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Misiones posibles, mandatos urgentes

Fede Durán | 25 de diciembre de 2014 a las 20:52

La planta noble hispana, compuesta por políticos con tres décadas de servicio, cachorros ya crecidos sin experiencia en la empresa, banqueros de guante negro, analistas de parte y opinadores sin escrúpulos habla de populismos para referirse a medidas que poco a poco su vanguardia filosófica copia sin rubor: subida del salario mínimo interprofesional, renta de inserción (ex renta básica), mayor transparencia en las estancias del poder, revisión de la deuda nefanda o conexión directa con la ciudadanía. Mariano Rajoy, presidente-comadreja, ya no recurre al plasma;Pedro Sánchez, aspirante saboteado, acude a los platós de televisión y promete inventos incluso más audaces que los de la nueva y furiosa competencia (supresión del Ministerio de Defensa); Susana Díaz, conspiradora nata, habla de Andalucía como ese oasis izquierdista que soporta obstinadamente los empellones del liberalismo asalvajado; Alberto Garzón, próximo califa de IU, recuerda que todo lo prometido por Podemos ya lo propusieron ellos. ¿Populismo ajeno? Más bien confluencia de miedos transversales ante el hurto de viejos espacios electorales.

El programa es parte de la batalla, y la cosa económica lo absorbe todo aunque por las rendijas se cuelen ingredientes éticos y madejas del optimismo que tanto necesita el país. Si las ideas son el frente, la comunicación es el medio, y ahí la ventaja de Podemos es palpable porque cuenta con la mejor materia prima, sus líderes, y porque ha sabido amoldarse al chip 2.0 antes que nadie. El magma adversario lo ha comprendido al fin y, como Zhúkov, prepara una ofensiva envolvente para aplastar al inesperado depredador. Los líderes abrazarán al pueblo, prometerán caramelos, cantarán sus pecados al compás del latigazo redentor y advertirán que, pese a lo que algún listo pudiera pensar, sólo ellos, los de siempre, con sus multas y sus cadáveres en el armario, salvarán a España del barrizal donde tirita.

No hay misiones imposibles aunque muchas sean peliagudas. El reto de Podemos es formidable por la entidad del enemigo y la artillería de sus aliados mediáticos, pero también, y sobre todo, por el natural ejercicio de realismo al que el partido ya se ha sometido en el tránsito forzosamente reduccionista de las europeas a las generales. Lo último que tolera un elector quemado es una película que no esté a la altura del teaser.

En cualquier caso, la economía acaparará –en su traslación directa a las personas– los focos cuando menos unos años más. Nadie ha planteado aún, desde los aparatos políticos occidentales, una verdadera revisión viable de las disfunciones del sistema. Las interacciones descartan rupturas radicales tanto si se quieren como si se detestan, pero existen suficientes ideólogos a ambos lados del Atlántico con una buena saca de alternativas razonables. Meritocracia, reequilibrios salariales, separación de poderes, reformulación de la universidad y las administraciones públicas, recuperación de derechos laborales, renacimiento de la sociedad civil y restauración de los recursos imprescindibles en educación y sanidad no son mandatos majaderos sino objetivos al alcance de la mano. El próximo Congreso será uno de los más fragmentados de la historia. Cultivar y ejercer el consenso sería un magnífico inicio.

La España inminente

Fede Durán | 25 de noviembre de 2014 a las 19:06

ACTO DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA CIUDADANA "SÍ SE PUEDE"

Siempre que concedamos a las encuestas el poder predictivo que a veces las urnas les niegan, España está al borde de su mayor convulsión política desde 1978. No se trata de un seísmo, ni mucho menos de una revolución robespierrana. El peso de Podemos quedará, en el escenario más exquisito para ellos, lejos de la mayoría absoluta, salvo que la teoría de las bolsas de voto fijas reviente y las transversales y permanentes campañas del miedo y el desprestigio ejerzan el efecto contrario al deseado por la oligarquía que las auspicia.

Lo más pasmoso es que ninguno de los miembros de las élites sea capaz de leer lo que el país exige a gritos. Incluso si las luces cerebrales se les iluminan, incluso si la exégesis clarividente acaba imponiéndose, la inercia de lustros de corrupción seguirá devastando cualquier amago cosmético. A cada juramento de redención acompañará en las portadas otra trama ladrona. No es necesario facturar millones en asesoramiento para comprender que la parálisis de Rajoy o el goteo de ocurrencias de Sánchez son fruto de sus respectivas deficiencias intelectuales y de la incompetencia de quienes componen los esqueletos de sus partidos. Ambos siguen profesando la fe bipartidista con el mismo fervor con que Torquemada alimentaba sus hogueras. La mejor prueba es que el socialismo apela al diálogo sólo con el PP para reformar la Constitución, cuando ni unos ni otros reflejan el sentir emergente de la masa española, que reclama simple y llanamente un horizonte limpio de nubes.

Demografía menguante, desfalcos, escepticismo, indignación, emigración forzosa, precariedad laboral, insuficiencia neuronal de la política actual, austeridad, pérdida de soberanía, debate territorial y necesidad de una estación llamada esperanza juegan a favor de Podemos, un partido surgido de todo lo anterior cuyo núcleo duro procede casi exclusivamente de la universidad y donde el principal y muy efectivo machete es la retórica. Pero Podemos, incluso pese a ese monopolístico cogollo ejecutivo, trasciende a sus promotores. Es el voto protesta, la devolución parcial de las riendas al ciudadano, la playa bajo los adoquines del 68 y, más relevante de lo que parece, una sintonía o empatía descarada entre quienes han tenido la visión para hilar un discurso rompedor y todos esos españoles ultraformados, frustrados y atrapados en la cárcel de un sistema que reparte pésimamente la riqueza. Ese grupo no es el pueblo. Es el equivalente a Podemos en la vida civil.

Hasta ahora, el viento ha soplado a favor de un bergantín en vías de convertirse en portaaviones. Pablo Iglesias es un caníbal del debate a cara de perro, y a esa circunstancia ha contribuido también la sorprendentemente escasa preparación de muchos periodistas del mainstream. Transmutado el espíritu primaveral en promesa cuasitangible, con la incógnita de las municipales y la certeza de las generales, Podemos jugará desde ya en una liga más dura, la del acoso mediático, la persecución del desliz (caso Errejón) y la entrevista uno contra uno, áspera y reveladora cuando el entrevistador sí está pertrechado y hace bien su trabajo, que es incidir en las zonas oscuras y exigir explicaciones razonables (Ana Pastor en La Sexta, Miguel Ángel Belloso y Miguel Ors en Actualidad Económica).

El equipo B de Iglesias, es decir, el consejo ciudadano (82 miembros incluyendo a los aún inexistentes secretarios generales autonómicos) trabaja actualmente en el tránsito del programa europeo al nacional, triplemente exigente por la limitación presupuestaria, las dictaduras del déficit y el ojo escrutador de los posibilistas. Alberto Montero, de facto economista en jefe del partido, advertía semanas atrás que las cuentas han de rehacerse porque Bruselas permite los brindis al sol que la menos pudiente España deniega. Descender de los cielos no es tan negativo: más vale un compromiso humilde que una grandiosa mentira.

En teoría, no habrá elecciones generales hasta finales de 2015. PP y PSOE tienen dos vías hacia la salvación, y son combinables. La primera es demasiado utópica: purga radical teledirigida por quienes forman parte del problema. La segunda es demasiado azarosa: confiar en que la corrosión inherente al paso del tiempo, unida a los engranajes indagadores/difamadores, unida a la opción probable de los errores de Podemos (inexperiencia, egolatrías) conforme una pelota de acero que castigue la cosecha de escaños final.

Nadie sabe qué ocurrirá en España en los próximos cuatro-ocho años. Nuestro código genético es fatalista y nuestra cultura del progreso blanda en lo sustantivo. La sociedad ha sido parte de la enfermedad porque ha consolidado las opciones que actualmente tanto decepcionan. En tiempos de bonanza es más fácil perdonar tales pecados; cuando el pastel se acaba afloran los rencores y con ellos un virtuosismo que tal vez sólo sea el reflejo de demasiadas carencias materiales. Es increíble que ni siquiera Podemos, lo más similar a la pureza en este juego de máscaras, descargue ganchos y directos sobre la gran lacra hispana de la podredumbre moral, asociada a la ausencia de valores, de civismo, de letras y de debate y pensamiento crítico. Un país sin humanidades es una cadena de montaje. Los brazos mecanizados de arriba roban sin el peso de la conciencia porque son máquinas. La ovejas eléctricas de Philip K. Dick (o de abajo) balan por las facilidades perdidas, no por la virtud que nunca han exigido ni ejercido. Podemos tiene la oportunidad de aparcar sus últimamente demasiado clericales eslóganes (Su Odio es Nuestra Sonrisa, Mensajeros de la Voluntad del Cambio) para afrontar el reto de mejorar aquello que jamás aparece en los programas electorales, utilizando paralelamente su formidable potencia de fuego para dirigir al resto hacia esa misma meta.

El Bendecido y la Emperadora

Fede Durán | 15 de julio de 2014 a las 13:51

SÁNCHEZ ABRE SU RONDA DE CONTACTOS CON UNA REUNIÓN CON SUSANA DÍAZ EN FERRAZ

Nada explica mejor la formidable decadencia del PSOE que el abrazo colectivo a Susana Díaz. Colectivo, orgánico y externo, porque en una suerte de orquestada genuflexión aparecen unidos monarcas, empresarios, banqueros, barones y hasta a veces rivales, todo bien aliñado por esos medios de comunicación incapaces de crear una agenda propia más allá de las imágenes y chascarrillos que calculadamente les cuelan los aparatos.

Ahora irrumpe, o simplemente aterriza, Pedro Sánchez, obligado por Díaz al paseo juntos a primera hora del lunes, calle Ferraz, ante las cámaras, claro, para que al día siguiente no haya dudas con la semiótica: el Bendecido y la Emperadora.

El problema de Sánchez es similar al problema de Susana. Ambos son superficie sin fondo. Leer una entrevista al ex aspirante (igual que leer una a Madina) sencillamente desazona, como si estuviésemos ante un replicante de Blade Runner. Y ésa parece la apuesta definitiva del PSOE y quizás su camino a la perdición. Porque en Andalucía Díaz vive de la palabra, jamás del hecho. Repasen sus iniciativas legislativas de calado desde que llegó, sus reestructuraciones administrativas, su lucha contra el despilfarro y los desvíos sistemáticos de fondos. No encontrarán nada. Sánchez tiene al menos el beneficio de la duda sobre sus verdaderas capacidades y sobre su autonomía real.

El PSOE dejó de ser izquierda hace lustros. A la izquierda de la izquierda que es IU asoma un horizonte recortado por la P de Podemos y Pablo. Es un seísmo de efectos imprevisibles (efecto globo vs efecto bomba de racimo) que en cualquier caso demuestra cómo cientos de miles de ciudadanos sin cadenas clientelares difícilmente volverán a confiar en la otra doble P en liza. Es el precio del amor al mediocre, basado a su vez en el temor al poderoso.