Archivos para el tag ‘Wall Street’

La trilogía capitalista

Fede Durán | 7 de junio de 2013 a las 8:00

El capitalismo viene a ser una especie de liga española de fútbol: los poderosos –Madrid y Barça– se expanden en la misma medida en que los pequeños menguan. Esta pirámide es como todas. El que vive en el ático goza de vistas privilegiadas y departe de puerta a puerta con otros potentados siempre dispuestos a un fértil intercambio de favores. Los cimientos de la base, sorprendentemente resistentes, no son de granito sino de barro, y ése es el milagro de un sistema que pese a su morbidez jamás se hunde. Porque las cañerías, los pozos negros y las miasmas están ahí, entre las chabolas de la clase media y baja, dictatorialmente exigida cada vez que vienen mal dadas por los desmanes de arriba.

Cuando la lluvia ácida es excesiva y el inmenso lago de barro se agita, los vecinos del último piso formulan en público un tibio propósito de enmienda sin dejar de exigir a la vez confianza ciega en sus acciones (ya se sabe que el hombre es bueno y generoso por naturaleza, sobre todo en Wall Street). Ante el menor amago de control, tuercen el gesto y escupen las habituales advertencias. No hay mejor alternativa, estúpidos moradores a ras de limo. La selva selecciona a los mejores (Darwin en los altares del neoliberalismo). Protestar es de pobres. Tú también puedes ser uno de los nuestros si eres suficientemente listo y careces de escrúpulos, te alías con un bufete de postín, ubicas tu empresa en Irlanda e inviertes tus ahorros en una de esas Sicavs al 1%, que pagarle a Hacienda no es que sea de pobres sino directamente de pardillos.

El de puerta a puerta es clave. Políticos y jueces, jueces y empresarios, empresarios y abogados, abogados y banqueros, banqueros y famosetes; la araña-motor del capitalismo teje incansablemente esta trama coral para garantizar la existencia de una red en caso de caída. Algunos se despeñan y mueren, claro, pero se trata simplemente de la cortina humeante del pagano, forzado por la élite traidora a sacrificarse por aquello de la higiene de las apariencias.

Al final Marx y Engels tenían razón. La lucha de clases. La base contra el vértice. La moral contra el dinero. Los estúpidos moradores a ras de limo necesitan un Robespierre igual de incorruptible y frenético que el original. Pensaron cándidamente que quizás Obama encarnaba esa figura. En Wall Street se descojonaron. Pensaron, más cándidamente todavía, que al menos Europa, la vieja y regenerada Europa, se atrevería a ponerle puertas al campo de la economía desregulada. Porque Europa, sostenían esos santos inocentes, lleva décadas éticamente por encima de EEUU. Porque no inicia guerras petrolíferas. Porque lo nuestro es el Estado del bienestar, porque Suecia es el modelo, porque aquí el que la hace la paga. El eco de las carcajadas recorre todavía los pasillos de La Moncloa, El Elíseo o la Wilhemstrasse.

¿Salidas? De momento, ninguna. Si el capitalismo ha resistido la II Gran Depresión casi sin despeinarse, habrá que esperar a la tercera parte. Lo malo es que igual ni nos llega para pagar la entrada.

On the road

Fede Durán | 8 de marzo de 2013 a las 11:58

EN una de sus innumerables crisis, Japón perdió una década (años noventa). El país, sin embargo, nunca dejó de ser rico. Islandia, la isla semidesierta, ventosa y áspera que John Carlin describió como un milagro de la humanidad, sucumbió a la burbuja financiera(2008-2009). Sus 330.000 habitantes tronaron contra la clase política y bancaria y escupieron sobre los blasones de Gran Bretaña, Suecia y Dinamarca, sus malditos socios habituales. Hoy, la isla recupera el aliento. En 2007, EEUU lanzó al mundo un muerto descomunal: la bolsa negra de las hipotecas subprime, con tantas ramificaciones que acabó afectando incluso a la pujante y casi mitológica España. Esta semana, Wall Street, con su casillero por encima del último gran récord (9 de octubre de 2007), dio por zanjadas las dificultades (ustedes ya saben que los mercados siempre creen tener la razón; la realidad deberá confirmar ese triunfalismo).

¿Y Europa, qué ocurre en Europa? En Europa ocurre, como todo el mundo sabe, que hay una división norte-sur nacida no sólo de los datos macroeconómicos sino también del prejuicio. Hans-Werner Sinn, presidente del Instituto Económico Alemán, explicaba hace unos días en El País que, siguiendo las recetas germanas, a España le queda por delante, cuando menos, otra década de sufrimiento. ¿En qué consisten esas recetas? Básicamente, en el equilibrio de las cuentas públicas, la lucha contra el déficit, la subida de impuestos, la bajada de salarios, la devaluación interna, la palidez progresiva.

¿Funciona esa táctica sólo porque en Alemania lo haya hecho? Ahí están Grecia y Portugal para negarlo. Pero, ¿funciona de verdad en Alemania? Si el termómetro es el paro, afirmativo. Si la brújula es el ahorro, correcto. Pero si la clave es la calidad del empleo o la evolución de la balanza comercial, entonces, ay, ya surgen dudas razonables.

¿Tiene España alternativas? Las tiene. Italia es un buen doble ejemplo, tal y como demuestran la vía Monti -Gobierno tecnócrata con suficiente independencia para planear el cronograma de reformas salvadoras- y la vía MS5 -salvar la nación convirtiendo la política en un permanente ejercicio plebiscitario y de transparencia-. El presidente Rajoy podría haber optado por ambas, pero no lo ha hecho. Su capitulación al norte fue inmediata e incondicional, creando a la vez un escenario perfecto para definirse como incapaz: cada medida impopular no es fruto de mi crueldad sino de un guión preestablecido. Sus reticencias a la autopsia del sistema, al veredicto y a la resurrección son, por otra parte, comunes a nuestra clase política. Reformulemos la pregunta anterior. ¿Tiene España alternativas pese a Rajoy? No. Rajoy es como Franco: lento, cobarde, dubitativo y exasperantemente rocoso. Cargamos con cinco años de crisis (2008-2012). No habrá en principio elecciones hasta finales de 2014. Y entonces la solución tampoco serán el PSOE, IU, UPyD o un Gobierno de coalición. La solución consistirá en que cristalice como papeleta y voto una nueva vía, una vía que aún no existe, la vía de la audacia, la autarquía, la justicia social y el sentido común.