Obama tiene un plan
Lo que sí tiene Obama es un plan energético para su país. La semana pasada, en su discurso sobre el Estado de la Unión, le dedicó un párrafo. “Para crear más empleo en el área de las energías limpias, necesitamos más producción, más eficacia y más incentivos. Eso significa construir una nueva generación de centrales nucleares limpias y seguras [ovación de 17 segundos]. Significa tomar decisiones difíciles como la de abrir nuevas zonas costeras para la extracción de gas y petróleo [ovación de 10 segundos]. Significa hacer una inversión continua en biocombustibles avanzados y tecnologías limpias del carbón [ovación de 9 segundos]. Y significa también aprobar un proyecto de ley integral sobre la energía y el clima con incentivos que hagan que la energía limpia sea la más rentable en Estados Unidos” [ovación de 8 segundos]. Senadores y congresistas aplaudían entusiasmados. Una diferencia profunda entre un liderazgo y otro.
Obama no sólo habló de energías limpias como suele hacer Zapatero. Habla de un mix de renovables, gas, petróleo, carbón, biocombustibles y nuevas centrales nucleares. El sainete nacional sobre la ubicación del almacén nuclear español para residuos de alta actividad ha incluido una declaración del presidente sobre la necesidad de esta instalación. Una prueba de realismo, que es la última faceta conocida de nuestro presidente, cuyo discurso público ha sido hasta ahora decididamente antinuclear. Él, que tanto se mira en el espejo de Obama, puede preguntarle mañana en Washington por los planes energéticos de Estados Unidos, que dedicará este año 34.000 millones de euros a financiar nuevas centrales nucleares.
España necesita muchas reformas. El mercado de trabajo, el recorte en el gasto público y las pensiones están sobre la mesa. Pero hay otras muchas que urgentes: un acuerdo sobre educación, que marcha por buen camino; una reducción drástica de la administración, que sólo están encarando algunos ayuntamientos como el de Jerez; y una política energética precisa, moderna, eficiente. Obama ha dado una pauta con su plan. A ver si cunde el ejemplo, ahora que el presidente español ya no confía en el azar. Afortunadamente.


