Ignacio Martínez | 10 de junio de 2012 a las 10:20
Todo el mundo nos mira. Esto puede ser motivo de orgullo, si se trata de la selección de fútbol, o de vergüenza si se fijan en los bancos que en 2007 ganaban la Champions de la economía mundial, en la ingenua imaginación del presidente Zapatero y ayer han tenido que ser intervenidos. De momento ni Obama, ni Merkel, ni Cameron, ni Hollande hablan de los chicos de Del Bosque, sino de los bancos. Malo. Por el contrario, el presidente del Gobierno ausente ayer como de costumbre cuando hay malas noticias, se desplaza hoy a Polonia para ver a la Selección. Se apunta a la doctrina de Dívar: el domingo es para el descanso descanso.
Tras el rescate de la banca española, a su habitual paso de tortuga, la Unión Europea fragua nuevos acuerdos para la cumbre del 28 de junio. El jueves, en rueda de prensa en Berlín con su colega británico Cameron, la canciller Merkel volvió a explicar que la gestión de la moneda única requiere una política presupuestaria y un Tesoro comunes como complemento al Banco Central. Esto supone una nueva cesión de soberanía para embridar el euro, con mecanismos de armonización, control, gestión y evaluación comunes. O sea, bajo la atenta mirada de quien manda, porque no se fían de nosotros. Supervisión y vigilancia que aumentarán en el caso de España tras el rescate de ayer. La idea de poner en marcha una nueva institución europea con los poderes presupuestarios y bancarios necesarios para una sana gestión del euro ha sido clave para que Merkel esté de acuerdo en ayudar a la recapitalización de los bancos españoles. Y quizá incluso en el futuro mutualizar una parte de la deuda soberana.
Entretanto, mientras nos miran desde fuera, aquí dentro aprendemos vocabulario. Intervención puede significar muchas cosas. Por ejemplo, que el Mecanismo Europeo de Estabilidad ayude directamente a los bancos a través del FROB. Alemania habría preferido que la ayuda fuese al Gobierno español para que éste recapitalice a la banca. En todo caso, el rescate llevará consigo más rigor en la austeridad.
Otra palabra que estamos aprendiendo a usar es crecimiento. Todo el mundo habla del asunto y nadie sabe cómo hacerlo. Westerwelle, el ministro de Exteriores alemán y anterior líder de los liberales, hizo una descripción hace poco en un artículo en Le Monde. Su idea es reducir las subvenciones tradicionales de los presupuestos comunitarios, dar más préstamos y utilizar más la colaboración público privada. Hablaba de utilizar el billón de euros del periodo 2014-2020 para crecimiento, empleo, innovación y competitividad. Hace tiempo que en Alemania muchos dirigentes se declaran partidarios de que las ayudas agrícolas sean nacionales. Este cambio de escenario perjudicaría a Andalucía, gran receptora de fondos tanto agrarios como estructurales.
El mundo gira a tanta velocidad, que la realidad cambia de color. Aunque los que nos miran nos vean igual de mal todos los días.