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España se pudre

Fede Durán | 13 de mayo de 2014 a las 14:12

La clase política española viene demostrando, con la excepción primigenia de Suárez (hablemos sólo a partir del 75-76), que la democracia le viene grande. España es una dictadura de partidos: las Cortes se someten a la disciplina de las siglas, el poder judicial está contaminado por un sistema de designaciones extrajudicial, las connivencias son antes con la banca y las grandes corporaciones que con el pueblo, y el sentimiento de casta o corporativismo es tan obvio que avergüenza.

No hay altura en el debate, ergo jamás la habrá en las soluciones. La disciplina de partido elimina la divergencia en favor de la jerarquía (franquismo puro a menor escala). Mentir es costumbre (ahí quedan los programas electorales). Y la corrupción se ha convertido en un titular habitual y universal (ERE, Gürtel, Bárcenas, Filesa, ITV).

Hay quien, como Susana Díaz, considera su dedicación exclusiva a la política el mejor aval de su capacidad. Otros socialistas más veteranos (Chaves, Borbolla) justifican la ausencia de currículum con el relleno de la experiencia y los intangibles del carisma y el liderazgo. Excusas de mal pagador: un gran político ha de cultivarse y experimentar previamente en la esfera privada, esté o no afiliado a unas ideas, para cumplir su misión sin haberse criado en una pecera y sabiendo retirarse en un plazo nunca superior a los ocho años.  A pueblo se le sirve, no se le aburre.

Moreno Bonilla (PP) falseó sus méritos nada más relevar a Zoido. Valenciano hizo lo propio al apuntar a Bruselas. Díaz ni siquiera se molestó porque no tiene nada que maquillar. Rajoy y Rubalcaba llevan en esto toda la vida. Digámoslo claro: por supuesto que el poder corrompe. No necesariamente empujando a la malversación o la prevaricación, sino intoxicando el ego, alejando el espíritu de la realidad, entrenando la mente para contentar a todos sin contentar a ninguno y acostumbrando al cuerpo a la sobremesa cinco estrellas con séquito y contertulios poderosos.

Los medios de comunicación no ayudan. La información declarativa pesa demasiado. Hay un seguimiento exhaustivo a los partidos por falta de imaginación. Se les registra hasta el bostezo y se les permite la humillación de las ruedas de prensa sin preguntas. Fíjense en los telediarios: entre la política y el fútbol apenas se cuelan las novedades de la sangre.

Muchos opinan que Zapatero fue el peor presidente de la democracia. Rajoy quizás le supere. ZP avanzó al menos en la senda social, modernizando por ley a un país tendencialmente conservador, pero Mariano, con su pasividad envuelta en volutas de puro caro, va camino de romper cinco siglos de sociedad con Cataluña. Es probable que incluso si Rajoy fuera más proactivo la tensión fuese idéntica: su proactividad estaría limitada por sus creencias. Tampoco ayudan Mas y Junqueras. Lo del contrato de adhesión es cierto. Y por favor, que nadie recurra a la Historia para salvar el presente. Esa tecla sólo activa el pasado.

La única solución contra la partitocracia y el adiós catalán impone un reto bestial. La sociedad debe despertar para que no le pase como al protagonista de Monterroso: al dinosaurio hay que ahuyentarlo, o echarlo, u obligarlo a transformarse en mamífero. Aunque parezca increíble, España cuenta por primera vez en su historia con una clase media aceptablemente solvente. De ahí ha de partir la solución. Como pese a todo encomendarse a ese deseo sigue pareciendo insensato, la conclusión más realista es también la más aterradora: PP y PSOE gobernarán ad eternum (ahora pensarán que Fraga tenía razón en el 76: un sistema electoral mayoritario, a la inglesa, habría consagrado la ley del péndulo, eliminando el prurito de las alianzas), Cataluña se independizará tanto si al Estado le parece bien como si decide recurrir a las armas (el ejército está tranquilo, advierte sutilmente Morenés), el País Vasco seguirá sus pasos y la vieja y gloriosa nación quedará reducida al adefesio de una mezcla artrítica sin dos de sus almas. Entretanto, la clase alta pagará menos impuestos que la media-baja, el tipo real de Sociedades seguirá demostrando que tener una pyme es hacer el primo, cientos de miles de autónomos se habrán rendido, el paro se sedimentará en los seis millones, las universidades serán cotos cerrados sin competencia ni fichajes, apenas un 1% de la población hablará inglés en condiciones, la I+D únicamente aparecerá en los discursos de los candidatos, y todavía alguno soñará con recurrir a los anabolizantes del ladrillo.

Pienso en Machado, Ortega o Vives. Pienso en los Balcanes o la URSS. Pienso que nos estamos acabando, esta vez sí, para vivir peor.