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Misiones posibles, mandatos urgentes

Fede Durán | 25 de diciembre de 2014 a las 20:52

La planta noble hispana, compuesta por políticos con tres décadas de servicio, cachorros ya crecidos sin experiencia en la empresa, banqueros de guante negro, analistas de parte y opinadores sin escrúpulos habla de populismos para referirse a medidas que poco a poco su vanguardia filosófica copia sin rubor: subida del salario mínimo interprofesional, renta de inserción (ex renta básica), mayor transparencia en las estancias del poder, revisión de la deuda nefanda o conexión directa con la ciudadanía. Mariano Rajoy, presidente-comadreja, ya no recurre al plasma;Pedro Sánchez, aspirante saboteado, acude a los platós de televisión y promete inventos incluso más audaces que los de la nueva y furiosa competencia (supresión del Ministerio de Defensa); Susana Díaz, conspiradora nata, habla de Andalucía como ese oasis izquierdista que soporta obstinadamente los empellones del liberalismo asalvajado; Alberto Garzón, próximo califa de IU, recuerda que todo lo prometido por Podemos ya lo propusieron ellos. ¿Populismo ajeno? Más bien confluencia de miedos transversales ante el hurto de viejos espacios electorales.

El programa es parte de la batalla, y la cosa económica lo absorbe todo aunque por las rendijas se cuelen ingredientes éticos y madejas del optimismo que tanto necesita el país. Si las ideas son el frente, la comunicación es el medio, y ahí la ventaja de Podemos es palpable porque cuenta con la mejor materia prima, sus líderes, y porque ha sabido amoldarse al chip 2.0 antes que nadie. El magma adversario lo ha comprendido al fin y, como Zhúkov, prepara una ofensiva envolvente para aplastar al inesperado depredador. Los líderes abrazarán al pueblo, prometerán caramelos, cantarán sus pecados al compás del latigazo redentor y advertirán que, pese a lo que algún listo pudiera pensar, sólo ellos, los de siempre, con sus multas y sus cadáveres en el armario, salvarán a España del barrizal donde tirita.

No hay misiones imposibles aunque muchas sean peliagudas. El reto de Podemos es formidable por la entidad del enemigo y la artillería de sus aliados mediáticos, pero también, y sobre todo, por el natural ejercicio de realismo al que el partido ya se ha sometido en el tránsito forzosamente reduccionista de las europeas a las generales. Lo último que tolera un elector quemado es una película que no esté a la altura del teaser.

En cualquier caso, la economía acaparará –en su traslación directa a las personas– los focos cuando menos unos años más. Nadie ha planteado aún, desde los aparatos políticos occidentales, una verdadera revisión viable de las disfunciones del sistema. Las interacciones descartan rupturas radicales tanto si se quieren como si se detestan, pero existen suficientes ideólogos a ambos lados del Atlántico con una buena saca de alternativas razonables. Meritocracia, reequilibrios salariales, separación de poderes, reformulación de la universidad y las administraciones públicas, recuperación de derechos laborales, renacimiento de la sociedad civil y restauración de los recursos imprescindibles en educación y sanidad no son mandatos majaderos sino objetivos al alcance de la mano. El próximo Congreso será uno de los más fragmentados de la historia. Cultivar y ejercer el consenso sería un magnífico inicio.

Empezar de nuevo

Fede Durán | 18 de diciembre de 2014 a las 19:51

FELIPE GONZALEZ EN ALBOX 1982.jpg

Pensar que España la componen personas mayoritariamente indignas es una tentación pero también una inexactitud. Lo que viene cambiando desde el 15-M es la reformulación del papel de la sociedad civil, tan convenientemente invertebrada para el poder hasta hace un lustro. Podemos, diana de críticas furibundas sin parangón en esta democracia de 35 años y disfuncionalidades varias, ha capitalizado un descontento antaño atomizado en opciones menores (IU, UPyD, Ciudadanos, Equo, el levísimo y hoy casi olvidado Partido X) que no han sabido conectar con una masa suficientemente potente como para perturbar al estamento. Ese momento ha llegado, y por eso los obreros de los aparatos se afanan en hurgar en el pasado en busca de basura: declaraciones de juventud, hilillos de discurso desde los que construir gigantescas mentiras, deslices ciertos pero leves elevados a la categoría de crimen de Estado.

La política es un juego sucio donde al final triunfan los amorales, los serviles y los conspiradores. Hay ejemplos obvios a lo largo y ancho de la Península. Es doloroso comprobar cómo el bien común apenas emerge en las citas cuatrienales, entonces todos son Espartaco, todos demuestran la empatía que jamás han sentido ni ejercido, todos apagan la consola de los tejemanejes para cantarle mentiras al pueblo. Las urnas son la lavadora, programa de una hora y cuarto, tejidos delicados, un pitido que anuncia el final del proceso y una colada aparentemente limpia y a punto de oxigenarse al sol del patio blanco. Otra trola: el olor a sobaco vuelve a los cinco minutos, el tiempo de calzarse la camisa y los pantalones y volver a lo de siempre, que no es disponer para progresar sino para eternizarse.

Negarle a esa indignada e ilustrada minoría creciente la expectativa de una regeneración es mentirle a medias. La regeneración sólo llegará cuando la minoría deje de serlo y la sociedad asuma en casa la belleza que predica fuera, y eso implica mejorar el sistema sin tener aún los mimbres para hacerlo (sistema educativo, plan de rescate cívico) o, tal vez, confiar en una catarsis exógenamente inducida (instinto de supervivencia, negación del pesimismo inherente a los contratos sociales). En paralelo, la regeneración desde la política, aunque timidísimamente, ya se está produciendo, y no por un arranque de virtuosismo sino simple y llanamente por el terror que genera una postal sin poltrona, A8 blindados ni cuadros de Antonio López. Imaginen qué sería de Mariano Rajoy o Susana Díaz sin la política. Jamás se han dedicado a otra cosa. Y retirarse tras décadas de monocultivo no tiene mérito en el Imperio de las Puertas Giratorias.

Promulgar el gobierno de los mejores no es elitismo sino justicia. Los mejores no siempre nacen del currículo prepolítico (Antonio Romero es un excelente ejemplo), pero un currículo es a menudo garantía de excelencia (otra cosa es que el CV se haya convertido en un género literario). Aterrizar sin experiencia no es un pecado, es un aval de ilusión y potencia, quizás las mismas que Felipe y su equipo tenían cuando ganaron sus primeras elecciones apenas siete años después de morir Franco y tras cuatro de Constitución. ¿El pasado? El pasado es un hito empequeñecido por el transcurso del tiempo: Josep Piqué era comunista, Mitterrand colaboracionista, Aznar avaló aquello del Movimiento Vasco de Liberación Nacional, Maragall fue un día español, Sabino Arana renegó en sus últimos días de su propia iconografía nacionalista, Obama fue mestizo y hasta el protopérfido Hitler quiso ser pintor.

Cuando Marx advertía por carta al pretendiente de su hija Laura, Paul Lafargue, que para ingresar en la familia debía labrarse primero una carrera (y acreditar el sedimento tras la fogosidad), demostraba otra verdad cósmica: uno quiere lo mejor para los suyos. El día en que ese pensamiento se instale en la política y se aplique al conjunto de España, habrá esperanza. Confiar en los que han fallado tantísimo y de tan variadas maneras no es un pecado aunque parezca idiota. Hacerlo en quienes aterrizan sin pecados ejecutivos es cuando menos razonable. Satanizar la segunda opción sin atacar la primera es inadmisible.  Confiar en que el cambio lo traiga el verdugo, arriesgado. Toda organización humana es falible, sí, pero cualquier país, incluida España, se merece empezar de nuevo, sin sábanas viejas.

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La España inminente

Fede Durán | 25 de noviembre de 2014 a las 19:06

ACTO DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA CIUDADANA "SÍ SE PUEDE"

Siempre que concedamos a las encuestas el poder predictivo que a veces las urnas les niegan, España está al borde de su mayor convulsión política desde 1978. No se trata de un seísmo, ni mucho menos de una revolución robespierrana. El peso de Podemos quedará, en el escenario más exquisito para ellos, lejos de la mayoría absoluta, salvo que la teoría de las bolsas de voto fijas reviente y las transversales y permanentes campañas del miedo y el desprestigio ejerzan el efecto contrario al deseado por la oligarquía que las auspicia.

Lo más pasmoso es que ninguno de los miembros de las élites sea capaz de leer lo que el país exige a gritos. Incluso si las luces cerebrales se les iluminan, incluso si la exégesis clarividente acaba imponiéndose, la inercia de lustros de corrupción seguirá devastando cualquier amago cosmético. A cada juramento de redención acompañará en las portadas otra trama ladrona. No es necesario facturar millones en asesoramiento para comprender que la parálisis de Rajoy o el goteo de ocurrencias de Sánchez son fruto de sus respectivas deficiencias intelectuales y de la incompetencia de quienes componen los esqueletos de sus partidos. Ambos siguen profesando la fe bipartidista con el mismo fervor con que Torquemada alimentaba sus hogueras. La mejor prueba es que el socialismo apela al diálogo sólo con el PP para reformar la Constitución, cuando ni unos ni otros reflejan el sentir emergente de la masa española, que reclama simple y llanamente un horizonte limpio de nubes.

Demografía menguante, desfalcos, escepticismo, indignación, emigración forzosa, precariedad laboral, insuficiencia neuronal de la política actual, austeridad, pérdida de soberanía, debate territorial y necesidad de una estación llamada esperanza juegan a favor de Podemos, un partido surgido de todo lo anterior cuyo núcleo duro procede casi exclusivamente de la universidad y donde el principal y muy efectivo machete es la retórica. Pero Podemos, incluso pese a ese monopolístico cogollo ejecutivo, trasciende a sus promotores. Es el voto protesta, la devolución parcial de las riendas al ciudadano, la playa bajo los adoquines del 68 y, más relevante de lo que parece, una sintonía o empatía descarada entre quienes han tenido la visión para hilar un discurso rompedor y todos esos españoles ultraformados, frustrados y atrapados en la cárcel de un sistema que reparte pésimamente la riqueza. Ese grupo no es el pueblo. Es el equivalente a Podemos en la vida civil.

Hasta ahora, el viento ha soplado a favor de un bergantín en vías de convertirse en portaaviones. Pablo Iglesias es un caníbal del debate a cara de perro, y a esa circunstancia ha contribuido también la sorprendentemente escasa preparación de muchos periodistas del mainstream. Transmutado el espíritu primaveral en promesa cuasitangible, con la incógnita de las municipales y la certeza de las generales, Podemos jugará desde ya en una liga más dura, la del acoso mediático, la persecución del desliz (caso Errejón) y la entrevista uno contra uno, áspera y reveladora cuando el entrevistador sí está pertrechado y hace bien su trabajo, que es incidir en las zonas oscuras y exigir explicaciones razonables (Ana Pastor en La Sexta, Miguel Ángel Belloso y Miguel Ors en Actualidad Económica).

El equipo B de Iglesias, es decir, el consejo ciudadano (82 miembros incluyendo a los aún inexistentes secretarios generales autonómicos) trabaja actualmente en el tránsito del programa europeo al nacional, triplemente exigente por la limitación presupuestaria, las dictaduras del déficit y el ojo escrutador de los posibilistas. Alberto Montero, de facto economista en jefe del partido, advertía semanas atrás que las cuentas han de rehacerse porque Bruselas permite los brindis al sol que la menos pudiente España deniega. Descender de los cielos no es tan negativo: más vale un compromiso humilde que una grandiosa mentira.

En teoría, no habrá elecciones generales hasta finales de 2015. PP y PSOE tienen dos vías hacia la salvación, y son combinables. La primera es demasiado utópica: purga radical teledirigida por quienes forman parte del problema. La segunda es demasiado azarosa: confiar en que la corrosión inherente al paso del tiempo, unida a los engranajes indagadores/difamadores, unida a la opción probable de los errores de Podemos (inexperiencia, egolatrías) conforme una pelota de acero que castigue la cosecha de escaños final.

Nadie sabe qué ocurrirá en España en los próximos cuatro-ocho años. Nuestro código genético es fatalista y nuestra cultura del progreso blanda en lo sustantivo. La sociedad ha sido parte de la enfermedad porque ha consolidado las opciones que actualmente tanto decepcionan. En tiempos de bonanza es más fácil perdonar tales pecados; cuando el pastel se acaba afloran los rencores y con ellos un virtuosismo que tal vez sólo sea el reflejo de demasiadas carencias materiales. Es increíble que ni siquiera Podemos, lo más similar a la pureza en este juego de máscaras, descargue ganchos y directos sobre la gran lacra hispana de la podredumbre moral, asociada a la ausencia de valores, de civismo, de letras y de debate y pensamiento crítico. Un país sin humanidades es una cadena de montaje. Los brazos mecanizados de arriba roban sin el peso de la conciencia porque son máquinas. La ovejas eléctricas de Philip K. Dick (o de abajo) balan por las facilidades perdidas, no por la virtud que nunca han exigido ni ejercido. Podemos tiene la oportunidad de aparcar sus últimamente demasiado clericales eslóganes (Su Odio es Nuestra Sonrisa, Mensajeros de la Voluntad del Cambio) para afrontar el reto de mejorar aquello que jamás aparece en los programas electorales, utilizando paralelamente su formidable potencia de fuego para dirigir al resto hacia esa misma meta.

Podemos y el centrismo

Fede Durán | 24 de noviembre de 2014 a las 17:51

El politólogo Oscar Garcia Luengo.

*Entrevista a Óscar García Luengo, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Granada.

–Usted es experto en comunicación política. ¿Se ha producido un cambio de paradigma con la irrupción de Podemos?

–Efectivamente estamos ante un cambio, pero se ha dado demasiado protagonismo a Podemos. Es un proceso largo y más o menos lineal al que ellos se han incorporado. Incorporarse no significa inventarlo. Quizás por el perfil al que ha intentado disparar Podemos, se mueve con mucha más fluidez en esos nuevos entornos dominantes…

–… Que son las redes sociales.

–Y que también se han sobredimensionado en alguna ocasión. Son las que desarrollan fundamentalmente la política 2.0, o sea, la posibilidad de que los ciudadanos incorporen sus demandas y visiones a los políticos de manera más directa. Y se han impuesto en gran parte por la generalización de los teléfonos inteligentes.

–En la TV se ha generado un cambio dentro del cambio: si antes el menú era una entrevista más o menos sesuda, ahora mandan los debates, a veces en programas que se alejan del principio de seriedad.

–España se ha incorporado un poco más tarde a este formato, pero es un fenómeno del que vienen escribiendo los estadounidenses desde los años 70. Con las nuevas dinámicas de máxima competitividad entre los canales de TV y también como consecuencia de la liberalización del sector audiovisual, los productores ensayan nuevas formas de venta de sus programas, y una de ellas ha sido el infoentretenimiento, que no se sabe muy bien si son formatos de entretenimiento con contenidos políticos o formatos políticos con un aire un poco más de entretenimiento.

–Parece que la comparecencia vía plasma se va diluyendo.

–La lógica obvia de esta estrategia es reducir los umbrales de vulnerabilidad, evitar que el candidato o dirigente se someta a una rendición de cuentas con la que pierda más de lo que gane. Desde el punto de vista del márketing político, puede ser una buena estrategia. Desde el punto de vista moral del ciudadano, esa decisión tiene otra dimensión.

–Existe el extremo contrario: la sobreexposición mediática.

–Una de las máximas del marketing político, y Pablo Iglesias la ha seguido al dedillo, es que nadie vota a un desconocido. Está en todos los debates, en la Ser por la mañana, con Ana Pastor por la noche, y el ritmo es frenético. Mientras el político tenga unas características que le permitan sobrevivir a esos envites periodísticos, me parece una buena estrategia. Iglesias se está molestando especialmente en moderar la imagen que daba de arrogante, de sabelotodo. Al verse con posibilidades reales de ganar, están caminando hacia el centro de manera escandalosa.

–Sin materia prima, sin habilidad, de nada vale un equipo.

–Sin su andadura como tertuliano, Iglesias no hubiera llegado ni mucho menos a donde esta. Por otro lado, se ha inflado un poco el papel de Íñigo Errejón, que es bueno en su trabajo pero no es precisamente James Carville. Hasta que no lleguen las generales no vamos a comprobar si todo lo que especulamos ahora encuentra acomodo en la realidad.

–Desde Felipe González, España no ha vuelto a contar con un gran político comunicador.

–Tenemos la peor clase política de la historia reciente. Los criterios de promoción de los partidos son los contrarios a los que deberían ser. La política se ha convertido en una especie de profesión, pero se le ha vaciado la lógica del servicio público. Ahora vemos las consecuencias. Sin discutir que sea bueno o malo, fíjese en el caso de Alfonso Guerra. Es que lleva casi 40 años siendo diputado. Eso es muy difícil que ocurra en democracias más consolidadas.

–¿Ha quedado desfasado el mitin como eje estratégico?

–Los partidos tienen problemas para llenar pabellones. Les cuesta hacer una fotografía agradecida del acto, apiñan a los militantes delante, negocian con las cámaras de TV los planos… lo que pasa es que el mitin esconde un poder muy icónico de lo que es una campaña electoral. Y además los más importantes se sincronizan siempre con los informativos en prime-time.

–¿Es inevitable la clásica foto con el niño en brazos?

–Me temo que sí. Una imagen con una viejita o en una inauguración siempre suma.

–Las cortinas de humo, los circunloquios, el ocultamiento o manipulación de la información… ¿Imprescindibles?

–Es absolutamente cándido pensar que algún partido vaya a renunciar alguna vez a esas herramientas. La política es más fea de lo que parece. Las campañas y la comunicación política se basan en un principio muy básico que ya exponía Maquiavelo hace cinco siglos: si el acto lo acusa, el efecto lo excusa. Si para ganar elecciones hay que bordear el Código Penal, bien está. Un senador mexicano decía que la moral es el árbol que da moras, o sea, que es absolutamente irrelevante cuando uno intenta fijar estrategias de impacto que le permitan ganar elecciones.

–Si hablamos de herramientas al servicio del poder, las televisiones públicas y sobre todo las autonómicas han asumido ese papel descaradamente.

–Y es un problema de los países del sur de Europa: Italia, Portugal, Grecia, España y parcialmente Francia tienden a ese vicio, que es impensable en Alemania, Finlandia, Noruega o los países anglosajones en general.

Coda: La encuesta del CIS de principios de mes se retrasó más de lo habitual y despertó todo tipo de suspicacias por el auge (¿adelgazado?) de Podemos. García Luengo explica qué es la famosa “cocina”, “una forma coloquial de hablar del proceso por el cual la intención de voto directa se convierte en estimación. Si hacemos una encuesta, la intención de voto declarada está en torno al 40%-45%, pero la participación real en las elecciones sube al 60%-70%. El proceso por el que la foto estática de transforma en un escenario electoral es esa cocina. Cada investigador tiene su librillo, no hay una fórmula perfecta, pero las ecuaciones se hacen en torno a simpatía y recuerdo de voto”.

La apuesta andaluza de Iglesias

Fede Durán | 12 de noviembre de 2014 a las 15:53

De la metafísica del ser sin estar al engranaje de un reloj político va un trecho. Podemos transita a marchas forzadas, quemando etapas, con la brisa de la velocidad reflejada en el tupé de una agenda loca. El partido comandado por Pablo Iglesias procura dar muestras de esa transformación: la primera fue la estructura organizativa, avalada por el 80% de las bases; la segunda, el Consejo Ciudadano, una suerte de ejecutiva compuesta por 81 miembros a la que Podemos prefiere llamar “órgano que articula las decisiones de la Asamblea Ciudadana”. Diez andaluces aparecen en el equipo directivo de Iglesias. Cuatro de ellos, Lucía Ayala, Guillermo Paños, Esperanza Gómez y Alberto Montero, explicaron ayer a este periódico su experiencia y lo que se espera de ellos.

Ayala nació en Almería en 1980, estudió Historia del Arte en Granada, es doctora en Astronomía y Astrofísica por la Universidad Humboldt de Berlín y ha sido investigadora en Berkeley, California. Iba camino de Turquía -contrato en mano- cuando irrumpió Podemos. Entonces paró máquinas. Su esfuerzo se concentrará en “recuperar la excelencia” en la Administración pública y evitar “la fuga de talentos” en el campo de la I+D+I. “No queremos ampliar el tamaño de la Junta de Andalucía sino gestionar con más eficacia lo que ya hay. Debemos buscar perfiles profesionales para hacer un uso coherente de los recursos”, explica. “El porvenir no pasa por el dinero fácil del ladrillo y el turismo, ni tampoco por la mano de obra barata. Se trata de cuidar la producción del conocimiento con un adecuado sistema de becas y de abrir nuevos campos de conocimiento”, completa.

Paños es incluso más joven que Ayala: Granada, 1980, licenciado en Administración y Dirección de Empresas, ex director de proyectos de la UE, contable por necesidad, profesor de emprendimiento y especialista en “ciberactivismo” y difusor de aquel cogollo seminal del 15-M. De su influencia en Twitter da fe un grueso ejército de seguidores. En las pasadas elecciones europeas, las del soñado debut de Podemos, la Universidad de Viena y la empresa GFK le consideraron uno de los 40 tipos más influyentes en el proceso de votación. Desde ese ámbito virtual piensa exprimirse. “Con el 15-M entendimos que la militancia no está únicamente en los espacios clásicos. Interactuamos mucho en la proximidad de los círculos pero también en ese amplio espacio de las redes”, sostiene.

“Yo era uno de esos típicos jóvenes que piensa en emigrar. Me había surgido una oportunidad en Dubái que coincidió con el lanzamiento de Podemos, así que decidí esperar y hacer mientras un máster”. Habituado a ataques de ferocidad variable (desde populistas hasta etarras pasando por bolivarianos), aclara que están tranquilos. “No necesitamos romper esos prejuicios porque procedemos de todas partes”.

Esperanza Gómez (Sevilla, 1974) da clases de Derecho Constitucional en la Hispalense y asesoró a José Luis Rodríguez Zapatero en sus tiempos monclovitas. Se muestra partidaria de un Estado federal que parta de la “multilateralidad” y amolde el Senado al estilo alemán. “Son los gobiernos territoriales los que han de ocupar esos escaños”, opina. Respecto al excesivo énfasis que Podemos deposita en el sector público, niega la mayor: “En España hay menos funcionarios [por habitante] que en Alemania. Lo crucial es hacer operativos los servicios públicos y huir de las privatizaciones”.

Malagueño alumbrado en Barcelona, Alberto Montero (1970) está llamado a batirse en primera línea por su perfil, profesor de Economía Aplicada en la UMA, y porque ésa es la parte del programa que más chirría de momento a los escépticos. ¿Renta básica? “Con los recursos disponibles por la crisis, por ahora mejor renta de inserción para los que están en riesgo de exclusión”. ¿Más impuestos? “Nunca para las clases medias y bajas”. ¿Jubilación a los 60 años? “Factible. Sólo hay que doblar la productividad de los trabajadores”. ¿Elevar el salario mínimo? “Primero haremos bien los cálculos. No queremos propuestas a la ligera”.

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Podemos: luces y sombras

Fede Durán | 3 de noviembre de 2014 a las 20:28

PRESENTACIÓN LIBRO "DISPUTAR LA DEMOCRACIA" DE PODEMOS

La dureza del trato dispensado a Podemos no es sólo fruto del miedo del binomio PSOE-PP a perder gran parte de su influencia. Una parte del electorado desencantada con el viscoso flujo de los acontecimientos busca una alternativa pero desconfía de los salvapatrias. Y Podemos casa para muchos con esa silueta.

Embutirse en el traje de superhéroe es sencillo cuando se carece de pasado. Puede prometerse todo porque la práctica no ha hecho imposible nada. El Parlamento Europeo no es un botón de muestra: cinco diputados en un magma de 751 apenas conforman un hilillo de voz desde el que tejer contrapuntos resultones, reivindicativos o directamente iconoclastas sin incidencia real. La solvencia se acredita mandando, y la naturaleza metafísica del partido más rompedor de la democracia española (existe sin estar, o está sin existir) es un arma de doble filo: permite prometer con generosidad, pero esa generosidad puede volverse en contra cuando se convierta en contrato.

El transcurso del tiempo y la mejora de las expectativas electorales (CIS, Metroscopia, Demoscopia, Centre d’Estudis d’Opinió) suaviza a la vez los maximalistas planteamientos iniciales. A cada gran formulación le crecen letras pequeñas, duendes que matizan. La renta básica ya no será universal. El impago de la deuda será reestructuración. El control público de los medios de comunicación privados será más bien la exhibición transparente de sus entramados accionariales. Es la consecuencia de comprender que habrá una oportunidad seria de gobierno. Ahora la prioridad es ensanchar la base electoral robándole votos a las orillas moderadas de derecha e izquierda, esos ciudadanos de la nebulosa ideológica que hacen ganar elecciones en España.

“Se lo estamos dando todo hecho a Podemos”, admitía la semana pasada Esperanza Aguirre, la baronesa inmortal del PP madrileño. Tiene razón. La secuencia de salpicaduras corruptas parece diaria y transversal, convirtiéndose en sumidero para los partidos clásicos y a la vez en granero para la opción outsider. Del lodo del sistema nace parte del éxito de sus redentores. El gremio político se instaló, acomodó y perpetuó sin que jamás hayan existido mecanismos efectivos de control para sus desmanes y conexiones (oda a aquel luminoso y breve ensayo de Muñoz Molina). Peor aún, el dirigente español tipo nunca se ha entendido a sí mismo como apoderado o albacea sino como superior jerárquico incontestable, ejerciendo una suerte de tutela a menudo despectiva sobre ese menor de edad llamado administrado. Y, sin embargo, otra cuña del tirón de Podemos es mérito exclusivo de sus promotores, profesores de Ciencias Políticas, excelentes comunicadores y en general profesionales con buena cabeza. Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, JC Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre (además de Pablo Echenique o Sergio Pascual, entre otros satélites) han bordado el discurso, rozando con su perfección dialéctica la definición pura del vocablo demagogia, aprovechando el opio hispano de la TV y despedazando en directo a sus oponentes no sólo por la valía propia sino por la incompetencia ajena (verbigracia: Eduardo Inda).

Aparte de la promiscuidad utópica, Podemos arrastra dos importantes defectos, ambos potencialmente subsanables. El primero es la economía. Su programa en construcción es un blanco fácil pese al equipo de expertos que trabaja por darle números a las ensoñaciones. La entrevista que Miguel Ángel Belloso y Miguel Ors hicieron a Iglesias en Actualidad Económica es el mejor ejemplo. Un presupuesto es una galaxia de retículas: si tiras de un cable, el conjunto se resiente y hay que compensar. La renta básica (no) universal dispara el déficit pero alienta (dicen en Podemos) el consumo, y además está la lucha contra el fraude fiscal, que nadie sabe por qué con estos señores tendría que funcionar mejor que con todos esos ministros previos que han hecho de esa misma prioridad una cuestión de Estado tributario. Es sólo un apunte de las costuras que cuelgan de este flanco.

El otro problema se llama Juan Carlos Monedero, más como concepto que como individuo. Sin dejar de ser un tipo hábil, Monedero representa justo aquello que no conviene a Podemos: los extremos, la violencia verbal, el desprecio al contrincante, la (supuesta) superioridad intelectual, la ortodoxia. Hace menos de dos semanas le entrevisté en este periódico. En un pasaje del diálogo, le pregunté por el emprendimiento y contestó con una frase incendiaria que resta miles de votos: “En España emprender es prácticamente robar”.

Sobrevuela asimismo una duda razonable. Actualmente, Podemos lucha por agradar sin renunciar a sus códigos, pero si debuta en palacio se enfrentará al Efecto Cetro, Trono y Burbuja. El complejo visionario sustituye entonces a menudo a la prudencia del agricultor de apoyos (Felipe, Aznar, Zapatero, trébol de víctimas); la audacia sin bridas releva al equilibrio; la erótica del poder engulle las escasas reservas de humildad del triunfador (no tan) sorpresivo. Pablo Iglesias ha confesado a Jordi Évole que le encantaría presidir sin renunciar a sus tertulias televisivas. Es una pista de dónde anida las tentación. España, además, tiene cuando menos dos almas, y disponer de espaldas a una de ellas es condenarse al fracaso a corto/medio plazo.

“El pasado no existe. Todo empieza ahora”, afirma Big Country en Galveston, la novela de Nic Pizzolatto (True Detective). Es lo que subrayan las encuestas. Podemos no necesita un relato para justificarse: ya está aquí y de momento no se diluirá. El bipartidismo ha muerto, viva la atomización. El poder que acabe acumulando la otra doble P dependerá de varios factores: el alcance de la regeneración entre las fuerzas más curtidas y avejentadas, la renuncia al órdago de la tierra quemada (Bruselas no es el enemigo, aunque a veces lo parezca), el tránsito a la segunda línea de los alfiles más antipáticos, la consistencia de las cifras que han de avalar la transformación del país y el azar, por supuesto el azar que palpita en 12 meses de distancia hasta las generales.

A Podemos se le pueden atacar sus brindis solares cuando carecen de bastidor, sus salidas de tono, sus dudosas asociaciones geográficas (asociación no es sinónimo de mímesis), su irreal oposición al capitalismo (no se trata de eliminarlo sino de refundarlo borrando el epíteto “salvaje”) y hasta la reciente constatación de su falible naturaleza humana (asamblea constituyente, Iglesias vs Echenique, la amenaza de una retirada si el modelo organizativo no se adaptaba al dictado del macho cuasialfa). No parece ecuánime, sin embargo, tratar a la protoformación con la misma o mayor dureza que a quienes han masacrado la credibilidad del país y vaciado las arcas públicas, empobreciendo a las clases medias y bajas, condenando a los más jóvenes y sacralizando un modelo productivo desierto de talento e innovación donde el mando recae por defecto en incapaces, zotes y paniaguados.

Rayos y truenos aparte, el mérito es fabuloso, y no sólo demoscópicamente hablando. Podemos es el Hombre del Saco, el Lobo Feroz con que sueñan Rajoy y Sánchez, Lara y Díaz, el abrupto epílogo a los 120 Días de Sodoma, la mansión sin puertas de El Ángel Exterminador. Tan cegador es el sol, tan potente el foco, que hasta Aguirre, la misma que designó adláter a Granados, la del ya remoto Tamayazo, habla como Pablo Iglesias. Es un tic inquietante tras el que hibernan el instinto de supervivencia y un evidente complejo de inferioridad moral, el mismo influyente complejo que poco a poco agujerea las consciencias de los líderes para acercarlos a aquel a quien temen y odian.

Entrevista a Juan Carlos Monedero

Fede Durán | 22 de octubre de 2014 a las 14:02

Entrevista a Juan Carlos Monedero, ideologo de Podemos.

Aprovecho internet para sortear los límites del papel y ofrecer la versión extendida de la entrevista publicada hoy en los diarios del grupo Joly a Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963), politólogo, dirigente y cofundador de Podemos.

-Pablo Iglesias ya ha dejado claro que sólo liderará Podemos si la Asamblea aprueba su modelo de organización, de corte clásico, con un único secretario general. Pablo Echenique, eurodiputado, lidera la alternativa, que pretende una dirección colegiada aunque insiste en mantener como primer espadachín a Iglesias pase lo que pase.

-En Podemos todos los que estamos hemos entendido que la travesía pendiente se hace por mar. Nosotros hemos decidido que se hace en un velero, otros dicen que tiene que ser en un submarino. Hemos entendido que la nave adecuada es la que hemos presentado, pero si nuestra tripulación determina que es más conveniente otro tipo de embarcación, lo lógico es que a quienes han presentado esa propuesta se les presuponga mayor pericia. Iríamos entonces de marineros, entregando la dirección a los que han presentado la propuesta.

-Resolución del pasado fin de semana: Auditar la deuda “bajo un control social y efectivo”. ¿Me lo traduce?

-Tenemos que entender que hay un sector público no estatal. Existe la posibilidad de velar por los bienes comunes sin entregarle a los partidos la gestión de esa tarea como si fueran los únicos interlocutores del Estado. En fórmulas televisivas como la BBC, los organismos de control tienen una enorme presencia de la sociedad civil. Consumidores, asociaciones, el colegio de economistas, vecinos… ¿Por qué esa gente no puede estar? Esto encaja con nuestro planteamiento de dejar de delegar la política. No hay por qué entregar estas labores de control a unas agencias privadas que tienen a menudo intereses con las empresas que están auditando. Ya hemos visto que falsean las cuentas. Empezar a entregar a la ciudadanía responsabilidad en la gestión sería una señal de eficiencia. Planteamos establecer en qué medida parte de la deuda tiene detrás mentiras. Lo saben los usuarios de banca, de hipotecas. ¿Cómo no va a estar la PAH si tiene una capacidad de conocimiento que no tiene Moody’s?

-Suena, tímidamente, a democracia directa.

-Hay soluciones que ya existen en otros lugares. Yo veo salidas mixtas: habrá una parte de democracia representativa y otra de democracia directa. La prensa norteamericana nos está citando como partido emergente que utiliza herramientas que ellos han creado. Tenemos que atrevernos a preguntar a los ciudadanos. Como estamos en un momento de crisis integral, financiera, alimentaria, ecológica y de valores, tenemos que acostubrarnos a preguntar a la gente para que se corresponsabilice. Para lograrlo, hay que incorporar a la ciudadanía, pero no puedes hacerlo sin tener el músculo para hacerlo, y ese músculo es la democracia representativa. Tú ganas una alcaldía, una comunidad autónoma, La Moncloa… y desde ahí empiezas a empoderar a la ciudadanía para poner en marcha este tipo de cuestiones. Uno de los elementos más novedosos de la democracia, que son los presupuestos participativos, hacen madurar a todos, viendo lo que hay para gastar, y sin desperdiciar el recurso más relevante, que es la gente.

-Volviendo a la banca: si Podemos algún día manda, ¿las preferentes se anularían?

-Las preferentes son una de las estafas más insultantes, y es doloroso que haya muchos abuelos que se están muriendo sin recibir justicia. El Estado debería hacer un esfuerzo para que eso no ocurriera, y en la medida en que exista disponibilidad, habría que adelantar el contenido de esa estafa a esas personas necesitadas. Al mismo tiempo, habría que perseguir a los responsables. No puede ser que con una mano roben a los preferentistas y con la otra tengan 14 tarjetas negras. Ellos roban para tres generaciones y nos dejan a nosotros a los pies de los caballos.

-En relación con el derecho a la vivienda, ¿se plantearían la posibilidad de expropiar parte del parque inmobiliario de la banca?

-Es que es parque inmobiliario lo hemos pagado nosotros. Es absurdo que los bancos tengan pisos y nosotros les hayamos rescatado. Devolvédnoslos. Devolvednos los 40.000 millones que os hemos dado en forma de pisos para alquiler social. Esos pisos no se pueden vender a fondos buitres. El tema de las tarjetas negras, sin ser muy relevante en cuantía defraudada en comparación con otros robos (la indemnización a la empresa Castor es cien veces esa cantidad), sí que es un retrato muy claro de todo lo que nos está pasando. Son conscientes de que les queda poco tiempo y se están fundiendo esas otras tarjetas, que en este caso son nuestro país.

-Hablan de revalorizar la educación y la sanidad, pero también de subir el SMI, de crear una renta básica universal… ¿han hecho de verdad las cuentas?

-Tenemos que diferenciar el programa que presentamos a las europeas del que vamos a presentar ahora. El de las europeas tenía una solución fácil: basta subir el presupuesto de la UE, que es del 1,23% del PIB, al 5% para que haya dinero para todo. O que los 400.000 millones de rescate a la banca se utilizasen en otros menesteres. Ese programa es factible, pero está pensado en clave europea de llamada de atención. De ese programa hizo una valoración un miembro de Economistas contra la Crisis, y es bastante clara: establece cómo una parte del argumentario para denigrar el programa de Podemos no se sostiene. Cuando tú planteas una renta básica no la planteas para 46 millones de españoles. Hay una serie de contabilidades que señalan que el aumento del gasto no es tan descabellado: cuánto te ahorras en Administración, en burocracia, con la reforma fiscal, eliminando algunos subsidios. Incluso propuestas como la de adelantar la jubilación a los 60 nos pondrían en un gasto social similar al del entorno europeo. En el caso de las elecciones municipales, autonómicas y generales, todas las propuestas deberán ir presupuestadas y habrá que explicar de dónde va a salir el dinero. Tenemos la ventaja de que muchos economistas muy potentes y muchos técnicos se han puesto a disposición de Podemos para hacer bien las cuentas. Podemos tiene grandes ventajas: no tenemos deudas con los banqueros ni con las grandes empresas, no tenemos que pagarle favores a nadie, y tenemos a los técnicos para que evalúen nuestras propuestas políticas. Los problemas no son técnicos, son políticos. Es el pueblo, en nombre de su soberanía, el que decide a qué edad te quieres jubilar, cuántas horas quieres trabajar, si hay un mínimo vital… y entonces preguntamos a los técnicos si es económicamente viable, de dónde puede salir el dinero, y no al revés. La política la dicta el pueblo, no la dictan los expertos.

Entrevista a Juan Carlos Monedero, ideologo de Podemos.

-Ese dinero no puede salir de las clases medias y bajas. Ya no dan más de sí.

-Quienes no pagan son los ricos. Aquí hay un fraude fiscal del 25%. Hay un dato evidente: cuando recibíamos dinero de la UE, era más o menos un 1% del PIB. Y mira si hacíamos cosas con esos fondos estructurales. Si hay un 25% de fraude fiscal, cada año podríamos hacer 25 veces lo que hacíamos con esos fondos.

-Toda Europa, y España casi a la cabeza, tiene un problema demográfico. ¿Cómo se sostendrá el sistema de pensiones?

-Ese argumento lo llevo escuchando desde el Pacto de Toledo. Y siempre tiene como colofón que la gente tiene que ganar menos para tener planes privados de pensiones, que son mentira porque consisten en que tú ahorras porque el Estado falla al reservarte ese dinero de toda una vida trabajando. Es un disparate que se nos haya ido un millón de jóvenes. Y es una hipocresía plantear que tenemos problemas demográficos. Que regrese ese millón de jóvenes. Ojalá hubiera venido gente formada a trabajar aquí.

-Con ese millón de jóvenes exiliados no se resuelve el problema de las pensiones. Ni de lejos.

-Claro, claro. Pero fíjese lo que implicaría que España fuese un lugar atractivo para que gente formada viniese a brindarnos su conocimiento. Lo que es un despilfarro es que tú formes a la gente y que luego se vayan a rendir fuera. Y luego hay otro elemento: cuando la gente tiene más posibilidades, tiene más hijos. Hoy las mujeres que se plantean quedarse embarazadas saben que se les cierran todas las puertas. Hay que agradecer a Mónica Oriol [presidenta del Círculo de Empresarios] que en su propia brutalidad sea sincera cuando reconoce que una mujer embarazada es menos rentable. Y eso nos lleva a otro conflicto: el contrato sexual. Si no nacen niños tenemos un problema. Pero de que nazcan niños se encarga la otra mitad de la población, y ¿hacemos algo por ayudarla? Una mujer está nueve meses embarazada y cría a sus hijos… ¿cómo lo pagamos? Los nórdicos lo tienen claro: vamos a encargarnos entre todos de que esos niños nazcan. Cada niño va a recibir un cheque por nacer y hasta que tenga 18 años. Eso no es una locura. Eso es entender que no tienen por qué encargarse las mujeres de algo que necesitamos todos. Aznar y después los socialistas empezaron a pensar el Estado social como un Estado asistencial. Llegamos tarde al Estado social y fuimos los primeros en abandonarlo. Nos falta una cultura de derechos porque hemos tenido una dictadura de 40 años.

-¿Por qué se habla tan poco del Medio Ambiente?

-Exactamente por lo mismo. Porque cuando se desarrollaba toda esa discusión nosotros teníamos una suerte de cierre intelectual a cualquier tipo de novedad. Mayo del 68 puso sobre la agenda el problema del colonialismo, del feminismo, el reto medioambiental… todo eso llegó muy tarde aquí. Los partidos políticos de la izquierda en España son bastante viejunos. Ninguno de ellos llamaría mucho la atención en el siglo XIX.

-¿Están de acuerdo con una reforma educativa al fin por consenso para que no muera con el cambio de Gobierno y de ideología?

-Sí. En España el derecho a la educación lo pactaron en el reservado de un restaurante Alfonso Guerra y Abril Martorell. Y desde entonces arrastramos una mala comprensión de la educación pública que se suma a los 40 años de dictadura. Es uno de los ejemplos claros de necesidad de políticas de Estado. La resolución más votada del congreso de Podemos del pasado fin de semana ha sido la ponencia educativa. Y tenemos una novedad, que son las mareas. La marea verde nos da una pauta de suma donde por vez primera están padres, alumnos y profesores. Nos da pistas de por dónde debería ir una ley. Los sindicatos llegó un momento en que perdieron la posibilidad de representar a la mayoría social. La marea verde representa, igual que la blanca en la sanidad. Adicionalmente, habría que decirle a la Iglesia: zapatero a tus zapatos.

-De la aconfesionalidad al laicismo sólo hay centímetros en realidad.

-Ya, pero hay un concordato y una Iglesia que se considera con derecho a retrotraer 35 años el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. La Iglesia siempre se debate entre la modernización y su regreso al medievo.

-Da la sensación de que las humanidades están en peligro de extinción.

-Y es una barbaridad porque donde realmente tienes el pulso democrático de un país es ahí. No puedes entender las asignaturas en términos de rentabilidad inmediata. Un ciudadano formado te da las claves para enfrentarte a unos gobernantes autoritarios, para determinar qué nueva legislación necesitas, para frenar los intentos de un IV Reich financiero que quiere sojuzgar a tu propio país. Quien te da todas esas herramientas no son los estudios de economía sino las humanidades, la filosofía, la historia, la literatura… los países que renuncian a eso se convierten en autómatas en manos de cualquier dictadorzuelo.

-Y a la vez nos haría falta una asignatura de emprendimiento, como ocurre a veces en EEUU. No es incompatible.

-Pues depende. El sistema capitalista no es igual ahora que en los años 50. En los años 50 el 10% ganaba el 20% de la riqueza, hoy ese 10% gana el 80%. Hoy emprender es prácticamente robar.

-Es una frase durísima, ¿no?

-En España la solución viene de la pyme. Ha habido una apuesta por las grandes corporaciones cuando la solución estaba ahí.

-Eso es emprender.

-Bueno, es que emprendimiento es una palabra nueva que conlleva que todo está permitido. Y no es real. Son trampas del lenguaje. Una buena parte de las empresas actualmente son empresas financieras que juegan a ver cómo se quedan el dinero de los demás. No nos interesan ese tipo de empresas. Son empresas de maletín que utilizan el favor político y los atajos financieros para enriquecerse. Sí nos interesan esos jóvenes que montan su empresa pequeña, claro. Para eso lo que habría que enseñar es realmente el papel de la economía. Me parece una barbaridad que Wert diga que a los niños hay que enseñarles a jugar en Bolsa.

-Limitación de mandatos: ¿Sí o no? Íñigo Errejón no me contestó cuando le entrevisté.

-Por supuesto. Dos mandatos y excepcionalmente tres, si concurren circunstancias especiales.

-Quieren que los catalanes voten, pero supongo que se oponen a que voten sólo conforme a sus condiciones.

-Estamos a favor del derecho a decidir para que nadie se vaya.

-¿Pero quién decide cómo se decide?

-Lo que parece evidente es que para que no sea una decisión unilateral, deberíamos decidir entre todos y por eso defendemos un proceso constituyente. El problema territorial no se solventará hasta que los diferentes pueblos de España se sienten a hablar entre sí. España es un Estado muy viejo pero una nación muy joven. Hasta Amadeo de Saboya no hay un Rey de España. Hay gente todavía que piensa que la gente habla catalán para fastidiar. España está mal enseñada y mal aprendida.

-¿Venezuela es para usted una adhesión o una formar de ayudar?

-No me interesa hablar de lo que ocurre a 7.000 km.

-¿Pero fue a ayudar o se cree el régimen chavista?

-Cuando van misioneros a Liberia a ayudar, nadie se plantea que esos misioneros abracen el régimen del país. Cuando nosotros ayudamos en Bolivia, Ecuador y Venezuela no es porque queramos traer el sistema de allí sino porque queremos ayudar a pueblos que consideramos hermanos.

Podemos (¿cambiar el capitalismo?)

Fede Durán | 16 de octubre de 2014 a las 17:36

MUCHAS de las cosas que plantea Podemos huelen a mayo del 68, a playa bajo los adoquines, y eso no es necesariamente un defecto sino tal vez la única medicina que le queda a España, o a la creciente España de los empobrecidos, para no convertirse en un país depresivo. Ha sido a partir del sentido común, de una transversalidad ideológica bien calculada y de la denuncia clara de las sombras del sistema donde ha sembrado su campo electoral, una extensión incierta de hectáreas que aterra a las viejas siglas, a las sempiternas fortunas y a los obedientes engrasadores de las puertas giratorias. Del flanco fuerte de la sociedad surgen diarios Batallones Olimpia con una misión clara: desmontar la expectativa de un revolcón histórico en esta tierra momificada.

Pero el núcleo duro de Podemos –Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón– vende también néctares de difícil o imposible digestión. La renta básica universal, por ejemplo, implicaría un desembolso terrorífico (76.800 millones anuales si beneficiase más o menos a una cuarta parte de la población con 640 euros al mes), que Iglesias propone compensar con más impuestos para las rentas de oro y las empresas corpulentas y con la recurrente caza al defraudador fiscal, invocada también por Montoro, o antes por Solbes, o antaño por quienquiera que ocupase la cartera (in)competente. Esa renta genera automáticamente otro problema no menor al de su sustento: en función de la diferencia entre la misma y el salario mínimo, un porcentaje nada desdeñable de infratrabajadores preferirá quedarse en casa y apañarse con la paga caída del cielo.

La intención de fijarle un techo al sueldo máximo –en la línea de las propuestas del movimiento Attac– multiplicando por equis el SMI, sin ser mala, destapa nuevamente objeciones. ¿Quién le dice a un empresario autoforjado, estoico, inteligente, paciente y finalmente exitoso que su propia constelación le generará sólo el salario que determine una ley? ¿No es mejor, por recurrir a la misma inspiración de Attac, ofrecer un panel de incentivos a las compañías que reinviertan parte de sus beneficios en el mecenazgo de cualquier naturaleza, dejando que el sector privado navegue con razonables libertades y capando únicamente aquellas conductas descaradamente punibles (los exagerados bonus de los banqueros pirómanos)?

Claro que es plausible aplicar un IVA superreducido a los productos de primera necesidad, o parir una agencia europea pública de rating que suponga un mínimo cortafuegos a las tres privadas que manipulan los mercados (Fitch, Moody’s, S&P), o redefinir –ensanchándolo– el rol del Banco Central Europeo, o eliminar los paraísos fiscales ubicados en la UE… La realidad es que Podemos aún no gobierna, ni ha gobernado jamás, ni se sabe si acabará gobernando. Si lo hace sufrirá la fiebre de cualquier revolucionario occidental, rapsoda antes, más o menos mesurado durante, ciertamente acomodado después. O no. Uno de sus pies ya toca la arena blanca. Necesita levantar otro adoquín para colocar el segundo. Necesita que otros seísmos filosóficamente similares sacudan los cimientos de la casta paneuropea para formar un campo de fuerza. Necesita demostrar lo que nadie ha demostrado hasta ahora: que existe una alternativa superior al capitalismo, o una manera de revestirlo sin todos sus lamparones.

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El Bendecido y la Emperadora

Fede Durán | 15 de julio de 2014 a las 13:51

SÁNCHEZ ABRE SU RONDA DE CONTACTOS CON UNA REUNIÓN CON SUSANA DÍAZ EN FERRAZ

Nada explica mejor la formidable decadencia del PSOE que el abrazo colectivo a Susana Díaz. Colectivo, orgánico y externo, porque en una suerte de orquestada genuflexión aparecen unidos monarcas, empresarios, banqueros, barones y hasta a veces rivales, todo bien aliñado por esos medios de comunicación incapaces de crear una agenda propia más allá de las imágenes y chascarrillos que calculadamente les cuelan los aparatos.

Ahora irrumpe, o simplemente aterriza, Pedro Sánchez, obligado por Díaz al paseo juntos a primera hora del lunes, calle Ferraz, ante las cámaras, claro, para que al día siguiente no haya dudas con la semiótica: el Bendecido y la Emperadora.

El problema de Sánchez es similar al problema de Susana. Ambos son superficie sin fondo. Leer una entrevista al ex aspirante (igual que leer una a Madina) sencillamente desazona, como si estuviésemos ante un replicante de Blade Runner. Y ésa parece la apuesta definitiva del PSOE y quizás su camino a la perdición. Porque en Andalucía Díaz vive de la palabra, jamás del hecho. Repasen sus iniciativas legislativas de calado desde que llegó, sus reestructuraciones administrativas, su lucha contra el despilfarro y los desvíos sistemáticos de fondos. No encontrarán nada. Sánchez tiene al menos el beneficio de la duda sobre sus verdaderas capacidades y sobre su autonomía real.

El PSOE dejó de ser izquierda hace lustros. A la izquierda de la izquierda que es IU asoma un horizonte recortado por la P de Podemos y Pablo. Es un seísmo de efectos imprevisibles (efecto globo vs efecto bomba de racimo) que en cualquier caso demuestra cómo cientos de miles de ciudadanos sin cadenas clientelares difícilmente volverán a confiar en la otra doble P en liza. Es el precio del amor al mediocre, basado a su vez en el temor al poderoso.