¿Qué harían los pequeños si fueran grandes?
Piénsenlo. Lo nuestro es el bipartidismo, que bien podría ser una manifestación más o menos directa de amor a lo previsible. Como la misma vida. Cuentas corrientes saneadas, hipotecas asumibles, noviazgo y quizás boda, los nenes y el resto de la secuencia. Por eso sólo existen Zapatero y Rajoy. Por eso nadie se imagina un Gobierno con otros protagonistas. Ocurre en EEUU, Francia o Inglaterra. Blanco o negro. Buenos y malos. Según quién opine. Según filias y fobias. Pero la imaginación sigue siendo un hermoso instrumento. Una vía de escape. Creatividad aplicada a cualquier ámbito. También a la política. ¿Y si mandara IU? ¿Qué ocurriría entonces? ¿Sería España un nuevo socio del trasquilado club comunista? Habría que sondear a Gaspi. Con la de corrientes y ramificaciones que carga su federación, el pueblo necesitaría una buena explicación, algo así como un mínimo común denominador. Ahí va un esquema provisional de reparto del poder. Madrazo, por ejemplo, podría quedarse el Ministerio de Administraciones Públicas para promover consultas secesionistas allá donde detectase suficientes adhesiones. No importaría que la pida una comunidad autónoma, un pueblo tipo Marinaleda o un club de jubilados. El caso es mostrarse abierto a nuevas experiencias. Ya puestos, Sánchez Gordillo sería un buen interlocutor de Batasuna-ETA. Resolvería el problema de un plumazo, seguro. Valderas pegaría en el Ministerio de lo Invisible, homenaje tardío a su sólida trayectoria de coleccionista de escaños.
No me olvido de Ciudadanos y UPyD (perdonen si obvio a los nacionalistas, son pequeños, pero están acostumbrados a disponer mucho más que las tres siglas mencionadas). Albert Rivera y Rosa Díez se quejan de la falta de medios, de la desigualdad de oportunidades. Tienen razón. Lo interesante sería comprobar cómo actuarían si tuvieran la pasta de los socis o los popus. Rivera no ha necesitado demasiado tiempo para probar que en su partido, como en cualquier otro, conviven los sueños y las miserias. Ha habido escisiones, plantones e insultos, promotores ideológicos sospechosamente desaparecidos, intrigas florentinas… A UPyD no le ha cundido tanto. Lleva menos meses en escena, pero todo se andará. Al fin y al cabo, una formación diminuta aspira a ser como sus hermanas (o primas, o vecinas) mayores. Influencia mediática. Financiación pública. Escaños y poltronas. Mesas de Caoba. Vistas a la Puerta de Alcalá.

