Saquen sus katanas
Llevo un par de meses con un ciclo nipón de lecturas. Los inauguro de cuando en cuando, aunque no necesariamente exista un hilo conductor entre los libros elegidos. Empecé con Tanizaki y ahora le doy a Ishiguro (en realidad, anglojapo). Sus propuestas, pese al contraste, remiten básicamente a lo mismo: el formalismo de las relaciones familiares, la rigidez externa en contraposición al vasto mundo interior, una atmósfera zen vinculada más a los paisajes y los hogares que a los protagonistas… A Tanizaki ya lo conocía. Su Elogio de la Sombra es un precioso y brevísimo tratado de las costumbres (o más bien de la estética) nacionales. Parte de esa obsesión la traslada a Hay Quien Prefiere las Ortigas. Y ahí llega el problema. El costumbrismo puede ser cargante en según qué casos. Sobre todo si interfiere en la trama principal. Pero Tanizaki es un grande y será mejor que pase a otra cosa.
Por ejemplo, a Kawabata, fiel tejedor de idiosincrasias y más meritorio si cabe por los riesgos asumidos. El Maestro de Go es la mejor prueba, porque sobre el papel acongojaría a más de uno contar la historia de una partida de go, juego complejo y sobre todo lento, y a través de ella la agonía de un viejales venerado pero perfumado ya con la derrota de los años y el cansancio. Kenzaburo Oe pertenece a la estirpe más occidental. Y no por ello deja de ser un gigante. Como Murakami, una de esas raras excepciones donde puristas y profanos compran por igual y con idéntico entusiasmo. No me olvido del maestro Mishima, idolatrado por casi todos [admito que Confesiones de una Máscara no me entusiasmó; saquen sus katanas]. Mi favorito, sin embargo, es Ooka, del que ya les hablé en alguna ocasión. Hogueras en la Llanura es lo único que leí de él, pero es suficiente para encumbrarlo como el más crudo y a la vez brillante de la clase. Me zampé esa novela en Italia, en plenas navidades con mi clan piamontés, así que comprenderán el mérito y la fuerza de su propuesta.
El ciclo nipón de lecturas me lleva al segundo episodio de este post. Un episodio probablemente intrascendente y quizás demasiado personal, pero válido para mí y espero que por ello también para ustedes. En 2010 repetiré expedición al Japón. Conozco Tokio y Kioto, pero una gripe me dejó a medias en 2007 y espero vengarme convenientemente. Es probable que viaje al sur, a las zonas más tropicales del país. Espero remitir al menos un par de crónicas sobre el terreno, recordarles que los hombres tienen preferencia sobre las mujeres cuando se abren las puertas del metro, describirles cómo es un hanami, por qué nadie consentirá que me sirva mi propia copita de sake, qué lleva a nuestros nativos amigos a confesarnos que cuando nos ven y comparten nuestro tiempo es como si estuvieran de vacaciones, aunque cinco o seis horas después les espere lo de siempre, esa mezcla de terror y jerarquía y horarios que te hacen picadillo.

