Mirones

Ignacio Martínez24 de Noviembre de 2008 a las 1:00 am


La gloriosa conquista estatutaria de un Guadalquivir andaluz, que se materializa el 1 de enero, puede tener un triunfo aparejado: los traslados de las cuencas mediterránea y atlántica andaluzas de Málaga y Jerez a Sevilla. Los estatutos de la Agencia Andaluza del Agua prevén este nuevo éxito del centralismo andaluz, que pretende convertir a Sevilla en la madre de todas las capitales. Una madrastra tipo Bernarda Alba, alentada por políticos (y políticas) de escaso vuelo. En compensación, la Junta pensaba poner en Málaga un Observatorio del Agua. Es un buen paradigma de por qué no ha avanzado la cohesión regional en 26 años de autonomía. En Sevilla se planifica, se dirige y se ejecuta, y desde el resto de Andalucía se observa.

Es curioso que la Confederación Hidrográfica del Sur pudiese estar casi medio siglo en Málaga, mientras era competencia estatal, gobernando los intereses de casi toda Almería, el litoral ganadino, la casi totalidad de Málaga, la parte sur de Cádiz, incluido el Campo de Gibraltar, Ceuta y Melilla. Y que, por el contrario, su heredera la Cuenca Mediterránea Andaluza, resulte arrastrada por los principios de centralización del poder cuando pasa a ser competencia regional. La cosa es tan flagrante que hasta el PSOE malagueño se ha sumado a populares e IU para oponerse. Sebastián Sánchez y Raquel Garrido informan en Málaga hoy que en el próximo pleno municipal el portavoz socialista presentará una moción en la que se “insta a la Junta de Andalucía a que las competencias, patrimonio y empleos que actualmente tiene la Cuenca Mediterránea en Málaga, continúen en nuestra ciudad”.

Técnicamente el asunto sería discutible, si no fuera porque la directiva marco europea sobre el agua establece un modelo autosuficiente de gestión de cuencas, muy similar al tradicional español de las confederaciones. Por el contrario, el borrador de estatutos de la Agencia Andaluza del Agua prevé la creación de direcciones provinciales para administrar en algunos casos, como en la provincia de Cádiz, tres cuencas distintas. Y al mismo tiempo, hay acuíferos que afectan a dos provincias.

Pero el problema es político. La capitalidad de Sevilla, consagrada en el Estatuto de 2007, no se puede ejercer concentrando todos los organismos e instituciones. El liderazgo no se gana en un papel, sino repartiendo juego. Y tampoco se consolida con la queja de la pesada carga del alcalde Monteseirín. Recuerda a los reiterados lamentos que hace algún dirigente belga, sobre el coste que tiene para Bruselas la capital europea. Uno de los negocios más saneados que vieron los tiempos, dicho sea de paso. Y que perdieron en su momento Luxemburgo o Niza. Sólo Ganada, como capital jurídica ha conseguido un estatus de relieve en la nueva administración regional. Desde Almería, Cádiz, Córdoba, Huelva, Jaén o Málaga, observan. Mirones.

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El mundo por la ventanilla

Periodista, director adjunto de Publicaciones del Grupo Joly

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