Archivos para el tag ‘Grecia’

Rosebud de Bruselas

Fede Durán | 15 de enero de 2015 a las 19:29

A GRECIA se le exige un esfuerzo que de alguna manera comienza a cristalizar en pequeños tallos sin flor: algo menos de paro, cierto superávit primario, una notable contención del déficit y esa ya habitual jauría de desharrapados que si no crece tampoco retrocede, todo ello espolvoreado sobre una ensalada de ingobernabilidad, los sustitos de Syriza a las siglas más convencionales y el odio transversal a la Merkel, que trató al país como el paria que Alemania verdaderamente cree que es.

Pero las recetas orquestadas por Weidmann y sus amigos, por Schäuble y sus cortesanos, por todos esos señores que ven en cualquier fallo ajeno la inferioridad genética del sur, apenas han servido para enclaustrar a Europa en la nadería económica, en una suerte de estrategia de señora vieja de supermercado, en un festín ridículo donde las décimas (casi las centésimas) son el manjar máximo a la mesa. Escribía Sorrentino en su única y cósmica novela que se ha perdido el arte de la sencillez, un concepto que aplicado a los números también incluye el sentido común. El de no gastar más de lo que se tiene, correcto, pero a la vez el de gastar lo que sí se tiene en tapar las fugas del Estado del bienestar, o cuando menos en impedir que la gente se muera de hambre y frío. Con los países pobres de la Eurozona pasa lo mismo que con los escenarios subsiguientes a la Primavera Árabe. Los jefes de Occidente admiten la democracia siempre que no vulnere sus intereses. Syriza, como antaño la izquierda en todo el continente, rechaza el método neoliberal en base al resultado. Sólo Hollande en Francia y al mando de un partido que de socialista tiene tanto como de conservador se ha atrevido a interpretar una partitura ajena al diktat.

La UE es un fracaso relativo aunque imparable porque reproduce a escala continental los vicios del bipartidismo y sus polos presuntamente opuestos: bloques dispuestos a pisar cuellos y retorcer muñecas hasta arrancar la rendición y el añadido de unas disculpas que son en realidad confesiones de acomplejados. Si Rajoy visita a Samarás para recetarle el jarabe alemán lo hace no en calidad de nuevo actor sino de viejo vasallo. España está cosida a sospechas que sólo la sumisión enfría. Es una nación campeonísima del corruptómetro y la llanura mental, pecados o medallas que se le perdonan en tanto profese la fe de la tijera y la desamortización laboral.

El euro es nuestra cadena para perros, dura y pinchuda, sin un milímetro de romanticismo, tan dura y tan pinchuda que quienes la forjaron quizás secretamente se arrepientan de semejante pericia vistas las voces (antes susurros) que fantasean con la ruptura, la salida, la quema y la resurrección de dividas jubiladas. Al fin y al cabo, Europa aparenta en la superficie esquemática de los estados la unidad de destino que el microscopio territorial niega. Los grandes discursos no están hechos para los pequeños receptores. Que se lo digan a Draghi.
En cualquier caso, el capitalismo se ha reinventado. Ahora ya no consiste en una danza orquestada de progreso generalizado sino en un espectáculo donde varios bailarines solipsistas se lucen en un teatro vacío porque el público o clase media ya no puede permitirse el precio de la entrada. Es el Rosebud de Ciudadano Kane, una letanía ajena a los pulsos mundanos, a sus anhelos.

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El cambiazo

Fede Durán | 23 de marzo de 2012 a las 9:50

ACABO de descubrir a Costas Lapavitsas, prestigioso economista underground, y me gusta. Su discurso es radicalmente antialemán. Considera, como otros colegas, que el jarabe de la austeridad es cancerígeno, pero es que además expresa con rotundidad su alternativa: Grecia debería abandonar el euro y el resto de piojosos países irresponsables (ya saben cuál es la lista) rebelarse contra la Merkel y sus amiguetes del Fondo Monetario Internacional.

Su retrato griego no tiene desperdicio. Con la crisis escupiendo metralla en 2010, el país acumulaba una deuda de 300.000 millones, la mayoría en manos de acreedores privados. Lo ideal habría sido el impago, pero la UE acudió al rescate con préstamos leoninos y le exigió feroces tijeretazos a cambio. A comienzos de este año, la deuda trepaba ya hasta los 370.000, pero con un pequeño truco sin importancia: los grandes acreedores privados (la banca, para entendernos) se fueron de rositas (recuperaron su parné) o intercambiaron sus bonos basura por otros de menor valor, además de recibir generosas cantidades en efectivo. Los bancos griegos, sometidos a la negritud de un horizonte de pérdidas, recibieron del Estado una inyección de 50.000 milloncejos. La peor parte se la llevaron los fondos de pensiones y los pequeños coleccionistas de bonos. Raro, ¿eh?

Grecia no reducirá su deuda más de un 10% a cierre de 2012, sostiene Lapavitsas, y estará en adelante en una posición incómoda porque sus acreedores son ya mayoritariamente oficiales. Ejemplo: 40.000 millones se los debe al FMI, feroz partidario de los recortes, gobernado por leyes británicas (y no griegas) y con absoluta prioridad en el cobro. “La UE ha transformado así un problema entre un Estado y sus prestamistas privados en un problema entre estados y organizaciones bilaterales”.

Según mi nuevo héroe, Bruselas ha rechazado combatir la crisis de la Eurozona con medidas audaces como las cancelaciones de deuda y la reorganización en bloque de la unión monetaria. “En lugar de eso, ha mimado a los bancos e impuesto una áspera austeridad”. El problema -vaticina-, es que esta eterna pájara colectiva entrará de manera inminente en una fase más compleja y peligrosa donde Grecia será nuevamente el patio trasero y sucio donde exploten las primeras bombas.

Me dirán que he buscado a un tipo raro, a una musa del 15-M (¿qué ha sido de ese movimiento?), a un outsider. En verdad, lo único que extraña y asombra de Costas es que hable en román paladino. Porque este señor escribe en The Guardian, no en el Daily Mirror; y es profesor en la Universidad de Londres, y no en la de Gibraltar (que en realidad manda a sus estudiantes a Oxford, así que la comparación es pésima).

España, si es que aún piensa por sí misma, debería tomar nota del caso expuesto.

Vuelve el tigre celta

Fede Durán | 5 de marzo de 2012 a las 16:41

GRECIA, Portugal e Irlanda son los tres países de la Eurozona sometidos por ahora al escarnio del rescate. Los dos primeros pacientes siguen mal, pero el tigre celta ruge parcialmente de nuevo. Primero, la memoria: los irlandeses combinaron, como EEUU o España, dos potentes venenos: las burbujas inmobiliaria y financiera, tan estrechamente unidas. Una burbuja, ya lo saben, es la expectativa de una subida permanente de precios, de forma que quien invierte siempre ganará dinero al desprenderse del activo. Pero las burbujas tiene la costumbre de estallar. Y allí estallaron a lo grande.

Los políticos se encargaron de alisar el camino a la banca con una generosa desregulación en línea con la mejor tradición anglo. El PIB de Irlanda creció un promedio del 6,5% entre 1990 y 2007. Sus funcionarios se convirtieron en los mejor pagados de Europa. El impuesto de sociedades, apenas el 12,5% frente al 23% de la UE, atraía suculentas inversiones extranjeras. La renta per cápita superó a la de la paradigmática Alemania. Hasta el gatillazo, todo encajaba. Después, un rescate de 85.000 millones de euros y un severo plan de austeridad cuyo cumplimiento Bruselas vigilaría con espumosa rabia.
Aunque lo peor ya ha pasado, las manchas aún se ven en la corbata. La tasa de paro en 2011 (14,50%) apenas recortaba una décima a la marca de un año antes. La angustia financiera persiste, hasta el punto de que actualmente una de cada diez hipotecas se reestructura o directamente no se paga. El consumo no despega. Y las exportaciones, una de las grandes bazas de los últimos tiempos, serán perjudicadas por las malas perspectivas de la economía mundial. Los bancos, por último, se encomiendan todavía a las inyecciones revitalizadoras del BCE tras haber recibido del Estado generosos empujones.

¿Por qué entonces Irlanda apunta ya a la resurrección? Básicamente, porque los salarios y los precios han bajado. La célebre devaluación interna. España está dispuesta a copiar el folio salarial del discurso, pero se resiste a aplicar, sobre todo en el ladrillo, esa caída obligatoria para reactivar mínimamente los intercambios (siempre que fluya el crédito). Hay otra diferencia, y no es baladí: Irlanda, gracias al ya mencionado tributo societario, es la base de operaciones de numerosas compañías estadounidenses cuya actividad genera empleo e influye en el despertar de la cadena de las transacciones.

Lo esencial, en realidad, es que los mercados -los grandes jueces de esta nueva era pero también de varias eras anteriores- han perdonado al país. Lo demuestra la prima de riesgo, que pasó de aquel aberrante diferencial de hasta 1.400 puntos básicos con el bund a los actuales 640-650. Conclusión: si contentas a la banca y al inversor, el resto es pan comido. Al menos por lo que respecta a la credibilidad, un concepto etéreo que no da de comer.

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De la civilización al navajeo

Fede Durán | 12 de julio de 2011 a las 14:33

One more time: la prima de riesgo (PR) mide el diferencial a diez años entre el interés que paga España (o cualquier otro país) por colocar deuda soberana en comparación con el bono (bund) alemán, tomado como referencia por su presunta solidez. Un diferencial de 350 puntos básicos significa que España le añade un 3,5% de interés al que ya paguen los alemanes. Si Grecia ronda los 1.300 puntos (13%), pueden hacerse una idea del bestial coste que supone financiar las deudas estatales en esta orgía de los mercados, la especulación y la madre que parió al rating.

Por cierto, ahora dice Bruselas que es urgente:

  1. Exigir más transparencia a las agencias de calificación dado el impacto de sus notas en la evolución de la citada PR. Si esta vez la UE no se pierde en infinitas discusiones, cuando una agencia otorgue una nota a un Estado miembro, las autoridades comunitarias deberán tener acceso a los informes internos en los que dicha nota se basa.
  2. Promover la competencia frente al oligopolio de Moody’s, S&P y Fitch (el trío calavera del rating) mediante la creación de pequeñas y mediadas agencias ¿independientes?.
  3. Prohibir las calificaciones destinadas a los países que hayan sido rescatados (como Grecia, Irlanda o Portugal).

Italia y España las están pasando canutas. ¿Caerán ambas? Si la respuesta es negativa, ¿quién tiene más papeletas para pegársela y acudir con el rabo entre las piernas a Bruselas? Argumenta con buen criterio mi compañero José Luis Benayas que lo que cuenta es la deuda pública: Italia, 120%; España, 62,3%; además de la capacidad de devolverla/refinanciarla. Vale, es cierto, pero el trío calavera sigue ahí y en cualquier momento hará de las suyas. ¿Nos dará en la boca a nosotros? ¿Preferirá merendarse a nuestros primos latinos? Se supone que estos tíos emiten sus veredictos en función de muchos otros parámetros macro. Tenemos el doble de paro (8,1% Italia; más del 20% España), exportamos la mitad y estamos mucho menos industrializados. ¿Qué pasará? Ni idea. Pero el asunto es crucial. De la civilización al navajeo made in Mad Max apenas hay unos metros.

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Grecia la indeseable, China la bella

Fede Durán | 5 de enero de 2011 a las 19:23

LA culpa de todo la tiene Grecia. Sin su despilfarro y posterior rescate, los mercados no se habrían fijado en España. Ésa es la opinión del presidente Zapatero, que justifica así los recortes del Gobierno. La conclusión inferida es inquietante: si no fuese por la lupa de Bruselas y las agencias de calificación, nadie habría hecho nada por suprimir el cheque-bebé o la ayuda de 426 euros, por no hablar del retraso en la edad de jubilación, la reestructuración de las cajas o los recortes salariales a los funcionarios. Es decir: ningún estratega del Ejecutivo habría considerado necesario controlar el déficit público y vender al exterior la solvencia de nuestro sistema porque a nuestro sistema sólo le molestan en verdad puros fantasmas, ilusiones generadas por algún enemigo de la patria, el euro y el arco mediterráneo.

Sin aprender del escarmiento, también se atreve Zapatero a repetir el pecado de los pronósticos: la crisis del paro, vaticina, acabará en el segundo semestre. Lo dice el mismo hombre que negó la recesión hasta que le explotó en la cara o el que negó y niega -y en este particular encomendémonos a quien corresponda en función de cada credo- un rescate a España como el de la epidémica Grecia o la burbujística Irlanda.

Por si acaso, y para meter unas monedillas en la raquítica hucha, el Gobierno se inspira en Berlanga para tenderle la alfombra roja al viceprimer ministro chino, Li Keqiang, custodio rojo de un macuto valorado en 1.000 millones, los que derivarán de los acuerdos comerciales y empresariales que el gigante asiático firmará de su mano estos días en Madrid. España se encomienda a China sin escrúpulos ideológicos -ya nadie habla de dictadura, qué ordinariez- y embelesada por el poderío amarillo. China compra muchísimos de los bonos que emite el Tesoro, o sea, que sacia parcialmente la sed de recursos del país. Por contra, y sin que resulte sorprendente, los empresarios españoles todavía son una cagarruta para el régimen de Hu Jintao.

Todo lector debería concederle una oportunidad a El Chino, de Henning Mankell, un retrato despiadado de la nueva realidad del dragón que algún día acabará comiéndose a EEUU. Podríamos considerarlo un manual de instrucciones para potenciales inversores españoles. Módulo uno: Fundamentos de Corrupción. Módulo dos: Endogamia y Extorsión. Módulo tres: Colonialismo y Explotación. En realidad, los reparos son una injusticia histórica. ¿No es aplicable el referido temario a toda potencia del pasado o del presente? ¿No canalleó el imperio español en las Américas? ¿No canallea Estados Unidos cada vez que necesita petróleo? China es tan sólo un coloso más en la plantilla de colosos del planeta, uno que viene con la cartera hasta los topes y dispuesto a gastar, que es lo que ahora necesita la economía nacional, tan resignada al tacataca y el esparto.

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