Archivos para el tag ‘Juan Manuel Moreno’

Andalucía en la encrucijada (22-M)

Fede Durán | 27 de enero de 2015 a las 15:19

Con el adelanto electoral, Susana Díaz ha vuelto a evidenciar su naturaleza de animal eminentemente político, recordándonos no tan levemente a aquella Prusia de Bismarck: el Estado al servicio de un ejército. La comunidad, con todo su aparato institucional, al servicio de un partido.

El norte de su brújula marca objetivos claros: romperle las piernas a Podemos (Enric Juliana), reconstruir el maltrecho edificio socialista desde el emblemático Sur y fortalecer sus opciones de aterrizaje en Madrid, devolviendo de paso la derrota al PP tras la cita de 2012 (47 vs 50 escaños entonces en el duelo Griñán-Arenas).

En la acelerada secuencia de los últimos días, queda clara una premisa ya constatada en los buenos tiempos del Partido Andalucista: el PSOE no hace prisioneros. Pese a su inventiva legislativa, de corte audaz en la mayoría de los casos, IU sale del Gobierno por la puerta de atrás, despreciada por Díaz y sin apenas botín productivo (un par de leyes de las 28 proyectadas en el pacto a dos han visto la luz en tres años), sometida además a la decepción de muchos votantes que vieron en el acercamiento al socialismo una traición a las esencias, los mismos decepcionados que ahora votarán a Podemos y alejarán irremisiblemente a Antonio Maíllo de los 12 asientos parlamentarios actuales. IU ha sido prisionera de sus complejos, creados por Díaz con habilidad rasputiniana: cualquier sobresalto es fruto de su bisoñez a los mandos, decía. Sin ese lastre, tal vez habría tomado la decisión correcta a tiempo. Pudo romper antes el matrimonio de conveniencia, pudo hacerlo desde el momento en que certificó las dilaciones permanentes a sus proyectos, debió leer el carácter depredador de la presidenta, su frialdad y sus elevadas dotes conspiratorias. De haberse ido, habría salvado votos y simpatías, facilitando de paso la convergencia con Podemos.

El reto es fabuloso para el equipo de Pablo Iglesias. La batalla arranca en la plaza menos fértil con permiso de la atomizada Cataluña. La singularidad andaluza no nace de las redes clientelares tejidas por el PSOE desde inicios de los 80 (el PSOE-A, cabría matizar, lo más parecido al PRI que ha existido o existirá en España) sino de los sedimentos más profundos de su idiosincrasia, donde las figuras del terrateniente y el oprimido aún juegan un papel estelar en el reparto de adhesiones y papeletas. Aunque los núcleos urbanos se hayan convertido paulatinamente al PP, la agrorregión colindante, 4,5 millones de habitantes, conserva en formol sus fidelidades. El dilema ha de resolverse con urgencia: por la falta de estructura y el yugo del calendario, o se atacan las grandes ciudades o se apuesta por los pueblos. La primera opción cuenta con la ventaja del caldo de cultivo a favor del cambio. Perderse en aldeas galas implicaría homéricos esfuerzos sin premio garantizado.

Moreno Bonilla (PP) está tan rezagado en las encuestas como en los análisis. El alcance de su impacto es una incógnita. Sin los pertrechos del curtido Arenas ni el cuajo de la aparatista Díaz, su misión se antoja más que complicada. A la espalda tiene el mejor resultado histórico del partido en la comunidad y un pobre impacto mediático. A favor, como siempre que un satélite surca la galaxia en busca de novedades, el factor sorpresa. La consigna dictada desde Génova el día después del 22-M basculará entre permitir un Ejecutivo en minoría de Susana Díaz o abonar el campo a la ingobernabilidad y una posible reedición de las elecciones. Ambas salidas encierran trampas.

En las horas inmediatamente anteriores a la disolución del Parlamento y la expulsión de los consejeros de IU (Valderas, Cortés, Rodríguez), Díaz exteriorizó los tics que han llevado a la España pública al agujero actual del descrédito. Primero blindó a tres ex consejeros señalados en la instrucción de la juez Alaya por el caso ERE (Recio ya estaba en la Diputación Permanente) y después se repartió con el PP el pastel pendiente en la Cámara de Cuentas, un organismo que haría mejor su trabajo si no estuviese politizado. Ya por la tarde, expuso sus razones para desalojar a IU. “Giro radical” fue el titular, y sonó al forcejeo interpretativo de Primera Plana (Billy Wilder, 1974). La presidenta sabe llevar el discurso al terreno del eslogan, y también ha demostrado haberse aprendido el truco pujolístico de envolverse en la bandera, pero convendría olvidar por un momento esos estribillos poco elaborados y analizar con detenimiento su aportación real a Andalucía, la comunidad con mayor tasa de paro de España, la que menos euros por paciente destina del país, una de las que exhibe mayor carga fiscal y peores laberintos burocráticos, y sin duda, de nuevo junto a Cataluña, el vertedero más notable de la corrupción (ERE, Madeja, Merkasevilla, cursos de formación). En campaña, previsiblemente, explotará la metáfora y esquivará el hecho. Es ahí, en su aparente virtud, donde está su gran punto débil.

 

Susana vs Maíllo (II): la derrota

Fede Durán | 12 de abril de 2014 a las 18:23

El giro del guión ha sido sorprendente. Susana Díaz tenía ganadísimo el pulso y finalmente lo ha perdido. Todas las cartas sonreían: los principios de jerarquía y autoridad parpadeaban en el neón de los periódicos, la defensa de la legalidad e igualdad de los andaluces colgaba a IU el sambenito del caribeñismo y la posibilidad de unas elecciones anticipadas no era ni de lejos la peor opción para un PSOE que quedaría más cerca del centro, la (presunta) seriedad y el pulso de acero ante escenas límite.

Pese a su escasa experiencia en la primera línea política, Antonio Maíllo ha demostrado ser un buen estratega. La federación que dirige sale viva de un envite peligroso. Viva y reforzada ante su público tradicional y ante los vástagos del 15-M. No obstante, ahora IU tiene un problema serio de imagen frente a esa bolsa de ciudadanos que no les votaría en circunstancias normales pero sí tras seis años de crisis y el agotamiento del sistema bipartidista hispano. Su siguiente paso debiera ser explicar con luz y taquígrafos qué ha pasado realmente en la Corrala Utopía, quiénes vivían allí y cuáles son los motivos oponibles a las razones dadas durante la semana por Díaz para afearles la decisión, cargarse parte de sus competencias y (pese a todo) recular con heridas que nadie en su sano juicio asume que sanarán. Izquierda Unida debe un relato sólido al ciudadano.

Para anticipar lo demás haría falta una bola de cristal. Lo que sí parece razonable concluir es que hoy existe más riesgo de adelanto electoral que hace un mes o dos, que las suspicacias entre socios mal avenidos crecerán y que jugar al póquer del equilibrio en las sesiones de control y las ruedas de prensa será más arduo si cabe.

Y ojo al PP: su ariete predilecto está recién pulido. La Andalucía bipartita es como Cuba y Venezuela. Será una comparación creciente, una especie de marca blanca para subrayar las debilidades del enemigo bífido.

 

Sacudan al gigante dormido

Fede Durán | 25 de febrero de 2014 a las 10:50

Sev.

Frente a Arenas o a Zoido, Juan Manuel Moreno, aún secretario de Estado de Asuntos Sociales e Igualdad, único aspirante al liderazgo del PP-A, parece un tipo simplemente corriente, y como tal se desempeña: ni eleva la voz, ni gesticula como un histrión, ni tampoco lanza mensajes estrafalarios. En Andalucía no hay fórmula de desgaste que no pase por rescatar imágenes talladas en el consenso colectivo. La del “gigante dormido” es sin duda la más potente y obvia. Moreno quiere ser el despertador del millón de decibelios.

“25.000 jóvenes andaluces han tenido que emigrar”. El paro juvenil roza el 67%, “una tasa más propia de países del Magreb”. “Faltan inversiones públicas en materia educativa”. “La carga fiscal es asfixiante”. “Habéis nacido en democracia y sólo conocéis un gobierno en la Junta”. “El hartazgo de la sociedad es absoluto”. Todas las frases del candidato (menos mal que en el PP no han mentado las primarias) iban dirigidas a los chavales de Nuevas Generaciones que ayer abarrotaban la sala habilitada en Fibes para la puesta de largo. Las vans comen terreno a los mocasines y las camisas de cuadros a las lisas, el maquillaje conquista menos mejillas que antes y el smartphone se impone como modus vivendi. Los cachorros del PP se parecen cada día más a las Juventudes Socialistas. Es un síntoma.

Recordarán que la sevillana Susana Díaz oficializó sus intenciones presidenciales en Antequera, Málaga, allá por el verano de 2013. Moreno, malagueño nacido en Barcelona, eligió Sevilla, quizás para compensar esa modesta batalla de gestos, se rodeó de adolescentes en horario académico y colocó a su izquierda al presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, que en teoría simboliza en el PP la templanza antiguamente adjudicada a su tocayo Ruiz-Gallardón.

Moreno se presentó casi con lo puesto. No traía un discurso elaborado sino algunos pensamientos básicos, tal vez, de nuevo, en la línea del Susanismo: palabras de esperanza y redención, autopistas hacia esa Andalucía ausente del éxito y la pulcritud, aunque, claro, todo leído desde una óptica opuesta. “No toleramos lecciones de andalucismo. Querer, sentir, amar Andalucía es evitar esa tasa de desempleo juvenil, evitar el colapso sanitario, trabajar desde la transparencia y la honestidad”, compendió. Aquí se adivina un primer pulso interesante. La intransigencia con la corrupción cantada en hora punta por Díaz se sostiene peor vistos los antecedentes de la Administración que ahora gestiona. A Moreno nunca le ha salpicado polución alguna. Ni la Gürtel ni la Bárcenas.

Lo de ayer fue una especie de vídeo beta. Una prueba de sonido. Una charla entre amigos. Acaba de aterrizar y se nota. Susana Díaz es una rival temible, y la única cadena de desmontaje fiable supone una conjunción casi imposible de factores: el dominio absoluto de los números de la Junta, de la economía andaluza, de las carencias del empresariado y los trabajadores; el manejo cuidadoso y eficaz de los escándalos que salpican el umbral de San Telmo; la habilidad para recitar una tierra posible y renovada, alejada de caricaturas utópicas y fanfarronadas electorales. El PP-A ha desperdiciado con Zoido la inercia ascendente que le dejó Arenas. Parte prácticamente de cero, por debajo en las encuestas, sin un figurón que eclipse el incesante efecto Díaz, pero dispone en esencia del mejor material histórico para plantear una alternativa a la sopa boba de ayer y hoy.

Por qué Moreno sí y Sanz no

Fede Durán | 20 de febrero de 2014 a las 10:26

Desde el regreso a Madrid de Javier Arenas, el PP andaluz arrastraba la losa de un jefe de filas sin motivación. Juan Ignacio Zoido vive para la alcaldía de Sevilla, y eso -más el efecto Susana Díaz- le ha costado al partido un bajón en intención de voto que ahora habrá de compensar con Juan Manuel Moreno, 43 años, el ungido. Pero Zoido, respaldado por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, quería aupar a José Luis Sanz, número dos del partido en la comunidad, una apuesta controvertida porque no sólo carecía del aval de Génova sino incluso del consenso entre los barones provinciales. La disensión no era baladí: el PP gobierna en las ocho capitales de Andalucía. Los barones cuentan.

De momento, Moreno ha causado, en la modesta escala doméstica, la misma oleada de optimismo que la presidenta de la Junta entre los suyos. “Sanz no tenía capacidad de ilusionar a nadie”, admite una fuente próxima a la Ejecutiva regional. “Contaba con la ventaja de haberse postulado y de haber recibido un buen trato desde la cúpula andaluza, pero ni se trabajó al grupo parlamentario ni se dejó ver en las provincias”, critica un diputado autonómico. La vía del que será nuevo líder tras el congreso de marzo será exactamente la misma que transitó Arenas: machacar Andalucía pueblo a pueblo, contrarrestar a lo Lyndon Johnson (contacto, contacto, contacto) la formidable maquinaria propagandística orquestada por Susana Díaz.

Dos eran las ventajas de Moreno: la franja más joven del PP, la que hoy ocupa los cuadros medios, le conocía bien por su experiencia al mando de Nuevas Generaciones (1997-2001). Asimismo, el todavía secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad supo posicionarse ante los popes. Era bien conocido en la calle Génova y se hizo un fiel de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a la que servía de enlace con el partido en distintas materias.

Dos veces frenó Mariano Rajoy la operación Sanz antes de decantarse por Moreno. “José Luis tendría que haber reculado. No supo leer el rechazo que provocaba”, analiza otro dirigente del PP-A. “Para el PSOE-A, Sanz era su candidato favorito. Eso lo dice todo”, tercia una fuente parlamentaria. Quizás parte del problema partiese del padrino. Con su desgana y sus reiteradas peticiones de retirada, Zoido había inyectado entre los suyos el desánimo del proyecto sin rumbo ni capataz. Que él promocionase a alguien, coinciden algunos dirigentes, significaba más un handicap que un empujón. “Zoido no es Superman, y lo que no queríamos es un sucesor que tampoco lo fuese”, explican.

Pacificadas las provincias, Moreno se ha puesto manos a la obra para ratificarles el feeling. El jueves 13, se reunió con el consejo de dirección del PP en el Parlamento, y no sólo para trasladarles buenas palabras sino para demostrar “que la empresa es un bonito reto”. Ayer visitó el virreinato popular de Sevilla y hoy hará lo propio en Cádiz.

Si no media adelanto electoral, la legislatura concluirá en 2016. En el lapso pendiente, Moreno actuará desde fuera mientras su frente parlamentario percute desde dentro. Es lo que ocurre, con diferencias importantes (la condición de socio de Gobierno), con IU, que cuenta en la Cámara con José Antonio Castro y en las calles con Antonio Maíllo. El PP-A ya vivió una situación similar en 2004 cuando Teófila Martínez perdió las elecciones y Arenas anunció, poco después, que asumía el liderazgo autonómico sin acta de diputado.

Clave en esta transición será el nombre de la persona encargada de fiscalizar a Díaz en las sesiones de control. Hace una semana esa labor correspondió, con notable eficacia, a Carlos Rojas, el portavoz parlamentario. Zoido no ha aclarado si comandará los careos con la presidenta, pero carecería de lógica que lo haga si decide ser consecuente. Así que Rojas apunta al fin al cargo para el que fue designado, aunque haya voces en el grupo popular que adviertan que también cuenta con opciones Ana María Corredera, la vicesecretaria de Organización, una mujer curtida en mil batallas (debutó en la Cámara en 1994) con un factor en contra: procede, como Moreno, del PP malagueño, que tendría una visibilidad excesiva en el siempre delicado reparto de cuotas.

El defecto Zoido

Fede Durán | 13 de mayo de 2013 a las 8:00

Dos factores desactivan la estrategia opositora de Juan Ignacio Zoido desde que asumiese el relevo de Javier Arenas en julio de 2012 como tótem del PP-A. Uno es subjetivo: el hombre no se siente a gusto en un traje que exige emular el modelo de carretera y manta de su predecesor. La Alcaldía de Sevilla es su prioridad, su pasión absorbente, su amante política. Jamás lo ha ocultado, y eso al menos le coloca en un escalón de sinceridad no siempre habitual en el gremio. Otro es objetivo: Zoido es inconsistente y liviano en su batalla dialéctica con Griñán, un presidente al que algunos populares de primera línea califican en privado como “brillante parlamentario”.

La derecha ha presumido siempre de su carácter monolítico. Si hay discrepancias, se ventilan en casa, nunca a la vista de extraños. Esta premisa, desmoronada en los últimos años por las púas Gallardón-Aguirre, Aguirre-Rajoy o Cascos-PP en general, ha sobrevivido dignamente en Andalucía, donde apenas se formula una tímida crítica a la forma en que Zoido está afrontando la legislatura.

El tándem Arenas-Antonio Sanz fue muy poderoso. Entre 1993-1999 y 2004-2012 moldeó la filial autonómica del partido a su imagen y semejanza. La interinidad de Zoido traslada al PP-A al escenario opuesto. Donde antes había estructura hoy sólo existen nubes. Si Zoido se marcha, arguyen distintas fuentes consultadas, es prioritario determinar quién llevará las riendas. Con tres años por delante, el margen para desplegar la estrategia de la nueva era sería más que suficiente. Varios dirigentes se han pronunciado públicamente en este sentido. El último en hacerlo ha sido el alcalde de Granada, José Torres.

Otros abogan por una transición suave. Es el bando de los sin estrés (Carmen Crespo y Elías Bendodo se alinearon el jueves). El próximo Congreso del PP regional aún no tiene fecha, pero el debate del calendario refleja fidedignamente la división de opiniones. Se habla de 2015 (año de elecciones municipales), 2014 (elecciones europeas) y hasta verano de 2013. Cualquiera que sea la decisión, se ajustará invariablemente a un mandamiento sagrado: el nombre del elegido deberá contar con el plácet de Arenas y el sí puramente formal de la secretaria general del PP nacional, María Dolores de Cospedal. Históricos en clave autonómica como Teófila Martínez, la alcaldesa de Cádiz, también estarán en el sanedrín.

Florecen los candidatos. Por ejemplo José Luis Sanz, secretario general del PP-A, el único que se postula con más o menos claridad sin arrancar de momento ni aplausos ni abucheos. O Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Igualdad y avalado por la familia malagueña; Carmen Crespo, delegada del Gobierno de Rajoy y adscrita al clan almeriense; y Carlos Rojas, portavoz en el Parlamento y censado en Granada. Con ventaja sobre todos ellos parte el diputado y alcalde de Córdoba José Antonio Nieto, con un perfil más político y menos técnico que algunos de los futuribles. Cada una de las fuentes consultadas le cita entre los favoritos.

Nadie teme en realidad un terremoto orgánico ni una pelea sucesoria. Los taifas provinciales opinarán, pero lo harán bajo esa inveterada predilección por la unidad. “La máquina -afirma un diputado andaluz- funcionará cuando haya claridad. Somos gobierno en muchos sitios, sabemos hacer las cosas”. Otro dirigente popular complementa: “Es cierto que esta situación nos perjudica, pero las encuestas tampoco sitúan al PSOE-A en un escenario demasiado halagüeño”. Y un tercero advierte: “Aunque ahora parezca imposible, que nadie pierda de vista la posibilidad de que el bipartito se rompa”.

Los matices de lo fino no tapan los consensos de lo grueso: el sustituto de Zoido debe ser “un rostro conocido”, un guerrero a lo Mad Max de la carretera y un tipo sin miedo a castigarle el hígado a Griñán. Un puñado de voces populares proclama la convicción de que se pueden mejorar los resultados del 25M, en los que el PP-A alcanzó el histórico techo de los 50 escaños, siempre que se imponga el sentido común y se juegue inteligentemente la partida de los plazos. Zoido es una figura de transición que intenta prestarle a la formación un servicio digno. No siempre lo logra, y ésa es la gran razón para no volver a fallar. Sobre el delfín, sobre el príncipe, sobre el virrey recaerá el formidable reto de revertir de una vez 30 años de derrotas.