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Andalucía: paro y emigración juvenil

Fede Durán | 9 de noviembre de 2014 a las 17:34

Exiliado económico. Seis años de crisis después, ya ni siquiera es un concepto novedoso. Son los ciudadanos que, forzados por la pertinaz crisis, prueban en otras latitudes para sortear las escaseces a las que habitualmente se ven abocados si se quedan. Andalucía perdió entre 2008 y 2013 a 33.552 españoles, según el Instituto Nacional de estadística (INE). Más de un tercio de ese contingente (11.440) se mueve en la horquilla de los 20 a los 34 años, circunstancia lógica cuando la tasa de paro juvenil en la región roza el 73% entre los 16 y 19 años y el 60% de los 20 a los 24.

Coincidiendo con la no tan inopinada vuelta a la recesión europea, el flujo de fugas se ha moderado entre los más jóvenes (2.145 en 2013, 2.473 un año antes), aunque mantiene el vigor en términos absolutos (6.331 en 2012 versus 8.712 el pasado ejercicio). Si se suman todas las nacionalidades, la región pierde en ese bienio 7.908 efectivos, la diferencia entre quienes hacen el petate (87.804) y los que aterrizan (79.896).

La Junta presentó en febrero de 2013 un plan de empleo llamado a generar 42.000 trabajos y dotado con 500 millones procedentes de la UE. El foco se ponía en la juventud, los parados de larga duración con especiales cargas familiares y los territorios singularmente afectados. Jamás se ha divulgado balance alguno de aquellas actuaciones.

Esta misma semana, el consejero de Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, se ufanaba de los más de 41.000 contratos para menores de 30 años que se firmarán gracias a otro plan anunciado en abril por la presidenta, Susana Díaz.

El rosario de opciones es aparentemente espectacular. Están las becas 6000, las Segunda Oportunidad y las Talentia; los cursos de internacionalización de Extenda; el programa Da Vinci y los de cualificación profesional; las ayudas de Inturjoven para aprender idiomas en el extranjero; el portal Ícaro; o los créditos blandos de la agencia IDEA. Nada detiene la sangría: la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre retrató a Andalucía como la única comunidad donde el paro sigue al alza.

“Este batiburrillo de planes constata el propio fracaso de la Junta”, critica Carlos Rojas, portavoz del PP en el Parlamento andaluz. “La filosofía es asistencial. Unos meses de trabajo y luego a la calle. A esto se suma que la Junta se convierte en un problema cuando ahuyenta la inversión por su permanente inseguridad jurídica. ¿Y dónde está el prometido bilingüismo? No existe ni en el 20% de la educación pública”, arguye. Los populares apuestan por una FP dual a la alemana, el fomento de las prácticas en empresas, una batería de incentivos fiscales a la contratación de recién licenciados, el coworking y las plataformas de crowdfunding.

José Antonio Castro (IU) habla de “parches que no detienen la brecha”, “sucesivas reformas laborales que han ahondado en la precariedad” y un exilio “que incluso supera los registros de los años 60″. “Se invierten hasta 80.000 euros de dinero público en la formación universitaria de cada alumno y resulta que después muchos se van. Si la alternativa es firmar un contrato por 600 euros al mes en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), pues me parece normal”, concluye. Los Presupuestos de 2015 incluyen una iniciativa para fomentar el regreso de investigadores, “pero se trata de un apaño temporal para pocas personas porque no se garantiza un puesto fijo”, destaca Castro, cuya federación gobierna en coalición con el PSOE.

La voz más activa de Podemos en Andalucía es Sergio Pascual, que recuerda que hay muchos círculos del partido en el extranjero. En su opinión, a la Junta le pierde la “cosmética”, y cita un ejemplo: sólo se aceptan el 20% de las solicitudes de becas para alumnos en riesgo de exclusión. También denuncia que se anuncien incentivos para el empleo cuando “en paralelo se cierra el año presupuestario en octubre, impidiendo la ejecución de proyectos que estaban sobre la mesa”. Y advierte que desde 2008 la Junta ha dejado sin ejecutar 300 millones en políticas de empleo. “No se ha abandonado el ladrillo ni se ha apostado por la excelencia. Seguimos dependiendo del turismo y el campo”, zanja.

La problemática puede abordarse asimismo desde la vertiente académica. Isidoro Moreno es catedrático de Antropología Social, disciplina que fundó en la Hispalense. “Los que estudian ahora en Secundaria y la universidad ven cerrado el horizonte, y eso es una desmotivación incluso para la propia formación. El número de estudiantes no baja porque no tienen otra cosa que hacer”, plantea. “Al oficialismo le interesa que se marchen porque así es más fácil contener la tasa de paro. No estamos en un momento tan diferente al franquismo”. ¿Y el asunto demográfico? “Si nace mucha gente y su destino es estar bajo el umbral de la pobreza, no sé si convienen esos nacimientos”, asevera.

Tampoco se corta Felicidad Loscertales, catedrática de Psicología Social. “La juventud es hedonista porque la hemos educado así. Se van porque no tienen un duro, pero las cosas serían diferentes si enseñásemos como en Finlandia, si existiese una cultura del esfuerzo, si los padres no amedrentasen a los profesores, si hubiese itinerarios formativos que entusiasmasen. Desde aquella maldita Logse, lo veo todo muy negro”, describe.

Este diario intentó sin éxito recabar la opinión de la Consejería de Economía y Empleo sobre el asunto.

Tras la reforma laboral, más paro

Fede Durán | 2 de junio de 2013 a las 21:48

La reforma laboral del PP entró en vigor el 12 de febrero de 2012, quedando estadísticamente encapsulada en la EPA del primer trimestre de dicho año. Con la publicación, semanas atrás, de la Encuesta de Población Activa del primer cuarto de 2013, ya es posible medir, siquiera aproximadamente, la eficacia de aquella iniciativa, exigida por Bruselas, aplaudida por Alemania y exhibida por Mariano Rajoy y su equipo económico como la poción mágica que revitalizaría al segundo mercado profesional más castigado de la UE tras el griego.

No ha sido así. En apenas un año, Andalucía registra 144.100 parados más y 155.800 ocupados menos [ver gráfico]. Aunque la tasa de actividad prácticamente se mantiene, la de empleo cae casi dos puntos porcentuales (del 39,41% al 37,11%) y la de paro se dispara del 33,17% al 36,87%, según los datos del INE. Mientras en el primer trimestre de 2012 se contabilizaban 404.700 parados de larga duración (dos o más años buscando empleo), en idéntico periodo de 2013 la cifra trepaba hasta los 555.200, 150.500 más.

Sólo la construcción, que ya sufrió lo peor de su ajuste, rebaja el total de desempleados después de 12 meses. Agricultura (+12.600), industria (+5.600), servicios (+11.900) y el colectivo sin empleo anterior (+134.600) engordan irremediablemente las listas del SAE.

Tampoco respiran las bolsas sociales más vulnerables: hay 27.100 parados juveniles más. Y los de al menos 55 años crecen en 16.400. La población inactiva, es decir, aquellos con 16 años o más ni ocupados ni desempleados (jubilados, estudiantes y amas de casa, por ejemplo) pasa de 2.789.400 efectivos a 2.802.600. Los hogares con todos sus miembros en paro se elevan ya hasta 1.181.200, 132.300 más que en 2012.

Por provincias, Córdoba, con 500 parados menos, es la tregua en un mar de hostilidades. Almería (+3.700), Cádiz (+30.500), Granada (+30.200), Huelva (+12.200), Jaén (+29.600), Málaga (+9.300) y Sevilla (+29.100) se arrastran.

Los agentes consultados coinciden en lo básico: no existen fórmulas milagrosas. En los matices están sus mejores aportaciones. Jesús Cruz Villalón, catedrático de Derecho Laboral en la Universidad de Sevilla, considera que los datos se deben a “factores externos a la reforma: la evolución de la actividad económica y el enquistamiento de la recesión”. Las últimas modificaciones legales permitieron, en su opinión, “acelerar el proceso de devaluación interna que venía produciéndose desde 2010, aunque pasándose de rosca y afectando al consumo”. “Es muy difícil -añade- saber si la flexibilidad ha salvado puestos de trabajo; yo creo que escasamente. Tampoco es necesario que la economía crezca a altos niveles para generar otra vez puestos de trabajo. Eso depende del modelo de salida de la crisis. Si se orienta a una mayor productividad, los empleos serán más cualificados y por tanto mejor retribuidos, y entonces necesitaremos cuando menos un PIB avanzando al 2%”.

El portavoz de la Asociación de Agencias Privadas de Empleo (Asempleo), Lorenzo Rivarés, justifica con comparaciones el pasable elixir de la reforma. “El incremento interanual del paro fue del 10,8% en Andalucía en 2012. De 2008 a 2009, era del 84%. Además, hay que tener en cuenta la caída del 11,2% del empleo público en una comunidad que sólo el año pasado empezó a recortar en ese sector. La creación de empresas andaluzas se contrajo un 2,8% frente a caídas anteriores de hasta el 5%. Los trabajadores afectados por ERE extintivos fueron 483.000 a nivel nacional en 2012, un 12% menos que en 2009. La caída del mercado laboral no se está corrigiendo, se está suavizando. Eso es lo que ha permitido la reforma. Pero aún hace falta más”, expone.

La visión del secretario general de Economía de la Junta, Gaspar Llanes, es obviamente más política, aun sin esquivar los números. “La reforma laboral ha puesto la puntilla a una mala estrategia económica, y sobre todo ha implicado la ruptura de la negociación colectiva”. Según su Consejería, la caída de los salarios en España concentró 27.582 millones en 2012, mientras que los beneficios empresariales progresaron en unos 10.000. Paralelamente, la inversión privada cayó un 10% y el alza de las exportaciones se moderó del 5,8% (2011) al 3,2% (2012). “Las empresas han aprovechado el camino corto: cerrar en vez de resistir. Si el empleo no se mantiene, la demanda interna se va al garete, y entonces, por muchas exportaciones que haya, las compañías españolas no se sostienen”.

“El PP partía de dos hipótesis falsas. La de que el trabajador español no es productivo, cuando está en los 70.000 dólares anuales del promedio europeo; y la de que la economía española no es competitiva, cuando por cualificación, innovación y mercados exteriores sí que lo es”, razona. “No creemos que la solución sea convertir a un profesional español en uno asiático”.

“En Andalucía hay muchos empresarios irresponsables que se aprovechan de la vulnerabilidad del empleado”, opina Francisco Carbonero, secretario general de CCOO-A. “Se han bajado sueldos con el argumento de la competitividad, pero si miras las empresas que exportan en la comunidad (Renault, Acerinox, las del ramo de la agroindustria y la aeronáutica), ninguna ha rebajado salarios. Y luego están los abusos, por ejemplo en el turismo, donde la reforma permite despedir a los trabajadores de planta para fichar luego a bajo coste y mediante subcontrata”.

Lorenzo Amor, presidente de la asociación de autónomos ATA, cree que las cosas han mejorado en su ámbito: “Hemos generado 74.000 empleos netos y hay más de 40.000 autónomos con al menos un trabajador. Antes era más fácil despedir que eliminar dos pagas extra. Lo que me llama la atención es que hayan sido las empresas con beneficios las que han aprovechado para adelgazar plantillas”.

El tapón más grueso

Fede Durán | 22 de febrero de 2013 a las 9:18

RAJOY armó su intervención inicial en el Debate sobre el estado de la Nación a partir de la economía. Estuvo plomizo en la exposición, pero desgranó las claves de su enésimo paquete de medidas en poco más de un año de mandato. La lucha contra el desempleo, repitió una vez y otra, es la máxima prioridad del Gobierno, la obsesión oficial. Dos porcentajes desvelan al presidente Sísifo: el 26,02%, que es la tasa de paro general, y el 55,13% reinante entre los menores de 25 años.

En febrero de 2012 entró en vigor la reforma laboral del PP, precintada con plástico infalible. Hoy, con un millón más de parados, la gran conclusión es que se dotó al empresario del poder total que nunca debe tener cuando las cosas van mal, porque es entonces cuando inevitablemente las decisiones desembocan en el despido.

El miércoles, Rajoy avanzó una línea de acción que concentra los esfuerzos en la juventud. Y lo hace apostando por la temporalidad: hasta la fecha, la empresa debía alegar una de las causas recogidas en la ley para recurrir a un contrato eventual, aunque de hecho los atajos y el fraude sean cosa común. Cuando este mecanismo entre en vigor, el patrón podrá firmar a trabajadores de menos de 30 años con menos de tres meses de experiencia sin más explicaciones. Si finalmente el contratante decide convertir en indefinido al temporal, se beneficiará de bonificaciones de entre 500 y 700 euros anuales.

La otra gran baza del PP consistirá en incentivar los contratos a tiempo parcial. Las compañías con menos de 250 profesionales quedarán exentas de pagar el 100% de las cuotas a la Seguridad Social (en los casos de menores de 30 años).

Son acciones de inspiración claramente merkeliana. Con siete millones largos de empleos precarios, Alemania presume de sus minijobs y sus kurzarbeit, y el Gobierno español ha optado por transitar esa misma vereda, basada en restaurar las constantes vitales del mercado laboral desde el empobrecimiento.

Al fijar la atención en una franja tan concreta de edad, Rajoy comete dos errores: el primero es olvidar el escalón inmediatamente superior, condenado en apariencia al limbo. ¿Qué ocurre con aquellos que superando la treintena tampoco han trabajado nunca o lo hayan hecho discontinuamente? El segundo es ignorar el otro extremo de la cuerda (desempleados de 55 o más años), al que la reforma no cuidó excesivamente y cuyas perspectivas son actualmente de aniquilación.

Graves es asimismo la filosofía subyacente. Rajoy castiga a la presunta generación mejor preparada de la historia, empeora las condiciones de los primeros años de experiencia (salarios bajos, imposibilidad práctica de optar al privilegio de lo indefinido) y lanza subrepticiamente un mensaje simple y claro: son los veteranos, los curtidos, los resabiados quienes sacarán el país adelante, quienes seguirán en los puestos de mando, quienes prometerán cambios para que todo siga igual. Hablamos del tapón más grueso de la historia.

El paro entre los más veteranos

Fede Durán | 25 de noviembre de 2012 a las 13:57

Reportaje sobre el paro entre los más veteranos. Siempre se habla de las dificultades de la juventud, pero a veces se olvida esta otra fea cara de la moneda. Si pierdes tu empleo a partir de los 55 años, el resto es grande. Y las cifras no ayudan a tomárselo con optimismo. Más información aquí.

España seguía ahí

Fede Durán | 16 de noviembre de 2012 a las 9:44

GUY Ryder, el nuevo director general de la OIT, ha reflexionado sin pelos en el cerebro nada más llegar. En su opinión, tres fallos concurren en la gestión de la crisis laboral española, europea y mundial, cuyo monto global asciende a 200 millones de parados: flexibilizar el despido, rebajar los salarios y no financiar decididamente programas de empleo para jóvenes. Tanto Zapatero como Rajoy han tocado la ley con vocación de milagro. Tres reformas laborales desde el comienzo de la crisis que no han variado la tendencia regresiva. Ni siquiera el PP, tradicionalmente presumido en cuestiones económicas, ha dado pie con bola: el Gobierno tomó posesión a finales de 2011, y en aquellos tiempos el cuadro-resumen de la EPA contabilizaba 5.273.600 parados y elevaba la tasa de paro al 22,85%. Tres trimestres después, el país suma 504.500 personas más sin trabajo y una tasa del 25,02% pese a una reforma que sus promotores consideraban mágica pero que de hecho incurría en el primero de los errores destacados por Ryder: convertir al empresario en un ser plenipotenciario y al currante en una víctima de bajo coste es un arma de destrucción masiva si el ciclo económico está deprimido.

El informe de Eurostat sobre costes laborales en 2011 tampoco arroja demasiadas dudas: la hora en España cuesta 20,6 euros (cotizaciones sociales incluidas) cuando la media de la Eurozona está en 23,1, la de la UE-27 en 27,6 y la de Alemania en 30,1. Cierto es que la bonanza del ladrillo permitió mimar los salarios cuando los alemanes ya los congelaban (ése ha sido uno de sus reproches habituales a los derrochadores subeuropeos del sur), pero las estadísticas están ahí, y dicen que España simplemente recortó parte del trecho que la separaba del resto del continente. Aun así, rebajas ha habido, y no han afectado sólo a los empleados públicos. Directivos, cuadros medios, peones y profesionales por cuenta propia padecen la política del cinturón apretado. Agravarla supondría castigar el único motor del consumo y del bienestar social: las familias son la banca, el colchón y el proveedor del mundo latino.

La nomenclatura de programas de apoyo al empleo juvenil es prolija. Todas las administraciones tienen un plan, y a la vista de los números ninguno funciona. EPA, cuarto trimestre de 2011, con Mariano a las puertas de La Moncloa: 884.100 menores de 25 años en las colas del INEM. El 48,56%. EPA, tercer trimestre de 2012: 970.200 (52,34%). En las pantallas de plasma de los hogares españoles se sedimenta una imagen tendencial y generacional. Chavales recién licenciados relatan con naturalidad su doble decisión compartida: estudiar alemán (casi más que inglés últimamente) para hacer las maletas a la mínima oportunidad. España se ha convertido para ellos en lo que Galicia, Extremadura o Andalucía fueron para nuestros abuelos hace cincuenta o sesenta años: un inmenso erial como los de Luanda, donde en los intervalos entre edificios destartalados sólo crecen montañas de basura. Uno querría invocar a Monterroso para que se inventase un cuento: Cuando volvieron, España seguía ahí.

Tres, dos, uno

Fede Durán | 6 de julio de 2012 a las 12:52

LA formación es hoy la agarradera de quienes buscan un trabajo sin encontrarlo. El colectivo juvenil, abrasado con tasas de paro superiores en Andalucía al 50%, prolonga así sus estudios más allá del primer título oficial con la idea de pertrecharse y diversificar currículum y habilidades. Hacia este perfil dirige sus tentáculos la masteritis. Los ex trabajadores menos cualificados, procedentes en su inmensa mayoría de la construcción, no tienen a su alcance las opciones de pago, pero cuentan con una amplia red tejida con esfuerzo desigual por las Administraciones (la ayuda de 400 euros, los planes de la Junta y los ayuntamientos), los agentes sociales y distintos organismos privados (las cámaras de comercio, por ejemplo). Hay además miles de opciones: talleres de oficios, escuelas de empleo, consorcios, etcétera. Y las necesitan todos, la masa laboral más castigada y aquellos que nunca pensaron que se verían al límite.

Pero ésta es una agarradera precaria en España, apenas dos centímetros en una pared con treinta grados de inclinación y una caída de doscientos metros con rocas afiladas abajo. Porque no existen controles de calidad que determinen la eficacia de este ejército de cursos más allá del testimonio aproximativo de los sindicatos, según el cual el índice de inserción ha caído al 30%.

Las emergencias de la economía real (de las empresas) colocan en el primer puesto de las prioridades ideales del reino el emprendimiento. Crear un negocio es la mejor manera de generar empleo. Si cada pyme europea fichase a una sola persona, el paro (alrededor de 24 millones en la UE) se esfumaría. España no es un país especialista en este ámbito. No existe la filosofía made in USA, donde un chaval de catorce años se convierte en CEO de su pequeña primera compañía y años después acaba fundando un empresón, a veces tras varios fracasos. Y no existe porque aquí nadie inculca el chip desde la cuna sino que pretende hacerlo demasiado tarde, con las neuronas ya endurecidas y vía escuela de negocios, una criba que no baja de los 15.000/20.000 euros y que estrecha el cuello de la botella.

Entretanto, crece el paro de larga duración y con él la bolsa de población activa no apta. A largo plazo, el tamaño excesivo de esa bolsa implicará una reducción en la fuerza de trabajo efectiva de la economía y por tanto en su capacidad productiva (Krugman). La suerte de los universitarios neutros (aquellos que sin engrosar las listas del Inem se abonan al subempleo) es parecida: su estigma será la infrautilización, el desempeño de un cargo por debajo de sus habilidades. Para arreglarlo, la patronal pide otra vez al Gobierno los minijobs, que son contratos a tiempo parcial dotados de mayor flexibilidad. Y así llegamos a los ingredientes del cóctel: paro, marginalidad, formación defectuosa y precariedad. Una bomba de relojería a punto de estallar.

Los tres perfiles del Apocalipsis

Fede Durán | 3 de junio de 2012 a las 20:10

HAY tres frases dolorosas en el último informe de la OIT sobre el mercado de trabajo mundial que merece la pena recoger y entrelazar. Frase A: “Desalentados por las tasas de desempleo, muchos jóvenes han abandonado completamente la búsqueda de trabajo o han decidido posponerla y permanecer dentro del sistema educativo”. Frase B: “En el mundo, muchos jóvenes están atrapados en trabajos de baja productividad, temporales o de otro tipo que no están a la altura de sus aspiraciones y que a menudo no dejan abierta la posibilidad de pasar a puestos permanentes, de mayor productividad y mejor remunerados”. Frase C: “La educación y la capacitación son esenciales para que los jóvenes puedan incorporarse al mercado laboral con éxito ya que incrementan su productividad y empleabilidad potencial. En las economías desarrolladas, la educación también sirve como un escudo contra el desempleo para muchos jóvenes y hay un fuerte vínculo entre el nivel educativo y los resultados laborales. En particular, los individuos con educación primaria o inferior, a menudo tienen las tasas de desempleo más altas y mucho peores que aquéllos con más altos niveles de educación en los tiempos de crisis”.

Hay pues tres perfiles. Uno es el del joven (menor de 25 años a efectos laborales en España) que se rinde momentáneamente y apuesta por seguir formándose. Aquí entran en juego enfermedades como la masteritis, principal manifestación de la más genérica titulitis, antaño remedio contra el fantasma del paro pero hoy un sacadineros sin garantías de éxito. Otro es el del trabajador precario que resiste concatenando precariedades y convirtiéndose finalmente y por acumulación en uno de esos candidatos estigmatizados a quien nadie dará una oportunidad de progreso porque su CV huele demasiado a comida basura. Y el último es el del inferiormente educado, ligado al destino de puestos poco cualificados. En todos los casos se trata de círculos viciosos difíciles de romper que apuntan al virus de la generación perdida.

El político puede corregir los destinos de los perfiles dos y tres. En un caso, prohibiendo lo que las reformas laborales de Zapatero y Rajoy autorizaron en teoría excepcionalmente (hasta el 31 de diciembre de este año): empalmar contratos temporales sin límite legal alguno, e incentivando, como de hecho ya ocurre, la conversión de contratos-basura en otros indefinidos mediante bonificaciones y exenciones fiscales. En el otro, facilitando la igualdad de oportunidades (eso se consigue con becas, que habrán de ser más selectivas conforme su número decrezca), elevando las tasas universitarias sólo en los casos en los que esas universidades brillen con luz propia (ninguna española destaca en el ranking internacional) y potenciando la formación profesional como alternativa (y no sólo para los pobres). Pero, ¿qué ocurre con el perfil uno? Aquí entran en juego factores más etéreos y filosóficos. Formarse más no debe entenderse como coleccionar títulos para que luego alguien te contrate. Formarse más es aprender mejor a emprender en solitario a partir de buenas ideas.

Generación perdida

Fede Durán | 10 de febrero de 2012 a las 10:43

UN laboralista andaluz lanzaba esta semana la siguiente reflexión: esperar que sean los jóvenes quienes se embarquen en proyectos empresariales que salven a la comunidad de esta plaga de paro es un formidable error por dos razones. Carecen de esos años de rodaje tan necesarios en la mayoría de las carreras profesionales (a) y no disponen, salvo que provengan de licenciaturas especializadas, del entrenamiento gestor para dirigir un proyecto (b).

Ambas afirmaciones son razonablemente admisibles, aunque a la vez haya que tener en cuenta los efectos que derivan de la conclusión opuesta: han de ser los emprendedores consolidados -los de siempre, que en Andalucía no son precisamente seculares-, los que creen actividad económica y por lo tanto empleo. Un seguimiento histórico de la curva del paro (1978-2012) determina que, incluso en los ciclos expansivos, la comunidad mantiene un diferencial de al menos cuatro puntos largos con las tasas nacionales. Este agujero porcentual probablemente implica que Andalucía carece del tejido empresarial necesario para absorber a sus masas laborales. Al basar su fuerza en sectores estacionales (turismo, hostelería, agricultura) o efervescentes (construcción), renuncia, por causas que no siempre le han sido imputables, a la estabilidad productiva y profesional de otros sectores más rocosos (la industria).

Pero volvamos a la teoría inicial, esa que corta el paso a las tropas de licenciados de este país cuyo destino inmediato se parte en un doble callejón sin salida (el paro o la huida). Experiencia y gestión son factores muy relevantes, aunque no forzosamente decisivos. Aun a riesgo de desgastarlos por sobreexposición, ahí están los ejemplos de Steve Jobs y Mark Zuckerberg, matizables en tanto el tablero de sus sueños fue un país tan endiabladamente audaz y pionero como EEUU, pero válidos en cualquier caso como inspiración universal.

El capital humano andaluz es muy válido. Lo es incluso si sólo eligiéramos a los emprendedores de la tropa juvenil. No queda claro que la barrera con que chocan esté hecha únicamente de inexperiencia. En distintos momentos de la crisis (que en sí misma ya es un momento demasiado largo), este periódico -y por supuesto el resto de medios operativos en la región- ha expuesto casos más o menos brillantes: los de Incoma, Flüssig, Yspoon, Hespérides Biotech o Syderis, entre otros. A veces la osadía sustituye a los trienios, y es entonces cuando aflora la otra realidad maldita, resumible en tres puntos. Uno: la ausencia de una red auxiliar de compañías que complemente a las más innovadoras. Dos: una burocracia brutal que retrasa y desalienta las inversiones. Y tres: el escaso prestigio social que en España posee la figura del empresario, más asociado a la sospecha del pelotazo que al reconocimiento del éxito.

Twitter: @fede_duran

Cinema Paradiso

Fede Durán | 13 de mayo de 2011 a las 9:18

NO es la primera vez que a esta España en permanente pájara se le cuelga la fantasmal amenaza de “una generación perdida”. El FMI utiliza la frase en su último informe sobre Europa, donde introduce pasajes optimistas entre visiones fúnebres. La EPA del primer trimestre despeja cualquier sombra de duda: 867.200 españoles de entre 16 y 24 años están en paro sobre un total de 4,9 millones de desempleados. La tasa de actividad (quienes trabajan y quienes buscan trabajo entre la población de 16 a 65 años) se sitúa en el 59,88%; la de empleo (ocupados divididos entre esa misma horquilla 16-65) en el 58,5% y la de paro en el 21,29%. Los hogares con todos sus miembros sin trabajo suman ya 1.386.000; las familias con todos sus integrantes ocupados, 9.066.000 y bajando. Además, 2,1 millones de paisanos perdieron su empleo hace más de un año.

Ésta es una economía latina donde la ortodoxia deja hueco a un sistema asistencial paralelo y alternativo al del Estado: la familia. Gracias a ella sobreviven muchos de los socios de esa estirpe gafada. Quienes vivieron el aperturismo posfranquista con recorrido por delante encontraron un mercado laboral en plena transformación y visible expansión. Era una etapa de oportunidades, una especie de El Dorado donde el esfuerzo garantizaba el café y el pan y, quizás, también metas más ambiciosas. Hoy, la formación, incluso la formación excesiva (también llamada titulitis), no sólo no asegura nada, sino que incluso puede llegar a apear al candidato en determinados procesos selectivos a la baja.

Es paradójico: más idiomas que nunca, más experiencias enriquecedoras durante la etapa formativa, más empresas fuertes en las que colocarse y un asiento prestado en el G-20 y en la primera fila mediática son realidades incompatibles con la legítima aspiración no ya a una trayectoria solvente sino siquiera a un simple y mal pagado debut. Los ni-ni (ni estudian ni trabajan) amplían así su espectro social con gentes que por vocación y ganas están en sus antípodas. España recupera poco a poco, sin suelo aparente, los tonos mate de una fotografía de escasez que parecía olvidada. España se parece cada día más a Cinema Paradiso.

La reforma laboral no ha funcionado (pruebas irrefutables son la EPA y el Inem), mientras que la negociación colectiva repta hacia ninguna parte con ese trazo sinuoso de los borrachos y los desnortados. Son los efectos de la pachorra del Gobierno y el eterno tejemaneje de los agentes sociales. Son los defectos de un país de bastidor defectuoso. España no soporta la comparación con sus vecinos del norte (Francia, Alemania, incluso Reino Unido) y sus ciudadanos más desesperados tendrán que elegir entre dos únicas cartas: o buscan fuera lo que no hay dentro o coquetean con el riesgo (más cierto que nunca) de la exclusión.