Grandes jueces en Marbella, miserias

Ignacio Martínez | 12 de mayo de 2012 a las 11:21

El presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, está en un apuro. Un vocal del CGPJ le acusa de haberse gastado un millón de pesetas mal contado y haber generado el gasto de otros cuatro millones más por sus cinco escoltas en 20 viajes particulares a Marbella a cargo del presupuesto nacional. Viajes muy particulares, porque se trataba de fines de semana que empezaban los jueves y terminaban los martes. Lo que supone una aportación al diccionario de usos y costumbres: en el Consejo se conoce como semana caribeña esa en la que uno empieza a trabajar el martes a media mañana y lo deja el jueves a media tarde.
Un estrés, un sinvivir, el ritmo de trabajo de algunas autoridades. Y encima, tener que alojarse en hoteles de cinco estrellas, y cenar en el Marbella Club o en Puente Romano. En fin, hay trabajos con mucha peligrosidad e incluso con mucha alevosía. Pero sinceramente, aquí el personal está siendo muy injusto con don Carlos. No sé de qué nos extrañamos. En Marbella la presencia de grandes jueces, como los llamaban el inefable Jesús Gil, es una costumbre. Desde antes de que el promotor inmobiliario se convirtiera en alcalde en 1991 ya había en la ciudad una amable reunión anual que se llamaba Jornadas Jurídicas, pero que en esencia era un pasárselo a base de bien a costa del presupuesto. Gil convirtió aquello en una industria de ocio.
No faltaba nadie. Prebostes del Constitucional, del Supremo, del Consejo General del Poder Judicial… En fin, grandes jueces se hacían invitar a todo plan, en muchas ocasiones acompañados, a pasar varios días en la ciudad de sarao en sarao… Y, eso sí, asistían a una conferencia diaria sobre el asunto jurídico que les había convocado. Regalos, atenciones y caprichos no faltaban. Un miembro del CGPJ hasta se hizo con un piso de lujo baratito. El escándalo se prolongó durante años, hasta que gente más prudente y modesta empezó a evitar su presencia. Alguno de estos se sienta ahora en el CGPJ y conoce el paño.
Se da la circunstancia de que el denunciante, José Manuel Gómez Benítez, catedrático de Derecho Penal, es amigo del juez Garzón, recientemente condenado por el Supremo, lo que añade la sospecha de una agria venganza a su actuación. La vida se ha puesto tan rematadamente difícil para el común de los mortales, que resulta chocante que el interpelado dijese que se trataba de una miseria. Claro que a lo mejor no se refería a la estrechez del sustento, sino a la mezquindad de la acusación. Sea como fuere, Dívar no puede vivir de la herencia recibida. Los invitados de Gil se fueron de rositas; nadie fue interpelado ni denunciado en el relajo de los locos años 90 y 2000. Pero el actual presidente del Supremo y el CGPJ tendrá que dar muchas explicaciones.

Etiquetas: , ,


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

Notificarme los nuevos comentarios por correo electrónico. Tambien puedes suscribirte sin comentar.

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber