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Receso estival

Fede Durán28 de julio de 2008 a las 6:03 pm

Esta tarde, la última antes de un receso estival de 15 días, me gustaría salirme una vez más del tiesto para valorar la experiencia de plantar, regar y cosechar un blog fundado en abril y por tanto aún cachorro.

Desde la perspectiva del autor, la experiencia ensancha y revaloriza la profesión con la interacción que permite internet. Un artículo sin los contrartículos de los lectores parece más bien una pieza de museo cuya vitrina apenas gozase de un día de exposición. Las opiniones enriquecen en la medida en que fabrican o alientan otras opiniones. Y el proceso no se cierra nunca. He ahí la grandeza de un sistema que ganará enteros conforme las ediciones digitales suplanten mayoritariamente a las escritas. Cuatro meses de trayecto me han deparado sorpresas (gracias, Traductora), amistades incipientes (Pep) y sesudas colaboraciones que vigorizan el foro (Piarpa, Sera, Fendit, Asere, Dani, Guille, las Ratas Almizcleras de Barcelona y los que me dejo en el tintero no por maldad sino por olvido).

Y, como un blog siempre ofrece un perfil autobiográfico y cercano del que carecen otras modalidades comunicadoras, dejo en pantalla algunas pinceladas relacionadas con varios de los asuntos que nos han ocupado y nos entretendrán aún en el futuro.

En política poco se puede añadir cuando irrumpe agosto. Seguro que alguien publica un reportaje sobre las corbatas de Rajoy, las aficiones deportivas de Zapatero o los perros de Llamazares. Sean benévolos: no hay peor mes para afrontar el miedo a la página en blanco. Yo, perdónenme, desactivaré el radar y encerraré en una cámara subterránea las imágenes de la redacción. Por no abandonar del todo a quien busque estímulos en este maniqueo y machacón ámbito, me remito a modo de enlace a una interesante reflexión de Vidal-Beneyto sobre la capacitación idiomática de nuestros líderes.

La vena literaria no me abandonará ahora que dispondré de tiempo. Aprovechando mi inminente escapada (Lituania, Letonia, Estonia y San Petersburgo), le hincaré el diente al clásico de John Reed Diez Días que Estremecieron el Mundo. Quizás quede ya lejos la efervescencia comunista de aquellas crónicas, pero la excusa del entorno geográfico es igualmente buena y algo podré rascar en la nueva superficie capitalista del triángulo báltico.

En casa dejaré, a medias y con pena, Jimmy Corrigan: El chico más listo del mundo, un cómic de Chris Ware que redimensiona un arte cada día más digno de admiración y, como dije en otra ocasión, tan versátil que hace dudar sobre su verdadera posición en el subjetivo podio del mundo creativo.

Últimamente me he puesto las pilas con el cine. Tenía trabajo acumulado y he logrado dejar las deudas a la mitad. Han caído Ocho y Medio (definitivamente, Fellini no es mi hombre, con perdón de los ortodoxos); Pijama para Dos (comedia clásica que en mi humilde opinión ni se acerca a las mejores de Billy Wilder); Los Olvidados (Buñuel sí está en otra galaxia); la bilogía de Cronnenberg Una Historia de Violencia-Promesas del Este (segunda visión en ambos casos) y Funny Games II (a Haneke le conocen bien algunos de los opinadores habituales del blog).

Echaré de menos la natación, deporte que practico con asiduidad; las cervezas en El Salvador, para las que vale la reflexión anterior, y la cada vez más imposible (en verano) Cádiz.

Un abrazo a todos y hasta pronto. Sobrevivan.

Ser periodista (político) en Andalucía

Fede Durán17 de abril de 2008 a las 6:37 pm

No me atrevo a pronosticar cuánta gente tiene arrestos para seguir la política andaluza. Su nivel es tan bajo que, más que asustar o aburrir, deprime. Si uno es excesivamente sensible, le entran ganas de exiliarse. La culpa es de todos, claro, pero dejen que me centre una vez más en quienes gobiernan y en la conexión que establecen con la prensa. Siempre he pensado que el periodismo es suficientemente poderoso como para azuzar a los mandamases. Azuzar es tanto irritar como estimular. Valen ambos significados. Aquí, la sensación es que se irrita algo (depende de cada línea editorial) pero se estimula cero. Entiendan el estímulo como las ganas de mejorar. Echar un vistazo al Parlamento regional es demoledor. Parece un patio de colegio. La desgana es tan evidente que avergüenza. Los cuchicheos son la banda sonora. La guasa también campa a sus anchas. Se les olvida a sus señorías que el pueblo, es decir, el contribuyente, es decir, nosotros les pagamos para arremangarse y sacar a esta comunidad del maldito y eterno furgón de cola, oficialmente rebautizado como décimo séptima modernización.

Chaves. Su influencia es tan gigantesca que cualquier informador con poca imaginación se colocará a rebufo y tirará de agenda, de la agenda oficial, se entiende. Aquí ya no existen las exclusivas, sólo los planes de la Junta y sus calendarios de cumplimiento. Las cifras, los programas, los anexos y las palabras vacías sepultan los debates de fondo. Es fácil quedarse embobado, parpadear un par de veces y pedir ayuda a las estrellas para saber cuál es el camino adecuado ante tantísimo dato-señuelo. ¿Por qué cuesta tanto incomodar al jerifalte? ¿Es democráticamente censurable? Si la prensa vigila, el de arriba se espabila. John Reed, Rebecca West, Benito Pérez Galdós, Carl Bernstein y Bob Woodward, Arcadi Espada, Ryszard Kapuscinski, Anna Politkovskaya… todos demostraron que el secreto o el escándalo existen, que sólo (¡sólo!) hacen falta cabezonería y honestidad para destaparlos.

Sí, sí, admito que la vida es maravillosa sin quebraderos de cabeza. Que le zurzan a la ética, que en periodismo equivale en gran medida al mismísimo espíritu profesional. Con lo bien que se está en la redacción, espalda acolchadita, trasero caliente. Con lo aventurera que es una rueda de prensa, o la observación de una proyección triunfalista en la Casa Rosa, o el estudio del último tocho hagiográfico. ¿Qué diablos vamos a investigar si ya está todo dicho? Tal vez soy demasiado optimista en mi empeño detectivesco y aquí la vida política es recta y pulcra y equidistante. Tal vez Chaves, su corte y la plebeya oposición me consideren un desgraciado por dudar de su integridad. Se equivocan. Sólo dudo de su calidad. O, si prefieren leerlo de otra forma, de su afán de superación.

Autor

Soy Licenciado en Derecho y master de Periodismo de El País. Comencé en el árido mundo de la abogacía. Durante dos años me dediqué al Medio Ambiente, pero siempre ganaban los malos y preferí rescatar mi antigua pasión por el periodismo y las letras en general. He trabajado en El País en Madrid y Barcelona, también en el cuadernillo de Política de Expansión-Cataluña y desde principios de 2006 en la sección de España de los periódicos del Grupo Joly.

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