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Entrevista a Jordi Sevilla: euro vs dólar

Fede Durán | 13 de noviembre de 2012 a las 13:49

-Aquella frase suya de la economía en dos tardes puede causar la falsa impresión de que hablamos de una ciencia fácil. Hay grandes teóricos mundiales del diagnóstico pero pocos de las soluciones.

-Hay muchos economistas de salón, gente que se sabe muy bien los modelos y las ecuaciones, pero la realidad es otra cosa, porque se trata de una ciencia social donde hay personas que opinan, que pelean, que tienen intereses y no aceptan pasivamente las decisiones que se les proponen. Lo de las dos tardes es una metáfora, pero sigo creyendo que lo que un ciudadano normal o un responsable político cualquiera necesita conocer se aprende con relativa facilidad.

-¿Hasta qué punto el poder político puede doblegar al económico teniendo en cuenta que este último demuestra desde hace años, sobre todo en Wall Street y la City, que maneja las riendas?

-El marxismo advertía que era el poder económico el que mandaba y el político el que le seguía el ritmo. Mientras el Estado nación ha funcionado, la democracia ha permitido que el poder económico se subordinara a los intereses generales a través de las decisiones del poder político. La globalización rompe todo eso porque establece un triángulo donde tienes la democracia, que sigue siendo nacional, el Estado nación, que es el que nos representa en el G20 o la UE, y la economía mundial. No hay desde las instancias de la democracia ni del Estado nación forma de controlar la economía mundial. Eso se la ha dado un poder enorme a los mercados financieros, que se mueven a golpe de bit, y con una velocidad brutal pueden desestabilizar economías enteras. Hay un desequilibrio claramente a favor de los poderes económicos transnacionales.

-Obama se reunió tras su primera victoria con los popes de Wall Street y planteó recuperar parte de la regulación eliminada por Bush. Tuvo que dar marcha atrás.

-Tenemos pendiente la asignatura de regular sin coartar la capacidad de maniobra del sistema financiero internacional. Es verdad que con la definición de los bancos sistémicos por lo menos se acota el marco sobre el cual debería actuar la regulación, pero, ¿quién tiene que hacer esa regulación? Porque muchos de esos bancos pueden tener la sede en EEUU o España, pero no son bancos estrictamente americanos o españoles sino transnacionales, y lo que hace falta es una autoridad transnacional, que podría haber sido la ONU, para acometer esa regulación.

-El problema de la teoría del too big to fail es que da la sensación de que al final, pase lo que pase, la gran banca siempre se salvará.

-Cuando esos bancos van bien se reparten el beneficio, y cuando van mal, las pérdidas se las reparten los contribuyentes. Eso explica que se les quiera someter a controles para dificultarles o impedirles la quiebra. Les obligaremos a contar con unos seguros si llegan a caer. Y desde luego hay que crear unos impuestos sobre sus beneficios.

-Llama la atención que sea el poder judicial el que haya forzado a PP y PSOE a pactar una salida al problema de los desahucios.

-Es verdad, y me congratulo y lo lamento a la vez. Cuando se aprobó el plan de rescate al sistema financiero español propuse que al menos una parte de ese dinero se destinara a condonar las deudas hipotecarias de las familias que estaban realmente mal. Muchas de esas personas se han visto atrapadas en un infierno del que nunca fueron conscientes, es gente que va a perder la casa pero que además pierde lo que le queda de vida porque en España los créditos hipotecarios son personales. Si condonamos deudas a bancos y empresas, es todavía más sensato echarle una mano a los ciudadanos.

-Si diéramos marcha atrás y volviésemos a la presidencia de ZP, ¿qué cosas podría haber hecho el Gobierno de otra manera?

-Todos fuimos víctimas de una ilusión colectiva. Nadie ha construido un piso sin tener un crédito y una licencia urbanística, o sin que hubiese otra persona que comprase. El Gobierno tuvo magníficos resultados presupuestarios gracias a esa burbuja; la banca pudo financiar buena parte de la expansión internacional; la gente accedió a la vivienda. Es verdad que tendríamos que haberlo hecho de otra forma, pero la voz que se hubiera levantado entonces nos habría arrasado.

-Descríbame la relación de la europeriferia con el Reino Unido.

-Es la primera vez en la historia que los países del continente se enfrentan a Alemania sin el apoyo del Reino Unido. Al quedarse fuera de la lucha, se aleja cada vez más de la UE. Los británicos creen que someterse a unas normas comunes implicaría pérdidas en la City.

-… Y con Alemania.

-El euro es el precio que Alemania pagó para que la dejáramos unificarse, pero puso una condición: “le llamaremos euro pero ha de ser un marco”. Y el marco funcionó para Alemania pero no está funcionando para la UE. Alemania ha boicoteado sistemáticamente todos los intentos de avanzar en unión económica y presupuestaria, en armonización fiscal y laboral. Ahora es la acreedora. En una crisis de deuda siempre hay dos partes, ambas igual de responsables. Mientras tengas la fuerza suficiente, puedes hacer recaer casi el 100% de la responsabilidad sobre el deudor, pero esta fórmula no es eterna. Si tuviésemos un euro como el dólar, con ese banco central y ese presupuesto, en España habría entre dos y tres millones de parados menos.

-España: infraestructuras, agroindustria, renovables, clima, turismo, finanzas, constructoras. ¿Es suficiente para remontar?

-Tiene que serlo porque no tenemos otra cosa y además ese conjunto es mucho. Tenemos muchas dificultades, y la nuclear es que no hay crédito, y sin crédito no funciona la economía capitalista, pero no se nos ha olvidado investigar, trabajar, gestionar, innovar o internacionalizar. El Plan PIVE, por ejemplo, es una buena idea y hay que extenderlo a más sectores. Hay que bajar cotizaciones sociales. Hay que revalorizar las pensiones en función del IPC porque la pensión se ha convertido en el ingreso más sólido de millones de familias.

-¿Quién nos asegura que el rescate a España sea menos destructivo que los de Grecia o Portugal?

-La troika no tiene dinero para tratar a España como a Grecia o Portugal. En aquellos países, sustituyó al mercado y dijo: tranquilos, os presto lo que necesitéis. Con España eso no funcionaría porque todo lo que necesita es mucho. Draghi ha dado pistas sobre cómo sería nuestra intervención: no se sustituye al mercado sino que se actúa sobre él para que nos financie más barato. El objetivo es rebajar la prima de riesgo 150 ó 200 puntos. Habrá una negociación durísima, pero el Gobierno tendrá que obtener dinero para reactivar la economía. Sólo a base de recortes no llegamos.

Irlanda y el rescate

Fede Durán | 28 de septiembre de 2012 a las 20:27

Decálogo de un despropósito

Fede Durán | 20 de julio de 2012 a las 9:42

REPASO de los fallos del Gobierno:

Uno. Incidir sólo en los ingresos para ganar la lucha contra el déficit sin reparar en que el gasto selectivo impulsa la economía. El IVA es un impuesto indirecto que grava el consumo, luego a más IVA menos consumo. La subida del IRPF tampoco funcionó a nivel recaudatorio (trabaja bastante menos gente que antes de la crisis). Nadie dice nada de las sicavs. Retenerle al rico es pecado; hundir al autónomo y la pyme parece obligación de Estado.

Dos. Destrozar la biblia del buen comunicador. Los planes de ahorro duran horas. Después llegan los matices, las contradicciones y los anuncios de nuevas medidas que jamás calman a los mercados. Tras anunciar un paquete de ajuste de 65.000 millones con 60 medidas, se advierte que llegarán otras 20 antes de 2013. ¿Por qué no se empaquetan mejor los contenidos?

Tres. Rajoy es peligrosamente inoperante. Su homólogo en Italia, Mario Monti, se reunió en EEUU con los 15 mayores fondos de inversión del planeta y les explicó (en inglés) sus recetas y las razones para adoptarlas. Nuestro presidente no habla idiomas, ni aprecia los viajes internacionales (Eurocopa aparte), ni parece conceder demasiada importancia a la pedagogía que reclaman quienes determinan la evolución de la prima de riesgo.

Cuatro. Trasladar el esquema de vasallaje Alemania/Bruselas/Madrid a la relación Madrid/comunidades autónomas, pero sin concederle a éstas la flexibilidad que la UE sí ha conferido a España en el cumplimiento de los objetivos de saneamiento.

Quinto. Desguazar el Estado de bienestar, recortando los sueldos del empleo público sin discriminar entre buenos y malos trabajadores, castigando sanidad y educación, y creando, casi sin que nadie repare en ello, un modelo de país inspirado en EEUU y su darwinismo económico: los servicios, para quien se los pueda pagar.

Sexto. Respetar una estructura orgánica pensada para tiempos de bonanza: sobran empresas públicas, agencias, organismos autónomos y hasta administraciones. No se ha avanzado en la eliminación de las duplicidades.

Séptimo. Trasladar al ciudadano la sensación de que la reducción de los privilegios de la casta política no corre en paralelo a los sacrificios que se le exigen a la masa.

Octavo. Admitir, sin complejos, que no existe margen de maniobra, que el Gobierno hace lo que le dicen y punto. En ese caso, España debería encomendarse a un tecnócrata como Monti. Margen, en cualquier caso, hay: el Wall Street Journal publicaba hace unos días las reformas laborales (y tributarias) que Rajoy tendría que haber aprobado: menos vacaciones, contratos en prácticas más largos, posibilidad de canjear descansos por un sueldo extra, tarifa plana en el impuesto de sociedades (más cercano al 20% que al 30%), etcétera.

Noveno. Carecer de un Consejo de Asesores Económicos -como el que funciona desde hace años en EEUU- compuesto por expertos de distintas ideologías que cubran las lagunas teóricas y prácticas del Ejecutivo.

Y décimo. Seguir al lomo del burro que sostiene que el PP es un gestor fiable. La crisis española ha igualado a todos por políticos por lo bajo.

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Peseteros

Fede Durán | 15 de junio de 2012 a las 12:44

ES ridículo que el rescate a la banca española se venda como un triunfo cuando pospone las decisiones más relevantes tanto en Europa como aquí. La Eurozona necesita tres cosas: gobernanza económica real, eurobonos y un BCE más parecido a la Reserva Federal. España requiere la confianza de los mercados, ligada a las tres necesidades expuestas, y aclarar cuál será el papel del sistema financiero desde que comience a recibir los hasta 100.000 millones recientemente comprometidos.

Tampoco queda claro el papel ganador del Estado, que será responsable último de la devolución del megacrédito y tendrá que repercutir en la deuda pública y el déficit los intereses (parece que al 3%) a devolver. En su relación con los bancos, caben dos vías: prestarles ese dinero a un interés mayor que el asumido con Bruselas, de forma que así obtiene un rédito y garantiza el saneamiento contable cuando menos en este flanco, u optar por los cocos, esos bonos que se convierten en capital si la entidad prestataria no puede pagar. Mal escenario éste: que la Administración sea accionista de un banco débil significa que no podrá recuperar la pasta hasta que ese banco se revalorice y el mercado esté dispuesto a comprar a buen precio.

Y más oscuro aún parece el rol del sector rescatado, que saneará sus balances empujado por una fiebre mortal: cuando sólo te preocupas por las matemáticas, dejas de entender el mundo (o la economía). Lo que la gente quiere saber es si volverán los préstamos, a qué tipos de interés y sobre todo bajo qué controles de calidad. Porque conceder una hipoteca a un mileurista con contrato temporal debería convertirse en cualquier caso en una práctica vetada. Y respaldar a un emprendedor en un himno.

Según Soros y Lagarde, al euro le quedan tres meses de vida si no hay tremenda reacción. Porque, teóricamente, si Grecia cae no pasa (casi) nada, pero si le toca la china a España (o a Italia) la moneda única arderá en la pira de la incompetencia política colectiva. El regreso a la peseta tiene sus ventajas (Krugman las ha enumerado hace poco) pero también algunos inconvenientes: muchos ahorradores quizás prefieran pasarse al dólar para estar del lado del más fuerte, y puede que comiencen a posicionarse ya. Otros temen un corralito (restricciones masivas a la disposición de efectivo) y sacan sus cerditos del banco para volver al viejo método del calcetín o la baldosa. Nuestros productos se devaluarían, así que seríamos más competitivos (baratos) en la exportación, pero a la vez ganaríamos menos y lo que antes nos parecía normal (dos viajes al año, el dólar como un primo pobre del euro) sería apenas un recuerdo de la gloria del pequeño imperio europeo, arrasado por ignorar una de las mejores frases de Keynes: “El auge, y no la depresión, es la hora de la austeridad”.

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De la civilización al navajeo

Fede Durán | 12 de julio de 2011 a las 14:33

One more time: la prima de riesgo (PR) mide el diferencial a diez años entre el interés que paga España (o cualquier otro país) por colocar deuda soberana en comparación con el bono (bund) alemán, tomado como referencia por su presunta solidez. Un diferencial de 350 puntos básicos significa que España le añade un 3,5% de interés al que ya paguen los alemanes. Si Grecia ronda los 1.300 puntos (13%), pueden hacerse una idea del bestial coste que supone financiar las deudas estatales en esta orgía de los mercados, la especulación y la madre que parió al rating.

Por cierto, ahora dice Bruselas que es urgente:

  1. Exigir más transparencia a las agencias de calificación dado el impacto de sus notas en la evolución de la citada PR. Si esta vez la UE no se pierde en infinitas discusiones, cuando una agencia otorgue una nota a un Estado miembro, las autoridades comunitarias deberán tener acceso a los informes internos en los que dicha nota se basa.
  2. Promover la competencia frente al oligopolio de Moody’s, S&P y Fitch (el trío calavera del rating) mediante la creación de pequeñas y mediadas agencias ¿independientes?.
  3. Prohibir las calificaciones destinadas a los países que hayan sido rescatados (como Grecia, Irlanda o Portugal).

Italia y España las están pasando canutas. ¿Caerán ambas? Si la respuesta es negativa, ¿quién tiene más papeletas para pegársela y acudir con el rabo entre las piernas a Bruselas? Argumenta con buen criterio mi compañero José Luis Benayas que lo que cuenta es la deuda pública: Italia, 120%; España, 62,3%; además de la capacidad de devolverla/refinanciarla. Vale, es cierto, pero el trío calavera sigue ahí y en cualquier momento hará de las suyas. ¿Nos dará en la boca a nosotros? ¿Preferirá merendarse a nuestros primos latinos? Se supone que estos tíos emiten sus veredictos en función de muchos otros parámetros macro. Tenemos el doble de paro (8,1% Italia; más del 20% España), exportamos la mitad y estamos mucho menos industrializados. ¿Qué pasará? Ni idea. Pero el asunto es crucial. De la civilización al navajeo made in Mad Max apenas hay unos metros.

Sígueme en Twitter: @fede_duran

Grecia la indeseable, China la bella

Fede Durán | 5 de enero de 2011 a las 19:23

LA culpa de todo la tiene Grecia. Sin su despilfarro y posterior rescate, los mercados no se habrían fijado en España. Ésa es la opinión del presidente Zapatero, que justifica así los recortes del Gobierno. La conclusión inferida es inquietante: si no fuese por la lupa de Bruselas y las agencias de calificación, nadie habría hecho nada por suprimir el cheque-bebé o la ayuda de 426 euros, por no hablar del retraso en la edad de jubilación, la reestructuración de las cajas o los recortes salariales a los funcionarios. Es decir: ningún estratega del Ejecutivo habría considerado necesario controlar el déficit público y vender al exterior la solvencia de nuestro sistema porque a nuestro sistema sólo le molestan en verdad puros fantasmas, ilusiones generadas por algún enemigo de la patria, el euro y el arco mediterráneo.

Sin aprender del escarmiento, también se atreve Zapatero a repetir el pecado de los pronósticos: la crisis del paro, vaticina, acabará en el segundo semestre. Lo dice el mismo hombre que negó la recesión hasta que le explotó en la cara o el que negó y niega -y en este particular encomendémonos a quien corresponda en función de cada credo- un rescate a España como el de la epidémica Grecia o la burbujística Irlanda.

Por si acaso, y para meter unas monedillas en la raquítica hucha, el Gobierno se inspira en Berlanga para tenderle la alfombra roja al viceprimer ministro chino, Li Keqiang, custodio rojo de un macuto valorado en 1.000 millones, los que derivarán de los acuerdos comerciales y empresariales que el gigante asiático firmará de su mano estos días en Madrid. España se encomienda a China sin escrúpulos ideológicos -ya nadie habla de dictadura, qué ordinariez- y embelesada por el poderío amarillo. China compra muchísimos de los bonos que emite el Tesoro, o sea, que sacia parcialmente la sed de recursos del país. Por contra, y sin que resulte sorprendente, los empresarios españoles todavía son una cagarruta para el régimen de Hu Jintao.

Todo lector debería concederle una oportunidad a El Chino, de Henning Mankell, un retrato despiadado de la nueva realidad del dragón que algún día acabará comiéndose a EEUU. Podríamos considerarlo un manual de instrucciones para potenciales inversores españoles. Módulo uno: Fundamentos de Corrupción. Módulo dos: Endogamia y Extorsión. Módulo tres: Colonialismo y Explotación. En realidad, los reparos son una injusticia histórica. ¿No es aplicable el referido temario a toda potencia del pasado o del presente? ¿No canalleó el imperio español en las Américas? ¿No canallea Estados Unidos cada vez que necesita petróleo? China es tan sólo un coloso más en la plantilla de colosos del planeta, uno que viene con la cartera hasta los topes y dispuesto a gastar, que es lo que ahora necesita la economía nacional, tan resignada al tacataca y el esparto.

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