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La niña de Rajoy

Fede Durán | 1 de abril de 2008 a las 12:15

Cambian las caras, sigue el megalíder. ¿Prefieren a Zaplana o a Soraya? Al primero lo conocemos bien, así que cada cual tendrá bien formada su opinión. A la segunda la hemos seguido menos. Hasta ahora su tarea política se ha desarrollado entre bastidores, donde no importan las cámaras sino los resultados. Tiene buena prensa entre enemigos, aval poderoso en cualquier ámbito. Dicen que es dialogante, juvenil, expansiva. Toda una oda a la vida, o más concretamente a su fase primaveral. Concedámosle pues esas medallas. Pero miremos también al futuro. ¿Tiene esta mujer el caché suficiente para ejercer de portavoz en el Congreso? En esa galera (porque es una galera y de las más duras) las buenas intenciones cuentan bastante menos que el poder persuasivo de la palabra. ¿Habla contundente, brillante, pulcramente Soraya? Habrá que esperar para saberlo. Al otro lado del ring le aguarda un hombre aparentemente sensato, el ya casi ex ministro Alonso, receloso de la exageración o del matonismo ideológico. Sobre el debilucho papel de la política, este par de diputados podría ofrecer a los españoles la primera legislatura apacible del siglo. Serían cuatro años tan aburridos como gratificantes. Menuda paradoja.

De todas formas, lo que más incordia es ignorar qué va a decir la protegida de Rajoy. Será la voz de su amo, por eso crece la expectación, ya que al gallego le encanta jugar al escondite y actuar a través de marionetas. Aún nadie sabe cómo planteará la legislatura. ¿Más leña al mono? ¿Ponderación? ¿Esquizofrenia? Danos pistas, Soraya, y hazlo con suavidad, como te gusta, para que aunque no celebremos lo que oímos podamos respetarlo y a veces hasta entenderlo. Sólo entonces se habrá reconvertido modestamente el PP. O, mejor dicho, habrá reconvertido sus formas. Rajoy, el diputado inescrutable, seguirá siendo custodio del fondo. Y eso ya no resulta tan excitante.

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Raca raca la matraca

Fede Durán | 13 de marzo de 2008 a las 12:42

Rajoy ha decidido seguir. O presentarse a la reelección como líder del PP. ¿Se equivoca? Desde su perspectiva, evidentemente no. Desde el exterior, probablemente sí. Ha tenido dos oportunidades para vencer a un rival, Zapatero, al que siempre ha desdeñado. Si tan superior es, ¿cómo ha podido sucumbir? ¿No están los electores a la altura de su pensamiento? ¿Prefieren quedarse con el simplón y traicionero Z? En esta tercera entrega de su carrera hacia Moncloa tendremos la oportunidad de comprobar cuáles son las novedades de su discurso. Porque ésa es otra: la mayoría de votantes ha dejado claro que el catastrofismo no le pone en absoluto. El hollín y los troncos quemados, para las novelas de Cormack McMarthy (La Carretera, Mondadori; cómprenlo). Escribe hoy Javier Moreno en El País que, en cierta forma, Mariano tiene la oportunidad de reinventarse hasta parecerse un poquito a las derechas más modernas de Europa. La reflexión es optimista porque implicaría una honda transformación psicológica del personaje, obligado por la realidad de la voluntad ciudadana a modular palabras y sobre todo ideas. Si Z le ofrece un pacto antiETA que cumpla sus expectativas (tampoco esto deja de ser un ejercicio desorbitado de optimismo), ¿aceptará? ¿Desbloqueará el Consejo General del Poder Judicial? ¿Acatará la sentencia del Constitucional sobre el Estatut aunque no le satisfaga? ¿Olvidará (olvidaremos) el 11-M y aquello del presidente accidental?

Rajoy también necesita amigos. La involución del PP en Cataluña debería empujarle a una catarsis tipo Osho. Por mucho que apuntale Madrid o Valencia, por más que cíclicamente las distancias se recorten en Andalucía, 17-18 escaños suponen una diferencia abultada. Es otro motivo para endulzar el perfil, protestar cuando toque, construir desde la oposición e inhumar viejos fantasmas. Por cierto, un día, hace no tanto, el PP era el primer partido constitucionalista en el País Vasco. Nada queda ya de aquellos tiempos.

Luego está la renovación orgánica. Suena extraterrestre que el aspirante doblemente derrotado se presente en junio al cargo de comandante en jefe sin que nadie ose plantear alternativas. Decepcionante la timidez de Aguirre ante las cámaras cuando le cuestionaron sobre sus intenciones. Empalagosa la sumisión de Camps y Arenas. Comprensible la rendición del solitario Gallardón. Dicen en Génova que no están acostumbrados a pensar sino a que una voz autoritaria les dé hechos los deberes. Por eso les alivia la insistencia de don Mariano. Qué más da que gane o pierda en 2012. La vida son dos días. No importa perderlos en busca de una meta esquiva.

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Ellos también son actores (parecidos razonables)

Fede Durán | 6 de marzo de 2008 a las 19:14

Es evidente. La política requiere ciertas dosis de falsedad. Esos besos en la jeta del niño rubio. Las manos estrechadas con efusividad. Abrazos, canciones, poemas, todo en el momento exacto, cuando la cámara vigila y dispara. Y qué bien salen los tíos. Sonrientes, satisfechos, sobradetes. El paralelismo con el cine y los actores es evidente. Menos mal que el celuloide no engaña: uno compra ficción cuando paga la entrada. Los líderes mundiales, y también los ibéricos, juegan a otra cosa. Pero la cantinela es tan vieja que no merece la pena analizarla. Mejor buscar semblanzas.

1. Zapatero, alias ZP, alias Z. Sus cejas, como las del lehendakari, son calcadas a las del capitán Spock. La boca del Jocker interpretado por Jack Nicholson en Batman también cuela. Para los ojos seremos buenos: ahí está Paul Newman. Y ese cabello en declive bien podría calzarlo el jovencito Bruce Willis de Luz de Luna.

2. Rajoy, alias R, alias el padre de La Niña. Aunque la barba da mucho juego (el abuelo de Heidi casaría con su obesión por la chiquilla imaginaria), aquí se impone el conjunto. Don Mariano es clavadito (nariz, boca, perfil) a un fraggle rock. Sin peluca estridente, entiéndanme.

3. Llamazares, alias Gaspi, alias El Hombre Virtual. El tío es sosete, pero a alguien debe parecerse, ¿no? Déjenme pensar. Tic tac, tic tac. Lo siento, me encomiendo al anónimo samaritano que se aventure por estos derroteros.

4. Cajón de sastre para el resto: Ibarretxe, ya mencionado, es Spock, quizás incluso más feo y agrio; Carod pasa perfectamente por un Hércules Poirot más calvo y gordo; Duran i Lleida se acopla lejanamente a John Malkovich o Ed Harris; Rosa Díez a Helen Mirren (que no se ofenda ninguna de las dos si su contraparte no está a la altura) y Albert Rivera, con esa cara de niño bueno, pues tal vez a un hobbit de pelo corto.

Se admiten sugerencias.

¿Qué harían los pequeños si fueran grandes?

Fede Durán | 6 de marzo de 2008 a las 17:34

Piénsenlo. Lo nuestro es el bipartidismo, que bien podría ser una manifestación más o menos directa de amor a lo previsible. Como la misma vida. Cuentas corrientes saneadas, hipotecas asumibles, noviazgo y quizás boda, los nenes y el resto de la secuencia. Por eso sólo existen Zapatero y Rajoy. Por eso nadie se imagina un Gobierno con otros protagonistas. Ocurre en EEUU, Francia o Inglaterra. Blanco o negro. Buenos y malos. Según quién opine. Según filias y fobias. Pero la imaginación sigue siendo un hermoso instrumento. Una vía de escape. Creatividad aplicada a cualquier ámbito. También a la política. ¿Y si mandara IU? ¿Qué ocurriría entonces? ¿Sería España un nuevo socio del trasquilado club comunista? Habría que sondear a Gaspi. Con la de corrientes y ramificaciones que carga su federación, el pueblo necesitaría una buena explicación, algo así como un mínimo común denominador. Ahí va un esquema provisional de reparto del poder. Madrazo, por ejemplo, podría quedarse el Ministerio de Administraciones Públicas para promover consultas secesionistas allá donde detectase suficientes adhesiones. No importaría que la pida una comunidad autónoma, un pueblo tipo Marinaleda o un club de jubilados. El caso es mostrarse abierto a nuevas experiencias. Ya puestos, Sánchez Gordillo sería un buen interlocutor de Batasuna-ETA. Resolvería el problema de un plumazo, seguro. Valderas pegaría en el Ministerio de lo Invisible, homenaje tardío a su sólida trayectoria de coleccionista de escaños.

No me olvido de Ciudadanos y UPyD (perdonen si obvio a los nacionalistas, son pequeños, pero están acostumbrados a disponer mucho más que las tres siglas mencionadas). Albert Rivera y Rosa Díez se quejan de la falta de medios, de la desigualdad de oportunidades. Tienen razón. Lo interesante sería comprobar cómo actuarían si tuvieran la pasta de los socis o los popus. Rivera no ha necesitado demasiado tiempo para probar que en su partido, como en cualquier otro, conviven los sueños y las miserias. Ha habido escisiones, plantones e insultos, promotores ideológicos sospechosamente desaparecidos, intrigas florentinas… A UPyD no le ha cundido tanto. Lleva menos meses en escena, pero todo se andará. Al fin y al cabo, una formación diminuta aspira a ser como sus hermanas (o primas, o vecinas) mayores. Influencia mediática. Financiación pública. Escaños y poltronas. Mesas de Caoba. Vistas a la Puerta de Alcalá.

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