Archivos para el tag ‘Valderas’

1994-1996: la pinza

Fede Durán | 20 de mayo de 2012 a las 19:10

La política fabrica extraños compañeros de cama. Un buen ejemplo fue la II República, presidida en 1931 por el hijo de un terrateniente (Niceto Alcalá Zamora), gestionada por un liberal en el buen sentido del término (Manuel Azaña) y completada con un collage de ministros de todos los colores (Miguel Maura, Francisco Largo Caballero) que fue aún mayor durante el gobierno provisional de un año antes (Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Lluís Nicolau d’Olwer). Salvando las enormes distancias y reduciendo la escala nacional a la autonómica, Andalucía se topó con un retrato parecido tras los comicios de 1994. Manuel Chaves había ganado su segunda cita electoral con 1.395.131 votos, unos 150.000 más que el PP de Javier Arenas. En escaños, la diferencia era mínima: 45 contra 41. En una cámara con 109, la mayoría absoluta está en 55, lejos, muy lejos de aquél lanzamiento de jabalina. De la mano de Luis Carlos Rejón y con sus mejores resultados bajo el brazo (20 diputados), IU se iba a convertir en el actor esencial de una película que duraría menos de dos años y produciría uno de los títulos más recordados de la trama autonómica andaluza: la Legislatura de la Pinza, un thriller que aún genera preguntas. ¿Hubo verdadera sintonía entre Arenas y Rejón? ¿Qué papel jugó desde Madrid Felipe González? ¿Y Julio Anguita? ¿Cómo recuerda el propio Chaves aquel bienio frenético, plagado de reprobaciones y debates a cara de perro?

Versión A (Rejón). El domingo 12 de junio de 1994, pasada la medianoche y completado el escrutinio, el ex presidente de la Junta supo perfectamente cuál sería su primera llamada telefónica. Necesitaba el respaldo de Izquierda Unida y estaba dispuesto a ser generoso. Pensaba en un gobierno de coalición parecido al actual y con un papel aún más protagonista para la federación de Izquierdas. Chaves convocó a Rejón una semana después. Su oferta era, en términos de poder, mareante: la vicepresidencia que hoy ocupa Diego Valderas y cuatro consejerías. Rejón sonrió, pero no dio el sí. Su respuesta estaba condicionada por un contexto políticamente salvaje. Era la época de los GAL, de Luis Roldán, de Juan Guerra, de la hemorragia de Santana Motor. IU no quería poder sino programa. El tardofelipismo había sido una de sus banderas de batalla y no estaba dispuesta a empeñarla. “Recuerdo perfectamente que le pregunté a Manolo por los contenidos y él me contestó que la gobernabilidad era para el PSOE, que si pensaba que una parte de nuestras recetas era aplicable estaba totalmente equivocado”, relata Rejón.

Versión B (Chaves). Nunca existió oferta alguna a Rejón e IU. En la federación triunfaba la teoría del sorpasso. Izquierda Unida vivía sus mejores momentos en Madrid y Sevilla. Rebasar al PSOE era sólo cuestión de tiempo y de un matrimonio de conveniencia celebrado discretamente entre José María Aznar y Julio Anguita bajo el mecenazgo de Pedro J. Ramírez. Los contactos con Rejón se limitaron a un frustrado intento de cerrar los presupuestos de la comunidad para 1995 (al final, se acabarían prorrogando los de 1994).

Reconstrucción del resto de la historia. Chaves calibró desde el inicio la verdadera dimensión del problema. Era consciente de que el mandato sería bacheado, sabía que habría que negociar párrafo a párrafo cada texto legal, cada iniciativa o designación. ¿Imaginar una entente Arenas-Rejón era ir demasiado lejos? Quizás, sobre todo si se atiende a los primeros pasos en sede parlamentaria, donde IU optó por el voto nulo para permitir la elección de Manuel Chaves como presidente.

Previamente había llegado la primera gran pista de lo que se cocinaría después: Valderas lograba la Presidencia de la Cámara regional con el ok del PA de Pedro Pacheco… y del PP-A. “¿Que por qué nos apoyaron? Eso habría que preguntárselo a Arenas”, dice Rejón. Antes incluso de ese nombramiento, IU y PP habían acercado posturas. Aunque el entonces secretario general de los populares andaluces, Juan Ojeda, desmienta “que se firmara documento alguno”, Rejón confirma lo contrario. “Eran un par de folios que Arenas y yo firmamos en una sala de comisiones y lo único que contemplaba era una apuesta por la regeneración democrática y un respeto de las proporciones en los organismos públicos y parlamentarios”. La leyenda en torno a ese par de folios -el mal llamado pacto del Hotel Inglaterra- creció exageradamente. Se habló de un gobierno en la sombra, de una especie de gabinete en el exilio de la oposición, pero las alianzas fueron “todas de forma, jamás de fondo”, según Rejón. Chaves admite que no llegó a leer el documento misterioso, pero difiere de su ex rival: “Contenía muchísimos puntos que desde luego iban más allá de las formas”. Pacheco, convidado de piedra en la legislatura con sus tres escaños, considera simple y llanamente que “PP e IU tendrían que haber formado un Ejecutivo de coalición”. “Había un acuerdo de cooperación cooperativa”, zanja Ojeda. “Fue un ejemplo de tolerancia”, concluye Rejón.

El socialismo andaluz leyó una seria advertencia en esa doble rúbrica. Chaves se reafirmó en su convicción de que tendría que picar piedra para garantizar la paz. Los problemas no se limitaban al frente externo de la entente, también eran intestinos. “El presidente estaba en una situación de extrema debilidad -analiza Ojeda- porque en su grupo parlamentario mandaban los guerristas (Enrique Linde, Antonio María Claret). Pero fue listo: recuperó a Zarrías, a Pizarro y a Ceballos y reconquistó el poder en el partido”.

Para contentar a Arenas, Chaves disponía de una buena carta: la elección del sustituto de Manuel Melero al frente de la Radio Televisión Andaluza (RTVA). Entre bambalinas, además, Gaspar Zarrías y Luis Planas (rescatado actualmente por Griñán como consejero de Agricultura) eran los hombres encargados de garantizar, junto a Ojeda, la estabilidad de los puentes, del entendimiento forzoso, de la negociación a hurtadillas. Con Rejón no era tan sencillo. Chaves quería incluirlo también en el debate y posterior pacto sobre el nuevo director de la RTVA, pero necesitaba más fuegos artificiales. Y la deuda histórica era un pastel de incalculable valor teniendo en cuenta que la cuantía que se fijase en Andalucía sería avalada sin demasiadas pegas por el Gobierno amigo de Madrid.

El asunto número uno (RTVA) parecía encaminado. Juan Teba, “un señor aparentemente cercano al PSOE” a juicio de Rejón, era el hombre del consenso. Pero no. “Iba de viaje en tren a Bilbao y me enteré por los medios de comunicación de que finalmente PP y PSOE habían optado por otra persona”, señala el ex dirigente de IU. Esa persona era Joaquín Marín Alarcón. La federación recibía así el primer bofetón.

El asunto número dos (deuda histórica) era más complejo. Chaves y Rejón pretendían incluir la cuantía en los presupuestos de 1995, aquellos que nunca se aprobarían, y le dedicaron muchas tardes al cálculo. De nuevo, las posturas parecían cercanas. Se habló de 51.000 millones de las antiguas pesetas (más de 300 millones de euros), y Rejón creyó cobrada la pieza. Pero tampoco. “Felipe González jodió toda la vida política andaluza -lamenta-. Jodió el acuerdo en RTVA y jodió la deuda histórica, cuya cifra yo ya había firmado con Chaves. Manolo me llamó y me dijo que le habían tumbado el pacto en Madrid, que Felipe decía que ninguna comunidad autónoma le iba a marcar las cuentas públicas. A él no le interesaba mantener relaciones con IU”.

Chaves, otra vez, difiere: “Nunca nos comprometimos con cifra alguna. Es cierto que barajamos los 51.000 millones, pero yo tenía que ver a Felipe y a Solbes, que entonces era ministro de Economía, para tomar la decisión final. Y Pedro decía que era mucho dinero, demasiado. Rejón tenía el listón reivindicativo tan alto que parecía que no quería alcanzar ningún acuerdo”.

Desde entonces, la fractura fue absoluta. El Parlamento se convirtió en un hervidero. La tensión podía masticarse como un chicle. Los socialistas eran como Ali antes de irse a la lona por primera vez en aquel combate fatal contra Frazier: creyeron tanto en su dominio que no estaban preparados para cambiar el alma de punisher por la de un simple fajador. “La pinza nos sorprendió por la actitud infantil de Arenas y Rejón, que jugaban al gato y al ratón con Chaves. Siempre ganaba la pinza, y nosotros a veces nos uníamos, pero hubo un exceso de bronca, las sesiones eran interminables y estaban repletas de reprobaciones a todos los consejeros”, visualiza Pacheco.

Arenas se frotaba las manos. Era un escenario idóneo para salir reforzado. La agonía de Chaves podía convertirse en el prólogo de su primera y enorme victoria. Aznar asentía en la distancia. ¿Y Anguita? “Julio siempre me daba su opinión, siempre, y coincidían con las mías en el 95% de los casos, pero yo me sentí siempre totalmente libre”, subraya Rejón. “Nunca se planteó un Gobierno de coalición con Arenas. Nunca. Aunque hubo gente en mi partido que en los sótanos del Hotel Los Lebreros (nuestro lugar habitual de reunión) me pedía mociones de censura con candidatos a la Presidencia de la Junta ajenos al Parlamento. Tuve que frenar varios intentos en esa dirección. Y lo curioso es que muchos de los defensores de esas mociones aplauden ahora la alianza entre PSOE e IU”.

A finales del 95, transcurrido apenas año y medio de mandato, estalló la bomba (ver apoyo). Se debatían los presupuestos para el ejercicio siguiente y Chaves no estaba dispuesto a prorrogar por segunda vez los de 1994 “por razones de higiene democrática”. Si las negociaciones fracasaban, adelantaría las elecciones. Ojeda y Arenas habían lanzado una tímida oferta: respaldarían las cuentas de la Junta si el Gobierno accedía a anticipar la cita con las urnas en una fecha distinta a las generales. Chaves no tragó. Y sonó la campana del final de clase.

Aquella andadura contrasta con un presente donde Griñán y Valderas se abrazan y se quieren (por ahora). Pacheco vaticina una “ruptura traumática” en menos que canta un gallo. Ojeda opina que “los desencuentros y la bisoñez de IU en el ejercicio del poder no van a ser suficientes para acabar con este Ejecutivo”. Rejón advierte que “IU puede destrozarse internamente si la gente no percibe un giro a la izquierda en las políticas de la Junta”. Y Chaves confiesa que “las experiencias del PSOE con IU no han sido muy buenas en el pasado”. Caducó el sorpasso, se retiraron Aznar, González y Anguita, y sigue Valderas, que fue siempre propacto, también durante el pinzarato. Arenas dormita amortizado en el sillón de la oposición, así que todo encaja. Pero de aquellos lodos brotan valiosas lecciones, y la principal es que los viejos amores se enfrían pero no necesariamente mueren.

Arenas-Griñán: Matrimonio de conveniencia

Fede Durán | 2 de abril de 2012 a las 18:58

Tres son los escenarios posibles tras el 25-M en Andalucía.

  • Escenario nº 1: PSOE (47 escaños) e IU (12) pactan un programa de gobierno con la inclusión o no de la federación de izquierdas en la trama ejecutiva de La Junta y el desempeño de distintas funciones de extracción parlamentaria.
  • Escenario nº 2: los arriba firmantes no firman nada y dejan al PP (50 escaños) gobernar con su frágil minoría en una legislatura de tintes muy previsibles: o acaba con una moción de censura a Arenas o cierra con un adelanto electoral.
  • Escenario nº 3: PP y PSOE hacen de tripas corazón y cierran una alianza a la alemana, entre gigantes, para reconducir los destinos de Andalucía en su peor crisis reciente.

Descartemos del tirón la segunda opción y aceptemos que la primera es indudablemente la más factible. Unos y otros ya negocian el reparto de poderes con un difícil punto de encuentro: al PSOE se le exigen (se las exige la ortodoxia económica y presupuestaria, pero también Madrid, Bruselas y los mercados) acciones minimalistas (austeridad), mientras IU enarbola un programa maximalista donde se mantienen o mejoran los servicios sociales, se amplían las prestaciones a los parados, se exige recuperar el poder adquisitivo del funcionariado y se prevén ayudas a la vivienda como las que el gabinete de Rajoy acaba de descartar en sus Presupuestos Generales provisionales. Es muy probable que haya fricciones, malentendidos y hasta amenazas. Y no es descabellado pensar que el proceso se ralentice o incluso de congele, empujando las circunstancias a contemplar ese escenario número tres que casi cualquier andaluz consideraría a priori de ciencia-ficción. ¿Qué ocurriría si el equipo de Griñán llega a ese extremo?

Ocurriría algo muy improbable en la política española, pero no del todo imposible: una entente PSOE/PP donde el esfuerzo por dejar de lado las rencillas debería ser mutuo y colosal. Es complicado, claro: ¿Qué hacemos entonces con la trama de los ERE? O, mejor aún, ¿Quién gestiona la Consejería de Empleo? ¿Se picarían archivos documentales como en el caso Enron (si es que tales archivos existen y son comprometedores)? ¿Habría micros en los despachos rivales? ¿Infiltrados, traidores? Sólo el mejor Graham Greene sería capaz de firmar esa novela. Si, pese a todo, Griñán y Arenas compartiesen mesa, se tanteasen y negociaran, trasladarían al ciudadano un mensaje tan bello como inusual: que el sentido de la responsabilidad pesa más que las siglas, el ejercicio del poder y los discursos más o menos enemigos. Un Ejecutivo de concentración en la comunidad más poblada de España quizás sirviese de ejemplo para otros compañeros de la política, quizás rompiese moldes, quizás encontrase, con la excusa de las distintas sensibilidades, una fisura en este modelo de recuperación impuesto desde Alemania que nos conduce inexorablemente al suicidio.

No, yo no me creo el escenario nº 3. Aunque si llegase, me alegraría. Sería la primera vez que un par de dirigentes de este país consiguen sorprenderme (en positivo, se entiende) de verdad. Por no hablar de las dosis de emoción inherentes a esa alianza. Novela negra ibérica. Transtorno bipolar. Un portavoz del PP hablando en nombre de los socialistas, o viceversa. Grande.

Valderas no está solo. Tiene a sus filosóficamente afines (Torrijos, Vaquero), gente dispuesta a llevarse bien con Griñán y a gestionar alguna consejería. Pero también convive con sus termitas, con sus tenias (Sánchez Gordillo, Alcaraz), sectores de IU que no le pondrán fácil la butaca y la purpurina. Leo los primeros titulares sobre los contactos entre ambos bandos y proyecto en mi mente los rostros contraídos de la parte socialista, el esfuerzo, el terror, el hastío que les aguarda. Que venga Greene, lo vea y nos escriba una alternativa desde el más allá. Su novela sería un best-seller.

@fede_duran

Reflexiones tras el 25M

Fede Durán | 27 de marzo de 2012 a las 18:02

Empiezo por el PP. Arenas lo tenía todo a favor, más incluso que en 1996, y su pírrica victoria debe empujar al partido a la autocrítica. Si pese a la marea de los ERE y la fractura del PSOE-A no han sido capaces de arrasar, si pese a 30 años de sultanato socialista los muros de esa hegemonía siguen en pie, el problema quizás haya estado en el líder de ese proyecto alternativo de la derecha y, por supuesto, en el equipo gris del que ha decidido rodearse. Ya lo dije antes de la campaña: Arenas no cae bien. Tiene enemigos incluso en sus círculos ideológicos más cercanos. Y adolece de un problema de comunicación, de conexión con el electorado andaluz. Una cosa es que alguien te dé la mano en un acto de campaña y otra bien distinta que comulgue con tus formas, tu discurso y tu modelo de país. El PP, en mi opinión, ha abusado de la guerra de guerrillas, de la agresividad, de las acusaciones indiscriminadas (y por lo tanto a veces temerarias o directamente injustas) vía rueda de prensa. Ha optado por la deconstrucción, por rehuir la fuerza del debate parlamentario, por blandir la espada en vez del programa. Y ha atacado a la Junta no sólo donde tenía razón (los ERE, Mercasevilla, la endogamia, el ejercicio desmedido del poder, el imperio del carnet) sino también donde aquella lo ha hecho más o menos bien (la sanidad pública andaluza es un buen ejemplo, como también lo es, a menos escala, la reutilización racional de San Telmo).

La soberbia ha sido otro error de bulto. Arenas hablaba como presidente de una butaca que ya nunca catará. Su destino está en Madrid, tal vez cuando Rajoy acometa su primera remodelación gubernamental, y lo lógico sería que Antonio Sanz le acompañe como Zarrías acompañó a Chaves. Al PP-A se le presenta un serio marrón a corto/medio plazo. Necesitan un líder sólido, brillante y más próximo al votante de centro (al que definiremos como aquel que elige indistintamente rojo o azul en función de los méritos de unos y otros en la gestión). A ser posible, el candidato a sucesor debería ser ajeno al equipo de Arenas. El PP-A necesita repensarse. Justo lo que muchos creían que necesitaría más bien el PSOE-A.

 

Sigo con Griñán. El hombre ha perdido. Y es la primera vez que ocurre en Andalucía. Lo de la fiesta, la tarta y los abrazos sobraba. La alegría del derrotado al que salvará una coalición siempre debe ser más comedida. Qué curioso que los bloques ideológicos importen cuando interesa pero conduzcan al desprecio sistemático si media una mayoría absoluta. El presidente en funciones tiene ahora la oportunidad de rectificar, de aprender de sus fallos. Ha de trasladar a la gente que la corrupción industrial de anteriores legislaturas no es en absoluto tolerable. Ha de entender que él mismo no es infalible, que no es el mejor, que en su mano está devolverle al partido parte del prestigio sepultado tras tres décadas de soliloquios y más de un exceso, que Andalucía debe enterrar la parida de las modernizaciones y centrarse de veras en mejorar comparativamente, porque el entorno nunca ha dejado de superarnos, porque las diferencias con España siguen siendo las mismas que en 1982. ¿Por qué no busca el verdadero talento, por qué no se fija en personajes independientes que ventilen la gran habitación hedionda de la Junta? De los Ojeda, López y Marín Rite a la plantilla actual se detecta una involución intelectual que asusta y apena.

Luego está Valderas, que tiene cara de consejero aunque Sánchez Gordillo insista en que la federación jamás debería mezclarse con el Ejecutivo autonómico sino pactar políticas que implementen otros con cariño de padre bajo amenaza de dejarles en minoría. No tengo claro que IU haya progresado tanto por sus méritos como por las torpezas en serie del PSOE. El votante de izquierdas que no quería mancharse con una papeleta al socialismo menos prestigioso de la historia ha preferido cerrar los ojos y prestarle su apoyo a Valderas y compañía, evitando así el otro escenario indeseado, que era una victoria del PP y un rodillo azul en esta España de paro y crisis. Veremos cómo combinan estos chicos el obligatorio realismo del gobernante (o del socio del gobernante) con un programa político que mezcla opciones muy respetables (código ético, gravamen a los pisos vacíos, nueva ley electoral) con otras pelín utópicas o apolilladas (III República, legalización del cannabis, banco público de tierras).

UpyD ha decepcionado. Igual que Equo. Por no hablar del PA, cuya desaparición ya sólo parece cuestión de (poco) tiempo. Es una lástima que el Parlamento andaluz recoja, por segunda legislatura consecutiva, tan poca variedad de siglas y colores. UpyD: De la Herrán era un aspirante de escasísimo perfil mediático. Equo: De Manuel es un tipo solvente y de ideas claras, pero debe aprender algunos trucos del oficio político que le hagan parecer menos cándido. PA: Gónzalez es la mejor dirigente que han tenido en lustros, pero la única figura capaz de sostener por sí sola a un partido en España es Rosa Díez.

Mención final para los propios andaluces, entre los que obviamente me incluyo. Me preocupa que la corrupción no haya calado, que se dé una imagen de inmovilismo electoral, que se permita al mismo partido sumar 34 años ininterrumpidos en el poder sin más castigo que el de un gobierno en minoría. Me preocupa, igualmente, que el PP no haya sido capaz en todo este tiempo de crear una alternativa atractiva, de vender una imagen menos rancia y previsible, de ofrecer algo de esperanza. El votante no es estúpido, y ha trasladado un mensaje claro tras el 25M: no nos gusta este PSOE, pero tampoco este PP. Griñán, muy posiblemente, ha minimizado su caída gracias a esas centurias de paniaguados sabiamente adiestrados a lo largo de nuestra breve democracia autonómica, pero también gracias al sanguinolento planteamiento de un Arenas conservador y poco creativo.

Andalucía requiere soluciones que nadie en su arco parlamentario puede ofrecerle. Ése es el verdadero drama. Y se prolongará unos años más, cuando menos. En ese lapso, el reto será que esta sociedad no quede todavía más derruida, que los jóvenes no hagan el petate, que los emprendedores no renieguen o se rindan, que los mantenidos espabilen, que los preparados den un paso al frente y conquisten esa parcela huérfana de talento de nuestra clase política. El 25M era una gran oportunidad de advertir a todos los que mandan. Me temo que nadie se haya sentido aludido. Si es que esa advertencia se ha lanzado.

@fede_duran

Guía breve del 25-M

Fede Durán | 9 de marzo de 2012 a las 10:39

Se abre el telón y sobre el parqué aparecen las siguientes referencias: novenas elecciones andaluzas; azul contra rojo; opciones reales de cambio; tercera vez, tras 1982 y 1990, en que la comunidad vota por separado, sin la pegatina de unas nacionales; 15 días de promesas improbables y una guinda en forma de escrutinio la noche del 25-M. A continuación, un resumen de las claves que marcarán la partida.

A de Arenas. O de abstención. O de Mercedes Alaya. En cualquier caso, triple A. El candidato del PP, tres veces derrotado por Chaves, no se verá en otra igual. Todos los sondeos le dan la victoria. El CIS, en el último, sitúa la distancia con los socialistas en 7,2 puntos. En las generales la brecha fue de nueve. Arenas no cae bien. Su equipo tampoco parece especialmente brillante. Pero Andalucía es el último gran dormitorio sin ventilar del Estado autonómico. Hasta Cataluña, Galicia y el País Vasco, las otras históricas, conocen ya el término alternancia. Respecto a la abstención, un dato: es mayor cuando los comicios se celebran separadamente. La peor marca, de hecho, en 1990 (44,66%). La juez Alaya también pesa: esta semana toma declaración al ex director general de Empleo, Francisco Javier Guerrero (ERE gate). En breve comparecerá su polémico chófer. Espesa mancha de alquitrán para Griñán.

B de bisagra. Un rol que podría desempeñar IU si el PP no llega a los 55 escaños necesarios para aplicar el rodillo. O UPyD si logra el diputado que algunas encuestan le adjudican en Sevilla (o en Málaga). El PA es una incógnita con muy mala pinta. Y la irrupción de EQUO sería un milagro.

C de Chaves. El gran ausente. El líder que apaciguaba familias y sensibilidades socialistas. El hombre que se distanció de su sucesor. Más hábil que Griñán en la política, menos en la retórica. Sin su batuta, han florecido las rencillas, los celos, las listas peleonas.

D de déficit. Las cuentas de la Junta a cierre de 2011 arrojan un desfase del 3,22% frente al 2,94% promedio de las comunidades autónomas. La deuda pública se situaba en el 9,5% del PIB en el tercer trimestre del año pasado, según datos del Banco de España. El objetivo de déficit autonómico para 2012 será duro: un 1,5% de media. La Administración andaluza entrante tendrá que recortar mucho más (sanidad, educación, Canal Sur, organismos autónomos, fundaciones, personal laboral). La referencia es Cataluña, hoy un auténtico hervidero.

E de ERE. El escándalo. Corrupción con mayúsculas. Prejubilaciones que beneficiaban a personas que nunca habían trabajado en las empresas reestructuradas. Siete altos cargos de la Junta imputados (incluido el ex consejero de Empleo, Antonio Fernández). El PP también ha señalado al mismísimo Griñán. Sin consecuencias, de momento.

G de Griñán
. El hombre que no supo reinar. Y el primer socialista que perderá unas elecciones en Andalucía, el granero de votos más importante del partido en España. En el mejor de los casos, gobernará en coalición con IU, una mezcla potencialmente explosiva. Con dificultades, ha desactivado distintas rebeliones internas, demostrando que su perfil es más técnico que mesiánico. Se le ve abatido, ojeroso, anticipadamente derrotado.

H de hegemonía. Ocho elecciones y 30 años de autonomía después, Andalucía sólo ha conocido unas siglas al mando. Tanto los presidentes preautonómicos -Plácido Fernández Viagas y Rafael Escuredo- como los posteriores a 1981 -además del propio Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves y actualmente Griñán- son socialistas. En 2008, el PP logró tu mejor resultado: 47 diputados frente a los 56 del PSOE. 1996, el año de la caída del felipismo y del inicio del aznarato, quedará en la hemeroteca como uno de los grandes fiascos de Arenas: partía como favorito y acabó a 12 escaños (40 versus 52) de Chaves.

I de influencia. La que puedan ejercer sobre sus respectivos apadrinados (y sobre los votantes) Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy. El primero vendrá seis veces. El segundo prácticamente vive aquí.

J de Jaén. La provincia pierde un escaño por población y se queda con 11. Lo gana Málaga, que sumará 17, uno menos que Sevilla.

K de kilómetros. Los principales candidatos recorrerán unos 5.000 por barba. El PP celebrará 26 mítines. UPyD gastará 530.000 euros. El PSOE recortará su presupuesto de campaña hasta un 20% respecto a los casi cuatro millones invertidos en 2008.

M de mayoría. La absoluta está en 55 escaños (109 en total). Con menos, Arenas sólo pisará palacio bajo una difícil premisa: que UPyD logre los escaños del desempate y se los preste en la sesión de investidura.

N de nacionalismo. El Partido Andalucista se apartó hace años de aquella fórmula seminal moderada y práctica (PSA) para abrazar discursos más próximos a la escuela de CiU o, en menor medida, del PNV. Pero la marca identitaria vende poco en Andalucía. Fuera del Parlamento por primera vez en 2008, el equipo de Pilar González es consciente de que otro fracaso borrará esta opción del mapa.

P de paro. Una superlacra. La región con más parados (1.248.500 según la última EPA) y mayor tasa (31,23%) es un hoyo para los jóvenes -el 55% no tiene empleo- y una vergüenza estadística en España y Europa. Ningún gobierno arreglará el problema porque la clave está en la actividad económica y no en la ley. Pero los candidatos deberán ser cuidadosos (y a ser posible fundadamente optimistas) al tratar el tema.

S de Sevilla. Y Málaga. Y Cádiz. Este trío concentra 50 de los 109 escaños de la cámara andaluza. Cualquier sorpresa, cualquier pequeño traspié se hará notar en el recuento final. Huelva y Jaén son las provincias con menos peso (11 asientos cada una). Córdoba y Almería están en 12.

T de Twitter. Se supone que las redes sociales implican proximidad y debate, aunque los políticos (o sus negros al teclado) demuestran generalmente poca pericia en estos entornos.

V de Valderas. Ya dijo el líder de IU que Andalucía no es Extremadura. Una alianza total o parcial con el PP es impensable. La novia de Valderas se llama Griñán. Si las matemáticas lo permiten, claro. Y si el PSOE traga con las exigencias que plantee. Imaginen a Sánchez Gordillo de consejero. Mítico.

Z de Zapatero. Dos bazas tienen los socialistas para suavizar la derrota: la austeridad aplicada desde Madrid (más recortes e impuestos) y la caída en el olvido del ex presidente.

Etiquetas: , , , , ,

Griñán el cabizbajo

Fede Durán | 23 de febrero de 2012 a las 14:37

El PSOE ha hecho lo que hacen los amantes más prácticos cuando su amor se rompe: pensar en el futuro, olvidar el pasado, dominar el presente. Rapidísimo se han puesto el traje de oposición, un traje chillón con chapas reivindicativas en la solapa. Le están sacando partido a todo: a las cargas policiales de Valencia, a la subida de impuestos, a la reforma laboral, al aborto. Sólo hay un problema: tanto ímpetu queda empañado por ese pasado que pretenden dejar atrás a golpe de grito, advertencia, movilización o causa perdida. Ellos estaban ahí cuando estalló la crisis. Ellos la agravaron con medidas de despilfarro, con panes y peces no bíblicos sino de ikea (o de cartón piedra, que es casi lo mismo). Ellos, con Zapatero a la cabeza, son el símbolo, justa o injustamente, de la España del enésimo pelotazo. Y esa España, en justicia, es obra de todos: de los políticos y sus diferentes gobiernos, de los empresarios más facilones, de los trabajadores menos comprometidos, de los sindicatos y de la madre que nos parió. Pero hay una cosa que se llama credibilidad, y el ciudadano la reparte cíclicamente: hoy, al PSOE, no le toca, y cualquiera de sus ataques a Rajoy se topa con un argumento sencillo y eficaz: “miren el país que nos dejaron; y no es la primera vez”.

Andalucía, que celebra por primera vez sus elecciones separadamente, es la batalla definitiva. Mostrará hasta dónde llega la decrepitud del PSOE o hasta dónde se extiende el dominio de la gaviota. Nadie duda, o al menos las encuestas y muchos de los dirigentes implicados no lo hacen, que Arenas ganará. La cuestión es con cuánto margen. La pinza PSOE/IU, o Griñán/Valderas, es la única salvación para quienes llevan tanto tiempo al mando. Y es una solución esperpéntica y potencialmente conflictiva. Además, Valderas no es extremeño, así que no cabe esperar un Monago II en estas tierras sino más bien una negociación de reparto de consejerías donde paradójicamente los socialistas serían el eslabón más débil.

En cualquier caso, Griñán, por cuestiones exógenas pero sobre todo endógenas, lleva fatal el asunto. Ojeroso y ceñudo, parece derrotado de antemano. Sería estúpido negar su talento, pero a menudo eso no basta. Sobre todo en política. La política es otra cosa. Se basa mucho antes en la gestión del liderazgo y la contentación de los egos que en el currículum y la valía. Si de verdad quiere tener una oportunidad, debe tranformarse. Y debe hacerlo ya. No se trata de vender lo que no hay. El optimismo sólo llegará cuando los vaticinios y cifras de la Comisión Europea o el FMI lo ratifiquen. Se trata de plantar cara a Arenas inteligentemente. Con brío. Castigando su flanco débil, que sin duda serán los recortes que vienen. Explicando cómo puede él (si es que puede) modificar una trayectoria macro y microeconómica tan descendente en la comunidad. Poniendo buena cara. Despegándose del fantasma de Chaves y de la rebelión interna. Jugando a creerse con posibilidades. De lo contrario, podríamos ahorranos ir a las urnas. Le entregamos el trofeo al PP-A y que sea lo que los dioses y los astros quieran.

Twitter: @fede_duran

Vivir para morir solo

Fede Durán | 6 de abril de 2011 a las 14:35

Griñán es un tipo formado y cultivado. Cita a Voltaire en sus discursos y sabe vender lo imposible (que Andalucía va bien justo ahora). Su figura es más de salón y pipa que de barrio y palmada en el hombro. Habla mil veces mejor que Chaves, y con conocimiento de causa, y tampoco le llegan al talón sus otros predecerores en la Junta, pero con eso no basta. Griñán es teoría en un patio de prácticas donde abundan los demonios. Chaves era el fontanero, the peacemaker, y el PSOE-A se las apañaba para repartirse los pastelitos del poder sin que nadie pasara hambre. Pero Griñán no ha comprendido los entresijos de esta casa de muñecas donde todos los vecinos se vigilan y recelan, ha pretendido imponer su criterio de ser jerárquicamente superior y ahora se encuentra en mitad de un arrozal vietnamita de finales de los sesenta donde el napalm es el olor predominante y las balas sustituyen al canto de los pájaros. Dicen que esta batalla descompone al PSOE-A. Quizás no sea para tanto: los socialistas serán lo suficientemente listos como para aparcar cualquier hemorragia si así retienen ese reino treinta años manoseado. Ésa es la única esperanza de Griñán. Que le dejen vivir hasta que muera (electoralmente) solo. Siempre que Valderas no lo evite. El hombre está deseando.

Etiquetas: , , ,