Culebrón G-20 (II parte)
Perdonen que me ponga tan tiquismiquis, pero es que no acabo de enterarme. Al final Francia nos presta una silla en la cumbre de Washigton (es decir, técnica y literalmente vamos de prestados), Zapatero disfruta de esa triple sesión fotográfica prevista por los organizadores (que no son curiosamente los ministerios de Economía de los países convocados sino los de Exteriores), cuelga un retrato de familia en Moncloa y supongo que le limpia las botas (con tacón) a Sarko para agradecerle el favor. ¿Por qué vamos? ¿Ahora sí somos los octavos del universo? ¿No éramos anteayer los duodécimos? Bueno, vale, estaremos ahí y no hay mucho más que añadir.
Quiero suponer que la relevancia de la presencia española, más que en los ojos de su líder o en el ya fiambre modelo ladrillescoespeculador, está en la robustez, siempre presunta, de nuestro sistema financiero, es decir, de nuestros banqueros… aunque no sé por qué uso un posesivo cuando estos tíos son en verdad dueños del destino de todo hijo de vecino.
¿Van a decidir algo? Miren la agenda y obtendrán la respuesta: dos sesiones de hora y media, tres horas para darle al capitalismo un lavado de cara que ni la madre que lo parió… Menudo farol de supercumbre comparada con la de Bretton Woods, que tampoco es que fuera la repanocha pero al menos garantizó el porvenir yanqui durante décadas. Bueno, a lo que iba: ¿Qué pinta España? Es decir, ¿nos convidan una vez a comer canapés y no se nos vuelve a ver el pelo o este apaño encierra vocación de permanencia? ¿Renombrarán al G-20 G-21? ¿O al G-8 G-9? ¿Estamos hablando de economía o de una partida al Hundir La Flota?
Me intriga también esta repentina amabilidad gabacha. ¿Pero estos señores no han procurado siempre que han podido darnos por delante y por detrás? ¿Se trata de un guiño sarkozyano a la sangre medio hispana de la bella y valiente Cecilia? No, si al final va a resultar que ZP se parece al estadista campeón que cree ser. Después de la Eurocopa me creo lo que sea.

