninguna ha rebajado salarios. Y luego están los abusos, por ejemplo en el turismo, donde la reforma permite despedir a los trabajadores de planta para fichar luego a bajo coste y mediante subcontrata”.

Lorenzo Amor, presidente de la asociación de autónomos ATA, cree que las cosas han mejorado en su ámbito: “Hemos generado 74.000 empleos netos y hay más de 40.000 autónomos con al menos un trabajador. Antes era más fácil despedir que eliminar dos pagas extra. Lo que me llama la atención es que hayan sido las empresas con beneficios las que han aprovechado para adelgazar plantillas”.

La mosca, el hombre y el perro muerto

Fede Durán | 26 de abril de 2013 a las 17:37

EN La Doncella, uno de los cuentos de Slawomir Mrozek, la noticia de la existencia de una bella durmiente llega a un opulento príncipe occidental. Ella es rusa, y hasta el claro del bosque en el que yace viaja el príncipe, consternado durante la travesía por un paisaje extraño y terrible donde los robles llegan a ser como setas y las setas como robles. Al cruzar el umbral de la casucha, el hombre queda prendado: las buenas lenguas no hacían justicia a la doncella. Decidido, comienza a besarla. La eslava entreabre un ojo y vuelve a cerrarlo. Él insiste. Ella duerme. Y así hasta el infinito y más allá. La bella durmiente es esta España en crisis. Los besos del príncipe son las recetas del PP para superarla.

Juan Ignacio Zoido, miniatura del principesco Rajoy, pretende el imposible de endosar a Griñán las culpas del paro, la pobreza, la parálisis empresarial y el fracaso global andaluz, como si en España las cosas fuesen mejor. Andalucía siempre ha sido, junto a otros parias como Extremadura o Canarias, la oveja negra estadística del país, y de tal realidad se extraen, efectivamente, decenas de conclusiones implacables con la dilatadísima gestión de la Junta. Para lanzarse a la yugular con la conciencia tranquila, el PP debería repasar también el papel de parte de su base social (presente y pasada) antes de la democracia. La derecha andaluza siempre estuvo contra la República, que seminalmente no encerraba radicalismos sino un tímido intento de redistribución de la muy mal repartida riqueza. Ésa es la película de aceite que impide al partido gobernar aquí desde hace 30 años. El paro estructural tiene raíces profundas que no regaron ni Chaves ni Griñán, por muy defectuosos que sean.

Pero no importa. Zoido acude habitualmente al Parlamento con un saco de reproches recurrentes al que poco a poco añade adjetivos e ideas fuera de lugar. “Éste es el Gobierno más vacío y extremista de la historia de la democracia andaluza”; o “usted [por Griñán] se ha entregado a los radicales de IU”; incluso “a ver si va a ser que usted no es nadie sin hablar de mí”.

En realidad, el Ejecutivo regional se ha ceñido al rol que los analistas le adjudicaban tras los resultados del 25M: una modesta oda al estímulo en un mar de austeridad, la que aplica Rajoy por prescripción merkeliana aunque el coro de aduladores de la canciller mengüe cada día dentro y fuera de Europa. El problema, como ayer volvió a demostrar la EPA, es que los resultados le quitan la razón. “Dejemos de llamar reformas a los recortes”, exigió Griñán. Cierto: Stiglitz, Krugman, Soros, Lagarde y hasta germanos como Horn predican la vía opuesta. Keynes está más vivo que nunca, aunque en Berlín no se enteren.

Tampoco importa. Zoido espera de la Junta medidas laborales mágicas, como si desde Sevilla pudiese oponerse instrumento tan impactante como una reforma de los costes del despido orquestada por actores infinitamente más musculosos. No, Griñán no alcanza a tanto porque la ley no se lo permite. Lo que Griñán hace -y aquí está el verdadero y en apariencia invisible punto débil del presidente- es aprobar planes de choque y subsidios de todo tipo que acentúan la vocación caritativa de la Junta y el espíritu improductivo y pícaro de una importante franja de la población. Red social sí, siempre, pero no para los jetas perennes de Españistán y su filial andalusí.
Démosle a la crónica una estructura circular. Mrozek el polaco describe en La Mosca otra escena que nos viene al pelo. El incordio del insecto por antonomasia a un tipo cualquiera deriva en una tensa conversación donde ella (la mosca), cansada de manotazos, advierte al desconocido que esperará. Al decirlo, se posa sobre un perro muerto. El hombre le pregunta: ¿A qué esperarás? Luego lo comprende. Y deja de preguntar. Zoido es la mosca y Andalucía el perro muerto. Griñán, claro, no puede ser sino el tipo cualquiera. Pero está a salvo por una razón muy básica. Aunque el tiempo acabará con él, derrotará antes a la mosca, cuya esperanza de vida oscila entre los 15 y los 25 días. Es lo que Zoido llama su vocación por Sevilla. Entretanto, el perro andaluz seguirá tieso y avanzará en su descomposición a la espera de que alguien obre el milagro de una resurrección que los más optimismas de entre los realistas sitúan en 2018. Que corra el aire, por piedad.

Los cobardes siempre pierden

Fede Durán | 25 de enero de 2013 a las 13:23

EL Gobierno gobernaba mejor cuando era oposición por un sencillo motivo: podía proyectar, sin techos teóricos o prácticos, las soluciones invencibles para acabar con el paro. Su reforma, decían, sería la definitiva. No hablaba el PP real; hablaba el mito aún invicto de aquel PP mágico del posfelipismo y Rato. Llegó la victoria y llegó la reforma. Un año después, España vive instalada en una cifra –seis millones de parados– más aberrante que la peor de las exhibidas por Zapatero, sin duda un kamikaze de la estrategia económica.

El abaratamiento del despido es una herramienta útil cuando un país vive instalado en la línea ascendente del ciclo. Ahí genera dinamismo, movilidad laboral, apuestas y oportunidades que con cláusulas más onerosas quizás no pasarían por la mente del empleador. Con cinco años de crisis a cuestas, la morosidad por las nubes y los préstamos al 3% disecados en el Museo Nacional de Arqueología, los empresarios luchan simple y llanamente por sobrevivir, eliminando en muchos casos más capital humano del necesario por conservadurismo o miedo, y enviando de paso a las galeras a profesionales que difícilmente tendrán una buena oportunidad de reciclaje.

No, la reforma no dio ni de lejos en el clavo. Siendo importantes, los costes salariales no eran la prioridad. La prioridad era la creación de un verdadero nuevo sistema donde la formación, por ejemplo, fuese de veras una herramienta útil y no un pozo de dinero perdido o defraudado o un atajo empresarial hacia la bonificación.

Tampoco ningún gobierno ha comprendido hasta ahora que España falla estrepitosamente en la gestión de los recursos humanos. No existen prácticas virtuosas sino, en el mejor de los escenarios, imitaciones chapuceras de los peores defectos del sistema multinacional anglosajón.

Otra oportunidad perdida ha sido el teletrabajo. Cierto, la reforma dedica unas líneas al fenómeno y fija un marco mínimo de garantías para el trabajador, pero si se trataba de ponérselo fácil al sufrido patrono aquí había una rendija de esperanza: el teletrabajo ahorra costes y mejora (a menudo) la productividad, permitiendo además conciliar profesión y familia. Contrargumento: el presupuesto para que triunfe esta modalidad es que el empresario cambie el chip. Difícil.

Menos comprensible aún es la faja que el legislador se empeña en endosar al autónomo cuando el autoempleo es cada día más la única salida para quienes se resisten a eternizarse en las colas del Inem. Ni adelantos del IVA por facturas no cobradas ni impuestos durante el primer año de actividad.

Hablar de brotes verdes en este contexto es una desfachatez. O bien los sucesivos ministros de Trabajo han fracasado por impericia y/o cobardía, o bien el laboralismo español ha sido incapaz de transmitir al poder soluciones razonables a un tumor del que también forma parte la economía sumergida, una ramificación que obligaría a analizar paralelamente el papel de un grupo de ministros aún más torpe: los de Hacienda.

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El paro entre los más veteranos

Fede Durán | 25 de noviembre de 2012 a las 13:57

Reportaje sobre el paro entre los más veteranos. Siempre se habla de las dificultades de la juventud, pero a veces se olvida esta otra fea cara de la moneda. Si pierdes tu empleo a partir de los 55 años, el resto es grande. Y las cifras no ayudan a tomárselo con optimismo. Más información aquí.

España seguía ahí

Fede Durán | 16 de noviembre de 2012 a las 9:44

GUY Ryder, el nuevo director general de la OIT, ha reflexionado sin pelos en el cerebro nada más llegar. En su opinión, tres fallos concurren en la gestión de la crisis laboral española, europea y mundial, cuyo monto global asciende a 200 millones de parados: flexibilizar el despido, rebajar los salarios y no financiar decididamente programas de empleo para jóvenes. Tanto Zapatero como Rajoy han tocado la ley con vocación de milagro. Tres reformas laborales desde el comienzo de la crisis que no han variado la tendencia regresiva. Ni siquiera el PP, tradicionalmente presumido en cuestiones económicas, ha dado pie con bola: el Gobierno tomó posesión a finales de 2011, y en aquellos tiempos el cuadro-resumen de la EPA contabilizaba 5.273.600 parados y elevaba la tasa de paro al 22,85%. Tres trimestres después, el país suma 504.500 personas más sin trabajo y una tasa del 25,02% pese a una reforma que sus promotores consideraban mágica pero que de hecho incurría en el primero de los errores destacados por Ryder: convertir al empresario en un ser plenipotenciario y al currante en una víctima de bajo coste es un arma de destrucción masiva si el ciclo económico está deprimido.

El informe de Eurostat sobre costes laborales en 2011 tampoco arroja demasiadas dudas: la hora en España cuesta 20,6 euros (cotizaciones sociales incluidas) cuando la media de la Eurozona está en 23,1, la de la UE-27 en 27,6 y la de Alemania en 30,1. Cierto es que la bonanza del ladrillo permitió mimar los salarios cuando los alemanes ya los congelaban (ése ha sido uno de sus reproches habituales a los derrochadores subeuropeos del sur), pero las estadísticas están ahí, y dicen que España simplemente recortó parte del trecho que la separaba del resto del continente. Aun así, rebajas ha habido, y no han afectado sólo a los empleados públicos. Directivos, cuadros medios, peones y profesionales por cuenta propia padecen la política del cinturón apretado. Agravarla supondría castigar el único motor del consumo y del bienestar social: las familias son la banca, el colchón y el proveedor del mundo latino.

La nomenclatura de programas de apoyo al empleo juvenil es prolija. Todas las administraciones tienen un plan, y a la vista de los números ninguno funciona. EPA, cuarto trimestre de 2011, con Mariano a las puertas de La Moncloa: 884.100 menores de 25 años en las colas del INEM. El 48,56%. EPA, tercer trimestre de 2012: 970.200 (52,34%). En las pantallas de plasma de los hogares españoles se sedimenta una imagen tendencial y generacional. Chavales recién licenciados relatan con naturalidad su doble decisión compartida: estudiar alemán (casi más que inglés últimamente) para hacer las maletas a la mínima oportunidad. España se ha convertido para ellos en lo que Galicia, Extremadura o Andalucía fueron para nuestros abuelos hace cincuenta o sesenta años: un inmenso erial como los de Luanda, donde en los intervalos entre edificios destartalados sólo crecen montañas de basura. Uno querría invocar a Monterroso para que se inventase un cuento: Cuando volvieron, España seguía ahí.