No te has ido, Miguel Ángel

Manolo Ruiz | 12 de diciembre de 2016 a las 0:44

José Narosky dejó escrito:

La verdadera hermandad no requiere lazos de sangre.

Tu permanente sonrisa se desdibujó, pero permanecerá indeleble tu recuerdo, tus formas y maneras. Tu legado. Quienes no han tenido la fortuna de conocerte redactan notas frías donde casi más lamentan que no puedas ver  el joyero de nuestra Princesa, como si ese fuese el estreno que te obsesionase. Como si fueses hombre de cofradía y no de hermandad. Porque así ha sido Miguel Ángel, tu paso por nuestra Hermandad. Ocupado y preocupado de tus hermanos. Ocupado y preocupado en asistir a los más desfavorecidos. Ocupado y preocupado de acoger a todos, inclusive a quienes no supieron entender tus formas cercanas, ni tus decisiones. Diste ejemplo de lo que es la misericordia ante los más inmisericordes y sus crueles estoconazos, que dejaron por momentos ajado tu corazón.

Lunes santo 2016-Foto @ManoloRL

Diste ejemplo de que eráis tu Junta y Tú, y no Tú y tu Junta -como práctica habitual de la gobernabilidad dorada instaurada en las cofradías- quienes habéis conseguido el gran estreno de volver a ser quienes fuimos, bajo las marcadas directrices de la humildad y la caridad. Has trazado una línea hermosa de imitar, desconocida en el orbe morado. Has sabido escuchar antes de decidir. Has sabido consensuar antes de ejecutar. Has sabido convertir en natural y fácil las controversias y reveses, y mantenerte firme cuando lo cómodo era ceder. Has sabido ganarte el respeto, pero sobre todo el aprecio de todos los hermanos mayores, el Consejo y la Iglesia diocesana. Has sabido dar ejemplo de confraternidad y de sacrificio para con las hermandades hermanas del Lunes Santo. Has sabido dar su sitio a todo el que te lo ha demandado. Has sabido reciclar la ácida tirantez arrastrada con cierta prensa, preocupada de saldar sibilinas cuentas. Has recuperado a los tuyos; has ilusionado a los tuyos; has enseñado a los tuyos y aprendido de ellos. Has sabido hacer hermandad y convencernos de que somos hermanos. Hijos de nuestros protectores que derraman la esperanza en su mirada.

No te has ido, Miguel Ángel. Te has quedado en nuestra historia y en nuestros corazones, dando una lección de fuerza y vida, y de lo que es hacer vida de y en hermandad.

No, no te has ido, Miguel Ángel.


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