Hay que relanzar la agricultura andaluza

Ignacio Martínez7 de Mayo de 2008 a las 1:27 pm

El director general de la FAO, Jacques Diouf,  un senegalés de 70 años que estudió ingeniero agrónomo en Francia y se doctoró en Ciencias Sociales del mundo rural en La Sorbona, ha dado la voz de alarma: “Ha llegado el momento de relanzar la agricultura mundial y la comunidad internacional no debería perder la oportunidad”.  Añado de mi cosecha, que sería el momento para relanzar la agricultura europea y, de camino, la andaluza, que es una primera potencia continental.

Diouf sostiene que no se ha hecho nada para ayudar a los campesinos de los países pobres a hacer frente a la duplicación del precio de abonos y semillas. El índice de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que mide los precios de los mercados de cereales, lácteos, carne, azúcar y aceites ha sido en marzo el 57 por ciento mayor que hace un año. En ese periodo el trigo ha subido un 130 por ciento; la soja un 87; el arroz  un 74, y el maíz un 53.
El comisionado de la ONU para el Derecho a la Alimentación  Jean Ziegler, achaca la situación a la transformación de los cultivos en biocombustibles, a la especulación financiera y a la aberrante política del Fondo Monetario Internacional, que obliga a los países pobres a tener una agricultura de exportación, a costa de una economía de subsistencia.
Ziegler, suizo de 74 años, no es un técnico, sino jurista, economista y sociólogo. Un filósofo, vamos. Y su pronunciamiento no es coyuntural, ya estaba enunciado en su libro Los nuevos amos del mundo y aquellos que se les resisten, editado en España por Destino en 2003. Ahí destacaba que el planeta tierra rebosa de riquezas, pero en él viven más de ochocientos millones de víctimas del hambre, sujetas a una malnutrición crónica y grave. Cada año, 36 millones de personas mueren por causa del hambre. El profesor Ziegler propugna nuevos modelos de desarrollo, para que las desigualdades no sigan aumentando.
Los responsables de 27 agencias internacionales, incluidas las de Naciones Unidas y el Banco Mundial, se reunieron en Berna, Suiza, esta semana en busca de respuesta a la carestía de alimentos. Un asunto que no sólo atañe al tercer mundo.

Y, entretanto, nada se dice de redefinir los criterios de contención de la producción en el primer mundo, a base de subvencionar a los agricultores para que no produzcan. Si hay escasez de producción de los países menos desarrollados y ni siquiera tienen dinero para comprar semillas, ¿se podría producir un desabastecimiento mundial?
La Unión Europea dedica a gasto agrario y desarrollo rural poco más del 40 por ciento  de su presupuesto anual, de 129.000 millones de euros. La cifra supone un porcentaje inferior a la mitad que hace 30 años. Unos 41.000 millones como ayudas a la producción, real o histórica, y unos 13.000 millones a las nuevas políticas medioambientales y de desarrollo en el medio rural. Andalucía recibe al año unos 1.500 millones de euros como gasto agrario, la mitad para el aceite de oliva, que representa sólo el 20 por ciento de la producción final agraria. Sin embargo, las frutas y hortalizas, que suponen algo más de la mitad de la facturación total de los agricultores andaluces, reciben poco más de un 5 por ciento de las ayudas. Este desnivel no es paliado con obligaciones suplementarias para los olivareros, como embotellar, hacer marcas y comercializar. El sector sigue vendiendo masivamente a industriales extranjeros su producción a granel. La política de subvenciones comunitarias no sólo se ha quedado vieja en el reparto continental, también tiene serios desajustes regionales: habría que ayudar en prioridad a la agricultura más rentable.

Otro problema es la escasa dotación de agua. Los regantes siguen pagando un precio simbólico y nunca por el uso real que hagan de los suministros, sino un tanto alzado por hectárea y cultivo. Casi la mitad del millón de hectáreas, mal contado, que ocupan los regadíos andaluces tienen conducciones obsoletas, cuando no viejas de un siglo.
En fin, con los mismos argumentos esgrimidos por Diouf  y alguno más, urge relanzar, reordenar, la agricultura andaluza.  

6 Comentarios

  • callesierpes

    Uff que tema!. Hay tantas agriculturas en Andalucía!. Incluso en el mundo de la olivicultura se pueden distinguir muchas clases diferentes. Centrémonos en dos: La que podría sobrevivir incluso sin las subvenciones de la PAC y la que no. En la primera se encuentran muchos que han apostado por olivos a un sólo pié, con regadío por goteo y con variedades de alto rendimiento en la aceituna de molino. Pero una matización en forma de pregunta: ¿Tiene que pagar algo más de un precio simbólico por el agua el agricultor que se ha gastado el dinero en buscarla, ha hecho los pozos, construido una balsa, y organizando la distribución de la citada agua ajustándola con los abonos que necesita el olivo?. Y si además se ha organizado con otros olivareros para construir una almazara moderna donde se obtenga un aceite extra virgen de alta calidad con aceitunas que se morturan el mismo día que se recogen, nunca del suelo. ¿Es este el relanzamiento del que trata su post?.
    Por cierto el eufemismo que ha utilizado: “Producción real o histórica”, es brillante, porque la producción o es real o no lo es.

  • Ignacio Martínez

    Muy interesante este comentario de callesierpes, que da para mucho. Pero sólo haré cuatro consideraciones.
    1. Todos los agricultores deberían de pagar por el agua que usen, si está suministrada por las confederaciones u organismos públicos. Debe pagar por la cantidad de metros cúbicos que utilice. El que haga buenas conducciones y ahorre agua, pagará menos. Pero para hacer las conducciones hay subvenciones europeas, del antiguo Feoga Orientación, ahora llamado Feader. En todo caso, si todo el mundo paga el agua que usa empezará a ser rentable invertir para pagar menos.
    2. La directiva marco europea, que tiene que estar en pleno vigor en 2015, obliga a los estados miembros a establecer un precio del agua equivalente a lo que cuesta. Si se regala, si se vende muy barata, tampoco será rentable invertir para gastar menos.
    3. Estaría bien ayudar a los más eficientes y usted retrata a un tipo de agricultor que merece ser ayudado.
    y 4. La distinción entre producción real o histórica ni es brillante ni es un eufemismo. Lo siento. Es la terminología de la Comisión Europea: a un agricultor se le puede pagar una subvención por los kilos producidos (real) o una ayuda en función de su cosecha tradicional, para que no produzca (histórica).

  • callesierpes

    Sr. Martínez, gracias por la respuesta a mi comentario, y por alimentar mi ego calificándolo de muy interesante.

    Si me permite, unos breves comentarios a su respuesta:

    1. Matizo su afirmación de que “todos los agricultores deben pagar el agua”, para mi debería ser: Todos deben pagar el agua que utilicen, no sólo los agricultores. Por ejemplo, se obliga a los campos de golf a utilizar, y pagar, las aguas residuales recicladas, lo cual está bien, pero ¿porqué a los de los campos de golf y no a los demás agricultores. Nota: Desde mi punto de vista un campo de golf es una finca que produce más empleo y riqueza que ninguna otra.

    2. Completamente de acuerdo con su segunda consideración.

    3. No creo que haya que ayudar a los más eficientes, mi punto de vista es que NO hay que ayudar a nadie, y mucho menos a los menos eficientes. El Estado debe gastarse NUESTRO dinero en crear infraestructuras, no en dar dinero para “algunos” bolsillos. El ejemplo del “primo” del Sr. Alcalde de Sevilla es un buen ejemplo de lo que digo.

    4. Este comentario implica analizar toda la PAC (¿se sigue llamando así?), y creo que aburririamos a los que nos “soportan” aquí.

  • manuel (sevilla) España

    O sea, que es más importante un campo de golf (que genera empleo) a un regadío que genera alimento. Que se debe pagar el agua, es axiomático; pero lo que no veo lógico es que le den prioridad a una diversión a una necesidad perentoria; sin olvidar el hambruna mundial.
    ¿Y para qué? Para que nuestros camiones cuando traspasan los Pirineos los gabachos destrozan los camiones desperdiciando alimentos con el hambre que existe en el mundo.
    Aunque este tema mío no venga acorde a la polémica que suscitan sobre el agua, pero no olvidemos que los que defienden los campos de golf son personas que no necesitan de las necesidades perentorias de otras; está claro, cuando llegan a sus casas tienen sus mesas puestas.

  • callesierpes

    ¿Que?. ¿Donde pone que es más importante un campo de golf que un campo que produce alimentos?. He dicho, y repito, que a los campos de golf se les OBLIGA a utilizar las aguas residuales, y que además tienen que pagar el agua por el precio que cuesta depurarla. Además, ¿se resolvería el problema de las “personas con necesidades perentorias”, cerrando los campos de golf?. Otra pregunta, ¿el algodón genera alimento?. Finalmente, ¿se acabaría con el hambre en el mundo si la U.E. eliminara las ayudas a los agricultores y entonces las agricultras del tercer mundo pudieran exportar al primer mundo como defienden los del “libre comercio”?.

  • Raul Lilloy

    Creo que en el golf, hay un tema connotado, el golf es un deporte de zonas humedas, con un verde natural, no es un deporte del desierto.

Autor

El mundo por la ventanilla

Periodista, director adjunto de Publicaciones del Grupo Joly

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