The Economist: el dedo en la llaga
The Economist, extracto 1 (me he permitido traducirlo sin la pulcritud de un profesional ni la riqueza de Shakespeare… espero que sepan disculparme y acepten el apaño): En Cataluña, la política oficial de la Generalitat, tanto con los nacionalistas (algunos de los cuales son verdaderamente localistas) como con los socialistas es el bilingüismo. En la práctica, esto significa que toda la educación primaria y secundaria se imparte en catalán mientras el español recibe un trato de lengua extranjera. El catalán también es el idioma del Gobierno autonómico. Un español que no hable catalán contará con casi nulas posibilidades de impartir clases en la Universidad de Barcelona. Una obra o película en español no recibirán ayudas públicas.
The Economist, extracto 2: El Estado de las Autonomías [...] ha supuesto un coste político. En primer lugar, ha fomentado el renacimiento de un viejo fenómeno político en España, el del cacique o jefe político local [...]. El señor Pujol presidió Cataluña 23 años; Manuel Fraga, ex ministro de Franco que fundó al partido precursor del PP, mandó en Galicia durante 15; y Manuel Chaves, un socialista que lidera el Gobierno andaluz desde 1990, reina más que gobierna.
The Economist, extracto 3: Estos príncipes contemporáneos disponen de sus propias cortes. “Cada Gobierno regional quiere sus propias universidades, sus museos de arte moderno, sus centros científicos”, afirma Josep Ramoneda, que preside el CCCB. “En Estados Unidos sólo hay un Hollywood. Aquí quieren 17″. En Andalucía, la Junta es de lejos el principal creador de empleo y el gran suministrador de publicidad para la prensa. Cada Ejecutivo autonómico tiene su propia televisión. Zapatero celebra conferencias de presidentes con sus homólogos regionales. La última atrajo a 600 periodistas. “Parecía la Asamblea General de la ONU, con seis o siete camiones-satélite en los alrededores”, subraya Enric Juliana.
The Economist, extracto 4: Muñoz Molina, ex responsable del Instituto Cervantes en Nueva York, recuerda que los presidentes regionales irrumpían en la ciudad con vastísimos séquitos. La mayoría de estos viajes estaban deficientemente organizados y apenas servían para algo aparte de para constar en sus propios medios regionales.
The Economist, extracto 5: Esta panoplia descentralizadora no ha aplacado a los dirigentes catalanes, vascos y gallegos. Básicamente, porque nunca quisieron el café para todos: lo querían sólo para ellos como un reconocimiento de sus hechos diferenciales.
¿Es falsa algunas de las reflexiones seleccionadas? ¿No resulta más grotesco -y objetivo- el retrato esbozado desde fuera que los laberintos retóricos e ideológicos construidos desde dentro del país?

