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¿El fin del Estado autonómico?

Fede Durán | 10 de abril de 2012 a las 18:06

Primer dato. El Gobierno anuncia que las cuentas de la Junta están maquilladas, marcando de esta forma la frente de la presa con un puntero láser.

Segundo dato. El Gobierno advierte que intervendrá a aquellas comunidades autónomas que incumplan las obligaciones de estabilidad presupuestaria incluidas en la última reforma constitucional. La meta del 1,5% de déficit a cierre de 2012 está muy lejos para algunos, sobre todo para aquellos con ejecutivos de diferente color político.

Tercer dato. Esperanza Aguirre pide a Mariano Rajoy en La Moncloa que vacíe el Estado de las Autonomías. Se devolverían a la Administración central educación y sanidad, las dos grandes competencias transferidas antaño por el PP, se asignarían más responsabilidades a los ayuntamientos y se cerraría algún Parlamento regional. Suscribo sin que sirva de precedente una de las frases de Aguirre: “El Estado Autonómico se creó para integrar a catalanes y vascos, y ese objetivo no se ha alcanzado”.

Cuarto dato. Rajoy sale del Senado por la puerta trasera para evitar las preguntas de los periodistas.

Corolario: ¿Adivinan en qué tierra comenzarán las hostilidades?

El consultorio del miedo

Fede Durán | 14 de febrero de 2012 a las 21:53

Estamos en el centro de una habitación cuadrada, nos han vendado los ojos y ofrecido una silla sobre la que posamos el culo con recelo. Es un experimento. Quien nos acompañaba cierra la puerta desde fuera, clic, pestillo, y una voz académica nos pide desde el techo que prestemos atención a los mensajes que se emitirán a continuación. Escuchamos frases tan parecidas en el fondo que sólo nos cabe diferenciarlas por la forma. Éste es Zapatero, ese otro Rajoy, el de acá Mas, el de allá Urkullu, o Díez, o Lara. Como tenemos memoria histórica, detectamos rápidamente las mentiras ya confirmadas y apartamos en un cajón mnemotécnico las que quedan por confirmar.

Luego nos quitan la venda y nos dan un refresco porque las bebidas alcohólicas están prohibidas. Aparece una psicóloga muy guapa (parece una actriz de Mad Men) y nos anuncia un test de optimismo. El resultado es desalentador: bordeamos la depresión, que es un agujero tramposo y nos puede engullir en cualquier momento, advierte. Se despide sin sonrisas y toma el relevo un psiquiatra muy feo que nos recuerda a Beria. Va a pronunciar una serie de palabras mientras estudia atentamente nuestras reacciones, nuestros ceños, bocas, párpados y corazones encogiéndose o deformándose. Ahí va. Prima de riesgo. Paro. Crédito. Indemnización. Índice de Precios al Consumo. Euríbor. Hipoteca. Efectos de Comercio Impagados. Producción Industrial. Confianza de los Consumidores. Cuando llega a Austeridad, gritamos basta y él para.

Estamos tan alterados que nos regalan un bocadillo, nos dan una palmadita en la espalda y nos dicen que ha sido un placer. Ya fuera, en la calle, el día es espléndido, sol más ligera brisa primaveral más ese olor refrescante de los espacios verdes y la hierba recién regada. Avanzamos sin prisa, despresurizándonos, y nos topamos con un corro de ciudadanos que estrecha el círculo en torno a un tipo con jersey gris y pinta de profesor universitario, cuarenta y pocos años, ojos azules y cabeza rasurada. Afilamos/afinamos el oído. Habla una jerga extraña. Ecologismo, pero no un ecologismo barato. Redefinición del espacio urbano. Comercio de proximidad. Campo. Vivienda. Retenemos una paradoja especialmente retumbante: Hay trabajos sin ocupantes y trabajadores sin ocupación. Cosas que querríamos haber oído en la habitación de paredes marrones bailan entre nosotros, nos golpean con suavidad, silban y sonríen. Escupimos los restos del bocata, las migas que ciegan nuestras bases molares, y tendemos la mano a ese señor tan distinto que nos pide que le conozcamos. Se llama Esteban, informa. Le asignamos un apartamento en el edificio de nuestra memoria y paseamos bulevar abajo, entre músicos y palomas, yonquis y mierdas de perro, fuentes no potables y árboles secos.

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Sí pero no

Fede Durán | 27 de enero de 2012 a las 10:32

EL Gobierno tiene tres voces económicas. La de Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y poli bueno; la de Luis de Guindos, ministro de Economía y poli malo; y la del propio presidente, Mariano Rajoy, lo más parecido a Dios que ha parido la política española en los últimos tiempos por cuanto sonríe desde las alturas sin decir prácticamente nada o, quizás por eso mismo, prácticamente todo. Esta hidra mermada (la original tiene siete cabezas) se reparte la difusión de un discurso que, globalmente considerado, encierra contradicciones. Montoro, por ejemplo, ha prometido bajar los impuestos justo después de haberlos subido. También ha aclarado, como De Guindos y Rajoy antes, que los objetivos de déficit son sagrados aunque su mirada parezca suplicar lo contrario. Y anuncia, por último, que el Ejecutivo español no se mojará nunca más con previsiones macro sino que asumirá como propias las del FMI y Bruselas. Según el Fondo, España cerrará 2012 con un déficit público del 6,8%. Si el objetivo oficial e inamovible está en el 4,4% pero el Gobierno sacraliza a la vez los vaticinios del FMI, la broma es tan obvia que ofende.

Vamos con De Guindos en tres tiempos. Uno: “Sólo la austeridad no es la receta que nos va a llevar a la salida de la crisis. Se necesitan reformas”. Dos: “El gasto público ya no funciona como estímulo”. Y tres: “Gastar más de la cuenta afecta a la generación de confianza, sobre todo cuando un país tiene problemas de financiación”. El ministro sugiere primero combinar los recortes y los incentivos, da marcha atrás después y culmina con la muy discutible conclusión de que estimular consiste obligatoriamente en “gastar más de la cuenta”, como si fuese imposible racionalizar el esfuerzo para mantenerlo allí donde produce economía y riqueza o suprimirlo cuando sostiene estructuras idiotas de gasto corriente (con independencia de que estimular signifique no sólo invertir -gastar- sino también dejar de ingresar por la vía tributaria).

En un discreto segundo plano y varios metros por encima de sus ministeriales cabezas se alza Rajoy el Prudente, un hombre parco en palabras y apariciones cuya cima (o mejor cita) con Merkel queda a años luz de esas explosiones de color diplomático tan propias del dúo que la alemana forma con Sarkozy. El presidente, cuya comparecencia apenas dio para un par de párrafos, explicó ayer que “las reformas estructurales no producen efectos en tres meses”. Zapatero, curiosamente, decía lo mismo cuando gobernaba. El tránsito de la oposición a La Moncloa produce a menudo extrañas coincidencias.

Sólo un traductor político-económico permite salvar estos oscuros laberintos y sacar alguna idea en claro: el Gobierno creía tener un plan, pero un mes después del debut confía su suerte a los demás. A lo que prevean Bruselas y el FMI. A lo que sugiera la Merkel. A lo que exijan los mercados. Eso sí, confundir, este equipo confunde de maravilla. Rajoy ha creado escuela.

Lean a Keynes, ignoren a la Merkel

Fede Durán | 4 de enero de 2012 a las 11:13

El Gobierno actual comparte con el anterior una doble obsesión: el déficit y el paro. Son, con permiso de la menos vergonzante prima de riesgo, cuyo porvenir puede siempre asociarse al insondable efecto especulativo, los marcadores de salud más valorados y también los más visibles. Sus destinos, además, están conectados. Una lucha obsesiva contra el déficit público -y la actual lo es- encierra la obviedad de cuadrar ingresos y gastos. Las opciones para lograrlo son conocidas por universalmente aplicadas en toda Europa y, especialmente, en los países más ruinosos -Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y ahora España-: austeridad e impuestos. La receta es discutible. La austeridad implica renunciar al brazo inversor de lo público y, por lo tanto, a la creación de empleo a través de, por ejemplo, ambiciosos (y racionales) proyectos de infraestructuras. Las subidas de impuestos amplifican la desconfianza y el conservadurismo económico. Salvo que el Tribunal Constitucional lo remedie -ya lo hizo en 1997 al concluir que endurecer el IRPF por decreto ley no procede-, casi todos los trabajadores (y digo casi porque sería hermoso creer que algún español de a pie ganará más en 2012) cobrarán menos que en 2011. Pende también sobre nuestras cabezas la amenaza damocliana de un alza del IVA en marzo o mañana mismo. Recetas contra el consumo que se suman a la escasez del crédito, los insuficientes incentivos al emprendedor y una burocracia de tomo y plomo.

Sin intuir siquiera el grosor del cordón umbilical déficit-desempleo, el Gobierno actual y el anterior comparten otra cuestionable baraja de creencias: la que otorga poderes mágicos a la reforma laboral como herramienta de rescate; la que incide antes en el coste del despido que en el premio a la contratación; o la que insiste en respetar un esquema basado en el desmedido protagonismo de sindicatos y patronal. No conviene confundir a la CEOE con los empresarios ni a UGT y CCOO con los trabajadores. Unas realidades son sólo institucionales; las otras de carne y hueso.

De Guindos, Montoro y Báñez deberían leer más a Keynes (y a Krugman) y escuchar menos a Merkel. El primer objetivo si de verdad se quiere reducir el paro es fomentar la iniciativa del pequeño empresario, del debutante, del licenciado talentoso, del autónomo. Se trata de ventilar la universidad para que el pensamiento número uno del recién salido no sea buscar cobijo por cuenta ajena sino sustento por esfuerzo propio. La banca será necesaria para ello. Ya es hora de que devuelva a la sociedad parte de lo que le debe como motor dinamizador. La carta de presentación de Rajoy -más presión fiscal, tijeretazos masivos- demuestra una preocupante falta de imaginación. Tiene tiempo (cuatro años) para rectificar, para demostrar aquello de la autonomía decisoria que cacareó en campaña.

Los deberes de Rajoy

Fede Durán | 28 de septiembre de 2011 a las 14:22

Cuando se presume la materialización de un hecho (en este caso la victoria del PP en las próximas generales), el mérito no está tanto en refrendarlo como en ajustarlo a su dimensión potencial. Si Rajoy no logra la mayoría absoluta, su victoria será una pequeña derrota, y su porvenir un camino de cabras en cuyos flancos, agazapados, esperarán los socialistas para atracarle y derrotarle tras cuatro años de curas, privatizaciones, rojigualdas y polos lacoste.

Rajoy debe pues minimizar el efecto Rubalcaba, que no es necesariamente una herramienta vencedora sino de jibarización del batacazo. Para ello, cuenta con la fidelidad del votante conservador, que dicen que jamás se mueve de su casilla, y descuenta a la suma el efecto del bloque ideológico opuesto (cada vez me creo menos este tipo de dicotomías; en el capitalismo, la gente no es de una u otra rama filosófica sino del universal equipo de la pasta). Tendrá que buscar la absoluta, pues, en el centro, que en realidad no engloba a los apátridas o a los mercenarios sino a aquellos ciudadanos felizmente nacidos sin la orejera del partido político como equivalente al equipo futbolero del alma. Dicho centro incluye, sin embargo, a las gentes del 15-M, que no quieren a Rajoy ni a Rubalcaba ni probablemente a ningún otro, aunque IU no lo vea así. Si el 15-M anula, absorbe o colapsa ese nicho de votos traduciéndolo en abstención, el PP se autoabastecerá hasta alcanzar el objetivo. Y habrá rodillo y deconstrucción, como siempre que alguien en España golea al rival.

¿Qué debe hacer Rajoy para asegurarse la mejor butaca del palco de honor en la temporada 2011-2014? Parecer menos rancio de lo que probablemente es. Renunciar a una subida de impuestos. Pelotear al votante periférico (al andaluz y al catalán, pues suyas son las circunscripciones decisivas). Prometer, como de hecho hace, fórmulas mágicas contra la crisis basadas no en la ciencia económica sino en el traspaso de poderes. No fotografiarse con Camps y sucedáneos. No fotografiarse con Aznar. Cabrear al 15-M. Montar en bicicleta. Fotografiase con niños y abuelos. Evitar a Arenas. Evitar concretar su programa. Evitar hablar como un trovador (o como un registrador de la propiedad). Evitar los carteles electorales sin photoshop.

Parece una lista complicada, pero Mariano puede con ella.

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Los diálogos de nuestros líderes

Fede Durán | 9 de agosto de 2011 a las 19:25

 

¿Qué frases intercambiarían hoy los líderes de la política/economía mundial? Ahí van algunas ocurrencias.

 Sarkozy a Merkel: “Me gusta esa sonrisa”

 Merkel a Sarkozy: “La crisis, Nicolas, la crisis. Y aparta esa mano”

 Intérprete de Sarkozy para sus adentros: “¿Alguien entiende que este tío esté con la Bruni y piense en la Merkel?”

 Zapatero a Rajoy: “No me ayudas ni una mijita”

 Rajoy a Zapatero: “Nos has llevado al desastre. España es una ruina”

 Rajoy a la prensa internacional y las agencias de rating: “España es solvente y no necesita un rescate”

 Cayo Lara a Zapatero y Rajoy: “¿Hola? ¿Hola? Estoy aquí.

 Trichet a Berlusconi: “Se te va a caer el pelo”

 Berlusconi a Trichet: “Pues me lo implanto otra vez”

 S&P a Obama: “Para chulo mi pirulo”

 Obama al mundo: “Siempre seremos un país triple A”

 El mundo a Obama: “Cuéntaselo a China”

 China a Obama: “Vamos a convertir Wall Street en un todo a cien y la Casa Blanca en el mayor karaoke del mundo”

 Salgado a Europa: “Jamás seremos rescatados”

 Salgado a Solbes, alias The Teacher: “¿Jamás seremos rescatados?”

 Espe a los madrileños: “Enséñame la pasta”

 Gallardón a los madrileños: “Tranquilos, seguiré buscando el tesoro”

 Bernanke a Giamatti: “Esta vez podrías comparecer tú ante la prensa…”

 Krugman a S&P: “Pardillos”

 S&P a Krugman: “Lo de Lehman fue una menudencia. Y de Enron ni me acuerdo”

 Lagarde a Carstens: “El FMI es un deporte donde siempre gana Francia”

 Carstens a Lagarde: “Tengo hambre”

 Pulido a la prensa (no podía resistirme al enfoque local): “Cajasol ha demostrado una vez más su magnífica solvencia”

El curandero

Fede Durán | 5 de agosto de 2011 a las 9:47

Las entrañas del motor político universal son muy rudimentarias: la propaganda de lo propio más el vilipendio de lo ajeno. Este mecanismo bicilíndrico es común a la raza examinada, pero unas veces llama la atención más que otras. Es el caso del PP, que juega en España a un peligroso deporte electoral: vender la llegada al poder como una especie de pócima milagrosa. Rajoy parece un curandero obsesionado con embaldosar su discurso a partir de tres materiales: el descrédito al PSOE, la alabanza a la seriedad de su propio partido, que presuntamente tiene clarísimas las ideas para salir del atolladero, y una suerte de esquizofrenia mal medida de cara al escaparate internacional, donde el país es a la vez un desastre fiscal, laboral y financiero y una roca preparada para soportar y burlar la presión de los mercados.

Un balance superficial y medio consensuado de la actuación política nacional ante la crisis sería más o menos como sigue. Uno. Bien en el control estatal del déficit público; regular tirando a mal en la parte del trabajo que corresponde a las comunidades autónomas. Dos. Directamente inútil la reforma laboral. Tanto la EPA como el paro registrado demuestran que la contratación indefinida aún retrocede; que el desempleo en general y el juvenil en particular son vergonzosos; y que ni siquiera el efecto estival maquilla una tasa devastadora. Tres. Inquietante la reforma financiera por el maremágnum de los SIP, las sospechas de los inversores, la profesionalización incompleta de las plantas altas cajistas y la amenaza de que en el armario se esconda algún cadáver más aparte de los de la CCM, Cajasur y la CAM.

Cuando Rajoy ocupe La Moncloa (si es que gana, recuerden lo del toro y el rabo o lo del oso y la piel), podrá ahondar en la senda de la austeridad, poner a las CCAA en su sitio (fiscal), afrontar una verdadera reforma laboral, inyectar al sector financiero las gotas de racionalidad que aún le faltan, subir el IVA o hacerse fotos con Obama, Merkel, Sarkozy y Wen Jiabao (no necesariamente en este orden). Pero la repercusión de sus acciones será limitada. Porque este partido se juega en toda la Eurozona. En Fráncfort, donde Trichet debería apuntarse a la terapia de Ambiguos Anónimos y comenzar a comprar deuda italiana y española, no sólo portuguesa e irlandesa. En Berlín, donde emerge como una orca la amenaza de la deflación. En París. En Bruselas.

Europa necesita vestirse de superhéroe y extirpar su personalidad múltiple. Necesita convencer a los mercados de que no siempre será como ahora es. Necesita reivindicarse desde la seriedad, desde aquel acervo comunitario que sólo se creen hoy los eurodiputados que viajan en primera. Si Rajoy y el PP insisten en la cultura de la chistera, el ridículo será tremendo. Es lo que quiere la piraña especulativa.

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El principio de autoridad

Fede Durán | 21 de julio de 2011 a las 13:11

RAJOY era el hombre-pachorra, un tipo abrumado y engullido por la intrigas palaciegas, los celos de los cuadros altos del PP y una contemporización que los analistas adjudican a la genética gallega pero que quizás conecte con su estricta individualidad. Con las carnes del poder más a mano que nunca, asumida una victoria más o menos aplastante sobre Rasputín Rubalcaba, el delfín de Aznar, el señor del habano y el dedazo ha interiorizado la necesidad de adoptar, o al menos aparentar, una estrategia conectada a dos circunstancias: la crisis económica y la exigencia ciudadana de un sistema político más transparente y depurado. En ambos frentes tendrá que cultivar el principio de autoridad, porque sin él es imposible vender la catarsis. El caso Camps era una oportunidad única para retocar su retrato, más parecido a veces a una caricatura que a una captura fidedigna. Rajoy ha descendido al barro de las decisiones desagradables pero obligatorias, y con ello ganará crédito y perderá detractores en ese nicho electoral clave denominado votante de centro. En cualquier caso, éste no es un episodio cerrado, y en eso Rajoy ha vuelto a ser fiel a sí mismo: si Camps gana la batalla judicial, el PP le abrirá nuevamente las puertas del liderazgo. La apariencia delictiva, suficiente en otros países para desmontar de un solo golpe dilatadas carreras políticas, no es tan poderosa como para sepultar al ex presidente valenciano. Pero, con este adiós provisional, Rajoy vence la guerra de las apariencias y allana el camino a La Moncloa.

Elecciones anticipadas

Fede Durán | 19 de julio de 2011 a las 12:57

La principal razón esgrimida por el PSOE para aferrarse a la literalidad temporal de la legislatura es el impacto negativo que un anticipo electoral tendría en la estabilidad financiera española. La prima de riesgo, arguyen los voceros de ZP, es un depredador de olfato extremadamente sensible. Y un adelanto equivale a toneladas de sangre fresca. Los socialistas, en éste como en otros asuntos, parecen no aclararse. Hasta hace bien poco, los exégetas del rubalcabismo consideraban óptimo acortar el mandato del todavía presidente por el rebufo del mercado laboral, que ofrecerá buenos datos a lo largo del verano (los ofrece desde hace tres meses) y se marchitará cuando llegue el Tourmalet de enero (las generales se supone que son en marzo).

Zapatero repite siempre que puede que su empeño reformista es su gran razón para la permanencia. Rasputín Rubalcaba le secunda ahora, aunque posiblemente cambie de opinión tres o cuatro veces más a través de sus portavoces, escindidos sin complejos de los del patrón de cartón piedra. Entretanto, Rajoy, más impaciente que nunca por obtener la victoria que su incapacidad ya le negó dos veces, promete que España será otra desde el instante en que el PP gobierne, como si tras las elecciones no fuera a dedicarse a airear el calamitoso estado de las cuentas públicas, la dimensión insuficientemente conocida del agujero zapaterístico o el bacheado terreno de juego autonómico, donde nadie será lo que fue porque España es un país sin marca ni más proyecto que La Roja.

Si ZP se va antes, quizás el efecto sea el contrario al aducido. Los mercados pueden entender el fin de ciclo como el inicio de un verdadero periodo de reformas bestias y ambiciosas. Que Rajoy gane con absoluta debería permitirle romper el mito de su pachorra porque tendrá tiempo de reducir su popularidad a cero y recuperarla antes de la siguiente legislatura (si es que se presenta). Por otra parte, Rubalcaba ha de encomendarse a su santa habilidad manipuladora, pero tampoco debe esperar milagros. Cinco o seis meses de desfase no van a darle cincuenta escaños más. La derrota del PSOE está escrita. La incógnita no es el resultado sino la dimensión de la caída.

A Z (le voy a borrar ya la P para siempre) le puede un último impulso narcisista. Está convencido de que pasará a la historia como el Gran Reformador. RP (se la añado a Rajoy hasta que se demuestre lo contrario) habla mucho y hace poco. Tendrá que habituarse más bien a lo contrario. Que vaya preparando su equipo. Y, si puede ser, que renuncie a las mediocridades y apueste por lo mejor de su plantilla (que tampoco es que sea jauja). Cuando le den el bastoncito y le ajusten la corona tendrá que olvidarse del puro y la rajada para demostrar que sirve para lo que siempre fue incapaz: tomar decisiones firmes, evitar que sus barones le mangoneen, (re)construir país sin peajes nacionalistas. Ahí te queremos ver, Mariano. Ahí mediremos lo fundado de nuestras sospechas.

Rajoy es Jeff Lebowski

Fede Durán | 13 de julio de 2011 a las 18:30

22-M: el PP arrasa con una virulencia sin precedentes en la historia democrática española y asume el mando incluso en comunidades meadas y remeadas por el yugo socialista (Extremadura). En la escena del relevo, varios dirigentes populares, con De Cospedal a la cabeza, insinúan primero y afirman rotundamente después que las arcas públicas de las comunidades ganadas para la causa están hechas polvo. ¿La culpa? Respuesta obvia.

12-J: tras la debacle del lunes negro, Rajoy sale a la palestra para vender la solvencia de España pero sobre todo de su proyecto, que por arte de magia rellenará las arcas y acabará con las telarañas. Zapatero, eso sí, es un impresentable.

La prensa anglosajona, que es la más inquieta del mundo, observa la escena y saca conclusiones. Alguien lanza la pregunta clave (un periodista español que trabaja para el enemigo): ¿Cuántos muertos más (aparte de Castilla-La Mancha) hay en el armario autonómico?

El Gobierno lo hizo fatal por lo que todos ya sabemos: 1. Negó la crisis cuando era una pequeña bola de nieve en la cima de la montaña. 2. La negó también con el ejecutivo rostro completamente embadurnado de mierda. 3. Aprobó medidas (chucherías) que movilizaban recursos públicos que en realidad no teníamos (la burbuja ladrillística, ¿recuerdan?). 4. Nadó en sus contradicciones, se mostró indeciso y trasladó a los mercados una imagen de adolescente pajillero y acomplejado.

Pero ZP reaccionó a base de guantazos internos (Banco de España, empresarios, sí, oh, incluso banqueros de diente de oro) y sobre todo externos (FMI, BCE, Merkel, Merkel, Merkel). Y hoy España es un yonqui de las reformas estructurales que aún necesita el chute de nuevos recortes y mucha más flagelación. A lo largo del proceso, ZP se ha reinventado como un hombre de Estado, un tipo valiente ante el sacrificio y consciente de la reparación histórica que un día llegará como los nietos por navidad. Zapatero, un hombre mangoneado por Rubalcaba, despreciado por la oposición y ridiculizado por la prensa enemiga (y a veces también por la amiga), se ha liberado en el ínterin: ahora se permite hasta cantarle las cuarenta a la Merkel y Sarkozy. Hurra.

Pero vamos con Rajoy, De Cospedal y el PP. ¿Cuántos fiambres guardaban estos sociatas en el armario, cuántos? Quizás los mismos que almacena cuidadosamente, con un estilo más Bonanno/Giancana/Genovese, el ala dura de su propio partido, desde Camps hasta No Tengo Un Puto Duro (en Madrid, no en casa) Aguirre. Retrocedan hasta el Gran Lebowski y a la escena en que El Nota viaja con Walter camino de no se sabe bien qué. Reciben la llamada de los supuestos secuestradores de la señora Lebowski, que habían pactado con EN la entrega de un maletín lleno de pasta a cambio de liberar a la chica, pero escuchan la voz de Walter y amagan con romper el trato porque EN debía conducir solo. El Nota contesta entonces: “¿No querrás que hable por teléfono, cargue con el maletín y sujete el volante con la punta de la polla?” A Rajoy le pasa lo mismo. Quiere hacerlo todo a la vez: desprestigiar al Gobierno mientras alaba a España sin dejar de proclamarse el mesías de la recuperación.