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Recetas que no convencen a nadie

Fede Durán | 23 de julio de 2012 a las 13:38

Adjunto una triple entrevista con los agentes sociales andaluces tras anunciarse el último paquete de ajustes del Gobierno.

Herrero + Carbonero + Pastrana, por una vez, con más coincidencias que diferencias.

El 15-M del empresariado andaluz

Fede Durán | 3 de julio de 2011 a las 18:47

La empresa andaluza necesita su propio 15-M, si me permiten la contradicción (o la tautología, según se mire). La pata institucional -la CEA- adjunta a las ventajas de toda élite visible algunos notables defectos. El principal es quizás su falta de porosidad (dícese de la cualidad que permite a una organización sumar nuevas caras, espíritus, filosofías y propuestas). O el limitado efecto de su labor pedagógica en el resto de España, donde Andalucía todavía es básicamente un prejuicio reñido con la seriedad y el valor añadido. No se trata sólo de transmitir a los demás nuestra expectativa de emporio aeronáutico sino de ampliar y embellecer el escaparate con proyectos tal vez humildes en facturación pero no en recorrido y novias potenciales.

El empresariado andaluz conserva un nocivo aroma a cortijo, a gueto, a club selecto -los mismos saraos, las mismas caras-. Tan intensa vida social oculta a menudo importantes carencias en la gestión y en aspectos menos técnicos pero igual de decisivos como la ambición, el mecenazgo, los escrúpulos o la voluntad inequívoca de hacer país (expresión predilecta en Cataluña que esta región debería importar ya). 

Fer país significa matricularse en un curso intensivo de lobbies y otras formas de presión. El PSOE-A eligió cuidadosamente sus episodios de violencia reivindicativa, que coincidían, qué curioso, con los mandatos de Aznar pero nunca con los de González o Zapatero. Esa bipolaridad de conveniencia ha calado subliminalmente en la idiosincrasia de nuestro hombre de negocios, sin una voz potente en Madrid ni un discurso desacomplejado que ponga a cada uno en su lugar y exija una culminación no ya idílica sino de mínimos del mapa de infraestructuras y recursos imprescindibles para que esta tierra funcione. Andalucía siempre será Andalucía si bajo el acento nuestro interlocutor no vislumbra un poso de cordura, creatividad, inteligencia, profesionalidad y audacia.

Por eso un 15-M. No una convención multitudinaria de mensajes recurrentes, no otra escena de abrazos con letra pequeña, guiños a los fieles y peticiones ya conocidas y suficientemente divulgadas. No. Una acampada de principios nuevos y nuevas vías, una apuesta inequívoca por la cantera, un ataque al rol malévolo que, como dice el propio Santiago Herrero, la sociedad ha endosado al empresario. Esta crisis se desmonta con imaginación y valentía, con ejemplos opuestos al de Delphi, con argumentos que callen bocas e inviten al tejido circundante a trabajar igual de duro que tú. Un puñado de adelantados ya ha mostrado el camino. Urge construir una segunda línea de compañías viables, plásticas y competitivas dispuestas a partirse la cara en la selva sin piedad de la excelencia [advertencia: abrir la enésima tienda de bicicletas aprovechando el boom del carril bici no es precisamente la idea].

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Entrevista a Herrero (versión extendida)

Fede Durán | 29 de junio de 2011 a las 14:02

“Hemos generado ilusión y expectativas”. Santiago Herrero, presidente de la CEA, se refiere a la “multitudinaria” convención que mañana celebran los empresarios andaluces en Fibes para darse un empujoncito moral y trasladar sus quejas y mensajes al Gobierno por si esta vez cuela.

-¿De verdad puede usted vender ilusión con la que está cayendo?

-Uno de nuestros objetivos es el rearme anímico del mundo empresarial. Tenemos que convencernos de nuestra importancia y de que la solución a la crisis está en nuestras manos. Hay dos palabras clave en economía: ilusión y confianza. Cuando haya un plan que genere ilusión y esperanza en el futuro, se habrá dado un paso enorme para remontar.

-La patronal ha transmitido mensajes como ése a través de miles de foros. ¿Qué utilidad tiene la convención?

-Como cualquier manifestación pública numerosa, hará ver que detrás hay gente con mucho peso, gente que representa una parte importante del PIB autonómico. El Gobierno tiene que decidir si nos hace caso.

-¿Van a pedir algo nuevo?

-Si la empresa es la solución, queremos aligerar el peso procedimental en las administraciones, seguridad jurídica y procesos de adaptación a los mercados en todos los aspectos, incluidos los laborales. Todo esto resulta tan obvio que uno no sabe cómo no se han enterado otros.

-¿Ha invitado a los sindicatos?

-Sí, pero no tenemos confirmación de asistencia. Los políticos no vendrán porque el acto coincide con el Debate del estado de la Comunidad.

-Es obvio que los agentes sociales no se llevan demasiado bien en estos tiempos. ¿Le parece a usted que sus relaciones se plantean en términos equitativos cuando el empresario, que es quien crea empleo, debería tener más voz que los sindicatos?

-Evidentemente. Hay situaciones en las que, por una cultura heredada de la transición, se busca un equilibrio institucional entre empresarios y sindicatos. Puede que incluso haya casos en los que se pueda pensar que los sindicatos tengan más voz que nosotros. El diálogo es bueno, pero algunas veces el contrario no puede dar lo que el país necesita. Y ahora son los sindicatos los que no lo dan. Para eso están los gobiernos, para desempatar.

-Lo malo es que les ha tocado un ministro sindicalista.

-El problema no es cómo sea el ministro [risas].

-No estarán los políticos, nada se sabe de los sindicatos… pero Rosell, su rival en las pasadas elecciones a la CEOE, clausura la superreunión y le echa de paso un cable mediático, ¿no? -La patronal es una organización de intereses, y ahora toca estar hombro con hombro en la defensa de esos intereses. Esta unidad no ha significado ni significará nunca identidad. En la medida en que me sienta identificado con la actuación de Rosell, y ahora lo estoy, colaboraré estrechamente. Cuando no, opinaré con libertad lo que pienso.

-Da la sensación de que Andalucía pesa cero.

-Yo siento el peso de ese 37% de empresarios que me apoyó en las elecciones de la CEOE. No siento que ni yo ni la CEA tengamos una falta de peso que sí padece la región. Otras comunidades autónomas consiguen que sus opiniones sean ley y aquí opinamos sobre la ley para no equivocarnos.

-¿Detecta usted la aparición de nuevos empresarios, de jóvenes innovadores que puedan darle vidilla al enfermo?

-Se crean unas 1.000 sociedades al mes, las mismas que hace 15 años, y las que se crean no suelen tener sentido industrial ni tecnológico. Hay excepciones, claro, pero no veo a un número suficiente de jóvenes dedicados a crear empresas porque carecen de un referente. La sociedad fustiga y denuesta al empresario, y la juventud prefiere dedicarse al deporte o la cultura.

-Tampoco existe el tejido auxiliar necesario para hacer viables los proyectos más ambiciosos.

-No es lo mismo vivir en Hamburgo o Rotterdam que en la periferia de Europa. Pero tenemos futuro, ahí está en sector aeronáutico.

-Y ahí está Visteon.

-Pero es que las empresas son elementos vivos que tienen crecimientos vegetativos y acaban extinguiéndose. Lo importante es que la tasa de creación de sociedades absorba esos fallecimientos. No tiene sentido mantener articifialmente empresas y puestos de trabajo.

Hasta aquí lo publicado en la edición impresa, pero Herrero también habló de su decepción por el desenlace de la reforma de la negociación colectiva, criticó la nula incidencia de los retoques laborales introducidos por el Gobierno el verano pasado (“éste no es un problema de equilibrio sino de suficiencia… se trata de saber si la medida es suficiente respecto a la necesidad”) y lamentó los intrincados trayectos normativos que, de hecho, impiden a la empresa ejercer su actividad (“la cultura de este país considera al administrado un infractor en potencia, así que la norma debe ser lo más precisa posible para evitar las infracciones… en consecuencia, la norma no se puede aplicar. Un ejemplo: todos los decretos de fomento de empleo crean un tipo de contrato. Te lees los primeros artículos y están bien, pero a partir del cuatro hay restricciones. Cuando acabas la lectura, te das cuenta de que los cinco últimos han hecho inviables los tres primeros”).

Reflexiones:

Herrero es una persona demasiado entrevistada, y ello implica la repetición del discurso y la dificultad de arrancarle titulares. La culpa, más que suya, es nuestra. Yo optaría por restringir las apariciones de los más recurrentes en Andalucía para evitarle siestas innecesarias al lector.

Otro mal común a las figuras de nuestra actualidad económica es el encorsetamiento del discurso. La espontaneidad no es una opción en esta cultura de frases celosamente medidas y odios fácilmente inflamables.

Respecto a la convención, dudo de su utilidad porque supondrá una movilización más o menos dolorosa de recursos, no calará en gobiernos y sindicatos y pasará absolutamente desapercibida para el común de los mortales ajenos al aparato.

Echo muchísimo de menos, asimismo, que la vieja guardia deje paulatinamente paso a nuevos valores. Está muy bien que Herrero se rodee de personas veteranas y de confianza, pero el empresariado andaluz necesita transmitir al resto del país la existencia de esta tercera vía. Aquí hay gente joven, brillante y con ideas y modelos de negocio dignos del mejor de los emporios. Su visibilidad ayudaría a desmontar la tan española política del prejuicio.

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El camaleón

Fede Durán | 23 de diciembre de 2010 a las 15:04

JOAN Rosell nació Juan, catalanizó su nombre durante el largo mandato firmado en Foment del Treball (desde 1995 hasta hoy) y procuró, como hizo el martes, castellanizarse de nuevo cada vez que abandonaba las fronteras de su comunidad para mezclar pistas en el abigarrado escenario nacional. Semejante bipolaridad nominal revela dos verdades: una naturaleza camaleónica y a la vez ambivalente. Que mute de piel no es malo: Rato y Piqué fueron rojetes antes que conservadores; Mussolini socialista antes que fascista; Sabino Arana nacionalista antes que (ya en su lecho de muerte) españolista.

La ambivalencia, que implica la coexistencia de dos sentimientos opuestos, sí parece un problema. Sobre todo cuando su flamante presidencia de la CEOE pudiera ser también flamígera al deberle gran parte del éxito al respaldo decisivo de CEIM, la patronal madrileña que comanda Arturo Fernández, inminente vicepresidente primero de don Joan/Juan. Flamígera porque Madrid y Cataluña se entienden a trompicones, pero también porque ese presunto eje de poder casa mal con los guiños recientes de Rosell al programa de CiU y porque, cuando dos gigantes económicos se unen, Andalucía, la otra gran región sino por pasta sí por población, queda definitivamente marginada en la eterna faja de su Sierra Morena.

Quedémonos con su pellejo de colores. El patrono de patronos ha bebido de muchas aguas políticas y, como el conde de Montecristo, ha diversificado tanto que su biografía ideológica es de difícil reconstrucción. Esa nebulosa es una ventaja para trabajar en varios frentes a la vez e intentar contentar a la familia empresarial española sin despojarse, ya en Cataluña y firmando Joan, de las palmaditas encriptadas a la tribu convergente e identitaria. Entretanto, Santiago Herrero tendrá que negociar su encaje en el organigrama de la CEOE. Por cuotas territoriales, debería corresponderle una de las nueve vicepresidencias. Siempre que Rosell esté dispuesto a olvidar los reproches que le llovieron en campaña.

Un aspirante alérgico a su aspiración

Fede Durán | 14 de enero de 2010 a las 11:55

Dice el refrán que todo río ruidoso va cargado de agua. O no. Joan Rosell (Barcelona, 1957) es catedrático en el arte del despiste. Líder de Fomento del Trabajo, la patronal catalana, su nombre sonó en la disputa de la presidencia de la CEOE a Díaz Ferrán en 2007 y suena de nuevo ahora, cuando pintan bastos para el gran patrono por la debacle de Air Comet y varios despropósitos más. Su background es más empresarial que el del otro habitual en las quinielas, Santiago Herrero (CEA): ha sido director general de Juguetes Congost (1983-1992) y presidente de Enher (1996-1999) y Fecsa (1999-2002). La experiencia en lo privado no le niega cierta habilidad en lo público: su nombre se ha asociado cíclicamente casi a cualquier opción política, desde el PP hasta CiU, circunstancia que como mínimo le otorga una pátina de equidistancia –o de maquiavélica inteligencia, según se mire–.

Oficialmente, Rosell, nieto de un militante de Esquerra Republicana, descarta entrar en la batalla sucesoria. Ayer mismo rompió una lanza a favor de Díaz Ferrán. Sin papeles ni grabadoras de por medio, la cosa cambia. Siempre ha aspirado a algo más. Madrid sería un reto. Otra liga. Y una situación novedosa para la CEOE, donde por primera vez una figura muy identificada con el territorio del que proviene aportaría su gestión –y su visión– a un escenario mayor y más complejo. Su catalanidad –concepto no exactamente sinónimo del catalanismo que promovió Maragall– es a la vez una ventaja y un pasivo en la siempre recelosa España, adicta al debate maniqueo.

Lector voraz, su biblioteca supera los 6.000 libros. Además, ha escrito otros cuatro –el último, publicado en 2008, sobre el futuro de la energía tras el reinado del petróleo–. Tenista y futbolero, se desmarca del golf pese a acreditar un buen hándicap. Admira a Friedman y Hayek. Trabajó como periodista. Se presentó a las autonómicas de 1980 con un partido fugaz, Solitaritat Catalana, del que fue promotor y con el que no cazó escaños. En alguna ocasión ha tanteado incluso la posibilidad de presidir el Barça cuando se marche Laporta. Todoterreno sería sin duda su horma definitoria.

El suyo es un juego de lealtades. Con Díaz Ferrán logró una de las 21 vicepresidencias de la CEOE, Estrategia y Estatutos, escalafón al que nunca pudo optar cuando Cuevas disponía. No moverá ficha. Salvo que el jefe caiga por su propio peso. Entonces se abrirá un escenario imprevisible. Herrero toma posiciones más por delegación de Díaz Ferrán que por expreso deseo. Arturo Fernández, su homólogo en Madrid, y José Luis Feito, cerebro económico de la patronal, agrandan las especulaciones. Y Jesús Bárcenas, presidente de Cepyme y hasta hace unas semanas virtualmente defenestrado, quizás tenga algo que decir.

¿Debe dimitir Díaz Ferrán?

Fede Durán | 28 de diciembre de 2009 a las 20:28

Gerardo Díaz Ferrán es un empresario puro y duro, y eso ya lo diferencia de su antecesor, José María Cuevas, o de uno de sus potenciales sucesores, Santiago Herrero. Como tal, ha cosechado éxitos y derrotas. La más dolorosa, y sin duda la más incompatible con su cargo de presidente de la patronal, ha sido el cierre de Air Comet. Entre sus méritos, el emporio del Grupo Marsans, creado en Barcelona en 1910 con las limitaciones crematísticas y espirituales de la época, pero en trayectoria ascendente (unos 12.000 empleados sin descontar los 650 de la aerolínea) hasta el pasado 22 de diciembre. Díaz Ferrán, copropietario del conglomerado, también supo arriesgar: en octubre de 2001, asumió, a través del combo Spanair-Air Comet, la gestión de Aerolíneas Argentinas, un caramelo envenenado por la deuda primero y la expropiación del Gobierno de los Kirchner después. El grupo aún espera una compensación –se habla de 400 millones– por la pérdida de la compañía. Si hubiera llegado ya, quizás otro gallo habría cantado su suerte.

El problema es que el terreno de los hechos convive con el de los símbolos. Y más cuando uno tiene un puesto ejecutivo. Díaz Ferrán eligió una frase fatal para alimentar a sus detractores: “Yo no habría volado con Air Comet”. Un error de principiante que le resta credibilidad aunque la legitimidad se la den y quiten los empresarios. Ninguno de ellos es, por cierto, infalible. Un negocio es siempre una ruleta rusa. Y tiene mérito asumir el reto. Pero el jefe de la CEOE debía saber dónde se metía. Fíjense en el contexto: la negociación colectiva para los tres próximos años (incluido este gris 2009) no está cerrada. El diálogo social gripó hace tiempo. La patronal plantea un contrato específico anticrisis con menor indemnización para el trabajador despedido. Cajamadrid abre un expediente sancionador a Díaz Ferrán por sus deudas. Éste pone su cargo a disposición de la patronal de una manera tibia y en un momento tramposo (aún se ignoraba el desenlace de Air Comet). Trasciende asimismo la posible venta de Trapsa, su compañía de transporte por carretera, por el tono ya demasiado rojo de sus números ídem. ¿No parece como mínimo razonable la idea de la dimisión?