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Aire fresco anglosajón

Ignacio Martínez | 8 de mayo de 2010 a las 9:18

Las elecciones británicas son un soplo de aire fresco para el continente. Los modos son más corteses y la fórmula de elección, con su lado injusto, también tiene una vertiente de democracia directa, que tanto complace a los ciudadanos de los Islas y a algunos que no lo somos. Un sistema uninominal a una sola vuelta. Son distritos de 70.000 habitantes, con lo que un candidato independiente tiene posibilidad de hacer su campaña y darse a conocer a sus convecinos. Quien más votos saca se queda el escaño, lo que significa que todos los electores saben quién es su representante en los Comunes, no como en España que el candidato número 17 por Madrid de uno de los dos grandes partidos no sabe nadie ni cómo se llama ni qué cara tiene. Si los ciudadanos de un distrito tienen un problema, buscan a su diputado, quien por la cuenta que le trae se ocupará de encontrar una solución.

Si los diputados de un partido son díscolos con la dirección, pero tienen la consideración de sus votantes, difícilmente el aparato de la organización podrá desprenderse de ellos, porque ponen en riesgo la pérdida del escaño. E incluso si le expulsan lo pueden ver presentándose por su cuenta y conservando el acta de diputado. Y los diputados de un partido en el Gobierno pueden rebelarse contra su jefe, el primer ministro, y votar su sustitución. Ése es el poder que tiene un diputado en el Reino Unido y no tiene en absoluto en España.

El resultado electoral ha sido decepcionante o estimulante, según se mire. Cameron deberá gobernar con Clegg, un joven a quien recuerdo en los 90 en su despacho de la planta 10 del edificio Breydel de la Comisión Europea, en Bruselas, cuando estaba en el gabinete del muy listo, conspicuo y thatcheriano Leon Brittan. Sir Leon no pudo ganarlo para la causa conservadora y ahí lo tienen, de tercero en discordia. Clegg es nieto de una baronesa rusa, hijo de una holandesa, marido de una española. Y es moderadamente europeísta. Estaría estupendo de ministro de Exteriores en un Gobierno de coalición de conservadores y liberal-demócratas, con Cameron. Es un buen augurio en vísperas del día de Europa, que se celebra mañana, en conmemoración del 60 aniversario del discurso en el que Robert Schuman propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.

Desde luego que el sistema británico también es injusto. Que los laboristas de Brown con el 29% de los votos saquen 258 escaños y los liberales de Clegg con el 23% tengan 57 diputados es para estar molesto. Para quitarle ese dolor de cabeza a los liberal-demócratas, el conservador Cameron deberá pagar un alto precio: una modificación del sistema que aumente la proporcionalidad sin perder la representación directa. Si lo logran nos darán ejemplo de buenas prácticas una vez más. Celebro que los británicos, por muy euroescépticos que sean, formen parte del club europeo. Nos aportan sentido práctico anglosajón en buenas dosis.

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Sopa luxemburguesa

Ignacio Martínez | 23 de noviembre de 2009 a las 11:16

Cubo2

 

El jueves hubo mucha hipocresía en la designación de las personas que van a presidir el Consejo Europeo o dirigir la diplomacia comunitaria durante los próximos años. Comprendo el pasmo de la prensa continental, pero no lo comparto. Así suele suceder casi siempre; los líderes ponen en estos puestos a quienes no les hagan sombra. Merkel y Sarkozy seguirán teniendo su cuota de protagonismo internacional; igual que el primer ministro británico, sea el actual Brown o venidero Cameron. Y poco más. Europa seguirá hablando con muchas voces en los foros globales, donde cada líder quiere lucirse, aunque sea a costa de decir lo mismo que su vecino. Nos pasa en el Consejo de Seguridad de la ONU o en el G-20.

Aunque el resultado de la decisión es muy decepcionante. Si colocamos a Durao Barroso en una foto de familia con Van Rompuy y la baronesa Ashton, nos sale un discreto grupo de pitufos. Actores de reparto elegidos ex profeso, no se engañen. Mi colega Jean Quatremer ha publicado en el diario francés Libération con pelos y señales cómo Sarkozy vetó la elección de Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, como presidente del Consejo. Es una lástima que un político con su experiencia, europeo convencido, carismático, con autoridad natural y buen sentido del humor se quede sin un cargo que le iba a la medida. Ya cuando hubo que seleccionar al sustituto de Delors, Kohl vetó a Lubbers y Major a Dehaene. Y salió Santer, otro pitufo.

Barroso, un discretísimo presidente de la Comisión Europea, apareció la noche del jueves en la sala de prensa del Consejo de Ministros con un cubo que representaba la bandera europea, que el Enro Rubik en persona le regaló hace dos semanas. Era un presente para el primer ministro sueco, que tuvo que componer la elección de estos dos nuevos cargos, creados por el Tratado de Lisboa. Pero Barroso no pudo evitar poner su foto en el centro de una cara azul con las estrellas amarillas, flanqueada por las imágenes de Van Rompuy y Catherine Ashton. Pitufo vanidoso, este Barroso que consiguió el unánime voto de socialistas y populares españoles para seguir en el cargo. De Herman Van Rompuy se dice que es culto, aficionado a la poesía japonesa y muy maquiavélico. Dará que hablar este pitufo filósofo, que va a ganar 30.000 euros al mes, dicho sea de paso. Y con perdón de las feministas, la baronesa de currículum vacío hace aquí de pitufina.

Bromas aparte, a Zapatero una elección de perfil tan bajo le facilita destacar en la presidencia española, que se inicia en enero, con el estreno de los nuevos cargos. Será siempre más atractivo lo que tengan que decir él o Moratinos, que los discursos de sus homólogos Van Rompuy y Ashton. Así, todos contentos, menos Juncker, con el que el malvado Gargamel Sarkozy ha hecho una sopa luxemburguesa.

El mundo se arruga

Ignacio Martínez | 28 de noviembre de 2008 a las 11:42

El mundo se asusta y se encoge. Se arruga, como consecuencia de la crisis financiera y del paro espantoso que viene en camino, que puede llegar en 2009 en Andalucía al millón de personas, una cuarta parte de la población activa. Se asusta por acciones terroristas osadas como la que ha causado en Bombay unos 130 muertos y más de trescientos heridos. O como la actuación incontrolada de piratas en el Mar de Adén, en Somalia, la última el secuestro de unos periodistas, entre los que hay un fotógrafo español. Y se encoge, porque se hace más pequeño, como la lana lavada con agua caliente.

Tan pequeño se hace este nuevo mundo, que el ataque terrorista de Bombay nos roza. Mientras se producía el múltiple atentado a los hoteles de la zona financiera de la ciudad india, una misión comercial de la Cámara de Comercio de Málaga y el Parque Tecnológico de Andalucía estaba en Pune, a unos 130 kilómetros, y hoy debía desplazarse a Bombay. De hecho, el miércoles por la mañana coincidieron en Bangalore esta delegación malagueña de 24 personas con la madrileña encabezada por la presidenta de la Comunidad de Madrid. Y Esperanza Aguirre estuvo por la tarde en el ojo del huracán.

Ya nada ocurre lo bastante lejos, ni puede pensarse frívolamente que no nos afecta. Una compañía petrolera rusa, perfecta muestra de la economía de su país, controlada por una alianza de nuevos ricos, padrinos, antiguos espías y el aparato del Estado, pretende comprar casi el 30% de Repsol sin lanzar una OPA. El Gobierno español ahuyentó la entrada de la alemana E.ON en Endesa, pero no le hace ascos a que entre esta rusa en un sector estratégico.

Por encima de estos acontecimientos, los dirigentes políticos mundiales no paran de improvisar medidas para taponar la hemorragia de sus economías. Estados Unidos acumula un déficit de un millón de millones de dólares. Los europeos no se quedan a la zaga. Zapatero ha sacado de su chistera ayer en el Congreso un nuevo plan contra la crisis, de 11.000 millones de euros para obra pública, sobre todo municipal, que crearía unos 300.000 empleos. No está mal: este país rebasará pronto los tres millones de parados.

Sobre el montante total de las medidas españolas, confieso que me he perdido: me salen 320.000 millones de euros. Los demás, tampoco se quedan quietos. Gordon Brown ha planteado una espectacular rebaja del IVA, del 2,5%, Sarkozy ultima un plan de ayuda a la construcción y la automoción, Berlusconi ha lanzado una tarjeta social para familias y pensionistas sin recursos… Merkel, más prudente, alerta contra esta carrera de miles de millones. Me pregunto quién pagará la inmensa deuda pública que todo esto va a generar y, sobre todo, cuándo se terminará de pagar la factura. Y mientras los déficits públicos y el terrorismo se estiran, el mundo se arruga.