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Tras la reforma laboral, más paro

Fede Durán | 2 de junio de 2013 a las 21:48

La reforma laboral del PP entró en vigor el 12 de febrero de 2012, quedando estadísticamente encapsulada en la EPA del primer trimestre de dicho año. Con la publicación, semanas atrás, de la Encuesta de Población Activa del primer cuarto de 2013, ya es posible medir, siquiera aproximadamente, la eficacia de aquella iniciativa, exigida por Bruselas, aplaudida por Alemania y exhibida por Mariano Rajoy y su equipo económico como la poción mágica que revitalizaría al segundo mercado profesional más castigado de la UE tras el griego.

No ha sido así. En apenas un año, Andalucía registra 144.100 parados más y 155.800 ocupados menos [ver gráfico]. Aunque la tasa de actividad prácticamente se mantiene, la de empleo cae casi dos puntos porcentuales (del 39,41% al 37,11%) y la de paro se dispara del 33,17% al 36,87%, según los datos del INE. Mientras en el primer trimestre de 2012 se contabilizaban 404.700 parados de larga duración (dos o más años buscando empleo), en idéntico periodo de 2013 la cifra trepaba hasta los 555.200, 150.500 más.

Sólo la construcción, que ya sufrió lo peor de su ajuste, rebaja el total de desempleados después de 12 meses. Agricultura (+12.600), industria (+5.600), servicios (+11.900) y el colectivo sin empleo anterior (+134.600) engordan irremediablemente las listas del SAE.

Tampoco respiran las bolsas sociales más vulnerables: hay 27.100 parados juveniles más. Y los de al menos 55 años crecen en 16.400. La población inactiva, es decir, aquellos con 16 años o más ni ocupados ni desempleados (jubilados, estudiantes y amas de casa, por ejemplo) pasa de 2.789.400 efectivos a 2.802.600. Los hogares con todos sus miembros en paro se elevan ya hasta 1.181.200, 132.300 más que en 2012.

Por provincias, Córdoba, con 500 parados menos, es la tregua en un mar de hostilidades. Almería (+3.700), Cádiz (+30.500), Granada (+30.200), Huelva (+12.200), Jaén (+29.600), Málaga (+9.300) y Sevilla (+29.100) se arrastran.

Los agentes consultados coinciden en lo básico: no existen fórmulas milagrosas. En los matices están sus mejores aportaciones. Jesús Cruz Villalón, catedrático de Derecho Laboral en la Universidad de Sevilla, considera que los datos se deben a “factores externos a la reforma: la evolución de la actividad económica y el enquistamiento de la recesión”. Las últimas modificaciones legales permitieron, en su opinión, “acelerar el proceso de devaluación interna que venía produciéndose desde 2010, aunque pasándose de rosca y afectando al consumo”. “Es muy difícil -añade- saber si la flexibilidad ha salvado puestos de trabajo; yo creo que escasamente. Tampoco es necesario que la economía crezca a altos niveles para generar otra vez puestos de trabajo. Eso depende del modelo de salida de la crisis. Si se orienta a una mayor productividad, los empleos serán más cualificados y por tanto mejor retribuidos, y entonces necesitaremos cuando menos un PIB avanzando al 2%”.

El portavoz de la Asociación de Agencias Privadas de Empleo (Asempleo), Lorenzo Rivarés, justifica con comparaciones el pasable elixir de la reforma. “El incremento interanual del paro fue del 10,8% en Andalucía en 2012. De 2008 a 2009, era del 84%. Además, hay que tener en cuenta la caída del 11,2% del empleo público en una comunidad que sólo el año pasado empezó a recortar en ese sector. La creación de empresas andaluzas se contrajo un 2,8% frente a caídas anteriores de hasta el 5%. Los trabajadores afectados por ERE extintivos fueron 483.000 a nivel nacional en 2012, un 12% menos que en 2009. La caída del mercado laboral no se está corrigiendo, se está suavizando. Eso es lo que ha permitido la reforma. Pero aún hace falta más”, expone.

La visión del secretario general de Economía de la Junta, Gaspar Llanes, es obviamente más política, aun sin esquivar los números. “La reforma laboral ha puesto la puntilla a una mala estrategia económica, y sobre todo ha implicado la ruptura de la negociación colectiva”. Según su Consejería, la caída de los salarios en España concentró 27.582 millones en 2012, mientras que los beneficios empresariales progresaron en unos 10.000. Paralelamente, la inversión privada cayó un 10% y el alza de las exportaciones se moderó del 5,8% (2011) al 3,2% (2012). “Las empresas han aprovechado el camino corto: cerrar en vez de resistir. Si el empleo no se mantiene, la demanda interna se va al garete, y entonces, por muchas exportaciones que haya, las compañías españolas no se sostienen”.

“El PP partía de dos hipótesis falsas. La de que el trabajador español no es productivo, cuando está en los 70.000 dólares anuales del promedio europeo; y la de que la economía española no es competitiva, cuando por cualificación, innovación y mercados exteriores sí que lo es”, razona. “No creemos que la solución sea convertir a un profesional español en uno asiático”.

“En Andalucía hay muchos empresarios irresponsables que se aprovechan de la vulnerabilidad del empleado”, opina Francisco Carbonero, secretario general de CCOO-A. “Se han bajado sueldos con el argumento de la competitividad, pero si miras las empresas que exportan en la comunidad (Renault, Acerinox, las del ramo de la agroindustria y la aeronáutica), ninguna ha rebajado salarios. Y luego están los abusos, por ejemplo en el turismo, donde la reforma permite despedir a los trabajadores de planta para fichar luego a bajo coste y mediante subcontrata”.

Lorenzo Amor, presidente de la asociación de autónomos ATA, cree que las cosas han mejorado en su ámbito: “Hemos generado 74.000 empleos netos y hay más de 40.000 autónomos con al menos un trabajador. Antes era más fácil despedir que eliminar dos pagas extra. Lo que me llama la atención es que hayan sido las empresas con beneficios las que han aprovechado para adelgazar plantillas”.

Los cobardes siempre pierden

Fede Durán | 25 de enero de 2013 a las 13:23

EL Gobierno gobernaba mejor cuando era oposición por un sencillo motivo: podía proyectar, sin techos teóricos o prácticos, las soluciones invencibles para acabar con el paro. Su reforma, decían, sería la definitiva. No hablaba el PP real; hablaba el mito aún invicto de aquel PP mágico del posfelipismo y Rato. Llegó la victoria y llegó la reforma. Un año después, España vive instalada en una cifra –seis millones de parados– más aberrante que la peor de las exhibidas por Zapatero, sin duda un kamikaze de la estrategia económica.

El abaratamiento del despido es una herramienta útil cuando un país vive instalado en la línea ascendente del ciclo. Ahí genera dinamismo, movilidad laboral, apuestas y oportunidades que con cláusulas más onerosas quizás no pasarían por la mente del empleador. Con cinco años de crisis a cuestas, la morosidad por las nubes y los préstamos al 3% disecados en el Museo Nacional de Arqueología, los empresarios luchan simple y llanamente por sobrevivir, eliminando en muchos casos más capital humano del necesario por conservadurismo o miedo, y enviando de paso a las galeras a profesionales que difícilmente tendrán una buena oportunidad de reciclaje.

No, la reforma no dio ni de lejos en el clavo. Siendo importantes, los costes salariales no eran la prioridad. La prioridad era la creación de un verdadero nuevo sistema donde la formación, por ejemplo, fuese de veras una herramienta útil y no un pozo de dinero perdido o defraudado o un atajo empresarial hacia la bonificación.

Tampoco ningún gobierno ha comprendido hasta ahora que España falla estrepitosamente en la gestión de los recursos humanos. No existen prácticas virtuosas sino, en el mejor de los escenarios, imitaciones chapuceras de los peores defectos del sistema multinacional anglosajón.

Otra oportunidad perdida ha sido el teletrabajo. Cierto, la reforma dedica unas líneas al fenómeno y fija un marco mínimo de garantías para el trabajador, pero si se trataba de ponérselo fácil al sufrido patrono aquí había una rendija de esperanza: el teletrabajo ahorra costes y mejora (a menudo) la productividad, permitiendo además conciliar profesión y familia. Contrargumento: el presupuesto para que triunfe esta modalidad es que el empresario cambie el chip. Difícil.

Menos comprensible aún es la faja que el legislador se empeña en endosar al autónomo cuando el autoempleo es cada día más la única salida para quienes se resisten a eternizarse en las colas del Inem. Ni adelantos del IVA por facturas no cobradas ni impuestos durante el primer año de actividad.

Hablar de brotes verdes en este contexto es una desfachatez. O bien los sucesivos ministros de Trabajo han fracasado por impericia y/o cobardía, o bien el laboralismo español ha sido incapaz de transmitir al poder soluciones razonables a un tumor del que también forma parte la economía sumergida, una ramificación que obligaría a analizar paralelamente el papel de un grupo de ministros aún más torpe: los de Hacienda.

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Entrevista de trabajo

Fede Durán | 19 de octubre de 2012 a las 9:57

IMAGINEMOS el desarrollo de una entrevista de trabajo hoy. El candidato acudiría a la cita considerándola no un hecho cotidiano de un país acomodado en la primera división económica mundial sino una especie de milagro sin precedentes. Es una débil posición de partida. Supongamos, asimismo, que ese aspirante reúne las condiciones requeridas para desempeñar eficaz y hasta brillantemente su cometido. Será entonces cuando el señor de recursos humanos, o el empresario mismo, detalle la oferta: “Comprenderá usted -comenzaría- que la crisis nos impide retribuirle como quisiéramos. La empresa asume un esfuerzo gigantesco contratándole. Son tiempos de austeridad”. Traducción: probablemente el atribulado aspirante cobre la mitad de lo que se despachaba en tiempos de arcoíris y hormonas de crecimiento.
“También debería entender, obviamente, que el esfuerzo exigido será superior al habitual en tanto en cuanto la situación no mejore”. Traducción: no importa lo que digan el contrato o el convenio colectivo, la hora extra será tan común como las ratas junto a un contenedor de basura. “No me gustaría zanjar esta conversación -remataría el cribador- sin advertirle que quizás, excepcionalmente, se le pida que desempeñe tareas ajenas a su competencia profesional”. Traducción: vamos a exprimirte, vas a ser un empleado-orquesta, nunca te atreverás a negarte aunque la misión asignada te suene a chino.
Pasemos a la siguiente viñeta. Nuestro protagonista camina hacia casa para despejar la mente. Sabe que tiene el sí en el bolsillo (“su perfil es óptimo, díganos algo a la mayor brevedad”), que ha causado una impresión de campeón, pero en el fondo duda, duda con toda su alma: nadie en su sano juicio aceptaría semejante pliego leonino. Varios conceptos llueven sobre su caja cerebral: abuso, vergüenza, precariedad, chapuza. Con cada paso, sin embargo, la lluvia decae y cede el protagonismo a una leve brecha de racionalidad o de instinto de supervivencia o de resignación. Los argumentos son contundentes: hay una lista interminable de pretendientes y las colas del antiguo INEM crecen en toda España (ya se atisban los 6 millones de parados). Puede que sea incluso peor. Puede que el candidato haya agotado su prestación por desempleo y de paso sus ahorros. Puede que esté pagando una hipoteca o la letra de un coche o aquella tele de cincuenta pulgadas y 3D con la que quiso darse un capricho para ver en todo su esplendor The Wire o Breaking Bad. Puede que su familia sea una de ésas en las que todos están en paro. Puede que su futuro ridículo sueldo sea el único desfibrilador disponible.
Cuando abre la puerta y besa a su pareja, zarandea a su bebé y acaricia a su gato, ya sabe que debe descolgar el teléfono y aceptar el puesto. Espera un día, tal vez dos, y en la víspera sueña que la vida le da una segunda oportunidad, que satisface a sus acreedores, que ahorra para el futuro del niño y hasta para unas vacaciones en la playa. Un mes después recibe su primera nómina y hace sus primeras cuentas, que por supuesto no cuadran. Pobre libre antes, esclavo pobre ahora.

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España la triste

Fede Durán | 26 de enero de 2012 a las 14:27

Conclusiones por contraste: Malasia, mi último viaje, versus España. O sudeste asiático contra vieja Europa. La principal diferencia es espiritual, aunque tras todo espíritu más o menos mediocre subyacen razones económicas. España es hoy un país gris, paulatinamente entristecido por una crisis que se siente más potente que las otras crisis vecinas si se atiende al indicador más repetido (el paro) o a la vigilancia envidiosa de gotas (malayas) menos agresivas (Francia, Bélgica, Reino Unido, ¿Alemania?).

La eficacia del rodillo es incuestionable y se basa en la acumulación de datos extremadamente luctuosos cuyo impacto redobla un hecho insólito en la nación: la economía interesa hoy casi tanto como el fútbol; los conceptos más básicos se han universalizado. Déficit y deuda públicos, prima de riesgo, Íbex, inflación, efectos de comercio impagados, PIB, concurso de acreedores o morosidad son palabras más accesibles que nunca, más cercanas, mucho más amenazantes. Nos las han inyectado en sangre, comparten con nosotros el plato y la almohada, la película del fin de semana y las cervezas de las camarillas y los corros criptoalcohólicos de cualquier ciudad.

El pesimismo es una mala droga porque se impregna con la misma terquedad que el alquitrán. Al joven (50% de paro) le invitará a marcharse. Al ingeniero (5.000 quieren fichar en Alemania) a reorientarse. Al emprendedor le hará refrenarse. Y al empresario consolidado acobardarse. Al estudiante le sugerirá eternizarse (mejor repetir que internarse en la selva equipado con una cuchilla de afeitar a guisa de machete). Y al muchachito engañarse (querrá ser futbolista o euromillonario porque no verá otra forma de construir esa vida ideal tan propia de quien no sabe lo que viene después).

Malasia vs España, decía. Un príncipe luminoso y atiborrado (nuevos rascacielos, coches recién estrenados, infraestructuras más que decentes) frente a un reyezuelo (el mismo que iba a ser mejor que Francia y hasta que Alemania en un plis plas) que de repente nota que sus propias ropas cantan a podrido.

El otro día me comentaba un amigo que parte de la culpa es nuestra, de los periodistas. “Sólo publicáis malas noticias”, lamentó. No estoy demasiado de acuerdo. Por una parte están los datos, que son como son y, sin más, quedan reflejados en los medios de comunicación. Si el PIB se contrae en el último trimestre de 2011, se contrae y punto. No es interpretable. Si la EPA dice que en España hay 5,4 millones de parados (por ahí andará la cifra mañana), sólo queda tragarse el sapo y esperar que el próximo sepa mejor. Cierto que quizás hemos dado voz (y los políticos y agentes económicos excesiva relevancia) a sospechosos habituales como las agencias de calificación. Luego están las líneas editoriales, y es cierto que unos tenderán (en función de la brisa política) a subrayar lo malo mientras otros procuran rescatar milagros como la audacia empresarial, las historias de éxito, los brotes verdes y los nichos con mayor porvenir. Pero creo que el periodismo, en este ámbito, cumple más o menos bien con su a menudo olvidada vocación objetiva.

España necesita toneladas de prozac. Porque convencer al Gobierno de que la austeridad ultraortodoxa que se le impone como dogma es un enorme error parece imposible. Toneladas de prozac para pasar el rato. Y para después: el riesgo es que cuando la crisis haya pasado, ya sólo queden pellejos y hueso, y a ver quién se levanta y se casca un maratón en esas condiciones.

¿Qué le pasa a esta generación?

Fede Durán | 6 de marzo de 2011 a las 19:35

Soy andaluz y vivo en Sevilla. Me crié en Córdoba y vengo de Cádiz. Di algunos de mis primeros pasos en Granada. Amo mi tierra por su color, sus paisajes y sus sabores, pero también por la subjetividad de mis recuerdos y mi presente. Cada mañana, cuando me levanto y repaso los titulares de prensa, descubro algún nuevo mal dato. El paro más elevado (con permiso de Canarias), el Gobierno más corrupto (con permiso de Valencia), la sociedad más indolente (sin permiso de nadie). Empresas que cierran, compañeros amenazados por la crisis, despilfarro de fondos públicos, vandalismo urbano, robo y violencia… y nadie levanta la voz. Ese nadie me incluye a mí. Nos incluye a todos. ¿Qué nos pasa? ¿Ésta es nuestra conciencia democrática, éste nuestro pensamiento del progreso? Bahía de Cádiz, Linares, Córdoba. Inversores que huyen tras el correspondiente escarmiento. Políticos que pagan periódicos en la autopromoción más descarada y burda que yo logre recordar en ésta u otras regiones. Plazas mastodónticas que duplican el presupuesto inicial, calles con socavones del tamaño de Pekín, mierdas de perro, meadas en las esquinas. ¿Somos nosotros la imagen de ese espejo? Eso me temo. Procuramos sobrevivir, inventar pequeños proyectos, conservar lo que tenemos (a ver quién se atreve ahora a pedir más). Algunos emprenden y luchan más que el promedio. Mi hurra para ellos. Pero, en el debate político, económico y social, la abulia nos iguala. Heredamos el esfuerzo de nuestros padres. Algunos sí que doblaron esquinas más rápido que esos grises a caballo con bigote y mala ostia. Algunos lucharon por el sistema actual, por la pluralidad, por la equiparación a Occidente y al continente sin pensar, quizás, que los otros, es decir, nosotros, acabaríamos siendo tan conformistas, tan planos, tan lamentables. ¿Por qué no elevamos la voz y aclaramos a los políticos que en verdad ellos mandan por nosotros? ¿Por qué no colapsamos el sistema poco a poco, golpe a golpe, con la carga plúmbea de lo simbólico y lo fáctico? ¿Por qué no se disculpan y dimiten? ¿Por qué nos toman por gilipollas? Tal vez porque, en el fondo, lo somos. Te deslomas de lunes a viernes y llega la noche y ves a tus amigos como siempre: felices y borrachos (dos estados perfectamente legítimos y sumamente recomendables de cuando en cuando). El problema es que suman, sumanos años, y ya no hablamos de 20, ni siquiera de 25 ó 30. Hablamos de hombres y mujeres hechos y derechos que viven como muchachos huecos, sin ideas ni discurso. Es muy bonito sentarse en una tasca y arreglar el mundo con una botella de vino y una ración de carrillada (cuando los tertulianos logran debatir sin arrancarse los ojos, claro, que aquí el grito equivale a la razón). Es muy bonito pero no transforma nada. No es una catarsis sino nuestra forma de justificar la indolencia. Y eso, si es que decidimos pensar, porque es muchísimo más cómodo contar un chiste o tomarle el pelo a alguien. ¿Necesitamos el grado de podredumbre moral y social del Magreb para reaccionar? ¿Alguien piensa que de verdad estamos tan lejos de un escenario dictatorial? Nosotros somos los culpables. Tú y yo. Por nuestro pobrísimo nivel de autoexigencia. Por acatar la indignidad de un 30% de paro sin levantar el culo del sofá ni exigir a los cuentistas y a los mandamases que espabilen. La sociedad civil, aunque cueste creerlo, todavía existe. Levantémonos, utilicemos los medios a nuestro alcance: internet, el boca a boca, nuestros propios cargos profesionales. Escribamos. Opinemos. Provoquemos. Instruyámonos. Ilustrémonos. Aún hay tiempo, pero, ¿queremos?

Abecedario abreviado de la crisis

Fede Durán | 5 de febrero de 2010 a las 12:03

Todo político es un charlatán empedernido si de teorizar se trata. Otro gallo canta cuando irrumpe el rigor de lo práctico. Esta crisis es un magnífico test de esfuerzo para el Gobierno, al que una mayoría de ciudadanos adjudica ya, sin importar el color político, un sustantivo sintetizador: caos. Ahí va un abecedario resumido de los peores años de la España reciente.

CONSTRUCCIÓN. O la reina que no supo reinar. Muchas empresas del sector que más hizo por la estadística del país han desaparecido. El Banco de España cuantifica la deuda de los promotores con la banca: 324.439 millones a cierre del tercer trimestre de 2009. La constitución de hipotecas se resiente (-9,9% con datos de noviembre) y el precio de la vivienda cayó un 6,2% el año pasado.

DÉFICIT público. La diferencia entre lo que el Estado ingresa y gasta es actualmente del -11,4%. El acumulado por estos números rojos –la deuda pública– alcanzará en 2012, según los cálculos del propio Ejecutivo, el 74,3% del PIB. El déficit comercial, pese a equilibrarse por el descenso masivo de las importaciones, aún supone un agujero de 46.111 millones de euros.

FINANZAS. Cinco cajas de ahorros –entre ellas Cajasur– entraron en pérdidas en el tercer trimestre de 2009, según la CECA. Una nefasta gestión obligó a intervenir Caja Castilla-La Mancha, posteriormente adquirida por Cajastur. El Gobierno se inventó el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para costear las fusiones –necesarias y urgentes– del sector. Cal y arena entre los grandes. El Santander clausura el ejercicio con ganancias del 1%, pero el BBVA se deja un 19%.

JUBILACIÓN. El camarote de los Hermanos Marx. Salgado proponía inicialmente un retraso de 65 a 67 años en la edad de retirada bajo un esquema de aplicación progresiva. La base de cálculo de las pensiones se ampliaría de 15 a 25 años, tal y como constaba en el Plan de Estabilidad entregado el miércoles a Bruselas. Al final, el Gobierno sólo sabe que no sabe nada. Los sindicatos amenazan con una huelga y el PP juega a la ambigüedad.

KRUGMAN, Paul. El tótem de la economía mundial –premio Nobel por si había dudas– y Pepito Grillo de Obama, lo ha dicho alto y claro: “El punto más conflictivo no está en Grecia. Es España el principal riesgo para la estabilidad de la zona euro (…)”.

OCDE. Y FMI. Y Banco Central Europeo. Raro es el día en que una ilustre institución no llama la atención sobre el caso hispano. Sugieren medidas más ambiciosas de las que se han puesto en marcha –¿se ha puesto en marcha alguna?–.

PARO. El monstruo. La pesadilla: 4,3 millones de desempleados en España, 1.034.000 en Andalucía, 17,5 millones de afiliados a la Seguridad Social (tres millones menos que en los mejores tiempos) y una tasa (18,8%) sin parangón en Europa (Letonia no cuenta).

ZAPATERO. Debilidad. Confusión. Incapacidad. Candidez de pirómano. Su talante ya no cuela. Le crecen los enanos, le ningunean en el circo internacional. Negó la crisis. Luego la minimizó. Ahora la vive sin pulso ni valentía. Por cierto, ¿dónde diablos se ha metido Rajoy?